DE PLATAFORMAS Y PATERAS.

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            Con independencia del acierto o no de la norma que regulaba las especialidades enfermeras, lo bien cierto es que quedaba fijado el proceso y se establecían los plazos para hacerlo.

            Todas aquellas enfermeras que quisieron presentar los méritos para acceder a la especialidad por la vía excepcional lo pudieron hacer. Otra cosa es el retraso, totalmente injustificado e injustificable, de la administración a la hora de evaluar los expedientes presentados y de convocar la prueba para que ese acceso pueda ser real.

            En 2010, por su parte, se publicó en el BOE el programa oficial de la especialidad de Enfermería Familiar y Comunitaria, y unos meses más tarde se convocaron las primeras plazas de especialistas. Se cerraba pues el proceso y se regularizaba, normativa y efectivamente, el proceso de acceso a la especialidad.

            A partir de 2010, con la oferta anual de plazas de formación para la especialidad, el acceso a la misma se canalizaba ya a través de la vía EIR contemplada y desarrollada en el Real Decreto. Por lo tanto, todas aquellas enfermeras que, a partir de ese momento, hubieran querido realizar la especialidad estaban en igualdad de condiciones para acceder a la misma a través del examen de acceso al EIR. De hecho, hubo muchas enfermeras que, ocupando plazas de enfermera comunitaria o incluso teniendo plaza fija como tales, optaron por preparase el examen, aprobarlo, abandonar su situación laboral e incorporarse como enfermeras internas residentes, en muchas ocasiones, lejos de su lugar de residencia y de su entorno. Otras, sin embargo, optaron por mantener su puesto de trabajo o por esperar a obtenerlo. Sin duda ambas opciones son respetables.

            El tiempo fue transcurriendo y la prueba excepcional, a pesar de las múltiples demandas, presiones y solicitudes realizadas por sociedades científicas y otras organizaciones enfermeras, no se hacía efectivo por una indudable falta de voluntad política. Cuando hace pocas fechas, el nuevo equipo ministerial surgido del cambio de gobierno, anuncia que se va a celebrar la prueba durante el año 2019, tras las reuniones mantenidas con las Sociedades Científicas, surge un movimiento que ha venido en denominarse “plataforma”, mimetizando una denominación que sugiere claros sentimientos reivindicativos. Por supuesto nada que objetar a la libertad que cada cual tiene a la hora de reivindicar aquello que considere más oportuno. Pero también se hace preciso analizar las solicitudes demandadas y, sobre todo, su coherencia, argumentos y oportunidad.

Cuando en el año 2005 se aprobó el Real Decreto de especialidades de enfermería, en el mismo y en la disposición transitoria segunda se establecían las condiciones para el acceso excepcional al título de especialista. Se habilitaba una posibilidad de acceder a la especialidad por la que muchas enfermeras habían trabajado intensamente y que no pudieron acceder al título por razones evidentes.

            Sin entrar en todos los temas que, en forma de “totum revolutum”, han incorporado quienes han tomado la iniciativa de crear la citada plataforma, sí que me parece necesario clarificar una de sus principales peticiones. Solicitan tener acceso a la prueba excepcional todas aquellas enfermeras que desde 2011, en que se inició la oferta de plazas EIR, no lo pudieron hacer dado que estaba cerrado el plazo. Y ante esto hay que dejar claro que estas enfermeras que ahora solicitan tal prebenda, pudieron acceder a través del examen EIR y no lo hicieron o no lo consiguieron por las razones que en cada caso lo provocase, pero que era única opción legal que existía ya. Durante todo este tiempo, casi 9 años, muchas enfermeras, hemos estado trabajando intensamente por y para que la especialidad fuese una realidad y que los compromisos que la norma dictaban se cumpliesen. Muchas enfermeras han sacrificado muchos aspectos de su vida profesional y personal para poder ser especialistas. Muchas enfermeras, han creído en las Sociedades Científicas para que, a través de ellas, se pudieran conseguir los logros de una especialidad que tanto costó alcanzar. Y mientras todo esto sucedía muchas enfermeras, de las que ahora se amparan en esta plataforma, miraban hacia otro lado como si nada de esto fuese con ellas.

