IDENTIDAD ENFERMERA, EN LA SOCIEDAD DEL RACIONALISMO

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Editorial Rev. Bras. Enferm. vol.72 no.5 Brasília Sept./Oct. 2019  Epub Sep 16, 2019

Las enfermeras hemos sufrido, y en gran medida seguimos sufriendo, la influencia de la medicina en el desarrollo tanto de nuestra disciplina como del desarrollo científico profesional.

En los Sistemas Sanitarios en los que habitualmente ejercemos como enfermeras, claramente fagocitados por la ciencia médica, que centra su atención en la enfermedad, la biología, la tecnología, la asistencia… y en los que el hospital es el centro de saber y desarrollo científico exclusivo de la medicina, resulta muy difícil desarrollar el paradigma enfermero que tanto se aleja de estos planteamientos.

Como consecuencia de esta colonización médica, las enfermeras solemos mimetizar un modelo que no nos es propio y en el que la enfermedad como alteración leve o grave del funcionamiento normal de un organismo o de alguna de sus partes debida a una causa interna o externa, nos aparta de nuestro verdadero objetivo que debe ser la atención a los problemas de salud, entendidos estos, como los problemas relacionados con un estado o proceso relativo a la salud y manifestado por una persona, una familia o una comunidad. O lo que viene a ser lo mismo, la atención centrada en la enfermedad y alejada de la persona, la familia y su entorno, versus una atención integral, integrada e integradora, desde una perspectiva física, psíquica, social y espiritual, en la que se incorpora a la familia y a su entorno.

Las enfermeras, ahora y en el futuro, necesitan evidencias científicas en las que se construir y fortalecer la ciencia enfermera y en las que basar su práctica autónoma. No se pretende generar confrontación con los médicos, sino articular una actuación conjunta en la que el verdadero interés se centre en las personas, las familias y la comunidad y no en los ámbitos de poder corporativo de ninguna disciplina concreta. Se trata, por lo tanto, de trabajar de manera transdisciplinar(1), abandonando la rigidez de los marcos competenciales para adaptarlos a la realidad que en cada momento requiera la atención de los equipos de salud, más allá de a quién corresponden los mismos.

La ciencia está, por definición interesada, sobre todo, por parte de los médicos, en generalizaciones y predicciones. Las enfermeras, conscientes o no, tenemos unos valores, hacemos unas elecciones y es importante tener claros estas elecciones y estos valores. Porque cuidar siempre está relacionado con ayudar a una persona o a un grupo de personas para satisfacer sus necesidades sentidas. Es cierto que las enfermeras aprenden de la experiencia. Pero, resulta imprescindible que aprendan y crezcan profesionalmente familiarizándose con el paradigma enfermero y trasladando la teoría a la práctica. La imagen enfermera es, pues, inseparable de su evolución como disciplina y ésta ha evolucionado extraordinariamente desde la perspectiva de sus propias orientaciones y conceptos centrados en el cuidado, la persona, la salud, el entorno, la práctica, la formación, la investigación y la gestión.

En la actualidad las enfermeras tienen que responder a múltiples problemas de salud muchos de ellos complejos y, sobre todo, individuales (pobreza, migración, medio ambiente, violencia de género…). Sin embargo, habitualmente, la relación enfermera-persona es superficial, centrada en la enfermedad y no en el problema de salud con un necesario abordaje integral. Resulta fundamental la humanización de la atención para no abandonar el rasgo cuidador(2). Sin embargo, se da la paradoja que, en muchas ocasiones, lo que se está exigiendo por parte de las organizaciones sanitarias, colonizadas como ya hemos dicho por la medicina, es contar con enfermeras tecnológicas. Como consecuencia la enfermera difumina o pierde su aportación autónoma centrada en el cuidar que permita lograr bienestar, confort, seguridad, asesoría humanista, además de los cuidados específicos adecuados y consensuados. Si se tiene en cuenta, por tanto, la trascendencia de los cuidados, la vinculación con la persona y la familia y se asume la responsabilidad de que sean autónomos, las enfermeras son, y serán absolutamente imprescindibles en la comunidad.

Se tiene que tener presente, además, que la sociedad, es dinámica, cambia y plantea nuevos escenarios y nuevas realidades demográficas, epidemiológicas, sociales, políticas… que predicen un futuro reservado a los cuidados enfermeros. La persona es, o al menos debe ser, considerada en su globalidad y la enfermera debe centrar su atención de manera integral, integrada e integradora. Dicho de otra manera, la espiritualidad, la conciencia, el autoconcepto, el modo de vida, el bienestar, los sentimientos, las emociones, los vínculos, las relaciones… son dimensiones que la práctica enfermera debe tener en cuenta. Los cuidados enfermeros son una realidad compleja, no lineal, en evolución, que precisan ser identificados para trasladarlos a la disciplina y a la profesión y desde ellas a la sociedad.

Por otra parte, es necesario destacar que estamos inmersos en la sociedad del racionalismo, desde el que se traslada que la tecnología puede responder a cualquier problema. Pero si bien es cierto que la técnica forma parte de nuestra existencia, la cuestión es saber qué hacer con ella para evitar que acabe con nuestra identidad. Aunque parezca una obviedad, que se da por superada en enfermería; cada vez es más evidente la falta de ética, y de deshumanización. Resulta, por tanto, necesario vertebrar nuestra actuación autónoma para evitar que la evolución de la Enfermería como ciencia ligada a la medicina vaya dejando escapar su esencia fundamental, la de los valores y los cuidados que le son propios y le confieren singularidad. Es preciso identificar que el valor añadido que ofrecemos las enfermeras, se centra en la respuesta humana a la necesidad de cuidados de la persona, bien en salud o en enfermedad y ofrecido con calidad.

Derivado de todo lo cual el reconocimiento que la sociedad tenga de las enfermeras oscilará permanentemente en base a ese equilibrio entre la técnica y los cuidados enfermeros, que por otra parte nos permitirá identificarnos y valorarnos a nosotras mismas como profesionales con un paradigma propio y reconocible que nos identifica, visibiliza y valoriza tanto en el ámbito de la comunidad científica como en el de la sociedad en general(3).

REFERENCIAS

1 Pérez Matos NE, Setién Quesada E. La interdisciplinariedad y la transdisciplinariedad en las ciencias: una mirada a la teoría bibliológico-informativa. ACIMED [Internet]. 2008[cited 2019 Apr 29];18(4). Available from: http://scielo.sld.cu/pdf/aci/v18n4/aci31008.pdf [ Links ]

2 Correa Zambrano ML. La humanización de la atención en los servicios de salud: un asunto de cuidado. Rev Cuid [Internet]. 2016[cited 2019 Apr 29];7(1):1210-8. Available from: http://dx.doi.org/10.15649/cuidarte.v7i1.300 [ Links ]

3 Albar MJ, Sivianes-Fernández M. Percepción de la identidad profesional de la enfermería en el alumnado del grado. Enferm Clínica. 2016;26(3):194-8. doi: 10.1016/j.enfcli.2015.10.006 [ Links ]

 

¿QUIÉN ES QUIÉN?

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Estudiantes de 4º de Enfermería de la Universidad de Alicante, a través de este vídeo, nos trasladan el gran trabajo que realizan las enfermeras comunitarias y que, lamentablemente, tantas veces queda oculto o enmascarado en otros perfiles profesionales.

MINISTRO DE SANIDAD. POLÍTICA, FILOSOFÍA Y SALUD

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Estimado Sr. Ministro:

          Cuando tan solo se conoce su nombramiento, pues aún no ha tomado posesión, me he decidido a dirigirme a usted desde este blog.

          Lo primero que quisiera trasladarle es, como no puede ser de otra manera, mi más cordial enhorabuena. Pero también mi expectativa por lo que pueda aportar a este nuevo y reducido Ministerio tras perder las competencias de consumo y asuntos sociales.

          Así pues, pasará a ser Ministro de Sanidad. Y ciertamente serlo es muy importante, a pesar de lo que algunos hayan dicho en algún momento tildándolo de un Ministerio secundario. Se trata del Ministerio con competencias en Salud, aunque esta quede oculta en ese concepto menos comprometedor, más organizacional e incluso económico, cuando no mercantil, como la Sanidad. Su cometido, como político, será tratar de gestionar, articular, modular, integrar… la sanidad de los 17 Servicios de, ahora sí, Salud de las Comunidades Autónomas, para que sea lo equitativa, igualitaria, universal y accesible, que marca nuestro Sistema Nacional de Salud, a través de la Ley General de Sanidad de 1986.

