EN POSITIVO

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Para Jorge López-Gómez

Gran amigo y excelente enfermero

           Un muy buen amigo y fiel lector de mis reflexiones me trasladó recientemente un comentario que me hizo pensar sobre lo que vengo escribiendo.

Literalmente me dijo:” Amigo, tengo ganas de leer algo más positivo, creo que lo que nos hacen lo tenemos todos en mente, lo que nos han hecho y está claro que necesitamos que se visibilice. Pero también creo que es un buen momento para analizar aspectos positivos de la profesión… Ahí te dejo el reto amigo, si seguimos con esta perspectiva de victimismo y autoflagelación será complicado que se nos vea y reconozca como lo que somos. Es importante que nos sintamos y situemos donde tenemos que estar y no desde una posición de inferioridad”. Esta es la grandeza de los amigos, que son capaces de trasladarte lo que piensan con total sinceridad y confianza, con el fin de que mejores y nunca con ánimo de hacerte daño.

Como digo, me hizo pensar y repasar lo que hasta el momento he venido escribiendo. Y ciertamente, hasta la fecha, tan solo había reflexionado sobre aspectos que pueden considerarse negativos de nuestra profesión. Sin embargo y sin ánimo alguno de excusarme, he de decir que en todas mis reflexiones he tratado de poner negro sobre blanco todos aquellos aspectos que, aunque resaltan aspectos negativos de nuestro desarrollo, comportamiento o actitud, siempre tratan de despertar lo mucho positivo que las enfermeras tenemos y que, en muchas ocasiones ciertamente, nos empeñamos en ocultar.

Así pues y en reconocimiento y respuesta a mi gran amigo, voy a iniciar una serie de reflexiones que traten de positivizar los clichés que hasta ahora han ido apareciendo en negativo. Por lo tanto, revelaré en color lo que hasta ahora tan solo han sido muestras secuenciales en negativo. Y aunque en la era digital y de las TIC pueda parecer arcaica la utilización de esta técnica fotográfica, creo que ejemplifica perfectamente lo que he tratado de hacer, sin que por ello le reste la más mínima actualidad ni calidad en la imagen obtenida, que no es otra que la de las enfermeras.

La primera instantánea que quiero presentar, tras el proceso de revelado del negativo, es el de nuestra mirada enfermera. Mirada enfermera en cuanto a nuestra capacidad de ver la realidad del día a día en los hospitales, centros de salud, residencias, centros de salud pública… totalmente diferente al de otros profesionales y al de la sociedad en general. Se trata de una mirada que capta, analiza, reflexiona e integra todos los detalles que acontecen, rodean o influyen en cualquiera de las situaciones a las que hacemos frente a diario. Una mirada que no juzga, sino que respeta; una mirada que no recrimina, sino anima; una mirada que no excluye, sino acoge; una mirada que no impone, sino educa; una mirada que no acusa, sino entiende; una mirada que no intimida, sino cuida; una mirada que no limita, sino amplía; una mirada que no reduce, sino suma; una mirada que, en definitiva, trata de ponerse en el lugar del otro para dar respuesta a las necesidades y demandas de las personas, las familias y la comunidad con las que interactuamos.

Es una mirada que va más allá de los ojos y que acaba por impregnar nuestras ideas, nuestros gestos, nuestras actitudes, nuestras respuestas y nuestras actuaciones. Una mirada integral, integrada e integradora que tan solo las enfermeras somos capaces de tener y transmitir. Una mirada diferente, activa, dinámica, amplia, diversa, científica y humana. Una mirada que es la respuesta a un paradigma propio y diferenciado que nos hace únicos e imprescindibles en aquello que nos es propio, los cuidados enfermeros, y que tan solo las enfermeras somos capaces de realizar.

La mirada enfermera, por tanto, es lo que nos hace únicas, diferentes e insustituibles en el ámbito del cuidado. Pero también es la que nos hace ser necesarias en la visión poliédrica que la salud precisa. Sin nuestra mirada no es posible una atención global, eficaz y eficiente. Sin nuestra mirada no se logra una atención cercana, accesible, continua y continuada, cálida y de calidad.

Y es una mirada que mantenemos siempre a pesar de las dificultades, los obstáculos o las presiones a las que solemos estar sometidas permanentemente las enfermeras. Porque la mirada enfermera no sufre de miopía, ni de estrabismo ni tan siquiera de vista cansada. Es una mirada que trasciende a cualquier situación o inconveniente y que se mantiene siempre viva, alerta, aguda y permanente. Porque es una mirada que no tan solo es visión, sino que es oído y es tacto, que se transforman en observación, comunicación, empatía, escucha activa, ayuda, confianza… que se combinan con la realización de técnicas sencillas y complejas, con el manejo de tecnología, con el seguimiento de protocolos o guías clínicas… pero siempre con esa mirada enfermera que hace que todo sea diferente y exclusivo.

Y es una mirada que no se ve, pero se percibe; que no se oye, pero se entiende; que no se toca, pero se siente. Una mirada que se echa en falta cuando está ausente. Una mirada que alimenta, anima, fortalece, reconforta, motiva… una mira que CUIDA.

No se trata de una visión almibarada ni de una reacción que trate de contrarrestar lo hasta ahora escrito. Es tan solo una verbalización de aquello que al darlo por sabido lo callamos e incluso ocultamos. Por eso es importante revelar el negativo y sacar este extraordinario positivo de nuestra mirada enfermera.

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