ENFERMERÍA UNIVERSAL

Solemos pensar que nuestra realidad, en este caso la enfermera, es muy particular y exclusiva con relación a la de otros contextos internacionales. Creemos que nuestros errores y aciertos, males y bienes, virtudes y defectos, fortalezas y debilidades, no se corresponden con los de las enfermeras de otras latitudes.

Sin embargo, la Enfermería, por mucho que nos cueste admitirlo a veces, es universal y única. Lo que cambia, diferencia e identifica es el contexto en el que las enfermeras desarrollan la Enfermería. El contexto y los múltiples factores culturales, históricos, sociodemográficos, epidemiológicos, demográficos… son los que hacen que existan necesidades y demandas de salud diferentes, pero también hacen que existan diferentes miradas para idénticas realidades como pueden ser la salud, la enfermedad, el dolor, el sufrimiento, la familia, la muerte, la comunicación… y por lo tanto los cuidados.

Así pues, la Enfermería, como disciplina y profesión, es la misma en todas partes. Su paradigma, sus teorías, sus principios, sus valores, su identidad, su valor… son universales.

Durante mucho tiempo se ha trasladado que la enfermería era muy diferente según países y que esto provocaba que no tuviese un desarrollo, reconocimiento y visibillización como los que tienen otras profesiones. Esto no tan solo no es cierto, sino que es una clara manipulación o una absoluta ignorancia, de la realidad.

Las enfermeras, con independencia de su raza, religión, condición sexual, nacionalidad o idioma, ejercen la Enfermería. Es decir, no ejercen una enfermería diferente según los casos, sino que son diferentes enfermeras ejerciendo la Enfermería.

Y esta diversidad lo que provoca, no es una distorsión de la Enfermería como en ocasiones se quiere hacer pensar, sino una riqueza en la construcción enfermera a través de las diferentes aportaciones realizadas y de las diferencias contextuales en las que se enmarca.

Resulta importante, por tanto, que valoremos a la Enfermería como la disciplina/profesión que nos une e identifica y no como el elemento que nos diferencia. Somos, repito, diferentes enfermeras, pero lo que nos hace serlo es la Enfermería.

Sé que este planteamiento puede ser interpretado como pueril, innecesario o superfluo por algunos y dogmático, excluyente o adoctrinador por otros. Pero yo considero que es necesario, real y oportuno que no se ponga en duda la universalidad de la Enfermería, porque de lo contrario contribuimos a desvalorizarla, acallarla y ocultarla bajo la sospecha de la duda y la incertidumbre, situándola en el ámbito del oficio exenta de ciencia y conciencia colectiva.

Mucho se está hablando de la campaña Nursing Now y de la oportunidad que la misma puede suponer para las enfermeras. Se plantean recomendaciones para situar a enfermeras en puestos de alta responsabilidad en la toma de decisiones. Se generan discursos de unidad de acción. Se desarrollan actividades de visibilización bajo el paraguas de la campaña internacional. Y todo esto está muy bien, pero si no somos capaces de entender e interiorizar que nada de todo esto será posible alcanzarlo sin asumir y creer firmemente que lo que realmente nos une es la Enfermería, no lo lograremos. Pero no porque lo debamos hacer como un acto de fe, en absoluto, sino como una acción consciente y científica de que la Enfermería es lo que nos puede dar la fortaleza, la justificación y los argumentos para que las enfermeras logremos esos objetivos.

Tratar de colonizar, desde planteamientos tan débiles como ausentes de rigor, contextos diferentes al nuestro con “nuestra” enfermería, es tan grave como dejarse colonizar por lo que se interpreta como una enfermería mejor por el hecho de que provenga de un contexto diferente en el que se habla una lengua dominante. Por el contrario, se trata de analizar, reflexionar, debatir y consensuar puntos de encuentro sobre las diferentes miradas que como enfermeras desarrollamos la Enfermería y cómo esto repercute en la salud de las personas, las familias y las comunidades a las que atendemos.

Los cuidados enfermeros no tienen raza, ni religión, ni sexo, ni hablan lenguas diferentes. El cuidado enfermero es universal, aunque la forma en como las enfermeras lo podamos prestar pueda variar. Pero lo que les define como cuidados enfermeros, la Enfermería, es única.