          Pero más allá de su cometido, responsabilidad y eficacia política, que no pongo en duda y que ha demostrado en puestos bien diferentes al que ahora le ha sido encomendado, no puede obviarse su condición de filósofo.

          Y no es que tenga nada que objetar por ello, todo lo contrario. Considero que, si es capaz de equilibrar su conocida competencia y eficacia política con su esperado conocimiento filosófico, se puede esperar un resultado que, cuanto menos, genere ilusión.

          Son muchos los autores, entre los que cabe destacar a Clifton Meador[1], que se refieren a “la última persona sana”, como aquella figura ideal que consideran poco probable que surja de un sistema de salud economicista, centrado en la enfermedad, que crea la enfermedad en personas sanas, que considera y aborda el envejecimiento, el climaterio, el embarazo… como enfermedades y que centra su esfuerzo, su discurso y sus recursos en la prevención persecutoria y culpabilizadora, como promesa permanente de una ilusión  tan cruel como innecesaria.

          Y resulta que en ese sistema medicalizado, asistencialista, biologicista… cada vez más sujeto a los algoritmos, las estadísticas, la alta tecnología, la inteligencia artificial, las guías clínicas de prevención, diagnóstico y tratamiento… en que se ha convertido nuestro sistema nacional de salud, hasta el punto que ahora se cree necesario humanizarlo, ese concepto de “la última persona sana” deja de ser una metáfora para convertirse en una llamada de atención que está pasando inadvertida o desoída, para muchos, con consecuencias tan terribles como que la salud se venda como un producto más de esta mercadotecnia sanitaria tan apetecible, por otra parte, para el mercado.

          Nada más alejado de mi intención el tratar de dibujarle un panorama tremendista, pero la salud parece, a pesar de lo que muchos se resisten a aceptar, muy cercana a una adaptación cambiante, variable y subjetiva que hace cada vez más difícil hablar de una ciencia de la salud. Puede que, por eso a mí, me resulte mucho más próxima, entendible e incluso filosófica la definición de la salud de Jordi Gol como aquella manera de vivir que es autónoma, solidaria y feliz. Definición de salud que no se reduce al bienestar, de la definición idealista y aún vigente de la OMS, sino que se entiende de manera dinámica.

          Pero claro, señor ministro, para eso hace falta que el Sistema de Salud que promocione dicho estado sea capaz de lograrlo cambiando su actual paradigma y situándose en otro que logre un equilibrio constante entre la persona y su contexto que permita lograr resultados que, en ocasiones, les sitúen dentro de la normalidad y en otras en la enfermedad, lo que nos lleva a poder pensar que la salud es, en muchas ocasiones, una cuestión más filosófica que científica.

          Pero lamentablemente, más veces de las deseadas, cuando se habla de salud se confunde con sanidad y, además, se asocia de inmediato a la medicina y a la asistencia médico-clínica, tanto por parte de profesionales, como de medios de comunicación, políticos y población en general, lo que es, no tan solo un lamentable error, sino un clarísimo reduccionismo que nos acerca a los planteamientos a los que aludía al inicio de mi escrito. Sin embargo, no voy a entrar a debatir esta, en ocasiones confusión, en ocasiones clara intencionalidad, que es sistemática y obedece a posiciones hegemónicas y paternalistas reforzadas por la dicotomía entre salud enfermedad. Dicotomía que nos lleva a lo que Edmundo Granda[2] vino en denominar “enfermología pública” como aquella caracterizada por “el presupuesto filosófico-teórico de la enfermedad y la muerte como punto de partida para la explicación de la salud” y por “el método positivista para explicar el riesgo de enfermar en la población y el estructural-funcionalismo para comprender la realidad social”. En base a lo cual nos situamos en un terrible y permanente planteamiento de enfermedad, medicina, curación y positivismo que arrincona y/o fagocita a la salud y su promoción, a otras profesiones/profesionales de la salud, a los cuidados y a todo aquello que se aleje de la estadística y lo numéricamente medible, con el consiguiente abandono de emociones, sentimientos, cultura, espiritualidad… que son entendidos, en más ocasiones de lo deseable, como adornos superfluos, incómodos o inútiles para la ciencia médica, que no de la salud, como dejan patente siempre que pueden, quieren o se les deja.

          Sistema de Salud, el nuestro, el suyo, que, por otra parte, y a pesar de que los cuidados han sido a, lo largo de la historia de la filosofía, centrales al tener que ver fundamentalmente con reflexiones en torno a la condición humana y la ética, siguen sin estar institucionalizados en las organizaciones sanitarias donde, teóricamente, se promueve la salud a través de los cuidados. Y, claro está, si no lo están los cuidados, las enfermeras que los prestan tampoco.

          Teniendo en cuenta, así mismo, lo que afirmó Johannes Hessen (1889-1971), sobre que la filosofía es un intento del espíritu humano para llegar a una concepción del universo mediante la autorreflexión sobre sus funciones valorativas teóricas y prácticas; la filosofía, entendida como una reflexión sobre la conducta teórica, le llamaríamos “Ciencia” y, por tanto, la “Filosofía” es teoría del conocimiento científico o teoría de la ciencia. Aplicando estos preceptos a la enfermería, equivaldría a profundizar en el fundamento humanista sobre el cuidado, lo que debería ser suficiente para darle el valor que sigue sin otorgársele en contraposición al valor absoluto que se le da a la curación, que nos lleva a que, por ejemplo, un proceso natural como la muerte, se identifique como fracaso y contribuya a que continúe siendo un tabú o un estigma social y profesional que impide, incluso, ayudar a alcanzarla en momentos determinados.

          Como enfermera comunitaria que soy, señor ministro, siempre que se produce un relevo al frente del Ministerio que está a punto de ocupar, me surge el mismo sentimiento de emoción e ilusión pensando que pueda tratarse del/la responsable que finalmente tenga la valentía, la determinación o el compromiso de tomar decisiones políticas que reviertan una situación que no beneficia ni a profesionales, ni a las organizaciones, ni, por supuesto, a las personas, familias y comunidad, a las que realmente debemos nuestros esfuerzos coordinados por promocionar, mantener o restablecer su salud. Lamentablemente, esa/e responsable no he tenido ocasión de conocerle, aunque su antecesora y el equipo que le ha acompañado, en justicia, hay que reconocer que estaban cerca de conseguirlo. Pero también, le voy a ser sincero, el tedio de tener que volver a explicar desde el principio, qué, cuánto, dónde, cómo… hacemos y queremos hacer para contribuir a la salud comunitaria.

          Su llegada ofrece un nuevo paréntesis de oportunidad que espero no se pierda, logrando que la filosofía, la política y la salud hagan del Ministerio de Sanidad un nuevo lugar en el que todas las partes, con usted como “maestro/ministro”, puedan/podamos reflexionar, analizar, debatir… como se hizo en la escuela peripatética fundada por Aristóteles.

En lugar de seguir en las permanentes disputas en las que importa más “lo mío” que lo del conjunto, que hacen que se camine en “líneas paralelas”, donde, una de ellas, corresponde a la ciencia y su filosofía y la otra a la praxis enfocada a la recuperación de la salud a través de la curación, debemos esforzarnos por lograr que este avance se realice en líneas convergentes. Recordemos que en la cultura griega la diosa Némesis castigaba la desmesura para proteger el equilibrio universal; por consiguiente, evitemos la venganza de Némesis ante la negligencia por no aceptar la felicidad en la enfermedad, la infelicidad en la salud y la necesidad de los cuidados y quienes los prestan en el año que la OMS y la ONU han elegido como de las enfermeras y matronas[3].

Bienvenido señor Illa. Espero que, finalmente, podamos celebrar que alguien asume el reto de la salud desde la sanidad del ministerio y la filosofía de su buen hacer político.

 

[1] Clifton Meador, MD. La última persona sana. N Engl J Med 1994; 330: 440-441 DOI: 10.1056 / NEJM199402103300618

[2] Médico ecuatoriano y reconocido filósofo de la Medicina Social

[3] Enf Neurol (Mex) Rey Arturo Salcedo Álvarez, et al. Vol. 12, No. 2: 98-101, 2013 Enfermería Neurológica 101 www.medigraphic.org.mx

LA ENFERMERA COMUNITARIA PUEDE IR MÁS ALLÁ…

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Vídeo realizado por estudiantes de 4º de Grado de Enfermería de la Universidad de Alicante en el que se hace una reflexión sobre lo que pueden hacer las enfermeras comunitarias.

