
Hay políticos que no solo dicen lo que pretenden decir, sino que terminan revelando mucho más de lo que su autor probablemente quisiera mostrar. La carta que el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, ha dirigido recientemente “a los médicos” con motivo del conflicto generado por la reforma del Estatuto Marco del personal sanitario pertenece a esa categoría.
A primera vista, la misiva pretende presentarse como un gesto de apoyo a la sanidad pública y a sus profesionales. Sin embargo, su lectura permite advertir que estamos ante algo muy distinto. Un ejercicio de oportunismo político construido sobre una mezcla de simplificaciones, silencios interesados y una utilización claramente instrumental del sistema sanitario público y de los propios médicos.
El primer problema de la carta es su planteamiento. Feijóo se dirige “a los médicos” como si todo el colectivo estuviera protagonizando las movilizaciones contra la reforma del Estatuto Marco. La realidad es bastante más compleja. Las protestas están siendo promovidas por determinados sindicatos del colectivo médico, mientras otras organizaciones profesionales y sindicales han manifestado posiciones distintas o directamente contrarias. Los propios datos de seguimiento de la huelga muestran, además, una participación muy limitada.
Cuando un dirigente político decide ignorar esa pluralidad y se dirige al conjunto del colectivo como si existiera una posición unánime, no está describiendo la realidad: está simplificándola deliberadamente. Y esa simplificación tiene consecuencias evidentes. Supone alinearse con un sector concreto y, al mismo tiempo, invisibilizar a quienes dentro del propio colectivo no comparten esos planteamientos.
Pero la incoherencia de la carta no termina ahí. En ella se proyecta una imagen de la sanidad pública profundamente reduccionista, en la que el sistema sanitario parece girar casi exclusivamente en torno a los médicos. Esa visión ignora deliberadamente que la sanidad pública funciona gracias al trabajo conjunto de múltiples profesionales.
Ese enfoque transmite una concepción jerárquica del sistema sanitario que, en el fondo, establece una distinción implícita entre profesionales más dignos de interlocución política y otros que parecen quedar fuera del radar del liderazgo político.
Ese sesgo revela además un componente difícil de ignorar, como es el clasismo en la forma de aproximarse a los conflictos laborales. La carta se presenta como una defensa de los profesionales sanitarios, pero se dirige exclusivamente a los médicos. Se olvida de que miles de trabajadores de otros sectores han protagonizado en los últimos años conflictos laborales relacionados con la precariedad, el deterioro de sus condiciones de trabajo o la pérdida de empleo sin recibir gestos de respaldo político similares.
Feijóo se presenta con absoluta desfachatez, como defensor del sistema sanitario público y como aliado de quienes lo sostienen. Esa afirmación constituye, probablemente, el ejemplo más evidente de la manipulación que atraviesa todo el documento.
Afirmar que defiende la sanidad pública mientras se promueven políticas que contribuyen a debilitarla no es una simple contradicción retórica. Es una forma evidente de manipulación del discurso político, en el que incluye su habitual estrategia de utilizar cualquier tema, en este caso la sanidad pública, como ariete argumental contra el Gobierno, mientras omite deliberadamente los ataques a la sanidad pública en las que gobierna el PP .
Ese uso selectivo de la memoria política no es casual. Forma parte de una estrategia conocida, apropiarse del lenguaje de defensa de los servicios públicos mientras se impulsa, en la práctica, un modelo que abre cada vez más espacio al negocio sanitario privado.
La carta contiene además un respaldo implícito a algunos de los planteamientos que sostienen quienes lideran las movilizaciones. Entre ellos, la defensa de mantener sin restricciones la compatibilidad entre la actividad profesional en el sistema público y el ejercicio simultáneo en el ámbito privado. Algo que supone, en sí mismo, establecer el riesgo de que el propio deterioro de lo público termine alimentando el crecimiento del sector privado.
Que quien afirma defender la sanidad pública respalde sin matices posiciones que pueden reforzar ese proceso introduce, como mínimo, una notable incoherencia en su discurso o un cálculo interesado manifiesto.
La carta de Feijóo no es, en definitiva, un análisis serio de los problemas del sistema sanitario ni una propuesta política rigurosa para abordarlos. Es un gesto calculado para capitalizar el malestar de un sector profesional concreto y convertirlo en argumento de confrontación política.
Y en ese gesto quedan al descubierto constantes preocupantes como la simplificación de la realidad, instrumentalización de los conflictos laborales, jerarquización implícita de los profesionales sanitarios y una evidente distancia entre lo que se dice y lo que se hace.
La sanidad pública merece algo más que gestos calculados o cartas oportunistas. Merece dirigentes políticos capaces de anteponer las necesidades reales de la ciudadanía al interés coyuntural de sus partidos o a la presión de sectores concretos.
Gobernar un país exige responsabilidad, honestidad y coherencia. Utilizar la sanidad pública, desde la tergiversación y la manipulación, como arma de confrontación mientras se impulsan y apoyan políticas que favorecen su debilitamiento no es defenderla. Es, sencillamente, utilizarla.
Se puede leer la carta de Feijóo en: https://www.cesm.org/wp-content/uploads/2026/03/CARTA-PRESIDENTE-FEIJOO-A-LOS-MEDICOS-1.pdf








