NO TODO VALE. Coherencia y sentido común

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“El sentido común es la virtud más complicada de todas las profesiones.”

LEANDRO KABAKIAN

A quienes cultivan el sentido común y la coherencia.

           

La falta de diálogo de reflexión, de debate, de coherencia, de respeto… conduce a discursos, mensajes o planteamientos basados en la descalificación, el reproche permanente o la demagogia. Es, lamentablemente, a lo que nos tienen acostumbrados los políticos que dicen representarnos cuando realmente a los únicos que representan es así mismos y a sus intereses.

La pérdida de la oratoria política, parlamentaria e incluso científica que caracterizaba los debates en los que las ideas, las propuestas o las pruebas se imponían a cualquier otra alternativa y en la que el respeto hacia el otro primaba por encima de todo, nos ha llevado irremediablemente a escenarios propios de las disputas ilegales tales como las peleas de gallos o de perros en las que lo único importante, más allá de los daños colaterales que causan, es ganar, aunque sea con malas artes y con engaños.

Con ser lamentable esta puesta en escena y estos comportamientos que se trasladan a platós de televisión, emisoras de radio o redes sociales, lo verdaderamente triste es el contagio que provocan en la sociedad, que asume como propios los mismos, los naturaliza e incluso los hace suyos.

La demagogia, el populismo, la mentira, la descalificación, el engaño, la manipulación, el cinismo, la hipocresía, el egoísmo, el individualismo –incluso cuando este es colectivo- sustituyen al argumento, la reflexión, el análisis, la coherencia, el pensamiento crítico, el respeto, el diálogo e, incluso, el sentido común. Todo parece valer con tal de lograr lo que se quiere, aunque lo que se quiere tenga poco fundamento y tan solo obedezca al interés particular que, por otra parte, se disfraza de necesidad y de proyección con utilidad pública.

La situación, que cada vez afecta a más esferas sociales, llega incluso al ámbito del saber e incluso de la ciencia, que lejos de permanecer inmune acaba contagiándose y adoptando idénticas actitudes, comportamientos y discursos alejados de todo rigor, para situarse en el terreno especulativo, desde el que se negocian concesiones imposibles, por irracionales, pero posibles, por conveniencia política o ignorancia en torno a la realidad que se altera.

Hace poco reflexionaba, en este mismo blog, sobre la realidad disociada que se genera con relación a la formación de la enfermería y los problemas que la misma genera. La falta de planificación, la ausencia de una definición clara de puestos de trabajo, la absoluta falta de voluntad política y de gestión sanitaria por articular adecuadamente el trabajo de la enfermería en las organizaciones sanitarias, el oportunismo mercantilista de las titulaciones alejado de cualquier análisis serio de necesidades, la negociación al margen de agentes clave en el desarrollo de la enfermería, de sus competencias y de su ámbito de actuación… conducen a situaciones en las que se propicia el enfrentamiento en lugar del entendimiento, lo que finalmente, acaba provocando un claro perjuicio para la profesión enfermera en su conjunto, para la atención de cuidados, para las organizaciones sanitarias y para la propia sociedad. Pero, parece ser, que esto es lo que menos importa.

           Es, como si el sentido común hubiese desaparecido en las administraciones o que estuviese penalizada su presencia y rechazada su utilización. El más común de los sentidos, ha acabado por ser una anécdota que, habitualmente, se paga con los ceses o las dimisiones por aburrimiento y hastío ante la mediocridad de quienes osan utilizarlo en su gestión.

          Las palabras, por otra parte, tan importantes y justas se contaminan, manosean y utilizan para mantener unas apariencias de normalidad e incluso de eficacia y eficiencia, cuando realmente lo que esconden es una realidad bien diferente que hace que pierdan todo su sentido literal y de contenido. Un claro ejemplo es la Dirección General de Ordenación Profesional del Ministerio de Sanidad, que no tan solo no ordena, sino que parece empeñado en generar el efecto contrario al que predica su nombre.