CANAL ENFERMERAS COMUNITARIAS YouTube

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Estrenamos un nuevo espacio en el Blog, Canal You Tube, destinado a compartir vídeos de interés sobre enfermeras comunitarias.

Básicamente se subirán vídeos de estudiantes de 4º de Enfermería de la Universidad de Alicante que han realizado vídeos en la asignatura de Intervención Comunitaria que imparto, en los que abordan diferentes temas relacionados con las enfermeras comunitarias.

Para iniciar esta sección presentamos el vídeo “La enfermera comunitaria puede ir más allá…” https://youtu.be/liXfifUOerk 

LOS REYES MAGOS DE ORIENTE Y LAS ENFERMERAS

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                       A todas las enfermeras que aún creen en los Reyes Magos y a quienes siguen creyendo en las enfermeras.

 

A lo largo de mi vida he creído y descreído sobre bastantes cosas, situaciones, personas o entes. Sin embargo, tan solo unas pocas han permanecido inalterables, cuando no, han ido en aumento. Y de esas pocas, no más de las que se puedan contar con los dedos de las manos, quisiera destacar dos. Los Reyes Magos y la Enfermería.

Si, efectivamente hablo de los Reyes Magos de Oriente. Aunque parezca paradójico que pueda seguir creyendo en algo, más bien en alguien, que está fundamentado en una mentira. Mentira que se mantiene durante la infancia y a la que, la mayoría de los niños, se resisten a creer que lo sea, pero que, una vez asumida, perdura la ilusión, en tan enigmáticos personajes, más allá de su origen bíblico, lo que les hace ser admirados y queridos por creyentes, escépticos, incrédulos, agnósticos o incluso ateos y todo ello, a pesar de la injerencia de Papa Noel, que compite con ellos adelantando su llegada en las fechas navideñas.

Esta creencia que ha evolucionado conmigo y que la he vivido de muy diferentes maneras se ha visto acompañada de otra más tardía pero aún más potente y creciente como es la de la Enfermería.

Con la Enfermería, de alguna manera, me pasó como con los Reyes Magos. Inicialmente creí en algo que se vino en denominar ATS, hasta que alguien me abrió los ojos y me ayudó a ver que era una mentira que trataba de esconder algo como la Enfermería. Y fue entonces, cuando descubrí lo que era ser enfermera, cuando me aferré a la creencia de lo que era y significaba la Enfermería en mi vida. A diferencia de los Reyes Magos, que esperamos una vez al año, la Enfermería permanece permanentemente conmigo como parte de mi vida, con idéntica ilusión a la que despiertan los Reyes.

Es más, cada vez estoy más convencido de que existe cierta analogía entre los tres Reyes Magos y la Enfermería.

Trataré de explicarme. Como ya decía la llegada de los monarcas orientales genera una gran ilusión en niños y no tan niños, más allá de los regalos que traigan. Se trata de algo que trasciende al mero efecto de ser obsequiado, siendo tan misterioso y enigmático como claro y manifiesto.

Con la Enfermería sucede algo similar. Más allá de ser la profesión que se ejerce como forma de obtener un sueldo, su ejercicio supera lo meramente laboral para situarse en el ámbito del sentimiento y de la vivencia vital a través de la creencia en lo que se es, enfermera.

Previa a la llegada de los Reyes, nos apresuramos a solicitar todo aquello que deseamos o nos hace ilusión tener, con la esperanza de que los magos sean capaces de satisfacerlo plenamente.

Las enfermeras, por su parte, reciben constantemente mensajes en los que se les solicita den respuesta adecuada, puntual y de la máxima calidad, sin que ello signifique que ellas reciban lo que sería mínimamente deseable para cumplirlo, a pesar de lo cual no suelen defraudar.

Los Reyes de Oriente, están en todas partes y son capaces de satisfacer las necesidades de todos cuantos en ellos creen. No defraudan nunca y siempre llegan a pesar de que existe una gran desproporción ante la demanda que tienen, lo que nunca supone impedimento para lograr responder como de ellos se espera.

A las enfermeras, les pasa algo similar. Están preparadas para estar en cualquier servicio, unidad, ámbito o situación en los que se les reclame o sitúe. Y en todos ellos prestan cuidados de calidad a las personas, familias y comunidad a las que atienden, aunque en muchas ocasiones, casi siempre, sean muchas más de las que debieran corresponderles, a pesar de lo cual, siempre logran responder a sus expectativas.

Son tantos los regalos que deben repartir los Reyes y en lugares tan lejanos y distantes entre sí, que pudiese parecer que disponen de grandes recursos para llevarlo a cabo con la eficacia y eficiencia que lo hacen año tras año, cuando, en realidad, disponen de tres viejos camellos y, eso sí, su magia, de ahí el apelativo de Reyes Magos.

Las enfermeras no reciben el apelativo de magas, aunque ciertamente en muchas ocasiones debieran recibirlo. Son capaces de responder a todas las exigencias con la máxima eficacia y eficiencia a pesar de contar con recursos escasos y, en ocasiones, inexistentes, lo que les obliga a agudizar su ingenio e innovación, con tal de poder responder a las demandas que identifican.

Los Reyes Magos, no discriminan entre pobres o ricos, ni entre razas, creencias o sexos, para ellos todas/os tienen idéntico derecho a ver cumplidos sus sueños, siempre adecuados a sus situaciones concretas.

Para las enfermeras, la equidad, igualdad, solidaridad, desarrollo humano, progreso… no son opciones sino obligaciones, para poder dar respuestas y que todas las personas puedan recibir los cuidados que precisan para lograr su máxima autonomía.

Los Reyes no se quedan en sus palacios esperando a que vayan a visitarlos. Ellos van allá donde las personas residen, viven, juegan, trabajan… para entregarles lo que más desean.

Las enfermeras comunitarias, por su parte, no se recluyen en los centros de salud, sino que van a los domicilios familiares, las escuelas, la comunidad, para trabajar con las personas y participar conjuntamente en alcanzar los mejores niveles de salud.

            Los Reyes dicen que son los padres, pero la verdad es que, estos, tan solo son personas con las que participan, convirtiéndose en verdaderos agentes de felicidad e ilusión, que facilitan la gran labor que realizan los Reyes, logrando que todas las personas sigan creyendo, confiando en ellos y queriéndolos.

            Las enfermeras trabajan con los agentes de salud comunitarios para lograr, a través de su participación activa, que la salud sea un objetivo prioritario de la comunidad y la toma de decisiones compartida, un objetivo a alcanzar, lo que facilita que sean reconocidas y respetadas.

            Los tres magos huyen de los regalos estándar. Por eso leen detenidamente las peticiones y demandas de todas/os quienes, año tras año, les escriben sus cartas, solicitando lo que más desean en cada momento, tratando de responder a cada una/o de ellas/os según sus necesidades.

            Para las enfermeras lo importante no es la enfermedad, sino cómo afronta cada persona sus problemas o experiencias de salud, consensuando con ellas las mejores respuestas de manera individualizada, integral, integrada e integradora.

            Las familias son fundamentales para los Reyes Magos ya que es en el seno de las mismas donde ellos actúan y con quienes participan activamente en dar felicidad a todos sus miembros.

            La intervención familiar es, del mismo modo, importantísima para la prestación de cuidados enfermeros, ya que es la familia el principal recurso de salud de las personas que la componen y la red de apoyo fundamental para su promoción, mantenimiento y recuperación.

            A los Reyes Magos les resultaría imposible llevar a cabo su misión anual sino pudiesen contar con los múltiples recursos que existen en cada uno de los lugares donde viajan para adquirir y repartir los regalos solicitados.

            Los recursos comunitarios, su uso racional y vertebración, es una de las principales competencias de las enfermeras comunitarias a la hora de articular las respuestas a las demandas y necesidades de las personas y sus familias.

            Esta analogía entre los Reyes Magos y las enfermeras hace que creencias, inicialmente, tan distintas y distantes confluyan en una semejanza que me hace reflexionar muy seriamente sobre si los Reyes Magos no serán realmente enfermeras que decidieron que la mejor manera de que muchas personas se sintieran sanas fuese el de hacerse pasar por sus Majestades los Reyes Magos de Oriente. O, a lo mejor, lo que realmente sucede es que las enfermeras hacen de Reyes Magos todo el año, dejando que estos sean protagonistas cada 6 de enero.

