IDENTIDAD Y ALIENACIÓN ENFERMERA

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“Ésa es la condición básica de la vida, soportar que violen tu identidad.”

Philip Dick [1]

 

Hemos estado largos periodos de tiempo invisibilizadas/os tras denominaciones artificiales, engañosas y claramente intencionales, desde las que ocultar nuestra verdadera identidad para, desde esa manipulada imagen, poder ser utilizadas/os como mano de obra barata y soporte, ayuda u obediencia de otras profesiones. Circunstancia que siempre ha estado avalada legalmente por las/os políticas/os del momento como consecuencia de las presiones del poder sanitarista y medicalizado.

La realidad y la verdad, sin embargo, suelen imponerse a la manipulación y el engaño, aunque ello cueste, además de mucho esfuerzo, un tiempo que ya nadie es capaz de devolver y en el que se pierden realidades, sentimientos, emociones, posibilidades, crecimiento… profesionales que dan sentido e identidad propia a aquello que se ha ocultado y manipulado, precisamente, con esa intención. Se trata realmente de un secuestro con intenciones muy claras de obtener un beneficio por parte de quienes quitan la libertad de las/os secuestradas/os, las enfermeras, y generar un evidente prejuicio a quienes se beneficiaban de su libertad profesional, la sociedad. En secuestros tan prolongados, además, se genera el conocido Síndrome de Estocolmo por el cual las/os secuestradas/os en contra de su voluntad desarrollan una relación de complicidad y un fuerte vínculo afectivo con sus secuestradores/as o retenedores/as, al malinterpretar la ausencia de violencia y la amabilidad y condescendencia como un acto de humanidad por parte del agresor, lo que conduce a que hagan suyos los motivos de su secuestro aceptando y defendiendo su nuevo estatus y renunciando al que en realidad le corresponde.

Recuperar todo eso, darle nuevamente sentido, interiorizarlo para hacerlo propio y poder exteriorizarlo con orgullo, es una tarea no tan solo larga, complicada y en muchas ocasiones incomprendida, sino que supone la lucha contra resistencias tanto externas como internas, mientras la sociedad es incapaz de identificar y mucho menos reconocer la aportación específica de quienes son vistas/os como un apéndice, sin capacidad de nada más que obedecer.

Recuperar esa identidad enfermera, que no crearla como algunas/os malintencionadas/os tratan de hacer ver, además de costoso ha tenido también un componente de gran satisfacción y orgullo. A nadie le gusta que se le ignore, ningunee, manipule o distorsione, con la intención de eliminar su verdadera identidad y capacidad profesional, y por ello lograr emerger como lo que se es y se siente, eliminando esa empatía forzada con las/os secuestradoras/es y su objetivo, permite recuperar igualmente el sentimiento de pertenencia y de identidad propia.

Pero quienes delinquen, aunque pueda enmascararse el delito con otras formas más amables e incluso libres de pena judicial, suelen tener a la reincidencia. Haciéndolo, además, de manera más sofisticada que no por ello menos agresiva o dolosa. Sofisticación que pasa por actuar con sigilo e incluso una impostada amabilidad con el ánimo de engañar y hacer caer de nuevo a quienes son objeto de secuestro en las redes de las/os ideólogas de la acción y de sus necesarias/os cómplices para darle a todo, una apariencia de legalidad que no levante sospechas, aunque pueda generar ciertas protestas a las que se ignora sistemáticamente.

Últimamente estamos asistiendo precisamente, a esos movimientos sibilinos, alevosos, siniestros, que ocultos tras discursos engañosos de alabanza tienen intenciones claras de invisibilización.

La pandemia ha sido un ejemplo claro de lo que digo. Como ya he comentado en otras ocasiones, los aplausos, utilizados de manera oportunista para ocultar las deficiencias del Sistema Nacional de Salud (SNS), haciéndolos suyos a través de postureos a los que tanto nos tienen acostumbradas/os las/os políticas/os, fueron un ejemplo claro de las intrigas palaciegas que posteriormente se fueron traduciendo en actitudes, acciones y decisiones que contradecían permanentemente la supuesta y falsa adulación con la que trataban de aparecer como benefactores y defensores, cuando realmente les importábamos no poco sino nada.

Así nos encontramos con esa denominación de rastreadoras con la que nos ocultaron y con la que enmascararon la vigilancia epidemiológica que realmente realizamos. Se cumplía un doble objetivo. Por una parte, dábamos respuesta con nuestra actuación a una demanda no siempre justificada pero impulsada por las/os políticas/os como forma de maquillar una gestión ausente de planificación, errática y basada en ocurrencias. Por otra se aprovechaba la ocasión para empezar a utilizar términos que lejos de poner en valor la actividad realizada desde una perspectiva profesional y científica enfermeras, lo que conseguía era ocultar la identidad enfermera y su competencia tras el término cuidadosamente elegido de rastreadoras. Empezaba la estrategia de camuflaje para que nadie fuese capaz de identificar a las enfermeras como las/os profesionales que se encargaban de un proceso complejo al que se le restaba importancia tras dicha denominación tan simplista como claramente intencionada.