            Solo se han acordado de Santa Bárbara cuando han oído tronar. Y claro, ahora ya es demasiado tarde. Como profesionales de una disciplina científica deberían conocer estas enfermeras que las demandas deben justificarse con argumentos basados en evidencias o, cuanto menos, en hechos objetivables y justificados y no incorporarse en un movimiento oportunista y fácil de manipular por intereses ajenos a la realidad profesional.

            Quienes, atraídas por cantos de sirena totalmente irreales, se incorporen en este movimiento sin haber realizado una necesaria reflexión, un análisis en profundidad y haber contrastado la información que se traslada para contrastar su certeza, su oportunidad y su idoneidad, deben saber que quedan sujetas al populismo oportunista de unas cuantas personas que lejos de buscar el interés común, posiblemente, lo que desean es su interés personal o incluso ni eso, tan solo un intento de fragmentar, distorsionar, distraer e impedir que se logre normalizar, finalmente, un proceso en el que nunca han estado interesadas y en el que nunca han creído.

            La citada plataforma, tiene similitudes de irracionalidad y de peligro con las pateras. Se comercia con personas a las que se engaña y que desean alcanzar un mejor estatus, poniendo en peligro su vida en unos casos o su estabilidad y credibilidad en otros, con un claro y manifiesto riesgo de naufragar en el intento y perderlo todo, y teniendo en cuenta que quienes les arrastraron a embarcarse en dichas plataformas, llamadas pateras o de cualquier otra forma, se mantendrán a salvo, de incógnito y a la espera de nuevos incautos a los que engañar para proseguir con su negocio.

            La situación no es la deseada por la mayoría de las enfermeras, pero es la que es y está reglamentada. Lo que debemos hacer es, a través de la unidad, trabajar para que se alcance cuanto antes la dignidad de una especialidad tan necesaria como imprescindible para el sistema de salud, pero, sobre todo, para las personas, las familias y la comunidad. Incorporarse en plataformas de dudosa procedencia, con oscuros fines, demagógicos planteamientos, falsos argumentos y nula credibilidad a lo único que pueden conducir es al enfrentamiento entre las enfermeras y a que las administraciones se amparen el mismo para paralizar los procesos que se han iniciado y que posiblemente acaben con la parálisis que hasta la fecha hemos sufrido.

            Me permito aconsejar a quienes, de manera impulsiva, pero, posiblemente, poco reflexiva, tengan la tentación de utilizar su tiempo, su energía e incluso su dinero en procesos tan intoxicados como nocivos que reaccionen y centren sus esfuerzos en trabajar con quienes de manera razonada, razonable, serena al tiempo que enérgica, constante y mantenida en el tiempo han estado y siguen estando centrados exclusivamente en logar lo mejor para las enfermeras comunitarias, sea cual sea su condición y situación.

            Alicia, en el cuento de Lewis Carroll, le preguntaba al gato apostado en un árbol, que cuál era el camino que debía tomar. El gato de manera serena a la vez que socarrona le contestó que eso dependía de a dónde quisiera ir. Así pues, identifiquemos claramente a dónde queremos y tenemos oportunidad de ir para saber escoger el camino acertado que nos lleve a alcanzar nuestro objetivo. Y si, además, lo hacemos unidos, mucho mejor, lo que no quiere decir que debamos hacerlo de manera uniformada y sin poder discrepar, pero sabiendo lo que queremos para elegir la mejor manera de lograrlo.

¿SEGUIMOS JUGANDO A MÉDICOS?

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Durante muchos años a las enfermeras, a las que se nos había usurpado el nombre y la identidad profesional, se nos formó como ayudantes y como técnicos al servicio de los médicos. Jugábamos con ellos a médicos, solo a médicos, porque a las enfermeras ya se habían encargado de eliminarlas.