            Sea como fuese, lo que tengo claro es que mi pasión tanto por los Reyes Magos como por la Enfermería se mantiene viva, latente y presente en cada momento de mi vida y que ambas creencias me permiten seguir creyendo en que la ilusión por lograr aquello en lo que creo y deseo, no tan solo es eso, una ilusión, sino una realidad que se hace patente día a día gracias a las enfermeras y, al menos una vez al año, gracias a los Reyes Magos.

            Estando próxima la fecha del 6 de enero, no me queda otra que seguir escribiendo mi particular carta a los Reyes Magos, en la que, como enfermera, les voy a pedir que las enfermeras seamos visibles, como en su momento lo fue para ellos la estrella que les guió, para que así, todas/os aquellas/os que tienen la responsabilidad de tomar decisiones, lo hagan teniendo en cuenta la aportación diferenciada, necesaria e insustituible de las enfermeras en la sociedad.

            Estoy convencido que mis peticiones serán tenidas en cuenta por los tres Reyes, aunque reconozco que no depende tan solo de ellos que esto sea posible y por ello también les pido que, a ser posible, regalen cordura, coherencia, y sentido común, como si de oro, incienso y mirra se tratase. Aunque no sé si quienes tienen que ser receptores de tan preciados presentes serán capaces de valorar, en su justa medida, el valor de los mismos. A veces el problema no es el regalo que se hace sino quien lo recibe. Y para esto no hay ni Reyes Magos ni enfermeras que puedan solucionarlo. Se trata de capacidad y actitud, que tanto escasean y tan pocos solicitan, ni están dispuestos a recibir.

            Por lo que pueda pasar, seguiré creyendo en las enfermeras que es un valor seguro y en mis Tres Reyes Magos, Melchor, Gaspar y Baltasar.

AÑO VIEJO vs AÑO NUEVO

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            A pocos días del final de un nuevo año, siempre toca hacer un balance de lo que pudo ser y no fue, de lo que fue y hubiésemos deseado que fuese, de lo que siendo no hemos sabido o no hemos querido aprovechar, de lo que hemos aprovechado y lo que hemos dejado pasar… en definitiva de un sinfín de recuerdos, anhelos, reproches, pesares, lamentos… que no sé muy bien si sirven para algo más que seguir en la parálisis que muchas veces generan estas reflexiones a “toro pasado” sin un análisis riguroso que permita identificar las causas de todo aquello por lo que nos sumimos en un permanente pesar al percibir la finalización del año.

Y sin posibilidad de duelo por el año perdido y tras una apresurada ingesta de uvas, al ritmo de las campanadas de cualquier reloj, aunque la tradición marque que las de la Puerta del Sol son las auténticas, nos apresuramos a brindar con cava y con rituales de lo más variado, por el Nuevo Año, con la alegría del momento, esperando que el mismo sea capaz de borrar todos los malos momentos y mejorar los buenos del año al que hemos despedido, sumándolo a nuestro particular ciclo vital.

            Esta realidad con mayor o menor alegría, con alivio o con pesar, con esperanza o pesimismo, es lo que todos los años repetimos tanto a nivel individual como colectivo. Nos apresuramos a mandar miles de mensajes de prosperidad, buenos deseos, paz, trabajo, salud… con la alegría de la fecha, pero sin la necesaria reflexión que merecería tan impulsiva acción.

            No voy a entrar en las razones que a cada cual le puede mover seguir una tradición que tiene una temporalidad tan corta como la que marca la fecha de su celebración y que se desvanece con su finalización, no sin antes estar amenizados por el concierto celebrado en Viena previo a una nueva y excesiva comida para dar la bienvenida al Nuevo Año. Todo tan previsible como la rutina que precederá a la fiesta marcada en el calendario.

            Pero colectivamente, como enfermeras comunitarias, sí que me voy a permitir reflexionar sobre lo que significa esta sistemática celebración de la muerte y la vida, a través del final de un año y el principio del siguiente.

            Sería pretencioso por mi parte el tratar de enumerar todo aquello por lo que podríamos o deberíamos sentirnos orgullosas y dichosas las enfermeras comunitarias y todas aquellas por las que contrariamente debiéramos estar pesarosas. Pero cuanto menos sí que creo estar en condiciones de poder enumerar algunas cuestiones que considero han sido o siguen siendo importantes en nuestro particular desarrollo profesional.

            Sé que puede resultar manido insistir en la parálisis de nuestra especialidad, pero no por ello deja de ser necesario hacerlo. El aumento evidente de plazas de formación convocadas no coincide en absoluto al de plazas específicas de especialistas en las organizaciones de nuestros 17 servicios de salud. A ello hay que añadir el permanente incumplimiento en la celebración de la prueba de acceso extraordinario para las enfermeras comunitarias que así lo solicitaron y que ven como año tras año tienen que seguir aguardando a que alguien tenga la voluntad y la decencia política de tomar la decisión que acabe con este ciclo de incertidumbre y desidia que, además, es utilizado sistemáticamente, como “caramelo”, por parte de los responsables del Ministerio, para engañar a las enfermeras. Enfermeras que, por otra parte, nos dejamos engañar ante la oferta de tan deseado “caramelo” sin que seamos capaces de reaccionar de una vez por todas exigiendo algo que nos corresponde por ley y que, en ningún caso, puede identificarse o plantearse como una concesión tal como en muchas ocasiones pretenden quienes no saben o no quieren, o mejor ni saben ni quieren, aquellos a quienes les corresponde tomar la decisión última.

            Este año que acaba nos ha dejado un sabor agridulce. Por una parte, se avanzó en el desbloqueo de los expedientes que quedaban por evaluar para poder convocar la prueba, gracias a la apuesta firme, decidida y concreta de las Sociedades Científicas de Enfermería Comunitaria (AEC y FAECAP), lo que condujo a un anuncio oficial por parte de la Ministra de Sanidad y de los altos cargos del Ministerio, de realización de la prueba en ese mismo año. Las Sociedades Científicas cumplieron con su compromiso y participaron cuando se les requirió para evaluar expedientes, pero finalmente, una vez más, se incumplió el compromiso y se difirió al primer trimestre del aún por estrenar Nuevo Año. Una nueva promesa incumplida y otra que se incorpora con pocas esperanzas de que se cumpla, dados los antecedentes vividos.

            Si difícil resulta que un Ministerio, como el de Sanidad, tome la iniciativa y decida al respecto, que se tenga que poner de acuerdo con otro Ministerio, como el de Educación, ya es rizar el rizo y servir como excusa perfecta ante los ataques entre uno y el otro sobre quien tiene la culpa de que no se concrete la realización de la prueba y que incluso se plantee de forma velada un aprobado general para todas las solicitudes con tal de no realizar la prueba. Para lo cual supondría tener que modificar la norma reguladora de la misma, un gravísimo agravio comparativo con otras especialidades que han pasado por la citada prueba y una clara y evidente desvalorización de la especialidad, que, desde mi punto de vista, no debemos consentir las enfermeras comunitarias.

            En medio de este despropósito aparece el Marco Estratégico de Atención Primaria y Comunitaria que, como ya he comentado en más de una ocasión, considero que es una oportunidad no tan solo para el necesitado cambio de paradigma que sustituya al que se fue instalando de manera progresiva desplazando el espíritu y la esencia del que se vino en conocer como Nuevo Modelo de Atención, hasta desvalorizarlo y dejarlo en una clara caricatura de lo que se planteó inicialmente, sino también para que las enfermeras comunitarias tomemos el relevo del necesario liderazgo en tan importante cambio.

            Y es en este punto en el que se inicia el Nuevo Año. Pero sería un error, desde mi punto de vista, pensar que el simple estreno de año pueda suponer un cambio, mejora o prosperidad en muchos de los logros que las enfermeras comunitarias tenemos pendientes desde hace tanto tiempo. Ni el final de un año ni el principio de otro significan absolutamente nada. Los años, como cualquier otro periodo de tiempo, tan solo enmarcan aquellos logros que, en este caso, las enfermeras comunitarias logremos a través de nuestro trabajo, esfuerzo, motivación e implicación. Nada nos vendrá dado, ni nada será causa de la suerte, que es tan solo una excusa para la inacción y el inmovilismo conformista.

