LA PRÁCTICA COLABORATIVA EN IBEROAMÉRICA: REALIDADES Y RETOS PARA ENFERMERÍA

Comparto la conferencia que di en el marco de la XVIII Conferencia Iberoamericana de Educación en Enfermería de la Asociación Internacional de Escuelas y Facultades de Enfermería (ALADEFE), el día 12 de noviembre de 2025.

 

Participar en una mesa como esta, con representantes de Brasil, México y Colombia, es una oportunidad para pensar juntos, para construir en diálogo, y sobre todo, para reconocernos como parte de un mismo horizonte. Porque hablar de práctica colaborativa en Iberoamérica no es solo hablar de cooperación técnica o académica, es, ante todo, hablar de una manera de entender el mundo, la salud y el cuidado desde un territorio común de lengua, cultura y compromiso social.

Iberoamérica no es una etiqueta geográfica ni un simple marco de afinidades históricas. Es, o puede ser, una categoría política y epistemológica, una forma de mirar la salud y los cuidados desde el sur, con una voz propia, crítica y creativa. Una voz que dialogue con los modelos globales, pero que no se subordine a ellos.

En este sentido, propongo que avancemos hacia la construcción de un marco estratégico iberoamericano de Enfermería. Una plataforma que articule pensamiento, práctica e investigación en torno a una misma visión de salud, sustentada en la equidad, la solidaridad y la justicia social. Un marco que nos permita afrontar los desafíos comunes —crisis de los sistemas sanitarios, inequidades sociales, transición demográfica, migraciones, cambio climático, violencia estructural— con un enfoque integral, integrado e integrador, basado en la potencia transformadora de los cuidados[1],[2].

Una lengua común, una mirada compartida

Iberoamérica cuenta con un patrimonio intangible de enorme valor: la lengua. El español y el portugués son más que herramientas de comunicación; son vehículos de pensamiento, identidad y acción. En ellos se nombra la realidad, se construye el conocimiento y se expresa la sensibilidad del cuidado. Apostar por un marco iberoamericano de enfermería es, también, apostar por un conocimiento en nuestras lenguas, que no dependa del filtro de paradigmas ajenos, y que ponga en valor la producción científica, académica y profesional del mismo[3].

La globalización científica, tal como se ha configurado, ha tendido a anglosajonizar el saber. Los criterios de publicación, las bases de datos, los indicadores de impacto y las metodologías dominantes responden a una lógica que muchas veces no refleja las realidades ni las prioridades iberoamericanas. De ahí la importancia de generar o potenciar redes y revistas propias, de crear o potenciar repositorios en español y portugués, y de fomentar la movilidad de profesionales e investigadores dentro del marco iberoamericano, para construir una comunidad epistémica del cuidado con visibilidad internacional, pero arraigo local[4].

Una práctica colaborativa desde el paradigma enfermero

Nuestra propuesta debe enmarcarse en un paradigma enfermero propio, que sitúe en el centro a las personas, a las familias y a la comunidad, y que promueva una atención integral, integrada e integradora. Un paradigma que sitúe la salud y el cuidado —no la enfermedad— como núcleo de nuestra actuación, y que vincule la práctica con los valores de dignidad, participación y corresponsabilidad social[5]. Esto significa pasar de la enfermedad al bienestar; de la fragmentación a la continuidad; de lo curativo a la promoción y lo preventivo y de lo individual a lo colectivo. En Iberoamérica, donde la diversidad social, cultural y territorial es amplia, las enfermeras tenemos una responsabilidad clave para articular cuidados que respondan a determinantes sociales y morales de la salud, a inequidades históricas, a grupos vulnerados, y a entornos donde la accesibilidad, la longitudinalidad y la participación comunitaria deben ser principios esenciales.

Ello implica transformar las lógicas de poder y de saber que históricamente han subordinado la enfermería a la medicina o a la gestión tecnocrática. Significa reivindicar la autonomía profesional y científica, pero no desde la confrontación, sino desde la complementariedad y la colaboración interprofesional. La práctica colaborativa, bien entendida, no diluye identidades, sino que las refuerza, porque solo quien sabe quién es puede colaborar sin miedo a desaparecer.

En este sentido, el trabajo transdisciplinar y el abordaje intersectorial son fundamentales. La enfermería iberoamericana debe consolidar su capacidad para integrar saberes provenientes de la salud pública, la educación, la sociología, la antropología o la ecología, entre otros campos, en una práctica articulada que coloque la salud y el bienestar como objetivos políticos y no solo sanitarios[6][7].