           Una Dirección General en la que los diferentes inquilinos que la han ocupado se han dedicado sistemáticamente, con una honrosa excepción, a demostrar su absoluta falta de voluntad política, o su manifiesta incapacidad gestora o ambas a la vez, por ordenar la profesión enfermera. Entiendo que el resto de profesiones de la salud habrán sufrido idénticas consecuencias, pero evidentemente a mí me preocupa la que me preocupa, la enfermería.

            En más de dos décadas, por no remontarme más atrás, han logrado reunir una importante colección de despropósitos que, curiosamente o no, han tenido graves repercusiones tanto para la Enfermería como profesión como para las enfermeras y para las Técnicos en Cuidados Auxiliares de Enfermería (TCAE) como profesionales

            Tras una aprobación precipitada, sin consenso y con claras y manifiestas deficiencias se aprobó el Real Decreto que regulaba, o intentaba hacerlo al menos, las Especialidades de Enfermería, mimetizando el modelo médico de las Especialidades MIR, de las que adopta hasta la nomenclatura, en un claro aviso de lo que posteriormente sucedería con las Unidades Docentes.

           Planteó una especialidad que nació muerta por imposible e incoherente como la especialidad de Enfermería Médico-Quirúrgica, a fecha de hoy en vía muerta, aunque aún sin enterrar.

           No se preocupó de ordenar, nueva muestra de la paradoja de su denominación, las Comisiones Nacionales de las Especialidades que a pesar de sus intentos porque así se hiciera topaban permanentemente con el inmovilismo, cuando no obstruccionismo militante de los sucesivos equipos, que tan solo veían en las citadas comisiones órganos de ejecución de actividades de supuesta regulación pero que no pasaban de ser meramente administrativas. Para muestra y tras más de 10 años desde que se aprobaron los programas de las Especialidades se sigue sin libro del Residente como herramienta fundamental en la gestión formativa de las/os residentes y sin regular el funcionamiento de las Unidades Docentes que actúan con absoluta anarquía que no autonomía.

            “Ordenó” en el sentido de mando y autoridad que no en el de orden, la estructura y funcionamiento de las Unidades Multiprofesionales que supusieron abocar a las enfermeras a la subsidiariedad en el seno de las citadas unidades docentes y a supeditar la formación de las/os residentes enfermeras a la de los médicos dada la clarísima falta de autonomía que tan solo el voluntarismo de algunos equipos salva parcialmente.

            La troncalidad de las especialidades de ciencias de la salud, fue un nuevo intento de “ordenar” que generó tal desorden que finalmente se diluyó en medio de la confusión, la incertidumbre y la desconfianza, quedando aparcado en el olvido.

            En un nuevo ejercicio de contorsionismo político, recientemente, se ha presentado un borrador que “tala” la troncalidad anterior para plantear una supuesta ordenación de las áreas de capacitación especial de las especialidades de ciencias de la salud con un planteamiento estándar en el que, nuevamente, las especialidades de enfermería quedan fuera del marco en el que se quiere incorporar con calzador a todas las especialidades de ciencias de la salud, con criterios hechos a imagen y semejanza de las especialidades médicas, lo que provoca que no tengan encaje posible con las especialidades enfermeras, por ejemplo. Esperemos que este nuevo intento de desorden profesional quede tan solo en eso, en un intento.

            En este recorrido de despropósitos por la Dirección General de Ordenación Profesional, sus nuevos inquilinos, quienes desplazaron al único equipo que tuvo, mantuvo y retuvo sentido común y coherencia, han decidido ceder a las presiones de un sindicato que, aunque dice defender a las TCAE sigue denominándose como de Auxiliares, se había topado de bruces con el equipo desalojado en el logro de sus pretensiones por incoherentes y falta de coherencia.