            Las enfermeras comunitarias, en un año en el que se celebra la campaña denominada Nursing Now, debemos aprovechar la inercia de la misma para trabajar por lograr una Atención Primaria y Comunitaria que sea realmente participativa, equitativa, intersectorial, integral, integrada, integradora, promotora de salud, salutogénica… a través del desarrollo real del Marco Estratégico, en el que debemos situarnos de manera clara y decidida como líderes de las estrategias para lograrlo, sin que ello signifique, en ningún caso, renunciar al necesario trabajo en equipo transdisciplinar con otros profesionales. Para que esto sea una realidad es preciso que las enfermeras comunitarias desarrollemos con la dignidad que merecemos nuestras competencias. Pero, para ello resulta imprescindible que el número de enfermeras comunitarias alcance las ratios que los organismos internacionales vienen recomendando desde hace mucho tiempo, para que salgamos del furgón de cola de los países de la OCDE en este sentido. Y finalmente se tiene que entender que la Atención Primaria, como ámbito de atención y de trabajo, no puede ni debe permitirse que siga siendo considerado ni identificado como un contexto de “retiro” o “descanso”, sino con la especificidad y complejidad que tan solo las enfermeras comunitarias expertas o especializadas pueden ofrecer para prestar la atención que merecen las personas, las familias y la comunidad

            Ningún Marco Estratégico será capaz de cambiar nada en la Atención Primaria sin la participación real de las enfermeras comunitarias. Pensar lo contrario, o lo que es peor, engañar en este sentido a las enfermeras comunitarias con falsas promesas o halagos interesados, tan solo contribuirá a que el citado Marco quede a expensas de manidos intereses corporativistas que no tan solo no lograrán el cambio planteado, sino que supondrán una nuevo y dramático fracaso.

            No se trata de que las enfermeras comunitarias seamos salvadoras de nada, sino tan solo que somos las profesionales que, en base a su paradigma, pueden y deben propiciar el cambio de la Atención Primaria. Quienes tienen la capacidad de tomar decisiones políticas deben ser capaces de ver esta realidad y aprovechar el impulso internacional que les ofrece la campaña de Nursing Now para propiciar que las enfermeras asuman este liderazgo, más allá de cualquier otro interés o presión que se genere. No hacerlo les situará de nuevo en la evidencia de asumir como propios lo que no dejan de ser intereses de unos cuantos.

            Así pues, ni el Año que termina se lleva consigo los males, ni el que se inicia viene, per se, cargado de bonanza y buenas intenciones.

            Del año que finaliza debemos ser capaces de aprender todo aquello que no hemos logrado o que no nos ha sido propicio. Del Año que se inicia, tan solo debemos esperar que nos dé la oportunidad de avanzar con determinación en el liderazgo necesario. En ambos casos depende básicamente de nosotras, como enfermeras comunitarias, el que logremos alcanzar dicho liderazgo. Si tan solo nos quedamos en la contemplación de lo que debe de venir, ni Nursing Now, ni nada será capaz de vencer la poderosa inercia que sigue influyendo en la toma de decisiones en salud.

            Yo quiero y necesito seguir creyendo en las enfermeras comunitarias y en su fuerza de cambio. Por eso quiero trasladar mis mejores deseos para este Nuevo Año, porque sé que los mismos dependen de nosotras, que es la única manera que tendremos de lograr que sean una realidad.

NAVIDAD ENFERMERA

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            La publicidad facilita que determinadas frases o imágenes queden grabadas en nuestra memoria como si de mantras se tratasen.

            Estando tan próximas las Fiestas de Navidad, no me resisto a rescatar algunas de estas frases e imágenes que forman parte de las mismas como lo son las luces, los villancicos, los adornos, los árboles de navidad, los regalos… que acaban configurando un escenario tan llamativo como ciertamente artificial.

            Vuelve a casa, vuelve, por Navidad…

            Es nombrarla y venir a nuestra memoria la música que le acompaña y el mensaje que traslada de reencuentro familiar por estas fechas.

            Estaría bien que la frase, y la música si se quiere también, sirviesen para que tantas y tantas enfermeras que, en gran parte, tuvieron que irse sin quererlo al extranjero para poder trabajar, pudiesen volver a nuestro país. No deja de ser paradójico que España siga invirtiendo en formar enfermeras para exportarlas a coste cero a terceros países que se frotan las manos ante la oportunidad que se les brinda de contratar profesionales tan bien formadas sin que hayan tenido que invertir un euro, una libra, una corona sueca o noruega… Y esta paradoja se torna en incoherencia si el país que las exporta, España, es uno de los que menos enfermeras por habitante tiene y, por tanto, uno de los que más enfermeras necesita.

            El regreso, no será fácil que se produzca dada la situación de incertidumbre política que se ha instalado de manera permanente en nuestro país, incluso a pesar del cacareado Brexit que no impedirá que se sigan contratando enfermeras españolas en Gran Bretaña, que si ha hecho una apuesta clara en la contratación de miles de enfermeras para fortalecer el Servicio Nacional de Salud (NHS).

            Así pues, su regreso será tan solo como en el anuncio, por sorpresa y breve, mientras nuestro Sistema Nacional de Salud sigue debilitándose por la falta de inversión económica, pero también por la falta de inversión en innovación y estrategias de cambio real de un modelo caduco, asistencialista, medicalizado, curativo, paternalista… que lucha paradójicamente también por humanizarse. Se trata de un neonegacionismo más a sumar a los ya conocidos como el machismo, el cambio climático…

            En algún momento alguien podría regalarnos a todas/os un poco de sentido común para tratar de cambiar algunas cosas que tan solo, o, sobre todo, necesitan planificación y decisión política para desprenderse de los lastres jerárquicos, corporativistas, egocéntricos… que mantienen estructuras y organizaciones totalmente irracionales para las necesidades y demandas que presenta nuestra sociedad. Tan solo entonces, posiblemente, dejen de volver tan solo por Navidad.

Las muñecas de Famosa se dirigen al portal…

            Las muñecas, como si de robots se tratasen, acuden a adorar al “niño” año tras año por estas fechas. Un estribillo y una música que se hizo viral a pesar de que aún no se conociese el término ni existiesen las redes sociales. Transcurridos casi 40 años desde que empezaran la peregrinación siguen sin saber el motivo por el que sistemáticamente les ponen en marcha para hacer el recorrido navideño de manera autómata y con una sonrisa permanente en sus rostros de caucho modelado.

            Lamentablemente, en más ocasiones de las deseadas, seguimos idéntico patrón de comportamiento, aunque prolongando el período a la totalidad del año, en múltiples acciones o intervenciones que repetimos sin ni tan siquiera plantearnos el porqué de las mismas. Tan solo las ejecutamos, replicamos y transmitimos, perpetuándolas en el tiempo. Eso sí, con una sonrisa en nuestros rostros como seña de identidad que se sigue asociando a nuestra actividad como requisito con idéntica incongruencia a la actividad que acompaña.

            Nosotras, sin embargo y a diferencia de las muñecas de Famosa, tenemos capacidad de análisis, reflexión y pensamiento crítico, lo que hace más incomprensible aún nuestra actitud de réplica. No usar dicha capacidad es una decisión tan reprobable como poco justificada y tan solo puede entenderse, que no justificarse, desde el conformismo y la ética de mínimos.

            A alguien, en algún momento, se le podría ocurrir que existen estrategias de motivación para cambiar los comportamientos inmovilistas e irracionales que incorporan la estandarización de la mediocridad y la ausencia de criterio propio. A diferencia de las muñecas, tan solo parece que seamos Famosas por nuestra sonrisa.

            Pongámonos “las pilas” del conocimiento enfermero y dejemos de actuar como autómatas. Las cosas se pueden y deben cambiar, pero para ello se necesita asumir ese compromiso desde el convencimiento de lo que se es, enfermera, y no desde la obediencia sistemática de lo que quieren que seamos. De lo contrario seguiremos dirigiéndonos a los portales que nos indiquen y de la manera que nos digan, tras más de 40 años en la Universidad.

 La Lotería de Navidad

            Se suele decir que, si no te toca la Loteria, al menos, que tengas salud. Es curiosa, cuanto menos, la correlación que se establece entre salud y suerte. Pareciera como si tener salud fuese también cuestión de suerte, es decir, de que te toque un Gordo que genera menos algarabía, pero sin la que no es posible disfrutar prácticamente de nada.

            Pero la Lotería también se asocia a prosperidad, cambio, oportunidad, mejora… asociada, eso sí, al dinero que te permita lograr alcanzarlo, como si no hubiera otras maneras de ser feliz o cuanto menos de sentirse feliz y, por tanto, saludable.