Romper la hegemonía del modelo asistencialista y hospitalcentrista

Para avanzar en esa dirección es imprescindible cuestionar la hegemonía de los modelos asistencialistas, hospitalcentristas, paternalistas y fragmentados, que siguen condicionando la estructura y la cultura de nuestros sistemas sanitarios. Modelos que, aunque han aportado indudables avances tecnológicos, han contribuido también a despersonalizar la atención, medicalizar la vida cotidiana y relegar la dimensión comunitaria y social del cuidado[8].

Estos modelos no solo resultan ineficaces para responder a los desafíos contemporáneos -envejecimiento, cronicidad, salud mental, desigualdades sociales-, sino que constituyen una barrera estructural para el desarrollo de enfoques salutogénicos basados en los activos y recursos de las comunidades[9]. No se trata, por tanto, de sustituir unos modelos por otros, sino de complementarlos en equilibrio, evitando la jerarquización y el dominio de uno sobre otro.

El paradigma salutogénico, formulado originalmente por Antonovsky, invita a centrarse en los factores que generan salud, no solo en los riesgos que la deterioran. En el contexto iberoamericano, esta mirada cobra una fuerza especial porque conecta con valores profundamente arraigados en nuestras culturas: la solidaridad, la colectividad, el respeto a la naturaleza, la espiritualidad cotidiana, la importancia de los vínculos familiares y comunitarios[10].

Si logramos integrar estos principios en nuestras políticas de cuidados, estaremos no solo mejorando la atención, sino redefiniendo el concepto mismo de salud, no como ausencia de enfermedad, sino como proceso relacional, histórico y social.

De la atención fragmentada al cuidado integrado

La fragmentación sigue siendo uno de los principales obstáculos en nuestros sistemas de salud. Fragmentación institucional, territorial y profesional que genera duplicidades, vacíos y desigualdades. Frente a ello, la práctica colaborativa iberoamericana puede aportar una respuesta potente: el trabajo en red.

Redes de profesionales, de comunidades, de instituciones, de países. Redes que compartan aprendizajes, que evalúen experiencias, que construyan indicadores comunes y que permitan transferir conocimiento sin subordinaciones. En este sentido, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) ha venido promoviendo la expansión del rol de las enfermeras en la Atención Primaria de Salud, precisamente para fortalecer estos vínculos de colaboración en toda la región[11]. Pero es que además existe ya una amplia, rica y diversa experiencia de Redes Internacionales que debidamente articuladas en el marco Iberoamericano, pueden ser vertebradoras del mismo.

La Atención Primaria de Salud (APS), entendida en su sentido más amplio, debe ser el eje vertebrador de este marco estratégico. La APS es el espacio donde las enfermeras despliegan de forma más plena su capacidad de acompañar, educar, cuidar y transformar. Allí se cruzan la promoción, la prevención, la participación comunitaria y la equidad. Y allí puede concretarse una práctica colaborativa real entre sectores y disciplinas, superando la compartimentación tradicional de los servicios[12][13].

Un marco con vocación política y ética

El marco iberoamericano que propongo no debe concebirse solo como un instrumento técnico o académico, sino como una propuesta política y ética. Política, porque implica disputar sentido en el campo de las políticas de salud, colocar los cuidados en el centro de la agenda pública y reivindicar su dimensión social y económica. Y ética, porque se asienta sobre valores de justicia, respeto, equidad, dignidad y defensa de los derechos humanos[14].

Hablar de práctica colaborativa es hablar también de abogacía por la salud: de promover la participación ciudadana, de acompañar procesos comunitarios, de denunciar las desigualdades estructurales y de defender políticas basadas en la evidencia y en la equidad. Las enfermeras iberoamericanas pueden y deben ocupar ese espacio, convirtiéndose en voz autorizada en los debates sobre salud, sostenibilidad y bienestar.

Un lenguaje para cuidar: inclusión y dignidad

Ningún cambio estructural será posible si no revisamos el lenguaje con que nombramos la salud, la enfermedad y el cuidado. El lenguaje no es neutro: define, clasifica y, muchas veces, hiere. Expresiones como “crónico complejo”, “paciente difícil”, “dependiente” o “no cumplidor” cargan con una fuerza simbólica que culpabiliza y estigmatiza. Frente a ello, necesitamos construir un lenguaje inclusivo, no culpabilizante, centrado en la persona, que respete la diversidad y que fomente la corresponsabilidad, no la sumisión[15].

Esta tarea tiene también una dimensión académica, implica revisar los manuales, los protocolos, las guías clínicas y las publicaciones científicas, para asegurarnos de que las palabras reflejan la dignidad de la persona y la humanidad del cuidado. En definitiva, transformar la narrativa sanitaria para humanizar la práctica enfermera.

