ENFERMERÍA, CIENCIAS DE LA SALUD Y MEDICINA

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Con el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), conocido popularmente como Bolonia, por el tratado firmado en dicha ciudad italiana, los estudios pasaron a denominarse de Grado en lugar de las antiguas Diplomaturas y Licenciaturas.

Sin entrar en detalles sobre lo que supuso pedagógica y organizativamente este nuevo escenario, es cierto que generó otro tipo de cambios que aunque inicialmente puedan parecer menores no dejan de tener su importancia.

Soy de la opinión de que las palabras no son inocentes y que están cargadas de intenciones. Así pues lo que a continuación voy a exponer creo que es una buena muestra de ello.

Los estudios de enfermería desde su incorporación en la universidad, ahora hace precisamente 40 años, se impartieron en las denominadas Escuelas Universitarias de Enfermería, con independencia de que estuviesen ubicadas en otros centros. Eran por tanto reconocibles y reconocidas como los centros donde se desarrollaba e impartía la docencia de enfermería.

La adaptación al EEES y sus consiguientes cambios condujeron a que las hasta entonces Escuelas Universitarias de Enfermería fueran perdiendo dicha denominación para transformarse en Facultades. Hasta aquí nada extraño.

Sin embargo los cambios suscitaron debates en el seno de las diferentes universidades sobre la denominación de las citadas Facultades. Así mientras algunas pasaron directamente a denominarse Facultades de Enfermería, o en su caso, Facultades de Enfermería y Fisioterapia, por ejemplo. Es decir, añadiendo el nombre de las disciplinas que en dicho centro se impartieran. En otras, sin embargo, se consideró que, en aras a la multidisciplinariedad y la integración era mejor una denominación más amplia, incluyente e integral, por lo que se pensó, pasasen a denominarse Facultades de Ciencias de la Salud, donde se integraban las diferentes titulaciones impartidas, bajo ese paraguas amplio que permitiría, además el poder incorporar futuras titulaciones. De esta manera se “sacrificaba” la denominación de Enfermería en un intento de integración y porque no decirlo de normalidad académica, pero con la consiguiente pérdida de visibilidad.

En principio, nada que objetar tampoco a esta opción. Sin embargo el problema viene cuando en algunas universidades en las que coinciden las titulaciones de Medicina y otras de Ciencias de la Salud, y el centro en las que se imparten es único, se decide, cuando no impone, que la denominación sea la de Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud (Alcalá de Henares, Reus, Oviedo, Barcelona…). Y esto, sin duda merece un análisis más detenido.

Lo primero que llama la atención es que los equipos rectorales y la propia CRUE (Consejo de Rectores de las Universidades Españolas) admitan esta nomenclatura anacrónica y que a todas luces es contraproducente, excluyente y prepotente.

Contraproducente porque no tiene sentido el que Medicina quede al margen de las Ciencias de la Salud. A no ser que Medicina, y quien la rige, considere que no forma parte de las Ciencias de la Salud, por motivos que desconozco y que me resulta imposible entender. Por tanto este no debe ser el motivo de dicha denominación “separatista”.

Excluyente porque no admite entrar en un mismo “paquete” con otras ciencias. No sé, aunque intuyo, si es porque las considera de inferior categoría.

Por último prepotente porque se creen superiores y no admiten situarse al mismo nivel de otras ciencias aunque sean de su misma rama de conocimiento, exigiendo exclusividad.

Sean cuales fuesen las razones para tan lamentable decisión, lo bien cierto es que provocan una clara y evidente distorsión en la deseable convivencia interdisciplinar.

Ante esto es lógico plantearse la duda de si quienes en su momento “sacrificaron” su visibilidad, como Enfermería, en aras a la integración comentada anteriormente no cometieron un error mayúsculo ya que es evidente la pérdida de visibilidad y el poco o nulo beneficio que tal decisión reporta a la disciplina enfermera que, una vez más, se ve fagocitada, en este caso, en el engañoso abrazo de las ciencias de la salud, junto a otras disciplinas (fisioterapia, podología, nutrición…) y a la sombra de medicina que actúa como muro de contención.

Pero con ser grave lo hasta ahora expuesto, aún existen ejemplos más flagrantes de desconsideración y fagocitosis. Es el caso de alguna escuela que finalmente queda “engullida” en Facultades de Medicina no ya como escuela. Ni tan siquiera como departamento. Sino como Sección Departamental de un Departamento de la Facultad de Medicina. El colmo de los disparates, consentido y mantenido.

Así pues las cosas, no sé yo si el EEES ha hecho más daño que beneficio a la visibilidad enfermera. Al menos antes de tan ansiado como decepcionante Espacio éramos visibles, aunque fuese como Escuelas. Ahí tenemos a las Escuelas Superiores Politécnicas que han mantenido su denominación de Escuela y su identidad disciplinar.

Otra lectura, interesada en este caso, eso sí, es pensar que Medicina nada tiene que ver con la salud y si con la enfermedad y que por eso no se siente parte de estas ciencias y quiere quedar al margen. Sería bueno saberlo para así poder trabajar de manera paralela ellos en su enfermedad y el resto potenciando y promocionando la salud. ¿Pasarán los Centros de Salud a denominarse también Centros de Medicina y de Ciencias de la Salud? Todo es posible…

Es triste que tengamos que considerar como un error lo que se planteó como un verdadero y sincero interés de interdisciplinariedad al perder nuestra identidad, como Ciencia de Enfermería, en favor de la de las Ciencias de la Salud. Lo que nadie dijo es que estas Ciencias eran como un club en el que no todos participaban como socios constituyentes a pesar de ser, al menos en apariencia, parte de él. Triste que con lo que costó romper el techo que nos impedía crecer, al conseguirlo, se tuviese que renunciar a nuestra identidad, aunque sea la de la denominación. Pero es que, y acabo como empecé, las palabras son tan importantes y son tan poco inocentes…

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