            Las enfermeras sabemos bien de estas paradojas de la suerte. Y es que llevamos mucho tiempo esperando a que la suerte nos sonría y a que el “calvo” que reparte la misma con su soplido nos identifique en algún momento para hacernos merecedoras de su dadivosa fortuna. Y no será porque las enfermeras no tenemos participaciones para que nos toque, pero salvo alguna que otra pedrea, nunca llegamos a ser receptoras de premios importantes que nos permitan salir de nuestra permanente invisibilidad.

            Los responsables de esta otra Lotería, siempre dicen, que el azar es quien determina finalmente quienes son los ganadores, con independencia de las participaciones que cada cual tenga. Parece como si la ley de probabilidades no se cumpliese nunca con las enfermeras y siempre acabase agraciando a los mismos, aunque tengan pocas o nulas participaciones. Esto me recuerda a un famoso político, presidente de una Diputación, al que siempre le tocaba la Lotería cuyas participaciones, además, le regalaban. Será pues eso, que a nosotras nunca nos regalan participaciones de las que tocan.

            Que la visibilidad, el valor de lo aportado, el reconocimiento, el desarrollo, la mejora… dependan de contar con alguien que meta en el bombo de la sanidad a todos cuantos aportamos algo para mejorar la salud de las personas, las familias y la comunidad, provoca que los premios siempre acaben por tocarle a los mismos, sin que, además, sean necesariamente quienes más aportan o mejor lo hacen.

            La venta de quienes promueven los premios siempre es la misma, es decir, alabar, halagar y empalagar a los supuestos beneficiarios para que participen mucho, aún a sabiendas que llegado el momento el “calvo” siempre soplará en una misma dirección para que la eufemística suerte recaiga en quienes son de los suyos. Así todo queda en casa. Al resto, mientras tanto, siempre nos queda el “consuelo” de decir que al menos contribuimos a promover y mantener la salud, aunque sea a costa de nuestra imagen y reconocimiento.

Y un año más nos tocará esperar a que llegue el Niño… para volver a comprobar que nada cambia.

Las burbujas Freixenet

            Llegadas las fechas de la Navidad siempre estábamos pendientes de cómo sería el anuncio de las burbujas de Freixenet y en torno a quién bailarían alegremente para desearnos a todos Paz y Felicidad que, por otra parte, es lo que toca decir en estos casos.

            Nadie se imagina un cava sin burbujas. Su efervescencia, movimiento ascendente, sincronía, la sensación que provocan en el paladar… le confieren al cava toda su esencia y alegría. Es más, se espera que ellas logren la enérgica salida del tapón que las retiene en la botella, provocando la espuma previa a su degustación y a las sensaciones que generan. Nada sería igual sin las burbujas por bueno que fuese el cava.

            Lamentablemente las enfermeras venimos a ser las burbujas de ese cava que se ha venido en denominar Atención Primaria de Salud y que ahora se ha rebautizado como Atención Primaria y Comunitaria (APC) en envases cada vez más lujosos, al menos externamente, denominados centros de salud. Es decir, no se entiende la APC sin las enfermeras, pero tan solo se les menciona cuando se quiere quedar bien con ellas o se recurre a ellas cuando las cosas pintan mal para que ayuden y apoyen su solución, para posteriormente olvidar su efervescencia.

            De hecho, cuando se pierde la efervescencia de las burbujas el cava, por bueno que sea, acaba siendo rechazado, lo que vine a demostrar la importancia de las burbujas para mantener la calidad del cava y su utilización para festejar o simplemente degustar. Y esto mismo es lo que sucede con las enfermeras comunitarias, que cuando pierden la ilusión, la motivación o no pueden dedicarse a lo que de ellas se espera, la APC se vuelve ineficaz e ineficiente, al verse reducida a un recurso asistencialista que no favorece la necesaria participación de la comunidad, ni la atención a sus necesidades reales, en las que criterios como la libertad, la equidad, la democracia, la solidaridad, el desarrollo humano, el progreso, la descentralización, la coordinación, la competencia política… dejen de ser una opción para convertirse en una obligación en el quehacer de las enfermeras comunitarias.

De Papá Noel a los christmas carols

            La tradición navideña se ha ido contagiando de la corriente anglosajona, desplazando en muchas ocasiones las que siempre habían sido señas de identidad cultural propias, dándoles más valor, en muchas ocasiones, simplemente por ser foráneas, aunque ni se entiendan ni tan siquiera se sepa su sentido.

            Así nos encontramos con la progresiva influencia de un señor con una manifiesta obesidad y una risa, que da más miedo que alegría, vestido con un traje que no por aceptado deja de parecer un pijama con gorro incluido, que ha acabado desplazando en gran medida a los tres reyes magos, que no dejan de ser también exóticos, pero que al menos siempre nos han resultado cercanos y queridos con independencia de ser monárquicos o republicanos.

            Campana sobre campana, el tamborilero, los peces en el río… tan reconocibles y repetidos, han sido sustituidos por los jingle bells, o jolly night, All I Want for Christmas is You… tan poco entendibles como descontextualizados, pero que al estar cantados en inglés parece como que tienen más caché.

            Curiosamente es lo que está pasando con las referentes enfermeras. Parece que por ser extranjeras y hablar en inglés ya aportan mucho más que cualquier otra enfermera española y se convierten en referentes reconocibles, al contrario de lo que sucede con la mayoría de grandes enfermeras españolas que no tan solo no se identifican como referentes, sino que en cuanto se identifica que lo son, se busca cualquier excusa para atacarlas.

            En cuanto a la producción científica enfermera al estar escrita en castellano parece que no sea de calidad y que las revistas españolas que las admiten no tengan entidad para estar en los puestos de cabeza del gran mercado científico editorial, manejado y controlado por el ámbito anglosajón, hacia donde se ha determinado que se deben dirigir las investigaciones enfermeras escritas, claro está, en inglés. Lo de menos es que los resultados no sean accesibles para la gran mayoría de las enfermeras españolas, porque lo que cuenta es estar en el JCR y a ser posible en el cuartil 1.

            En fin, que en tras estos símiles navideños deseo que cuanto antes puedan volver a casa todas aquellas enfermeras que lo quieran hacer y que no tan solo lo hagan por Navidad, sino para contribuir con su aportación a la calidad de los cuidados enfermeros en nuestro país. Que por otra parte no tengan que emigrar, forzosamente, más enfermeras para poder trabajar y que puedan hacerlo en España, donde tantas enfermeras faltan.

            Espero que las enfermeras dejemos de repetir determinadas acciones de manera mimética y rutinaria por el simple hecho de haberse hecho siempre así y que nuestra dirección no sea mecánica y en una sola dirección, sino que adoptemos direcciones diferentes en base a la innovación, las propuestas razonadas y los planteamientos críticos para dar respuesta a problemas tan graves como la violencia de género, la migración, la pobreza, la inequidad en los que tanto tenemos que aportar. Que la sonrisa, además, no sea nuestra seña exclusiva de identidad, aunque siempre es agradable que se tenga, pero no en mayor medida de lo que se puede y debe exigir a cualquiera.

            No deseo, sin embargo, suerte a las enfermeras, por entender que la suerte es la excusa de los mediocres y la guardiana de los necios, ni fortuna porque es la madre de los pesares. Lo que deseo y espero es que nuestra aportación única e intransferible sea el aval de nuestro respeto, visibilidad y reconocimiento tanto de la sociedad, que cada vez lo hace en mayor medida, como de la administración que tan frecuentemente nos lo niega.

            Que la alegría y la motivación de nuestra efervescente ilusión no acaben siendo burbujas efímeras que pierden su fuerza y con ella la alegría de creer en lo que somos y de lo que somos capaces como enfermeras. Que continuemos siendo referencia y esencia de la salud para las personas, las familias y la comunidad, con las que poder brindar por el bienestar alcanzado de manera conjunta en entornos saludables.

            Que nuestras enfermeras referentes sean reconocibles, reconocidas, y respetadas para avanzar en el desarrollo de la enfermería. No es necesario desplazar ni sustituir a nuestras enfermeras para reconocer a enfermeras foráneas. El reconocimiento mutuo es compatible, necesario y muy recomendable.

            Que las enfermeras españolas puedan publicar los resultados de sus investigaciones allá donde consideren que pueden tener mayor difusión y utilidad y que no sean tan solo criterios mercantilistas del conocimiento los que marquen la dirección y el idioma utilizado.

