APOFENIA Y PAREIDOLIA ENFERMERAS

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Llámale al vino, vino y al pan, pan, y todos te entenderán.

La apofenia es un fenómeno por el cual se tiene una visión sin motivos de conexiones acompañada de experiencias concretas de dar sentido anormalmente a lo que no lo tiene, tendiendo a ver patrones donde no los hay. Básicamente, nos fijamos más en ciertos sucesos si estamos predispuestos a ellos. Por ejemplo, si estamos pensando en una persona y da la casualidad de que nos llama por teléfono, pensaremos que ambas cuestiones pueden estar relacionadas. Nos fijaremos de un modo que no lo habríamos hecho si esa misma persona nos hubiese llamado en cualquier otro momento.

Querer ver en la falta de especialidades enfermeras una conexión de agravio comparativo con la disciplina médica por cuanto esta última tiene reguladas más de 50 especialidades y enfermería 7 es sin duda un claro ejemplo de apofenia o un desconocimiento supino de lo que es la disciplina enfermera y en base a qué paradigma se sustenta.

La medicina como disciplina parte de la fragmentación en órganos, aparatos y sistemas y su consecuente trastorno en síntomas, signos y síndromes, lo que conlleva a necesitar un conocimiento muy específico de cada una de estas partes en las que divide al cuerpo humano que no a las personas. Se trata de un planteamiento absolutamente biologicista y patogénico, en los que la salud no es objeto de análisis, estudio y ni tan siquiera de atención, por cuanto lo que importa es cómo se comporta un determinado órgano y cómo influye una alteración del mismo o la actuación de algún agente patógeno o fuerza externa. El interés, por tanto, es la enfermedad y ello conlleva a que se focalice el estudio especializado de cada una de las enfermedades o de los órganos alterados, con independencia de cuál sea la situación de la persona o de su entorno y cómo influyen, o pueden hacerlo, con relación, no tan solo a la enfermedad en cuestión, sino a dimensiones sociales psicológicas o espirituales, desde una perspectiva integral, integrada e integradora que no forma parte del paradigma médico y mucho menos de la especialización tal como está organizada.

Este planteamiento, por tanto, puede servir de argumento, aunque difícilmente como justificación, al hecho de que, en algunas universidades, medicina se excluya de las facultades de ciencias de la salud, constituyéndose como centro independiente -facultad de medicina- de dichas ciencias de la salud, al entender, posiblemente, que su estatus, ciencia y paradigma es el de la enfermedad y no el de la salud, desde una perspectiva que trata de ser generosa en el análisis.

Ahondando en el mismo argumento de la hiperespecialización médica nos encontramos con que no han logrado, a pesar de los intentos de algunos sectores o corporaciones médicas, que se cree la especialidad de Salud Pública. Por una parte, porque se aleja del paradigma de enfermedad desde el que se desarrollan disciplinar y profesionalmente y por otra, porque no es posible dar respuesta a la salud desde una perspectiva exclusivamente médica. De ahí que exista el debate sobre si debe desarrollarse una especialidad de Salud Pública a la que puedan acceder muy diferentes disciplinas de las ciencias de la salud, o si como existe en algunos países, que sea una disciplina propia de Salud Pública con una perspectiva no tan solo multidisciplinar sino también intersectorial, en la que lo importante es el qué y no tanto el quién la conforma.

Tanto es así que el modelo fragmentado y especializado médico se traslada a la organización de los hospitales, fundamental pero no exclusivamente, dentro de los sistemas de salud, que se compartimentan con idéntica fragmentación y especialización, constituyendo los servicios tales como nefrología, respiratorio, cardiología, traumatología… en una clara concordancia con la dominación y colonización que de los citados hospitales hicieron en su momento los médicos como centros fundamentales de su desarrollo científico-profesional y que supuso la eliminación de la organización en base a la complejidad de cuidados que existía y gestionaban las enfermeras hasta entonces, lo que provocó igualmente la pérdida de identidad de dichos cuidados y la subsidiariedad de las enfermeras a la clase médica hasta entonces inexistente. Razón por la cual la Salud Pública, como parte de la estructura de las organizaciones sanitarias, ha tenido y sigue teniendo una importancia marginal con una perspectiva totalmente administrativa de manejo de datos desde la epidemiología de la enfermedad.

La disciplina enfermera, logró desprenderse del dominio médico ejercido por imposición, con su entrada en la universidad y el consiguiente dominio de su desarrollo desde un paradigma que trataba de alejarse de aquel en el que había estado instalado y retenido durante tanto tiempo, siendo considerada la enfermería, inclusive, como una rama de la medicina desde la que ejercía un papel absolutamente subsidiario, ausente de autonomía y pensamiento propio.

Conforme enfermería fue construyendo su paradigma, quedó configurada la identidad propia y autónoma enfermera, alejándose, por tanto, de la influencia y sumisión médica. Para ello fue necesario fundamentar cuáles eran los principios, bases, teorías, evidencias… sobre las que sustentar y fortalecer el paradigma enfermero e ir desprendiéndose, al mismo tiempo, de la influencia del paradigma médico en el que durante tanto tiempo estuvimos instalados.

Este es un claro ejemplo de la apofenia que se generaba al tener una visión cada vez más alejada de conexiones inexistente pero que, sin embargo, se trataba de justificar desde experiencias concretas, interesadas y subjetivas que perseguían dar sentido a una subsidiariedad y dependencia como patrones de un comportamiento del que tratábamos de huir.