En ese juego planificado e ideado para actuar como fieles, leales y obedientes ayudantes, como ellos mismos nos enseñaban en las escuelas que dominaban y copaban, nos creímos importantes a su lado. Haciendo lo que nos mandaban, pero deslumbradas con las técnicas que ejecutábamos con precisión, aunque sin convicción profesional.

Sin embrago algo cambió cuando algunas enfermeras empezaron a identificar la importancia de serlo y de actuar como tales, con determinación y convicción. Su tesón condujo a que recuperásemos parte de la identidad perdida y el control de la docencia con la incorporación de los estudios de enfermería en la Universidad.

Ser universitarias junto a otros importantes acontecimientos como la aparición de la Revista ROL de Enfermería o la creación de la Asociación Española de Enfermería Docente (AEED) nos ayudó a ir abandonando nuestra condición de ayudantes, aunque inicialmente fuese tan solo por el abandono de la denominación, al pasar de ATS (Ayudantes Técnico Sanitarios) a DUE (Diplomado Universitario de Enfermería), lo que no dejaba de ser un cambio de siglas que no nos permitía recuperar totalmente nuestra denominación enfermera.

Por otra parte, la puesta en marcha del denominado nuevo modelo de Atención Primaria constituyó un hecho relevante tanto para el Sistema Sanitario español como para las enfermeras que se incorporaron en dicho modelo al pasar, de enfermeras de médicos a enfermeras de la comunidad como magistralmente expuso Mª Victoria Antón Nárdiz en su libro[1]. En dicho contexto las enfermeras encontraron lugar para desarrollar su paradigma centrado en las personas, las familias y la comunidad, desde los nuevos centros de salud en los que se creaban las consultas enfermeras como espacios autónomos de atención y donde la comunidad adquiría una nueva dimensión al poder trabajar en y con ella a través de la participación activa de la misma. La ilusión, el compromiso, la energía… con los que se acometió este proceso de construcción de la salud comunitaria permitió que las enfermeras abandonasen definitivamente el jugar a médicos al pasar a asumir su rol como enfermeras.

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AXIOMA ENFERMERO

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Los cuidados son la seña de identidad de las enfermeras.

Esta proposición o enunciado parece tan evidente que se considera que no requiere demostración. Es decir, un axioma.

Sin embargo, el axioma no siempre ha tenido idéntico significado o planteamiento. Inicialmente se consideraba, por parte de los griegos helenísticos, que un axioma era una proposición evidente que no requería de demostración previa. Y de alguna manera con los cuidados enfermeros pasaba esto, que eran asimilados como “bien” propio y casi exclusivo de las enfermeras. Sin que requiriese de mayor justificación ni demostración para corroborarlo. Los cuidados eran identificados como algo menor, que se circunscribía al ámbito doméstico y, por tanto, a cargo de las mujeres. Eran razonas más que suficientes para no requerir demostración de profesionalidad ni tan siquiera de identidad enfermera.

Más adelante desde el planteamiento imperante del sistema hipotético-deductivo, pasó a ser considerado como toda proposición que no fuese deducida de otras, es decir, que se constituyese como una regla general de pensamiento lógico en oposición a los postulados que eran considerados como una proposición no evidente por sí misma, ni demostrada, pero que se acepta, ya que no existe otro principio al que pueda ser referida. Es decir, como una premisa que se asume, independientemente de que pueda ser evidente o no y que, por tanto, se usa para tratar de demostrar otras proposiciones. De tal manera que los cuidados se asumían como propios de las enfermeras ya que no existía nadie que los reclamase como parte de su actividad, acción o significación profesional. Se daba por hecho que los cuidados eran a las enfermeras como las enfermeras eran a los cuidados en un intento por fundamentar la proposición.

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LOTERÍA FORMATIVA. EL PREMIO SON LOS PUNTOS.

