CON EL DEBIDO RESPETO. El que no tienen por la Enfermería y las enfermeras.

Publicado en el blog de Grupo 40+ Iniciativa Enfermera

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“Para mandar, un capitán necesita respeto.”

Chris Hemsworth[1]

 

La falta de respeto, el desprecio, la desconsideración, la arbitrariedad, el menosprecio… vengan de donde vengan son rechazables. Pero si vienen de una institución como la Universidad o por parte de quienes la representan de una u otra forma, además de rechazables son totalmente inapropiadas, incomprensibles y prescindibles. Hacerlo es zafio y mezquino, alejándose del comportamiento académico que debe regir en todo momento como elemento de cohesión, debate y coherencia con que se identifica a la Universidad.

Lamentablemente estos valores, principios, comportamientos, parece que se consideren trasnochados por parte de algunos representantes de la Universidad o de quienes legislan, formando parte más de la leyenda que de la realidad en la que vivimos. Sea como fuese, lo cierto es que se están dando con inusitada frecuencia y con aparente naturalidad. Lo que, evidentemente, no significa que pueda ni deba ser considerado como normal, siendo como es de todo punto de vista censurable, lo haga quien lo haga. O precisamente mucho más por hacerlo quien lo hace.

Si a esto añadimos que los referidos despropósitos académicos son liderados por parte del ministro de universidades, de representantes del Congreso de los Diputados y del rector de la Universidad de La Rioja, la situación aún resulta, cuanto menos, mucho más preocupante.

Por partes. El ministro de Universidades Manuel Castells, que se caracteriza por sus apariciones extemporáneas y sus desconcertantes declaraciones, nos sorprendió con una propuesta de “Real Decreto por el que se establece la organización de las enseñanzas universitarias y del procedimiento de aseguramiento de su calidad”

En el mismo se cambia la adscripción de los títulos de Grado y Máster de las cinco ramas del conocimiento existentes actualmente a los denominados ámbitos del conocimiento.

Por otra parte, y aunque los nuevos ámbitos propuestos se basan en los Códigos del International Standard Classification of Education (ISCED, 2013) de UNESCO, el RD propone muchos menos de los recogidos en dicha Clasificación Internacional. Como consecuencia de ello aparece la primera y fragrante falta de respeto hacia Enfermería al no aparecer como ámbito de conocimiento a pesar de tener el código UNESCO 0913, con regulación específica por Directiva Europea, con ORDEN CIN1 también específica en el Estado Español, y con 11.000 egresados al año en esta titulación.

En su defecto, el RD nos sitúa en el ámbito de “Especialidades de la Salud”, área que no ni nos identifica ni nos visibiliza, todo lo contrario. Además de que se trata de un ámbito tan ambiguo como impreciso dado que considerar como especialidad a los estudios de grado no deja de ser una incoherencia científica y académica, que paradójicamente es lo que pretende articular el mencionado RD. Ni tan siquiera consideran la posibilidad de denominar Ciencias de la Salud, lo que en sí mismo es plantear que no se consideran Ciencias a las disciplinas que se incorporen en el citado ámbito.

Aceptando el citado ámbito como quien acepta al pulpo como animal de compañía, sería razonable y coherente que en el mismo estuviese incluida Medicina. Pues no. Parece ser que la coherencia no ha estado presente en la redacción de la norma.

Pero tampoco en el ámbito de las ciencias biomédicas, se incluye Medicina, que aparece acompañándole, pero como ámbito propio, lo que nuevamente les excluye tácitamente de su pertenencia a las citadas ciencias biomédicas. Nueva incongruencia.

Ante este planteamiento y dado que serán las Universidades quienes en aras a su autonomía determinarán en cada caso en dónde situar los diferentes títulos ofertados, nos podemos encontrar con que nos sitúen en el de Especialidades de la Salud o en el de Ciencias biomédicas y Medicina. Cualquiera de las dos opciones es un despropósito.

Volvemos a los tiempos de los ATS.

