
Siempre parece imposible hasta que se hace
Nelson Mandela[1]
Comparto la conferencia que impartí en el marco del III Congreso Nacional e Internacional de Enfermeria Comunitaria y Salud Social celebrado en la Universidad de Urlingham en Argentina el pasado día 3 de noviembre de 2025 c.
Hablar hoy de los retos de las enfermeras comunitarias en el contexto iberoamericano es hablar del futuro de la salud en clave de comunidad, de justicia y de humanidad. No se trata solo de reivindicar un espacio profesional, sino de reafirmar un modo de comprender la salud como bien común, interdependiente y compartido. En un mundo globalizado, fragmentado y profundamente desigual, el cuidado comunitario emerge como una forma de resistencia y, al mismo tiempo, como una estrategia de transformación social.
Sin embargo, los sistemas sanitarios vigentes en la mayoría de nuestros países —médicocentristas, asistencialistas, hospitalarios y profundamente dependientes de la tecnología y la farmacología— han constituido durante décadas una barrera estructural para el desarrollo de una atención verdaderamente integral, integrada e integradora[2]. Al centrar la acción casi exclusivamente en la enfermedad y en sus síntomas, se ha marginado el valor del cuidado, de la promoción de la salud, de la prevención y de la participación comunitaria. De igual manera, la fascinación por los modelos anglosajones, más orientados a la eficacia técnica que al bienestar relacional, ha contribuido a una progresiva desvalorización y usurpación de los saberes populares, comunitarios y ancestrales[3]. Esos saberes, lejos de ser simples expresiones culturales, han sostenido históricamente la salud cotidiana de los pueblos iberoamericanos y son parte esencial de su identidad.
Esta usurpación de los saberes locales por parte de la ciencia hegemónica —y en particular por el poder médico— transformó a la ciudadanía en objeto pasivo de asistencia, subordinada a la autoridad técnica y dependiente del sistema y de sus terapias. En ese proceso, se debilitó el tejido comunitario, se erosionó la autonomía y se empobreció la noción de salud como experiencia colectiva. La pérdida del protagonismo ciudadano en la toma de decisiones no solo empobreció el sistema sanitario, sino que debilitó la democracia sanitaria y la equidad[4].
Por eso, recuperar la perspectiva iberoamericana no es una ocurrencia, sino un acto de reparación epistemológica y de justicia cultural. El contexto iberoamericano ofrece una base única para repensar la salud desde la diversidad, la cooperación y la interdependencia. Compartimos lenguas que nos hermanan —el español y el portugués— y que, lejos de uniformarnos, nos permiten comunicarnos desde la pluralidad de acentos, identidades y matices, sin desdeñar ni olvidar la riqueza de las lenguas autónomas e indígenas. Compartimos también valores, tradiciones, espiritualidades y cosmovisiones que entienden la vida como equilibrio y comunidad, no como competencia. Ese capital simbólico y cultural puede convertirse en un punto de inflexión para generar un modelo común de salud que no pretenda derrocar al paradigma patogénico, sino complementarlo con un enfoque salutogénico capaz de integrar cuerpo, mente, entorno, espiritualidad y sociedad[5].
El diálogo entre ambos modelos no solo es posible, sino necesario. La patogénesis nos enseña a identificar y tratar las causas del daño; la salutogénesis, a reconocer y fortalecer los factores que generan salud. Juntas, pueden ofrecer una visión integral que conjugue ciencia y humanidad, prevención y promoción, técnica y vínculo. En esa articulación reside precisamente la riqueza del espacio iberoamericano, a través de una capacidad de sincretismo que transforma la diversidad en sinergia.
La irrupción de la pandemia mostró, con una crudeza que pocos esperaban, las grietas estructurales de los sistemas sanitarios y la fuerza relegada de los cuidados comunitarios. Cuando las instituciones se paralizaron, fueron las enfermeras comunitarias, junto con los equipos locales y las redes vecinales, quienes sostuvieron la continuidad de la vida. Ese aprendizaje no puede olvidarse, ya que nos recordó que los cuidados no se improvisan, se tejen, y que solo desde la cooperación y la confianza es posible afrontar los desafíos globales.
En este sentido, el concepto de cuidados sinérgicos adquiere un significado profundo. La sinergia implica cooperación, reciprocidad y suma de fuerzas diversas para generar algo que trasciende a cada parte por separado. En el ámbito de la salud, los cuidados sinérgicos representan la integración de distintos saberes —profesionales, comunitarios, ancestrales, familiares— que, al encontrarse, multiplican su potencia. No se trata de uniformar, sino de armonizar[6]. Como señala Edgar Morin, la complejidad no destruye la unidad, sino que la enriquece; entender el mundo es integrar, no fragmentar[7].