Superada la fase del “rastreo” se pasó a la fase de la vacunación en la que pasamos a ser ejecutoras de una técnica y nuevamente perdíamos, mejor nos usurpaban, nuestra identidad enfermera. De nada sirvió que fuesen las enfermeras quienes planificásemos, desarrollásemos y ejecutásemos todo el proceso de vacunación. Se llevó a cabo un reduccionismo que nuevamente perseguía eliminar cualquier posible relación con las enfermeras. De tal manera que pasamos a ser vacunadoras como si de una cadena de producción se tratase en el que todo el trabajo se reducía a la administración de la vacuna.

Es curioso como, ni en un caso ni en el otro, a los médicos les enmascararon con otro término o denominación que no fuese el de su propia disciplina o especialidad. Ellos mantenían su identidad y desde la misma acaparaban el éxito de los procesos, aunque su intervención en los mismos fuese testimonial o residual. Ellos eran quienes aparecían como los verdaderos y únicos protagonistas. El proceso es tan simple como demoledor. Las enfermeras actúan, pero son las rastreadoras y vacunadoras, quienes realmente aparecen como figuras que nadie relaciona con ellas y que por tanto su valor queda reducido a la mera anécdota o al descubrimiento fortuito de su verdadera identidad, pero sin que ello deje de ser una anécdota sin impacto alguno.

Como si de un truco del mejor mago se tratase, a los ideólogos de la política tramposa, todo lo que no es interesa lo ocultan, hacen que nada sea lo que es, la realidad se transforma en ilusionismo y con él el mago logra que el público, la sociedad, vea lo que realmente él quiere que vea, una realidad manipulada tras denominaciones tan engañosas y desacertadas como hábilmente elegidas y utilizadas para el fin perseguido.

Que nadie pretenda engañar aún más diciendo que todo es objeto de la imaginación. Porque las casualidades no existen y lo que realmente sucede es que las enfermeras, siendo y actuando como enfermeras, no encajan en los planes, las estrategias y los modelos de quienes quieren ser exclusivos y excluyentes y de quienes con sus decisiones dan respuesta a sus pretensiones. La historia se repite y la realidad es tozuda.

Cuando la pandemia remite y los calificativos tramposos ya no tienen encaje se idean nuevas figuras que no tan solo sean capaces de ocupar espacios enfermeros y abaratar costes, sino que logren también desdibujar la imagen enfermera.

Mientras tanto y en paralelo sus políticas de oscurantismo, silencio y hermetismo siguen ideando estratagemas que aíslen a las enfermeras e impidan que sus voces no tengan la posibilidad, no tan solo de ser oídas sino incluso de ser pronunciadas. Se secuestra la voluntad de las enfermeras, pero igualmente se secuestra la capacidad de crecimiento, de proyección y con ello de visibilidad y de identidad enfermera. Se trata de ir reduciendo los espacios en los que podamos ser visibles, desde los que podamos dejar patente nuestra aportación específica de cuidados profesionales.

Nada de lo que parecía que pudiese ser tras la pandemia se va a traducir en cambio de modelo del SNS. Porque los cambios pasan, precisamente, por una focalización en la salud y en los cuidados. Y ni una ni otra beneficia los intereses de quienes monopolizan el SNS haciendo de él un reducto de poder exclusivo en el que no quieren que haya el más mínimo espacio para nadie más que no sucumba a sus planteamientos de supremacía profesional desde la subsidiariedad y el sometimiento a su particular visión de la asistencia, que no de la atención. Reducto en el que la enfermedad es lo que importa y lo que impregna tanto la forma como el fondo del modelo asistencialista, patrialcal, medicalizado y fragmentado del mismo.

La creación de respuestas virtuales de atención para el seguimiento de cuidados en el que la única presencia enfermera es la que da nombre al sistema, Lola, enfermera virtual, creado por ingenieros biomédicos y respaldado por un equipo médico sin presencia enfermera es otro claro ejemplo de lo que estoy exponiendo. Suplantación de identidad con claros intereses de eliminar competencias de atención directa enfermera, pero sin que suponga realmente una asunción de las mismas por parte de quienes lo respaldan, tan solo se trata de sustituir una acción de cuidado humanizado por otra de acción mecánica y virtual que obedece a patrones medicalizados[2].