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La lotería, y más concretamente la lotería de Navidad, supone un punto de inflexión anual en la vida de muchas personas. Lo es durante unas horas en las que las bolas parecen como si se peleasen por salir, o por no hacerlo, del bombo en el que giran incesantemente. Lo es mientras la monótona y repetitiva cantinela de niñas y niños uniformados, que parece como si no tuviesen otro objetivo en sus vidas que hacerlo, tararean los números grabados en las bolas que finalmente han salido y la cantidad de euros que se corresponden según lo grabado en otras bolas. Lo es mientras periodistas de todas las cadenas radiofónicas y canales televisivos se apresuran por decir dónde se ha vendido tal o cual número y tratar de localizar al lotero o lotera que han repartido el preciado premio y conocer la alegría que parece producir esa venta. Lo es mientras el cava acompaña las risas, el nerviosismo y las lágrimas de agraciadas y agraciados con el reparto de dinero para el que previamente han tenido que invertir cantidades importantes de dinero y en ocasiones de tiempo para adquirir los números de la suerte impresos en décimos o papeletas. Lo es para el resto de personas a las que sin ser agraciadas con premio alguno se contagian de alegría y de una deseada salud que compense la falta de suerte con los números que portaban. En definitiva, parece como si una locura colectiva contagiase a toda una nación y no existiese nada más importante durante las horas de ese que ha venido en denominarse el Sorteo de Navidad, en el que, aunque tan solo sea por ese día, todo el mundo desea ser agraciado con la obesidad del premio mayor, es decir, el gordo.

Este es tan solo un ejemplo, de otros muchos, en los que decidimos invertir dinero e ilusión en algo deseado pero que no sabemos si realmente se cumplirá. Lo hacemos, además, con alegría y lo repetimos de manera puntual y sistemática, a pesar de los “fracasos” reiterados por no ser agraciados con la suerte o con el logro deseado con nuestra inversión.

Es pues, precisamente por eso, que me causa mayor perplejidad la resistencia o negación que muchas ocasiones genera la inversión en el futuro profesional enfermero. Y la negativa no es siempre a una inversión económica sino la que se refiere a una inversión personal de tiempo, esfuerzo, dedicación y compromiso.

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EL PROFESOR DE LA UNIVERSIDAD DE ALICANTE JOSÉ RAMÓN MARTÍNEZ RIERA, ENTRE LOS FINALISTAS A MEJOR DOCENTE DE ESPAÑA 2018

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El profesor titular del Departamento de Enfermería Comunitaria. Medicina Preventiva y Salud Pública e Historia de la Ciencia de la Universidad de Alicante (UA) José Ramón Martínez Riera se encuentra entre los finalistas a Mejor Docente de España 2018, según un comunicado de esta institución académica

Martínez Riera ha superado la primera criba de candidatos a Mejor Docente de España 2018 de los Premios Educa Abanca donde se enfrentaba a otros 356 aspirantes en la categoría de universidad y es uno de los diez finalistas de esta edición que dará a conocer el ganador el próximo 10 de enero, informa la nota de prensa.
Según la UA, Martínez Riera es “el único finalista” de la Comunitat en la categoría de enseñanza universitaria y entre sus rivales hay tres profesores de Castilla y León, otros tantos de la Comunidad de Madrid y tres más de Aragón, Asturias y Galicia.
Todos ellos han llegado a ser finalistas por sus propios méritos y tras la valoración de estos de conformidad con una baremación previamente establecida, señala el comunicado.
Sin embargo, para ser candidatos han necesitado algo más que su currículum. Ha hecho falta que sus propios alumnos sean quienes les propongan.
En este sentido, el docente de la Facultad de Ciencias de la Salud de la UA ha destacado que el hecho de que “se reconozca el trabajo que se desarrolla es muy importante”.
“Y que lo hagan las/os estudiantes es aún más emotivo al ser los principales protagonistas del proceso de enseñanza-aprendizaje. Quienes verdaderamente pueden establecer una evaluación objetiva y sincera de lo que reciben y lo que se les deja aportar”, ha dicho.
Sobre los motivos de su nominación, Martínez Riera se ha mostrado sorprendido y ha asegurado desconocerlos. “Supongo que a alguien le debe gustar mi docencia”, ha comentado.
El finalista de la UA a los premios a Mejor Docente de España 2018 se ha referido a las máximas que caracterizan su forma de impartir clase: “dinamismo, participación, reflexión, creatividad y respeto”, además de “creer y querer la educación”.
La entrega de premios a los Mejores Docentes y del diploma conmemorativo a los diez finalistas de cada categoría tendrá lugar el próximo 23 de febrero durante el segundo Congreso Mundial de Educación (Educa 2019), en Santiago de Compostela. EFE