            Y todo ello lo pido en casa por Navidad, dirigiéndome al portal enfermero con la alegría efervescente de ser y sentirme enfermera, sin creer en la suerte, pero deseando que se logre la riqueza de nuestro desarrollo respetando y reconociendo a nuestras referentes enfermeras y trasladándolo en nuestra lengua que es vehículo de conocimiento, pero también de amistad.

            Felices Fiestas y Próspero Año Nuevo 2020.

DOCENCIA EN ENFERMERÍA Y FUTURO DE LAS ENFERMERAS Universidad, inmovilismo y mercantilismo.

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A mis estudiantes, que tanto me aportan y de los que tanto aprendo y espero.

         He de confesar que todos los años, cuando llega el momento de empezar las clases de mi asignatura, me entra cierta ansiedad. No se trata tanto del hecho de impartir las clases como de la curiosidad por conocer a las/os nuevas/os estudiantes.

          Mi asignatura la imparto en 4º del grado de Enfermería. A esas alturas las/os estudiantes ya se deberían haber hecho una idea de lo que es y lo que no es, ser y sentirse enfermera. Sin embargo, muchas veces, más de las que me gustaría, me encuentro con una perspectiva totalmente diferente. Los trabajos, los exámenes, los practicum, las simulaciones, los seminarios… ocupan todo su tiempo, pero lo que es peor, ocupan toda su mente. No dejan, o no les dejamos, espacio para la reflexión, para el análisis, para el debate, para las dudas, para los sentimientos… y eso les lleva a relativizarlo todo en torno al examen, a la evaluación, a la nota, a acabar cuanto antes para poder trabajar, lo que les deja poco margen para aprender.

          Ese planteamiento me genera muchas dudas en cuanto a lo que estamos y no estamos haciendo como docentes en la universidad. En cuanto a lo que estamos y no estamos transmitiendo en las aulas. En cuanto a lo que esperan y no reciben las/os estudiantes. En cuanto a expectativas cubiertas y no cubiertas. En cuanto a imagen, valor, referentes, ética, compromiso, implicación, conformismo, autonomía, posicionamiento… que o bien damos por sentado que ya poseen o bien pensamos que no corresponde abordar.

          En un contexto en el que, quienes como enfermeras nos dedicamos a la docencia universitaria, estamos muy mediatizados por la presión del sexenio, de las publicaciones y de la investigación, que ocupan un espacio cada vez mayor del tiempo. La docencia se convierte en una “obligación”, en un POI que hay que rellenar y que hay que cumplir. Y esa “obligación” repercute en la calidad, y ese “rellenar” en una rutina que deseamos se cumpla cuanto antes para volver a lo que realmente importa, el sexenio, la investigación, la publicación en el primer quartil…

          Las aulas cada vez están más vacías en las horas de docencia en las que no es obligatoria la asistencia. Y no se trata de que la docencia que se imparte sea de mayor o menor calidad, que también. Se trata, básicamente de buscar espacios de tiempo en los que hacer los trabajos, estudiar o simplemente dar respuesta a necesidades personales, que también las tienen.

          Resulta triste identificar que, a punto de acabar el grado, muchas/os de esas/os estudiantes identifiquen su futuro exclusivamente en una unidad hospitalaria o en un centro de salud, y a ser posible cerca de su casa. Que la enfermedad siga siendo el foco principal con el que analizan cualquier intervención, abordaje, observación… Que la técnica siga siendo lo que acapara su mayor interés. Que sigan creyendo que no van a poder cambiar nada. Que la innovación sea una cuestión que no tiene cabida para ellas/os como enfermeras. Que la competencia política la entiendan como algo totalmente ajeno. Que la atención a problemas como el paro, la pobreza, la migración, la violencia de género, el aborto, la eutanasia… consideren que no va con las enfermeras porque nada pueden hacer para “solucionarlo”. Que la participación/intervención comunitarias es algo para lo que no van a tener tiempo. Que la docencia universitaria ni tan siquiera se la planteen. Que la investigación sea algo que les aburre y les de miedo. Que la educación para la salud la limiten a dar charlas. Que la promoción de la salud la confundan con la prevención de riesgos o la limiten a la nutrición y a la actividad física. Que la salud pública la reduzcan a vacunar. Que las intervenciones comunitarias las limiten a la educación sexual o las caminatas con personas con hipertensión o diabetes (para ellas/os hipertensos y diabéticos). Que su mayor referente, y casi único, sea Florence Nightingale. Que sigan verbalizando que quienes hacen o dejan de hacer es la enfermería en lugar de las enfermeras. Que crean que no pueden tomar decisiones sino se les autoriza a hacerlo. Que Alma Ata crean que es un señor o una señora que les suena de algo. Que la Atención Primaria la limiten al centro de salud. Que la autonomía no la relacionen con la responsabilidad. Que leyes como las de Sanidad, Autonomía Personal, Ordenación de las Profesiones Sanitarias, Salud Sexual y Reproductiva… para ellas/os sean tan solo textos legales que no les aportan nada. Que las familias sean identificadas únicamente como soporte del cuidado. Que no sepan diferenciar entre visita y atención domiciliaria. Que la intersectorialidad sea algo desconocido. Que el trabajo en equipo se reduzca únicamente a trabajar juntos en un mismo espacio. Que la gestión enfermera piensen que no va con ellas/os como enfermeras. Que la evaluación sea algo que hacen exclusivamente las/os gestoras/es. Que sigan reclamando una ley de funciones enfermeras. Que no entiendan que no se pueden dar respuestas enfermeras desde el paradigma médico. Que reduzcan la consulta enfermera a un espacio de toma de constantes exclusivamente. Que las úlceras, las heridas, la diabetes… forman parte de personas y que a quien hay que atender es estas. Que las necesidades deben ser identificadas y no tan solo percibidas. Que la observación es una herramienta fundamental de la atención enfermera para sustituir la interpretación. Que únicamente la atención individual no puede solucionar los problemas de salud. Que la atención enfermera no se limita a la estandarización de los cuidados. Que el sindicato y el colegio profesional no son los únicos referentes profesionales que identifiquen, no sabiendo qué son y qué valor tienen las sociedades científicas. Que se sientan incómodos, pero sorpresivamente más incómodas, denominándose o siendo denominados/as como enfermeras…

          Todas estas limitaciones, confusiones, incertidumbres, dudas, simplificaciones… además, se reducen a preguntas como ¿qué va para el examen?, ¿Cuándo vas a colgar los apuntes? Que suponen un reduccionismo absoluto del proceso de enseñanza aprendizaje a la realización de una prueba, en la mayoría de las ocasiones, tipo test que determinará finalmente quien tiene competencias o no para ser enfermera, en base a una escala numérica que determinará el éxito de su currículum.

          Ante este desolador panorama, al menos para mí, que quiero pensar que no es exclusivo del grado de enfermería, muchas veces nos limitamos a decir que la culpa es de las/os estudiantes que no muestran interés, que no tienen comprensión lectora, que no valoran el esfuerzo, que tan solo piensan en fiesta, que son millennials, que son un eslabón perdido, que no tienen valores… Incorporando un nuevo y demoledor reduccionismo en el análisis de una situación tan compleja como preocupante y etiquetándoles como se hace con tantas otras personas.

          En un país en el que no contamos con un modelo educativo consolidado ni consensuado, en el que la educación es un arma electoralista y política de adoctrinamiento; en el que el pensamiento crítico pasa a ser una anécdota; en el que la participación de las/os estudiantes se reduce a que pregunten en clase; en el que la disconformidad se identifica como una falta de respeto; en el que las notas están por encima de la creatividad; en el que la doctrina académica está por encima de la construcción compartida de conocimiento; en el que la dictadura del power point no deja paso a la innovación pedagógica; en el que el título otorga competencia y el crédito tan solo es un valor económico más en el mercantilismo universitario actual; en el que el talento es más un problema que la solución; en el que el apoyo al estudiante se reduce a una tutoría on line; en el que el entorno saludable no se contempla como una activo pedagógico y de salud; en el que el trabajo fin de grado se convierte en un requisito en lugar de en una herramienta de crecimiento; en el que la lectura, el cine, la prensa, la publicidad, las redes sociales… son identificados como distorsionadores en lugar de como facilitadores; en el que la intersectorialidad académica no tan solo no se practica sino que se limita; en el que los practicum pasan a ser compromisos ineludibles aislados del proceso de enseñanza-aprendizaje, con idénticos criterios evaluativos a los aplicados en las aulas en lugar de ser espacios de crecimiento personal y profesional; en el que las aulas se convierten en espacios de confinamiento que limitan o coartan otros espacios de aprendizaje; en el que salirse de esos parámetros supone ser identificado como raro, diferente, antisistema.