El paso del tiempo, acompañado del trabajo, estudio, investigación… de muchas enfermeras logró configurar un paradigma en el que la persona es el centro de la atención desde una perspectiva integral, integrada e integradora y en el que la salud es el objetivo fundamental de actuación para que desde la máxima autonomía la persona sea capaz de tomar sus propias decisiones de manera responsable en equilibrio con su entorno tanto familiar como comunitario.

Esta perspectiva, por tanto, configura la identidad propia enfermera que algunos se resisten, no tan solo a identificar sino incluso a aceptar, por lo que continúan forzando situaciones que tratan de recuperar patrones que ni existen ni se corresponden con lo que la enfermería es, ni el sistema de salud ni la sociedad necesitan, forzando una apofenia desde la que justificar su anormal visión.

Apofenia desde la que se planteó y se concretó una especialización enfermera que nos situaba de nuevo en el paradigma médico de la fragmentación y la enfermedad, al mimetizar el modelo formativo de MIR que incluso replicó la denominación médica de las especialidades alejándolas de una nomenclatura y taxonomías propias. Pediatría, Geriatría, Trabajo, Ginecología… en lugar de salud del niño, salud de las personas adultas mayores, salud laboral o salud de la mujer, aunque en este último caso al menos, logró mantener su denominación propia como matronas. Salud Mental si logró coherencia y Enfermería Familiar y Comunitaria adquirió la denominación de la especialidad médica en lugar de Salud Comunitaria.

Apofenia que se intentó utilizar en su momento por parte de algunas organizaciones de las que dicen representar y/o defender a las enfermeras, creando falsas sociedades científicas, en un intento por acaparar las plazas que conformaban las comisiones nacionales del Ministerio de Sanidad de las respectivas especialidades reguladas por el Real Decreto de especialidades[1] y que tuvo que ser desmontado por las auténticas sociedades científicas a las que se pretendía suplantar desde el engaño y la creación de dicha apofenia.

Apofenia que se utilizó para diluir a las especialidades enfermeras en unidades multiprofesionales en las que nuevamente quedamos a merced de la imagen real que no es otra que la especialidad médica, mientras la de las enfermeras pasa a ser identificada como una copia que ni tan si quiera es aceptada y utilizada por quienes, paradójicamente, pagan por ella, las administraciones sanitarias de las respectivas comunidades autónomas con el respaldo y beneplácito del Ministerio de Sanidad a través de una Dirección General de auténtico desorden profesional, por mucho que se empeñen en denominarle de ordenación profesional.

Apofenia que, tras más de diez años de recorrido desde la aprobación de los correspondientes programas formativos y sin que en algunos casos hayan concluido los procesos reguladores (caso de la prueba extraordinaria de acceso a la especialidad de Enfermería Familiar y Comunitaria) ha dado paso a una pareidoia.

Pareidolia entendida como un fenómeno psicológico donde un estímulo vago y aleatorio (habitualmente una imagen) es percibido erróneamente como una forma reconocible.

Y eso es exactamente lo que ha ocurrido y sigue ocurriendo con las especialidades de Enfermería, que la imagen que se proyecta desde las citadas especialidades enfermeras es realmente un conjunto de estímulos vagos, impreciso e incluso en muchas ocasiones aleatorio, en base a los cuales se cree percibir una forma reconocible de las mismas, cuando realmente se trata de aspectos muy difusos, heterogéneos, cambiantes, reduccionistas que, además, suelen llevar aparejadas sensaciones de frustración, desánimo, rabia, impotencia… al comprobar que lo que parecía una forma concreta y real no deja de ser una apariencia, un espejismo, una ilusión óptica que se desvanece en cuanto se trata de darle consistencia tanto en el espacio, que conforman las organizaciones de salud en el que no se definen plazas específicas, como en el tiempo en el que permanecen reconocibles tales imágenes al no concretarse la incorporación de especialistas. Como si de la forma que creemos reconocer en una nube se tratase, que es cambiante en función de quien la observe y que su perdurabilidad es tan efímera como la realidad que proyecta.

Aprovechando estas apofenia y pareidolia, hay quienes tratan de generar nuevas y confusas realidades e imágenes con las que convencer de la necesidad de crear nuevas especialidades a imagen y semejanza, claro está, de las médicas, o con propuestas artificiales y artificiosas que además cuestionan la aportación específica de una especialidad vigente, por mucho que se anuncien en los medios de comunicación como una solución a problemas ficticios, que nos conduce irremediablemente a crear una nueva apofenia y con ella una pérdida de identidad manifiesta y una dependencia cada vez mayor de las especialidades en las que se empecinan vernos reflejadas a las enfermeras y que son tan solo percepciones ilusorias como las que se identifican en la superficie del agua, que tan solo son reales las que proyectan pero no así las que se reflejan, que al mínimo movimiento o contacto se deforman en ondas haciéndolas inmediatamente irreconocibles.

Tratemos pues de no caer en la trampa de sensaciones falsas, ni de imágenes irreales que nos separan de nuestra verdadera y auténtica realidad profesional, disciplinar y científica.

Construyamos realidades centradas en nuestro paradigma y nuestra aportación específica enfermera concretada en los cuidados profesionales y alejada de ópticas engañosas que persiguen únicamente obtener unos beneficios oportunistas alejados de los que verdaderamente corresponden a las enfermeras y merecen las personas las familias y la comunidad, en el marco de un contexto concreto que más que nunca lo que precisa es una adecuada planificación que permita prestar cuidados profesionales de calidad, enmarcados en una especialidad o no, pues todos ellos son necesarios y requieren de tiempo y espacio, dedicación y técnica, ciencia y sabiduría, conocimiento teórico y praxis.

 

[1] https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-2005-7354