Educación, investigación y redes: los pilares del cambio

La consolidación de un marco iberoamericano requiere invertir en educación, investigación y redes profesionales. La formación de las nuevas generaciones de enfermeras debe estar alineada con este paradigma de colaboración y equidad, fortaleciendo las competencias en liderazgo, pensamiento crítico, ética del cuidado y trabajo comunitario[16][17].

Asimismo, la investigación debe orientarse hacia la generación de evidencia útil para las políticas públicas, las estrategias de promoción de la salud y la evaluación de intervenciones comunitarias. Las universidades y sociedades científicas iberoamericanas tienen un papel decisivo para tejer esta red de conocimiento, apoyando la publicación en nuestras lenguas, la difusión de experiencias exitosas y la creación de plataformas abiertas de aprendizaje mutuo. Y de manera muy particular, ALADEFE, debe configurarse como referente indiscutible en la construcción, implementación y consolidación de dicho marco Iberoamericano.

 

Hacia un horizonte compartido: autonomía, solidaridad y buen vivir

El objetivo último de este marco estratégico no es otro que contribuir al buen vivir de nuestras comunidades. Un concepto que, heredado de las culturas andinas, resume la aspiración a vivir en equilibrio con uno mismo, con los demás y con la naturaleza. El buen vivir encarna la síntesis de lo que las enfermeras perseguimos: bienestar físico, emocional, social y espiritual; equidad intergeneracional; y sostenibilidad de los ecosistemas de salud.

Desde esa perspectiva, la autonomía profesional y la solidaridad colectiva no son metas opuestas, sino complementarias. La autonomía sin solidaridad conduce al aislamiento; la solidaridad sin autonomía puede derivar en dependencia. Las enfermeras iberoamericanas tienen la oportunidad de equilibrar ambas dimensiones para construir sistemas de salud más humanos, más justos y más sostenibles.

Un marco estratégico iberoamericano debería:

  • Definir un lenguaje inclusivo, no culpabilizante, no estigmatizante, que no centre su discurso únicamente en la enfermedad sino en la salud, en la dignidad, en la participación y en el cuidado.
  • Respetar y potenciar la diversidad cultural de nuestros pueblos, reconociendo que las especificidades nacionales no son un obstáculo sino una fuente de riqueza para la colaboración.
  • Promover la accesibilidad, la longitudinalidad del cuidado, la participación comunitaria, la equidad y la justicia social.
  • Fortalecer la educación, la investigación, la práctica y la gestión enfermera desde dicho marco, desarrollando competencias propias, liderazgos iberoamericanos y redes de colaboración que sean visibles en el escenario global.

Entonces, ¿cómo podemos operacionalizar esta propuesta durante nuestra colaboración iberoamericana? Permítanme esbozar algunas líneas:

  • Crear una plataforma iberoamericana de enfermería (web, base de datos, red de contactos) que permita el intercambio de buenas prácticas, investigación, formación en español y portugués, y que promueva trabajos conjuntos entre países.
  • Desarrollar un Marco de Competencias Iberoamericanas de Enfermería (en español y portugués) para el cuidado centrado en la comunidad, la equidad, la salud en todas las políticas, la intersectorialidad y la colaboración.
  • Promover programas de formación avanzada, intercambio académico y profesional entre países iberoamericanos, para fortalecer liderazgos en enfermería con nuestra visión, evitando la dependencia exclusiva de modelos anglosajones.
  • Fomentar alianzas con instituciones de salud, educación y gobierno en Iberoamérica para situar la enfermería como actor estratégico en políticas de salud pública, promoción del bienestar y equidad.
  • Utilizar la investigación y la generación de evidencia contextualizada para dar visibilidad a nuestra práctica colaborativa iberoamericana, publicando en idiomas propios y promoviendo la difusión en nuestra región.

 

 

Conclusión: cuidar es construir futuro

En definitiva, la práctica colaborativa iberoamericana no es una aspiración romántica ni un ejercicio de retórica. Es una necesidad histórica. Frente a la uniformización global, a la colonización epistemológica y a la mercantilización de la salud, necesitamos afirmar un proyecto común de enfermería que piense, hable y actúe desde nuestras realidades.

Construir un marco estratégico iberoamericano de Enfermería significa reconocernos como profesionales capaces de influir, innovar y transformar. Significa pasar de la queja a la propuesta, del aislamiento a la cooperación, de la dependencia a la corresponsabilidad. Significa, en definitiva, asumir que cuidar es también un acto político y cultural.

Para concluir, invito a todos los países iberoamericanos a que juntos exploremos cómo podemos empezar este camino. ¿Qué iniciativas ya tenemos en marcha que puedan articularse en este marco? ¿Qué obstáculos específicos enfrentamos en cada país y cómo podemos apoyarnos mutuamente? ¿Qué sinergias podemos generar entre universidades, asociaciones de enfermería, ministerios de salud y organismos internacionales para construir este marco estratégico iberoamericano de enfermería?