Iberoamérica comparte una historia de mestizaje, de colonización, de desigualdad, pero también de resistencia y de creación colectiva. En sus pueblos y comunidades pervive una comprensión de la salud que trasciende el modelo biomédico. Una salud que es relación, equilibrio, naturaleza y comunidad[8]. Esa visión se refleja en la filosofía del Buen Vivir (Sumak Kawsay), originaria de los pueblos andinos, que propone un bienestar no basado en el consumo ni en la competencia, sino en la armonía con los otros y con el entorno[9].
La enfermería comunitaria iberoamericana, en sintonía con esa cosmovisión, puede y debe liderar una transición hacia sistemas de salud más humanos, más equitativos y más sostenibles. No desde la subordinación a modelos externos, sino desde la afirmación de su propio paradigma, el del cuidado como praxis emancipadora y como bien público centrado en la persona.
El reto no es menor. En muchos de nuestros países, los sistemas de salud siguen atrapados en la lógica del hospital, del diagnóstico y del procedimiento. Se invierte más en tratar que en promocionar o prevenir, más en curar que en cuidar. Y mientras tanto, los determinantes sociales y morales de la salud —la pobreza, la violencia, la exclusión, la falta de participación— siguen generando sufrimiento. Las enfermeras comunitarias pueden y deben ser la voz articuladora que vincule la política sanitaria con la realidad cotidiana de las personas y comunidades.
Pero para ello es necesario reconocer que los cuidados no son un acto técnico, sino una relación política. Cuidar implica redistribuir poder, entre profesionales y ciudadanía, entre lo institucional y lo comunitario, entre lo humano y lo ambiental. Y esa redistribución solo será posible si asumimos los cuidados sinérgicos como principio organizador de la acción sanitaria iberoamericana.
Los cuidados sinérgicos suponen pasar de la competencia a la cooperación, del control a la corresponsabilidad, del paternalismo a la participación. Significan reconocer que nadie cuida solo. Que el cuidado es un tejido colectivo donde confluyen enfermeras, familias, redes sociales, organizaciones comunitarias y políticas públicas. Esa sinergia —cuando se da— no solo mejora la salud, sino que fortalece el tejido social y restaura la confianza, un bien tan escaso en estos tiempos.
La teoría del Bienestar y del Buen Vivir nos ofrece un sustento teórico poderoso para este cambio de paradigma. Frente al individualismo neoliberal, ambas perspectivas reivindican el valor del cuidado mutuo, la equidad y el equilibrio. El bienestar, en su sentido profundo, no se limita al confort o la ausencia de enfermedad; implica un estado de armonía con uno mismo, con los otros y con el entorno[10]. El Buen Vivir amplía esa mirada al situar la vida —toda la vida, no solo la humana— en el centro. Es un llamado ético y político a cuidar la interdependencia que nos constituye como especie y como comunidad planetaria[11] y sitúa la salud en una manera de vivir autónoma, solidaria y feliz[12].
Desde esta base, las enfermeras comunitarias iberoamericanas pueden articular una propuesta para la salud global distinta a la que dictan los organismos internacionales. Una propuesta que no imponga estándares universales, sino que dialogue con la diversidad cultural; que no mida el éxito en tasas de mortalidad o cobertura, sino en dignidad, bienestar y equidad.
El reto es construir una gobernanza del cuidado que trascienda fronteras y burocracias. Una gobernanza que se base en la confianza mutua y en la cooperación entre países, regiones y comunidades. La Red Iberoamericana de Enfermería Familiar y Comunitaria (RIEFyC), La Asociación de Enfermería (AEC) y otras plataformas de colaboración científica y profesional son ejemplos de cómo la sinergia puede convertirse en fuerza transformadora, compartiendo saberes, metodologías y experiencias locales que se retroalimentan[13].
Pero los cuidados sinérgicos no se limitan a la teoría ni a los foros académicos. Se viven cada día en los barrios, en las comunidades rurales, en los centros de salud y en los hogares. Se expresan en la enfermera que acompaña sin juzgar, en la que traduce la información en comprensión, en la que teje vínculos entre lo técnico y lo humano. Ese es el cuidado iberoamericano, cálido, relacional, profundamente ético y resistente.
A nivel global, el mundo necesita este modelo. Frente al colapso ecológico, la desigualdad creciente y la soledad social, los cuidados sinérgicos representan una forma de inteligencia colectiva aplicada a la salud. Si el siglo XX fue el de la tecnociencia médica, el XXI debe ser el del humanismo cooperativo. Y las enfermeras comunitarias iberoamericanas están llamadas a ser sus protagonistas.
Como señalaba Marie-Françoise Collière, “cuidar es mantener la vida, y mantener la vida es resistir frente a todo lo que la destruye”[14]. En ese sentido, cuidar en Iberoamérica no es solo una práctica profesional, es un acto político y cultural. Es una manera de decirle al mundo que otra salud es posible, una salud construida desde abajo, desde los vínculos, desde la comunidad.