En una reciente visita a Italia en donde la enfermería todavía tiene un débil desarrollo y una menor presencia y esencia, se están creando figuras universitarias como las de los denominados asistentes sanitarios que en teoría deben de dar respuesta a la prevención y la promoción en la comunidad, desplazando claramente a las enfermeras de dicho ámbito de actuación. Un claro ejemplo de pérdida no tan solo de identidad sino de competencias propias.

Todo lo que se aleje de su interés, por tanto, es identificado como una amenaza y supone una inmediata estrategia de ataque para neutralizarlo y aislarlo. Nada ni nadie puede hacer sombra al tótem de la curación y a su ámbito de influencia.

Tan solo aquello que sirva a sus intereses y a los de su reconocimiento y posicionamiento tiene posibilidades de compartir espacio junto a ellos como fieles colaboradores al servicio de su fin.

Mientras tanto quienes, como las enfermeras, no se resistan a que esto suceda, a que su identidad se vea alterada, manipulada y ocultada, a que su campo de competencia cada vez sea más reducido, a que sus competencias sean distribuidas entre otras figuras profesionales debilitando su contribución, a que su voz cada vez sea más débil, a que sus planteamientos sean rebatidos desde el poder de la imposición y no del argumento sólido y riguroso, a que su influencia sea residual e impida el liderazgo de nada que pueda ser un peligro, a que la identidad quede distorsionada para ser una simple mueca de lo que fue y debería ser. Mientras todo esto suceda y no haya una respuesta firme, rigurosa y unitaria, contribuiremos a la insulsez de la superfialidad en la que nos sitúan y nos dejamos situar en todos y cada uno de los ámbitos de actuación, desde la universidad a la atención directa, pasando por la gestión o la investigación.

Las palabras de quienes tienen la capacidad de decisión tan solo son meros mensajes de una falsa esperanza para las enfermeras que acaban diluyéndose en el tiempo. Tiempo que es aprovechado para tejer la red en la que es capturada nuestra voluntad con el fin de que no tengamos capacidad de movimiento y acción.

Puede parecer una reflexión tremendista y apocalíptica. Puede ser tachada de victimista. Puede creerse que es un relato de ciencia ficción y que no obedece a la verdad. Pero esto es lo que se ha dicho tantas veces a lo largo de la historia con relatos que se enmarcaban en la distopía como representaciones ficticias de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana y que el tiempo no tan solo las ratificó como tristes realidades, sino que las mismas lograron superar lo que en ellas se relataba como predicción.

Quisiera equivocarme y que nada de lo que planteo finalmente sea realidad y ni tan siquiera una mínima aproximación a la misma, pero lamentablemente no tengo elementos que me permitan construir y compartir otra reflexión.

Tan solo si el sentimiento de pertenencia y el orgullo de identidad perdidos se recuperan y salimos de la alienación en la que estamos sumidas, podremos concretar, como dijera Arquímedes, un punto de apoyo sobre el que mover este mundo del que estamos siendo excluidas las enfermeras. Porque tal como expresara León Tolstói[3] en Ana Karénina “no es difícil acostumbrarse a todo, particularmente cuando se ve a los demás hacer lo mismo”.

Todo es según el color del cristal con que se mire, pero si el cristal, con independencia del color, no nos deja ver con claridad lo que está pasando y seguimos pensando que nada malo va a pasar, cuando queramos darnos cuenta no habrá camino de retorno, o este será tan penoso y costoso como en otros momentos de nuestra historia lo fue.

Podemos seguir creyendo en los cuentos de hadas que nos trasladan, pero que como en muchos cuentos infantiles, se trata realmente de historias que esconden tragedias, desigualdades, violencia…  o escribir nuestra propia historia, narrándola desde el cuidado profesional y dándole sentido desde la convicción que logre finalmente vencer la convención, entendida esta como la norma o práctica admitida tácitamente y que responde a precedentes o a la costumbre, tal como hace, por ejemplo la Real Academia de la Lengua Española (RAE) con su definición de enfermería en una muestra más de esa clarísima falta de identidad que tantos se esfuerzan en lograr y mantener y otras/os tantas/os en asumir como irremediable. El resultado es el que es y las consecuencias a pesar de estar por venir ya se dejan ver.

[1]   Escritor y novelista estadounidense de ciencia ficción, que influyó notablemente en dicho género (1928-19829.

[2] https://www.lasexta.com/noticias/sociedad/lola-enfermera-virtual-que-conecta-pacientes-cronicos-asistencia-sanitaria_20220430626d623ac22d9900013a8224.html

[3] Novelista ruso, considerado uno de los escritores más importantes de la literatura mundial.