Además, los citados ámbitos del conocimiento se han propuesto teniendo en cuenta en buena medida la estructura de comisiones de la CNEAI, aunque adaptados al hecho de que se trata de actividad docente. Una vuelta más de tuerca en la desigualdad y arbitrariedad a la que se somete a la enfermería a la hora de acreditar sus investigaciones añadiendo ahora la docencia con idéntico despropósito o con el propósito claro de perjudicar a la Enfermería como profesión ciencia y disciplina.

Desde el Congreso de los Diputados, aprovechando la situación de la pandemia y en un posible y vergonzoso intento por redimir la culpabilidad generada por la pésima gestión llevada a cabo con relación a las residencias de personas adultas mayores durante la misma, un grupo de diputadas/os tuvieron la brillante idea de plantear una proposición no de ley para la creación de una nueva titulación de grado superior llamada “Técnico Superior en Gestión de servicios en centros gerontológicos”, en un claro y manifiesto ejemplo de desconocimiento de la realidad de atención residencial y de los recursos con los que actualmente cuenta el sistema, tanto sanitario como sociosanitario. Desde dicho desconocimiento, o lo que es peor, desde la falta de respeto hacia las/os enfermeras generalistas y las especialistas en Geriatría y Gerontología que forma el propio Sistema Nacional de Salud (SNS), plantear una nueva titulación es, no tan solo una pérdida de tiempo por parte de quienes debieran gestionarlo de manera eficaz y eficiente, sino una torpeza y una clara irresponsabilidad.

La ausencia de un análisis riguroso de la situación y la consiguiente planificación, que debiera pasar por dar respuesta a las necesidades de profesionales con los ya existentes y no contratados, da paso a una propuesta de interés político oportunista y demagógico que no tiene fundamento alguno y contraviene los principales principios de gestión, suponiendo un evidente caso de utilización inadecuada de dinero público, lo que podría incluso considerarse como fraude de ley.

El siguiente que, lamentablemente, no último caso de falta de respeto es, si cabe, más sangrante al tiempo que desconcertante. Se trata de la integración de la Escuela adscrita de Enfermería de La Rioja, dependiente del Servicio Riojano de la Salud, a la Universidad de La Rioja, largamente negociada durante más de 9 años.

El problema, evidentemente, no es la integración que es lógica y entendible. El problema viene determinado por una parte por el desprecio de la Consejería de Salud de la Rioja, de quien depende hasta ahora la Escuela, al permitir que sus trabajadores, algunos de los cuales llevan más de 30 años de servicio en la citada Escuela, no negocien la integración de los mismos en la universidad con la dignidad que merecen y solvente el tema anunciándoles su cese e incorporación al sistema de salud de manera muy similar al motorista que utilizaba el franquismo para informar de los ceses.

A esto hay que añadir la actitud totalmente indigna, deplorable, denigrante e incomprensible de la Universidad de La Rioja que, por una parte, tiene la intención de convocar las plazas que actualmente ocupan las enfermeras del Sistema de Salud adscritas a la Escuela, como contrato de sustitución (con sueldos mileuristas), al tiempo que desde ya les anula como responsables de las asignaturas que imparten sin ni tan siquiera haber acabado el curso y estando en pleno periodo de exámenes.

Pero es que además, la integración en la Universidad no lo será como Facultad de Enfermería ni tan siquiera como Facultad de Ciencias de la Salud como se negoció, sino que el actual equipo rectoral ha decidido, con el beneplácito silencio del Gobierno de La Rioja, que se integre en una Facultad de Ciencias y Tecnología con departamentos muy consolidados (ingenierías agrícola e informática, matemáticas, químicas, enología) como Unidad Predepartamental de Enfermería, lo que no tan solo invisibiliza el Grado de Enfermería como Ciencia propia y diferenciada, sino que, adelantándose incluso al RD al que aludía anteriormente adscribe Enfermería en un ámbito totalmente ajeno y en el que resultará muy difícil por no decir imposible el crecimiento de la titulación y la consecuente desvalorización de los estudios y de la propia disciplina enfermera.