Así pues, las enfermeras somos claramente identificadas como profesión por la población. Otra cuestión es que la identificación esté distorsionada, subjetivizada, manipulada o adulterada. La sociedad tiene una imagen que se ajusta a la representación de la enfermera a través de su hacer, aquí y en todo el mundo, pero no de la Enfermería. Y este hecho es de suma importancia porque desde ese conocimiento social de las enfermeras puede y debe resultar mucho más sencillo construir la identidad, sin renunciar a lo que nos la otorga, la Enfermería, y que pretendemos que sea transformada en reconocimiento.

El abordaje que una enfermera española, costarricense, norteamericana, africana, canadiense, alemana o sueca, hagan ante una persona con idéntico problema de salud, tan solo variará en función de dónde se encuentre dicha persona y cuál sea su familia y su entorno. Identificadas y valoradas, desde las diferentes miradas de esas enfermeras, las necesidades de esa persona, las respuestas que consensuarán con ella, vendrán determinadas por sus expectativas, valores, normas y conductas y no por la Enfermería que cada una de esas enfermeras aplique, porque la Enfermería de todas ellas es la misma, es decir, la que por todas es conocida y reconocida como ciencia que traslada a su profesión enfermera las pruebas y evidencias que justificarán una u otra respuesta de cuidados. Tratar que los cuidados, en función de cada una de las enfermeras, justifique la Enfermería, va en contra de los más elementales planteamientos científicos y, por tanto, deben ser descartados como argumentos para determinar la diferencia de actuación que, en todo caso, tan solo puede ser entendida y aceptada desde la investigación y la generación de pruebas que lo sustenten, pero siempre, de nuevo, partiendo de la realidad universal de la Enfermería.

Los cuidados, por su parte, son claramente identificados por todo el mundo. Al menos en su aspecto más cercano o doméstico. El paso del cuidado natural al profesional ha estado mediatizado por múltiples factores entre los que cabe destacar la división sexual del trabajo extrapolada del núcleo familiar, que ha dificultado la identidad con la Enfermería que los profesionaliza y hace científicos.

Cuando compartimos en Congresos, Simposios, Reuniones, Redes… las experiencias que como enfermeras realizamos en nuestros ámbitos de actuación lo debemos hacer con el ánimo de enriquecer el discurso enfermero y no con el de querer imponer una forma de entender los cuidados desde una perspectiva reduccionista y acientífica. Resulta imprescindible que lo que traslademos y asumamos de otras aportaciones sea tamizado por el filtro del contexto particular de cada una de las propuestas o experiencias con el fin de que realmente lo que se vaya a aplicar sea lo que emana de la ciencia enfermera y no de los factores que la modulan en cada uno de los contextos.

Pero quienes no asisten a Congresos, Simposios, Reuniones, Redes… y, por tanto, ni comparten ni asumen experiencias deben plantearse igualmente que su Enfermería no es estática y que no puede ni debe argumentarse su actuación por la repetición sistemática de una actuación que acaba convirtiéndose en norma sin ningún tipo de justificación científica y, por tanto, privando a los cuidados que prestan de la Enfermería, situándolos en un ámbito acientífico y doméstico que, más allá de los aspectos afectivos que pueden aportar satisfacciones muy dignas, no pueden y no deben quedar relacionadas tan sólo a ellos. Si tan solo se reivindica como éxito y valor de los cuidados las satisfacciones subjetivas estamos limitando al círculo de lo afectivo, doméstico y privado el espectro de posibilidades de realización con que cuenta todo ser humano y, por lo tanto, limitando las posibilidades de realización con que cuenta la Enfermería. Desde esta perspectiva acabamos caminando todos hacia el anonimato, aunque como dice Jorge Luis Borges, los mediocres llegan un poco antes y distorsionan la realidad.

La cultura disciplinar/profesional finalmente se manifiesta en los significados que la gente atribuye a diversos aspectos de la disciplina/profesión; su manera de concebir la disciplina/profesión y su rol en él, sus valores, sus creencias e incluso su imagen. Así pues y si tal como afirma Lluís Duch[1]

 

 la palabra supone para el ser humano la construcción de su realidad, parece evidente que ejercer como enfermera, con independencia de dónde se haga, equivaldría, de hecho, a dar consistencia verbal a nuestra realidad. Definir lo que entendemos por Enfermería, debería permitir delimitar con precisión el marco en el que las acciones enfermeras van a tener lugar, así como las relaciones teóricas entre los elementos implicados que pueden establecerse no sólo para explicarla, sino para entenderla, comprenderla y practicarla.

[1] Duch LL. Mito, interpretación y cultura. Barcelona: Herder; 1998