SOCIEDADES CIENTÍFICAS Y ENFERMERÍA. SILOGISMO vs FALACIA (PARALALOGISMO O SOFISMO)

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Planteo a continuación un silogismo, a fin de establecer las causas de la conclusión que del mismo se desprende, y despejar la posibilidad de que estemos ante una falacia que anule la citada conclusión.

El silogismo planteado es:

Las Sociedades Científicas son muestra de madurez científico-profesional de todas las disciplinas.

Enfermería tiene poca representación en Sociedades Científicas.

Enfermería tiene poca madurez científico-profesional

Este silogismo parte de la premisa mayor, “Las Sociedades Científicas son muestra de madurez científico-profesional de todas las disciplinas”, que es universalmente aceptada y, por tanto, se considera verdadera. Por su parte la premisa menor o particular, “Enfermería tiene poca representación en Sociedades Científicas”, es aquello sobre lo que queremos saber si es cierto o no al compararlo con la premisa mayor y que da como resultado la conclusión, “Enfermería tiene poca madurez científico-profesional”, al comparar ambas premisas.

Y lamentablemente no existe error en el silogismo y por tanto no podemos habrá de que la conclusión del mismo sea una falacia, ya que no hay error en las premisas utilizadas para llegar a la conclusión, ni se varía el orden de las mismas, ni se usan elementos de juicio ajenos a las premisas, ni, por último, se eliminan elementos necesarios para la comparación. No estamos, por tanto, ante un sofisma al no tratarse de un falso razonamiento utilizado intencionadamente para engañar o confundir a los lectores con un aparente razonamiento. Lo único que pudiese darse es que se trate de un paralogismo en el que exista un error en el razonamiento por un mal método que me haya pasado inadvertido y que, por tanto, deberá ser identificado y contrastado por quien así lo identifique y justifique.

¿Y por qué se da esta realidad? 

Evidentemente no existe una respuesta exclusiva ni concluyente, pero sí que hay determinados factores que influyen de manera significativa en esta realidad.

Hace 40 años que los estudios de enfermería se incorporaron a la universidad. En estas cuatro décadas la disciplina enfermera ha sido capaz de tener un crecimiento exponencial, como disciplina académica, sin parangón en la universidad española. Hemos pasado de ser casi estudios de Formación Profesional a alcanzar las máximas cuotas de desarrollo académico con el acceso al Doctorado. Así mismo la evolución en investigación ha tenido una evolución importante con la aparición de revistas científicas propias, inexistentes hace 40 años, la publicación en las revistas de mayor impacto nacionales e internacionales y la incorporación en grupos y proyectos de investigación.

Sin embargo, este desarrollo no ha tenido reflejo en el ámbito asistencial. Es decir, la tan nombrada brecha entre asistencia y docencia sigue presentándose como una sima profunda que divide de manera, casi insalvable, ambos ámbitos de la enfermería.

No hemos sido capaces, las enfermeras, de trasladar todo ese desarrollo logrado en la academia a la asistencia. De tal manera que mientras en la Universidad hemos roto el techo de cristal que nos impedía crecer, en las organizaciones sanitarias, verdaderos escenarios de competencia enfermera, aunque no exclusivos, seguimos teniendo un blindaje que nos impide crecer. El problema, a mi modo de ver, no está, sin embargo, en la barrera que supone, que es evidente, sino en qué o quiénes hacen que siga siendo infranqueable. Y en este sentido creo que existen diferentes causas que actúan potenciándose entre ellas.

Por una parte, está la resistencia de diferentes colectivos a que las enfermeras adquieran mayor protagonismo, accedan a cargos de responsabilidad con capacidad en la toma de decisiones o asuman nuevas competencias.

Por otra parte, están los decisores políticos que se resisten a cambiar las normas que impiden el crecimiento de las enfermeras en el sentido anteriormente apuntado por cuestiones evidentes de presiones y por falta de criterio, manteniendo situaciones que no se sostienen de ninguna manera y a no apoyar de manera decidida la investigación enfermera, por una parte, y la incorporación de las enfermeras en los grupos de investigación.

Por último, están las propias enfermeras que en muchas ocasiones se limitan a la protesta puntual y lastimera sin dar respuestas en base evidencias sobre lo que su trabajo aporta a la salud de la población y al prestigio de las instituciones en las que trabajan. La investigación que las enfermeras desarrollan, se centra fundamentalmente en la universidad y no suele ser investigación aplicada que permita trasladar los hallazgos obtenidos al ámbito asistencial para demostrar el valor de los cuidados.

Estos tres componentes actúan, además, de manera interdependiente reforzándose entre ellos y creando una resistencia difícil de vencer.

A todo esto, hay que añadir las políticas de personal en enfermería que son desastrosas y generan, permiten y alientan la desmotivación, desilusión, desinterés, cuando no la frustración, que se traducen en una manifiesta falta de identidad profesional como consecuencia de OPEs desquiciantes, jornadas de trabajo denominadas anti estrés que resultan ser todo lo contrario (primando las libranzas a las jornadas razonables y saludables), rotaciones permanentes basadas en el tópico de que una enfermera sirve igual para un roto que para un descosido, contratos de trabajo precarios (de días e incluso de horas), traslados incomprensibles, ratios antinaturales… todo lo cual acaba creando entornos insanos y potenciadores de conflictos.

Y ya tenemos un cóctel que alimenta claramente la pérdida de una visión de desarrollo científico-profesional de las enfermeras que limita claramente la percepción y la necesidad de integrarse en sociedades científicas. Sociedades Científicas que existen y llevan a cabo un gran trabajo, pero que ven como resulta muy difícil que las enfermeras identifiquen la necesidad de incorporarse a ellas, lo que, sin duda, les debilita al no contar con su incorporación como sucede en otras disciplinas.

Así pues, las cosas, deberían empezar a crearse las condiciones que eliminen las resistencias y recelos corporativistas, que favorezcan la toma de decisiones políticas responsables y coherentes tendentes a eliminar las barreras al crecimiento real y efectivo de las enfermeras, que se mantenga la estabilidad en los puestos de trabajo, se eliminen las jornadas imposibles, se optimicen las plantillas, se acabe con los trasvases entre niveles por motivos exclusivamente subjetivos, que potencien e incentiven la investigación en lugar de castigarla, que las enfermeras empecemos a valorar lo que hacemos y el por qué lo hacemos, sintiéndonos orgullosas de ser lo que somos, enfermeras… y a partir de ahí se pueda generar un silogismo cuya conclusión sea inversa a la que actualmente, y por desgracia, se da.

No es cuestión de concesiones sino de concienciaciones.

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