          Pero, año tras año, logro superar la ansiedad inicial y disfruto con la interrelación con las/os estudiantes. Es cierto que, inicialmente, cuesta que nos adaptemos las/os unas/os con el otro, porque las inercias son poderosas, los tópicos potentes y los estereotipos resistentes. Pero finalmente, quienes logran entender y compartir el espacio de crecimiento y construcción que tratamos de crear en conjunto acaban por disfrutar del “invento” de la “rareza”, de la “diferencia”. El examen les sigue preocupando, es un estigma muy interiorizado, pero les genera cada vez menos preocupación; los seminarios se transforman en experiencias novedosas a través de la hemeroteca o del vídeo que les permiten liberar su ingenio, su creatividad, su libertad, sus preocupaciones, sus miedos, sus esperanzas, sus sentimientos, sus emociones y sus fortalezas para convertirlas en expresiones didácticas cargadas de fuerza y testimonio con mirada enfermera sobre migración, pobreza, violencia de género, malos tratos en la infancia, aborto, eutanasia, movimientos antivacunas, vulnerabilidad, dependencia a redes sociales… que nunca me dejan de sorprender por su realidad, proximidad, crudeza, sinceridad, rebeldía, inconformismo, determinación, valentía, coraje…  Y es en ese momento en el que venzo la ansiedad y me invade una gran satisfacción al comprobar que existe una gran esperanza en el futuro de las enfermeras.

Por contra, muchas/os culpabilizan y amedrentan a las/os estudiantes de dicha situación, a través de su conformismo, inmovilidad y mediocridad. Identificando a la/os estudiantes tan solo como números o consumidores de créditos, como parte necesaria del capitalismo rentista que tan solo mira por el beneficio último, que no es otro, que el de la titulación que les permitirá ser incorporadas/os a la cadena de producción de una sociedad a la que tanto cuesta valorar la aportación real de las enfermeras como consecuencia de ese proceso estandarizado al que se aferra.

          Pero estoy convencido de que las enfermeras jóvenes serán capaces, finalmente, de posicionarse y vencer la parálisis que impide eliminar estándares, normas y costumbres que tan solo cuentan con el argumento de su perdurabilidad en el tiempo.

          El problema de las enfermeras, por tanto, no es de juventud, es de quienes con sus actitudes, comportamientos y planes inmovilistas y caducos no dejan que otra realidad sea posible sin que obligatoriamente pase por el tamiz de lo establecido.

          Me consta que son muchas las enfermeras docentes que participan de este planteamiento, aunque también me consta que perduran múltiples barreras que hay que salvar para que nuestra ansiedad desaparezca definitivamente y deje paso a que la docencia enfermera sea un espacio compartido de construcción del conocimiento, la mirada, el posicionamiento, el valor y la conciencia enfermeras. Lo contrario tan solo nos llevará al ostracismo, la regresión y el inmovilismo, que será aprovechado por otros para colonizar el espacio y conocimiento propios.

          La Universidad, que hace más de 40 años convertimos en ámbito de desarrollo y libertad no puede cambiar a un espacio de invisibilización y fagocitación que forme enfermeras como simples instrumentos de la sanidad.

          El recuerdo de quienes, con su energía, conocimiento y esfuerzo, lograron situarnos en la universidad debe servirnos para que ahora trabajemos con renovada energía, conocimiento científico y redoblado esfuerzo, dignificando e innovando la docencia enfermera para formar a las enfermeras que espera y necesita la sociedad.

A PROPÓSITO DE MELENDI

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            Dice el refranero popular, sabio a pesar de ello o precisamente por ello, que no ofende quien quiere sino quien puede.

            A propósito de Melendi y su canción “Síndrome de Estocolmo” parece que el mediático artista no tan solo ha tenido voluntad de ofender, sino que ha utilizado su fama y su difusión para hacer daño.

            La ofensa en sí misma puede ser el resultado de un mal momento, una discusión, un enfado o una borrachera. Sin embargo, utilizar la ofensa y difundirla masivamente de manera premeditada, consciente y alevosa, encierra en sí mismo una clara intención de hacer daño, o una gran ignorancia sobre aquello que se habla. En este sentido y parafraseando al gran Groucho Marx, hubiese valido la pena que permaneciese callado, y que pareciese tonto, que haber escrito esta canción, con la que ha despejado todas las dudas. Y es que el idiota grita, en este caso canta, el inteligente opina y el sabio calla, sin embargo, él ha permitido que su lengua corriese mucho más rápido que su lenta inteligencia.

            Tal como dijo Glenn Doman, la inteligencia es consecuencia del pensamiento, no el pensamiento de la inteligencia. Y eso parece ser que es lo que le pasó a Melendi al escribir esta canción que, con su pensamiento, al realizar las rimas, dejó al descubierto su falta de inteligencia. Ya avisó Sir Francis Bacon de que no hay cosa que cause más daño que pasar por inteligente la gente astuta. Porque la capacidad o astucia de componer canciones, como la de hablar, no hace a nadie inteligente, a pesar de su deseo de parecerlo.  Cuanto menos, ya que no hace algo inteligente, podría hacer lo correcto, es decir, callarse o informarse.

            Posiblemente, al escribir la canción fue víctima de su propia canción. En la misma dice que en él se ve:

Solo un prisionero

De la envidia y de los celos

De los roles, de los miedos

            Y ese prisionero, él mismo, de la envidia, de los celos y de los miedos a no se sabe qué, padece el síndrome con el que titula su canción, el de Estocolmo, al desarrollar una reacción de complicidad y vínculo afectivo consigo mismo que se tiene secuestrado y en ese delirio malinterpreta la ausencia de violencia de su letra con un acto de humanidad de la misma hacia él. Es decir, es víctima y agresor de su propia incoherencia.

            No sé, tampoco me interesa demasiado, lo que a él le habrá costado ser cantante, que no buen cantante. Sin embargo, sé lo que cuesta ser buena enfermera, con independencia de las adicciones que puedan tener sus progenitores.

            Nunca se me ocurriría decir que este señor tan solo es cantante de pop, dando a entender que es algo mucho menor que serlo de jazz o de ópera. Se es lo que se es porque, en la mayoría de las ocasiones, se desea serlo y no porque no haya podido ser otra cosa. A no ser que en su subconsciente lo que esté intentando decir es que a él sí que le hubiese gustado ser otra cosa y no ser tan solo cantante. Es lo que tiene padecer el Síndrome de Estocolmo y cantar sobre él utilizando a las enfermeras para tratar de esconder sus miserias.

            Séneca decía que “Una persona inteligente se repone pronto de un fracaso. Un mediocre jamás se recupera de un éxito.” Y parece que a Melendi el éxito le ha hecho quedar secuestrado y no recuperarse, al no darse cuenta, como dijo Carmen Sylva que “La tontería se coloca siempre en primera fila para ser vista; la inteligencia detrás, para ver.” Y él, enseguida vio a la tontería y se quedó prendado de ella.

            Esperemos que alguna vez Melendi se acerque a la inteligencia o mire tras de sí para descubrirla y deje de decir tonterías, dándose cuenta que su estupidez la confundía con inteligencia y sin percatarse que la inteligencia conocía bien a su estupidez.

            Si alguna vez logra liberarse del Síndrome de Estocolmo que padece puede que le permita acercarse a la inteligencia y darse cuenta de que no duele, ni provoca reacciones adversas.

            En cualquier caso, señor Melendi, a pesar de su malicioso y torpe intento por hacer daño, las enfermeras, llegado el momento que llegará, no dude que le cuidarán con la inteligencia, calidad y calidez que acostumbran, con independencia de su grado de estupidez o de quienes son y lo que hacen sus padres. Porque las enfermeras son profesionales inteligentes y muy bien preparadas, que eligieron ser eso, enfermeras, y no ninguna otra cosa, a pesar de la dificultad que supone lograrlo y practicarlo.

                 No estaría mal que hablase con James Rhodes, pianista británico, que recientemente ha dicho que las enfermeras españolas son las mejores del mundo. Punto.

                Por último y tal como dijera Oscar Wilde “Elijo a mis amigos por su apostura, a mis conocidos por su buena reputación y a mis enemigos por su inteligencia.”, por lo que nunca podrá ser mi amigo, pero tampoco mi enemigo y dudo que, del resto de las enfermeras, tampoco. Tenemos cosas más importantes en que ocupar nuestro tiempo, incluso el libre.