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NOTICIAS

ARCANO ENFERMERO

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Parece como si en muchas ocasiones existiesen secretos que impidiesen entender el por qué de determinados comportamientos, pensamientos e incluso decisiones relacionadas con el desarrollo de la enfermería en su conjunto. Como si de un arcano se tratase al ser algo muy difícil de conocer por ser recóndito o reservado.

Pero realmente no se trata de ningún secreto. Más bien es un secreto a voces lo que pasa con la visibilidad enfermera.

Son reincidentes, insistentes e incluso me atrevería a decir que cansinos los llantos por la falta de reconocimiento, valoración, aprecio y visibilidad que las enfermeras ensayan como si de plañideras se tratasen. No seré yo quien minimice o intente negar que, en parte, es verdad que esta invisibilidad existe. Pero considero que la misma no debe continuar siendo en ningún caso la excusa para mantener el llanto permanente por una cuestión que parece que tratemos de mantener como un arcano valioso de nuestra propia identidad simbólica, como sucede con los 22 arcanos mayores del tarot, por ejemplo, en los que cada uno de ellos representa una imagen de carácter arquetípico, con numerosos simbolismos. Nada más lejos de nuestra identidad y aún menos de nuestro simbolismo. Ni tan siquiera, como sucede con el juego del Tarot, puede entenderse nuestro aparente arcano como una «adivinación» del pasado, de la situación presente o la del futuro.

Muchas son las razones que podríamos argumentar para fundamentar esa invisibilidad. Algunas históricas, otras culturales, de relación de poder, sociales e incluso políticas. Pero ninguna de ellas puede continuar siendo utilizada mientras se mantenga la inacción, la parálisis, la ceguera y la falta de visión que provocan el llanto permanente.

Las enfermeras debemos aparecer ante la profesión, la disciplina, la sociedad, la comunidad científica, la política y la sanidad, “lloradas”. Porque nuestro llanto ya no genera lástima, ni dolor, ni interés, ni tan siquiera llama la atención. Nuestro llanto, por el contrario, tan solo provoca irascibilidad, rechazo, hartazón, cuando no ignorancia. Y no hay peor desprecio que no mostrar aprecio.

La rabia que provocan determinadas situaciones, la indignación de determinados comportamientos, la repulsa ante posiciones intransigentes, el rechazo a la falta de interés, la incomprensión a lo evidente… deben de dejar de provocar el llanto y empezar a generar el posicionamiento razonado, la fundamentación científica, la aportación evidente, la acción de la motivación, la inquietud del inconformismo, la decisión de la complicidad, el coraje de la fortaleza… que permitan la visibilidad de nuestros cuidados allá donde los prestemos.

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2017-2018, años de aniversarios

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Han coincidido casi en el tiempo dos acontecimientos que marcaron claramente el desarrollo disciplinar y profesional de las enfermeras. El pasado 2017 se cumplieron 40 años de la entrada de los estudios de Enfermería en la universidad. Por su parte, en este 2018 se han cumplido también 40 años de la Declaración de Alma-Ata, que supuso un punto de inflexión en el abordaje de la salud y en el denominado nuevo modelo de Atención Primaria en España. La entrada de los estudios de Enfermería en la universidad significó un avance para el desarrollo disciplinar que, aunque no colmaba todas las expectativas iniciales, permitía ser optimistas. No fue una tarea fácil, pero el esfuerzo, el compromiso y la confianza de un grupo de enfermeras hizo posible vencer las resistencias que se generaron en torno a aquella decisión.