            Una vez restaurado el desorden y eliminadas las amenazas de coherencia y sentido común que atesoraba el equipo desplazado, el sindicato en cuestión identificó la oportunidad de lograr sus pretensiones y en una nueva muestra de absoluto desconocimiento de lo que es la enfermería, el equipo ministerial toma la decisión de dar rienda suelta a unas peticiones, al margen de cualquier tipo de planificación y ordenación de la profesión enfermera en la que, por ejemplo, siguen sin definirse los puestos de trabajo específico de las especialistas de Enfermería y su articulación con las denominadas enfermeras generalistas, que adolecen igualmente de una ordenación. Todo lo cual lleva a un enfrentamiento tan doloroso, inútil como prevenible entre quienes deben conformar los equipos de enfermería.

            Nadie discute, ni tiene intención de limitar las posibilidades de una mejor formación por parte de las TCAE. Pero una cosa es que se quiera mejorar en el ámbito de actuación regulado correspondiente a su nivel y otra bien diferente es que se quiera desregular dicho ámbito para obtener una titulación que tan solo persigue mayores retribuciones justificándolo con pretensiones de todo tipo incoherentes y faltas de sentido común, lo que justifica que hayan sido entendidas por parte del ministerio.

            No es una cuestión de crecimiento, o de tener más funciones, que no competencias que se alcanzan en las titulaciones universitarias. Se trata de un intento por alcanzar un nivel formativo que justifique aumentos retributivos. Sería más lógico que se reclamasen estos al margen de unas reivindicaciones que chocan frontalmente con las posibilidades que actualmente permiten las normas y la realidad profesional.

            Las TCAE, que utilizan de manera totalmente interesada su pertenencia a Enfermería, cuando están dinamitando las bases de la misma, tan solo persiguen confundir y atraer la máxima atención y afiliación a su sindicato, que siendo lícitas propuestas no pueden apoyarse en la demagogia, el populismo y el discurso amenazador, descalificador y manipulador del que hablaba al inicio. Pero, lamentablemente, es el que han identificado que funciona y el que, además, ha logrado ser escuchado por los máximos responsables ministeriales.

            Plantear una reivindicación yendo en contra de la profesión a la que dicen querer pertenecer, Enfermería, tan solo pone de manifiesto sus verdaderas intenciones.

         

             Nadie impide a las TCAE alcanzar competencias y posibilidades de investigación en Enfermería, dado que, al pertenecer a Enfermería, tienen cauces legales que les permiten acceder a estudios superiores de Grado de Enfermería como hacen permanentemente muchas TCAE. Querer hacerlo con trampas y mentiras no tan solo es reprobable, sino que además supone un ataque frontal a la convivencia profesional y a la calidad de la atención al alterar el orden profesional y la razón.

            Además, para lograr sus objetivos sindicales que no profesionales, recurren al engaño y el victimismo haciendo creer que no se permite a las TCAE celebrar el día de la Enfermería. Nada más lejos de la realidad. La mala fe de tal afirmación tan solo persigue la confrontación y la descalificación. El día 12 de mayo no es el día de la Enfermería, sino el día de las Enfermeras. De igual modo que existe el día de las Auxiliares que ellas mismas instauraron. Incitar a las movilizaciones y al enfrentamiento contra las enfermeras con este tipo de artimañas no es la mejor manera para lograr un consenso tan necesario como deseable.

            Si realmente todos sentimos que somos Enfermería deberíamos hacer los máximos esfuerzos por lograr su fortalecimiento y no su división. Respetarla y no utilizarla de manera interesada.

            Por su parte quienes tienen la responsabilidad de ordenar la profesión, aunque no tengan la voluntad política para hacerlo, deberían, al menos, tener la decencia de no contribuir al enfrentamiento y el desorden con decisiones tan poco razonadas como racionales.

            Recuperen todas/os la coherencia y el sentido común. No tan solo no duele, ni provoca efectos secundarios indeseables, sino que, además, contribuye a mejorar las cosas y a hacerlas con educación y respeto. Como dijera Alberto Moravia sería deseable que el sentido común fuese algo así como salud contagiosa.