Estoy convencido de que la práctica colaborativa entre enfermeras Iberoamericanas, articulada bajo este marco estratégico que propongo, puede marcar una diferencia real. En la salud de nuestras poblaciones, en la justicia social, en la calidad de los cuidados, y en la construcción de un futuro más equitativo y humano.

Y ese futuro, si lo construimos juntas y juntos, tendrá acento iberoamericano.

Muchas gracias.

 

[1] Cassiani SHDB, et al. The situation of nursing education in Latin America and the Caribbean. Rev Lat-Am Enfermagem. 2017;25:e2842.

[2] Freire Filho JR, Fernandes MNF, Gilbert JHV. The development of interprofessional education and collaborative practice in Latin America and the Caribbean: preliminary observations. J Interprof Care. 2022;37(100442):1-4.

[3] Cassiani SHDB, Dias BM, da Silva FAM. Nursing and universal health coverage: global and regional contributions. Rev Panam Salud Pública. 2023;47:e42.

[4] Herrera CA, et al. No time to wait: resilience as a cornerstone for primary health care. Lancet Reg Health Am. 2025.

[5] Meneses-La-Riva ME, et al. Enhancing health-care efficiency: the relationship between effective communication and teamwork among nurses in Peru. Nurs Rep. 2025;15(2):59.

[6] OECD. Primary health care for resilient health systems in Latin America. Paris: OECD Publishing; 2022.

[7] OPS. Estrategia de Atención Primaria de Salud para América Latina y el Caribe: avances y desafíos. Washington DC: OPS; 2023.

[8] García-Ruiz V, et al. Hospital-centrism and health system fragmentation in Latin America: challenges for equity. Int J Equity Health. 2022;21:188.

[9] Eriksson M, Lindström B. The salutogenic model of health. Health Promot Int. 2021;36(2):438-450.

[10] Ortega RM. Cuidado, cultura y salud: una perspectiva iberoamericana. Rev Iberoam Enferm Comunitaria. 2024;10(1):45-58.

[11] Pan American Health Organization. PAHO promotes debate on expanding the role of nurses in primary health care. Washington DC; 2024 Jun 27.

[12] OECD-World Bank. Health at a Glance: Latin America and the Caribbean 2023. Paris: OECD Publishing; 2023.

[13] Garnelo L, Parente RCP, Rezende ML, et al. Barriers to access and organization of primary health care services for rural riverside populations in the Amazon. Int J Equity Health. 2020;19:54.

[14] Martínez-Riera JR. La filosofía del cuidado enfermero Fundamentos para una salud con sentido: Una mirada desde la enfermería iberoamericana. Blog Enfermeras Comunitarias. 2025 Mayo 22. http://efyc.jrmartinezriera.com/2025/05/22/la-filosofia-del-cuidado-enfermero-fundamentos-para-una-salud-con-sentido-una-mirada-desde-la-enfermeria-iberoamericana/

[15] Martínez-Riera JR. Lenguaje y poder en salud: entre la clasificación y la dignidad. Blog Enferemras Comunitarias. 2025 Oct 24, http://efyc.jrmartinezriera.com/2025/10/24/lenguaje-y-poder-en-salud-entre-la-clasificacion-y-la-dignidad/ .

[16] PAHO. Framework for Nursing Workforce Development in the Americas. Washington DC; 2022. 

[17] WHO. State of the World’s Nursing 2024: investing in education, jobs and leadership. Geneva: World Health Organization; 2024.

1 thoughts on “LA PRÁCTICA COLABORATIVA EN IBEROAMÉRICA: REALIDADES Y RETOS PARA ENFERMERÍA

  1. Efectivamente, nuestra practica profesional de enfermería nos tiene que hacer conscientes de esa provocación injusta de inequidad en nuestra realidad de transición demográfica, el efecto de las migraciones, la violencia estructural, la alteración presente y consecuente a largo plazo que provocan las modificaciones significativas en nuestro sistema climático atribuidas principalmente a la actividad humana de manera irresponsable en general. Nuestra dedicación es incluir la defensa del derecho universal a la salud de las personas de todas las edades en los diferentes niveles del sistema de salud en Iberoamérica y el mundo integral.
    Nuestra oportunidad y compromiso con la sociedad en general, esy será un pronunciamiento profesional en el cuidado holístico en la promoción, protección preventiva a enfermedades, tratamiento y rehabilitación, así como el orientar a las personas a mantener un estilo de vida centrado en la salud.

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