Estos 40 años han servido para tomar las riendas de la formación universitaria y para consolidar unos estudios que cambiaron radicalmente los planes de estudios, adaptándolos al paradigma enfermero, dando cabida a las nuevas realidades sociales y profesionales que, por ejemplo, el nuevo modelo de Atención Primaria, derivado de la Declaración de Alma-Ata, exigían. 
Sin embargo, nuestra posición en la universidad impedía el máximo desarrollo disciplinar. Muchas enfermeras tuvieron que acceder al doctorado a través de otras licenciaturas, pero ello no supuso un abandono de la Enfermería por parte de las mismas, claro indicador de fidelidad. No fue hasta la implantación del Espacio Europeo de Educación Superior cuando las enfermeras lograron romper el techo de cristal que les impedía crecer. Tras 40 años de permanencia en la universidad, la Enfermería está situada al mismo nivel que cualquier otra disciplina universitaria, a pesar de que muchos siguen intentando que no sea así.
Casi a la vez se producía otro hecho que cambió el papel de las enfermeras en las instituciones sanitarias. Los cambios organizativos derivados de la Declaración de Alma-Ata dieron lugar a la promulgación de la Ley General de Sanidad, que establecía las bases para el desarrollo de la Atención Primaria de Salud, propiciando que las enfermeras adquiriesen nuevos roles y protagonismo en el citado nivel de atención. Las consultas enfermeras, la participación comunitaria, la promoción de la salud, la Educación para la Salud, etc., constituían una oportunidad de crecimiento profesional autónomo no conocido hasta entonces y que las enfermeras supieron aprovechar situándose como referentes del nuevo modelo y de su desarrollo. Terminando este año, es necesario reflexionar sobre cuál es la situación actual tanto en la universidad como en la Atención Primaria, y cuál el papel que en ambos ámbitos juegan y pueden jugar en el futuro los profesionales enfermeros.
La universidad se ha convertido en un entorno hostil especialmente para las enfermeras. Los criterios de excelencia universitaria pasan por primar la investigación como mérito casi exclusivo de desarrollo según los indicadores de la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA), que imponen unas exigencias difíciles de alcanzar para estas profesionales al situarlas al mismo nivel de las ciencias biomédicas, teniendo que competir en un mundo editorial mercantilizado y de muy difícil acceso para lograr los indicadores exigidos. Estas dificultades, unidas a los exiguos sueldos cobrados por el Personal Docente e Investigador (PDI), suponen un repelente para la aproximación de las enfermeras a la universidad, lo que genera nichos de ocupación para otras disciplinas con la siguiente colonización de las facultades y departamentos de Enfermería, que ven mermadas las plazas ocupadas por estas profesionales.
Por su parte, la Atención Primaria, escenario idóneo de desarrollo profesional de Enfermería, fue perdiendo progresivamente sus rasgos diferenciadores, en el que el paradigma enfermero encajaba perfectamente, para ser cada vez más asistencialista, biologicista, medicalizada, tecnologizada y centrada en la enfermedad, lo que claramente desplaza el modelo enfermero, que tiene que jugar cada día un papel más técnico. 
La oportunidad que la Atención Primaria supuso para las enfermeras se fue diluyendo por la marcada presión médica, la falta de planificación en la ordenación profesional, la nula voluntad política por crear plazas específicas de especialistas en Enfermería Familiar y Comunitaria, a pesar de estar formando especialistas desde hace más de ocho años, la deriva asistencial centrada casi exclusivamente en la demanda, el abandono de la promoción de la salud, la escasa participación comunitaria y la progresiva desilusión al ver cómo se desmoronaba el proyecto en el que tanto trabajo se había invertido.
Sin embargo, no es momento de desánimos ni de abandonos. A pesar de todo ello, las enfermeras podemos revertir esta situación a través de nuestra aportación específica, la generación de evidencias y el liderazgo de los cuidados enfermeros, adaptándonos, como muy bien sabemos hacer, a las circunstancias del momento. Ahora más que nunca las enfermeras debemos demostrar que nuestra aportación es exclusiva e imprescindible, en la universidad y en Atención Primaria, para el logro de las METAS deseadas.