Los retos son múltiples, fortalecer la formación comunitaria, consolidar redes de investigación, promover políticas públicas de cuidado, y sobre todo, reconocer el valor estratégico de las enfermeras comunitarias como mediadoras entre ciencia y humanidad. Pero si algo caracteriza a la identidad iberoamericana es su capacidad para la resiliencia al hacer de la adversidad un espacio de creación colectiva.
Los cuidados sinérgicos nos invitan precisamente a eso, a pensar juntos, a actuar juntos, a cuidar juntos. Y esa sinergia, que nace del encuentro entre culturas, generaciones y saberes, puede convertirse en la aportación más valiosa de Iberoamérica a la salud global. Que, además, sea ejemplo y referencia para otros contextos que actualmente mantienen modelos caducos que limitan la equidad, la igualdad y la accesibilidad a la salud como derecho universal.
Los cuidados sinérgicos no solo representan una estrategia técnica o profesional, sino también una forma de abogacía para la salud, un compromiso ético con la justicia social y los derechos humanos. En su práctica se entrelazan la equidad, la defensa de la dignidad y la solidaridad como valores que sostienen toda acción de cuidado. Las enfermeras comunitarias, al situar su trabajo en el territorio y al lado de las personas, se convierten en agentes de transformación social capaces de denunciar las desigualdades estructurales, promover la participación ciudadana y acompañar procesos de empoderamiento colectivo[15]. Los cuidados sinérgicos son, así, una herramienta de emancipación y una expresión concreta del derecho a vivir en el sentido más profundo de la salud que planteaba Jordi Gol11.
No estamos ante un reto imposible, sino ante una oportunidad histórica. La de demostrar que el cuidado no es debilidad, sino fortaleza; que la cooperación no es utopía, sino estrategia; y que la salud no es solo ausencia de enfermedad, sino presencia de justicia, equidad y esperanza.
El futuro de la salud global no se escribirá en los despachos de las grandes instituciones, sino en los territorios donde las enfermeras comunitarias trabajan cada día, en los lugares donde la vida se sostiene. Allí donde el cuidado es más que un acto, es una forma de estar en el mundo.
Y si logramos que esa manera iberoamericana de cuidar —basada en la sinergia, el bienestar y el Buen Vivir— inspire las políticas de salud del siglo XXI, entonces habremos hecho mucho más que construir un modelo sanitario, habremos contribuido a cuidar la humanidad.
[1] Abogado, activista contra el apartheid, político y filántropo sudafricano. Presidió el gobierno de su país de 1994 a 1999 (1918-2023).
[2] Menéndez EL. La enfermedad y la curación: qué es medicina tradicional. México: Instituto Nacional Indigenista; 1990.
[3] Santos B de S. Epistemologies of the South: Justice Against Epistemicide. London: Routledge; 2016.
[4] Kleinman A. The Illness Narratives: Suffering, Healing, and the Human Condition. New York: Basic Books; 1988
[5] Antonovsky A. Unraveling the Mystery of Health: How People Manage Stress and Stay Well. San Francisco: Jossey-Bass; 1987.
[6] Martínez-Riera JR, del Pino-Casado R. Manual práctico de enfermería comunitaria. 2.ª ed. Madrid: Elsevier; 2020.
[7] Organización Panamericana de la Salud. La pandemia de COVID-19 y la respuesta de los sistemas de salud en las Américas. Washington, DC: OPS; 2022.
[8] Morin E. Introducción al pensamiento complejo. Barcelona: Gedisa; 1990.
[9] Gudynas E. El Buen Vivir: miradas desde América Latina. Quito: Abya-Yala; 2011.
[10] Cárcamo SN. Cuidados del Buen Vivir y Bienestar desde las Epistemologías del Sur: conceptos, métodos y casos. Buenos Aires: Editorial FEDUN; 2021.
[11] Marmot M. The Health Gap: The Challenge of an Unequal World. London: Bloomsbury; 2015.
[12] Gol i Gurina J. “La salut és aquella manera de viure que és autònoma, solidària i joiosa”. En: Salut, sanitat i societat: per una resposta socialista a l’actual situació sanitària. Col·lecció Alternativa; 1977.
[13] Dodge R, Daly AP, Huyton J, Sanders LD. The challenge of defining wellbeing. Int J Wellbeing. 2012;2(3):222–35.
[14] Collière MF. Promover la vida: de la práctica de las mujeres cuidadoras a los cuidados de enfermería. Madrid: McGraw-Hill Interamericana; 1993.
[15] International Council of Nurses. The ICN Code of Ethics for Nurses. Geneva: ICN; 2021.