La Universidad de La Rioja, con su rector al frente, con esta estrategia, porque es lo que es una estrategia, lo único que persigue es rentabilidad económica. Rentabilidad que le aporta la gran demanda para estudiar enfermería y los beneficios que las matrículas aportarán a las arcas universitarias. Lo de menos es cómo se implante la titulación y qué nivel se pueda aportar, el fin, no es otro que el beneficio económico, en un clarísimo y despreciable ejemplo de mercantilización y en una deleznable gestión en la que ha actuado como socio necesario el Gobierno riojano.

Las decisiones políticas, ya se sabe, están sujetas a intereses oportunistas. De hecho, los sucesivos equipos de gobierno riojano, han estado haciendo uso de la Escuela de Enfermería como referencia nacional de excelencia mientras les ha interesado y han podido sacar tajada de la misma. Llegado el momento de mantener esa excelencia, no tan solo no lo han hecho, sino que han dejado caer a sus trabajadores en un acto de absoluto desprecio.

Pero que una Universidad Pública, contribuya con su gestión, a la invisibilidad de una Titulación que ha sido referente de la Rioja durante tanto tiempo, es, a parte de una falta de respeto académica, una falta de respeto a la sociedad riojana que debería conocer al detalle los entresijos de semejante contubernio. Situarse al mismo nivel de la mediocridad política existente en La Rioja es un mal síntoma y un riesgo manifiesto para la credibilidad de una institución que debiera ser ejemplo de transparencia, equidad, justicia y, sobre todo, respeto hacia una ciencia como la Enfermería en el centro del saber y el conocimiento. Mal vamos si esta es la forma de gobernanza universitaria.

Está claro que el tiempo de los aplausos, las heroínas, las alabanzas, las palmaditas en la espalda, como consecuencia de la aportación específica, valiosa e imprescindible de las enfermeras durante esta pandemia obedecían, tan solo a un claro interés de marketing para lograr el máximo rendimiento de quienes ahora desprecian con sus decisiones, sus humillaciones, acciones y omisiones a la Enfermería y las enfermeras. Y es que como dijera Jean Jaques Rousseau “Siempre es más valioso tener el respeto que la admiración de las personas”.

En cualquier caso, nada es casual, todo es causal, aunque pueda parecer muy positivista. Decisiones como las comentadas, que ni son únicas ni anecdóticas, finalmente, conducen a una situación en la que Enfermería queda aislada, descolocada, desplazada y le resulta muy difícil encontrar el poco espacio que le dejan en condiciones absolutamente alejadas de la realidad enfermera con criterios ajenos a la misma, lo que supone un esfuerzo que otras disciplinas no tienen que hacer. Todo acaba siendo un siniestro plan para convertir a los estudios de enfermería en cadenas de producción que abastezcan las demandas de un sistema sanitario en el que tampoco encajamos las enfermeras al estar colonizado y manipulado por el modelo biomédico. La Universidad no forma enfermeras para atender a la sociedad sino para atender al SNS y quien lo domina de manera desde el patriarcado asistencialismo. Blanco y en botella.

Señoras y señores diputadas/os y Señores ministro y rector, no les quepa duda que sus decisiones recibirán la acertada, respetuosa, razonable, fundamentada y contundente respuesta de las enfermeras y sus representantes, como ya lo han hecho la Conferencia Nacional de Decanas/os de Enfermería, el Grupo 40+ Iniciativa Enfermera o la Sociedad Científica, Asociación Enfermería Comunitaria (AEC) y resto de Sociedades Científicas. Está por ver que sus respuestas se ajusten al respeto que inicialmente no han tenido. El tiempo de la espera se está agotando. Nos espera un tiempo diferente en el que posicionarnos como enfermeras tal como ya hicimos hace más de 40 años para entrar en una Universidad en la que ahora nos quieren arrinconar o expulsar. En sus manos y su voluntad está.

[1] Actor australiano