Editorial Metas de Enfermería DICIEMBRE 2018 N° 10 Volumen 21

LA HUELGA COMO EXCUSA. “Y LAS ENFERMERAS PA CUANDO?”

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En Cataluña se están viviendo procesos complejos de reivindicación social que tienen su extensión en reivindicaciones profesionales como las de la sanidad.

En este sentido en las últimas semanas se están produciendo protestas y huelgas de los profesionales de la salud de Atención Primaria que sin embargo han sido capitalizadas y monopolizadas por los médicos en una nueva muestra de su voraz fagocitosis.

Sin entrar a valorar los aspectos por los que se ha decidido asumir la siempre difícil decisión de una huelga, por las consecuencias directas e indirectas que las mismas tienen en quienes la convocan y las padecen, lo bien cierto es que finalmente se decidió que la situación era lo suficientemente grave y general para que fuese asumida de manera unitaria por los diferentes colectivos profesionales de la sanidad catalana, tanto sanitarios como no sanitarios.

Sin embargo desde el mismo instante en que se hace efectiva la citada huelga, esta es imputada en exclusiva a los médicos y a sus reivindicaciones y así es difundida por los medios de comunicación. Medios a los que se les recuerda, por parte de otros colectivos, que la huelga no es tan solo de médicos, pero que a pesar de ello, bien por miopía informativa, interés divulgativo o distorsión de la realidad, o una mezcla de todos ellos, persisten en su información centrada en las reivindicaciones médicas como elemento exclusivo de las protestas. La Atención Primaria se convierte en Atención Médica Primaria como efecto de esta simplista relación entre el ámbito de actuación, la Atención Primaria, y quienes aparentemente en el mismo participan y actúan de manera exclusiva, los médicos.

Las enfermeras, que una vez más entendieron que era una buena decisión el sumarse a una huelga de manera conjunta, con los compañeros médicos, para hacer mayor fuerza en las legítimas demandas de mejora de la sanidad catalana, vieron y comprobaron como estas se disgregaban y se concretaban en una protesta de exclusividad médica centrada en el manido y difícilmente sostenible argumento de un tiempo de consulta estandarizado, en este caso de 12 minutos, posiblemente como consecuencia de la revalorización del tiempo transcurrido desde que exigieran 10 minutos en otra célebre protesta que no logró que se consolidase el tiempo exigido de atención. No es razonable ni racional este planteamiento pues las necesidades de atención, y por tanto el tiempo que a las mismas se debe dedicar, no se puede ni se debe estandarizar. Lo razonable y racional es gestionar adecuadamente el tiempo y priorizar necesidades a las que dedicar el tiempo que, en cada caso, sea necesario. Lo contrario es instalarse en el discurso fácil y dogmático de cara a la galería.

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LAUDATIO A Mª PAZ MOMPART GARCÍA

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Laudatio pronunciada con motivo de la Recepción y Nombramiento de Mª Paz Mompart García como Académica de Honor de la Academia de Enfermería de la Comunitat Valenciana el 22 de noviembre de 2018 en el Auditorio del Jardín Botánico de València.

La verdad es que resulta difícil presentar a la Profesora Mompart. No porque no haya méritos, aportaciones, referencias o acciones que aportar, sino precisamente por todo lo contrario. Porque su bagaje es tan amplio e importante que no sé muy bien si sabré condensarlo, ordenarlo y presentarlo en su justa y necesaria medida. Pero precisamente ese es el cometido que se me ha encomendado y al tenerlo que hacer como laudatio, es decir, como elogio que originalmente era entendido como panegírico en honor de una persona, me hace sentir mejor por cuanto es algo que no tan solo me anima sino me agrada.

El término referente suele aprovecharse para nombrar a quien sobresale y es, por lo tanto, un exponente o un símbolo dentro de un determinado ámbito. Y por ello no cabe duda de que la Profesora Mompart es un referente de la Enfermería tanto en España como en Latinoamérica. Y lo es, más allá de que se quiera glosar su figura en un acto tan protocolario, académico y formal como este, porque la Enfermería necesita tener referentes como ella. Referentes que vayan más allá de lo simbólico para situarse en lo concreto, práctico y pragmático. Y los necesita no porque no los tenga, sino porque no los ostenta, presenta y respeta. Y considero que este es un foro y un acto adecuados para, reivindicarlo, hacerlo y consolidarlo. Porque una disciplina sin referentes no puede considerarse una disciplina científica, académica, seria y rigurosa. Y este acto precisamente lo que hoy presenta y quiere representar es todo esto a través de la Academia de Enfermería de la CV.

Dicho lo cual me permite presentar de manera diferente al simple relato curricular a la Profesora Mompart. Porque ya no es tan importante, que lo es, lo hecho y aportado, como lo que ha significado, significa y significará para la Enfermería. De esta manera la Laudatio que ahora presento lo es tanto para la protagonista de la misma como para la Enfermería a la que ha nutrido como referente.

La Profesora Mompart es enfermera, más allá de los títulos nacionales e internacionales que se lo reconocen con diferentes y no siempre acertadas denominaciones y es también Licenciada en Humanidades. Así mismo es Máster en Investigación Cualitativa en Salud y Especialista en Administración de Servicios de Enfermería, y una amplia formación de posgrado en gestión y docencia fundamentalmente.

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ENFERMERA Y  UNIVERSIDAD

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¿Cuál es su profesión? Profesor Universitario.

Cuántas veces hemos escuchado y seguimos escuchando esta respuesta.

Y siempre que la he escuchado me ha parecido que se estaba intentando ocultar algo. Porque nadie estudia para ser Profesor de Universidad. Se puede trabajar como Profesor de Universidad, pero no es esa la profesión de quien lo hace. Para ser Profesor de Universidad uno tiene que haber cursado previamente estudios que le faculten en el marco de alguna disciplina, la que sea.

Así pues, yo soy enfermera y precisamente mi condición de enfermera me ha permitido y facultado para ser Profesor Universitario.

Se trata de una de las formas más exclusivas de invisibilización enfermera. La Universidad “viste” mucho y da esplendor y por tanto permite “tapar” de manera intelectual e incluso científica la condición de enfermera. Y digo que permite tapar, porque no entiendo el por qué de esa negación de lo que verdaderamente se es, enfermera. No es algo que suela suceder en otras disciplinas en las que, con independencia de lo que se haga, los profesionales se identifican como lo que son, es decir, biólogo, psicólogo, químico… pero no como Profesor Universitario.

Y esto que puede ser considerado como algo banal o sin mayor trascendencia, para mí la tiene y mucho.

Porque como docente en una ciencia concreta como en este caso es la enfermería, se debe tener claro cuál es la identidad profesional de quien como tal actúa. No hacerlo, ocultarla o enmascararla, conduce a que lo que se traslada como conocimiento que trata de construir la identidad profesional enfermera queda desvirtuado, desdibujado, enmascarado y, por tanto, se contribuye a la desvalorización de ser y sentirse enfermera y en consecuencia a la perpetuación de no poner en valor el orgullo de sentirse como tal.

La Universidad, como cualquier otro ámbito de actuación, no debería ser utilizado nunca como parapeto de la identidad enfermera. Todo lo contrario, debería utilizarse como caja de resonancia de dicha identidad, a través de la aportación docente que permite formar enfermeras competentes y consecuentes.

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