RIGOR Y RAZÓN

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Editorial Rev ROL Enferm 2018; 41(10): 646

Dice el dicho popular que la felicidad no dura mucho en la casa del pobre. Y no es que yo sea de los que piense que las enfermeras somos pobres, ni que nuestra “casa” la Enfermería lo sea tampoco. Pero es lo que parecen creer algunos. O mejor dicho, es lo que a algunos parece que les gustaría que sucediese dados los acontecimientos que últimamente se están sucediendo y que considero no pueden ni deben quedar en el silencio. Para que no se confunda con eso de que quien calla otorga y porque no hay nada peor que la callada por respuesta.

Empecemos porque por algo hay que hacerlo con las tan aireadas, llamativas, demagógicas e interesadas propuestas que han venido a denominarse “Farmacias Comunitarias”. Lo primero que cabe destacar en este sentido es que las Farmacias en nuestro país son empresas privadas de interés público. Para que nadie se lleve a engaño y piense que forman parte del Sistema Sanitario Público como de manera interesada, al mismo tiempo que sibilina y retorcida, han querido “vender”, tanto a los gestores sanitarios, políticos como sociedad en general, quienes hasta hace bien poco estaban instalados cómodamente en sus oficinas de farmacia al margen de cualquier programa de interrelación o coordinación con los dispositivos sanitarios del Sistema Público, más allá de su conocida dispensación de medicamentos.

Nadie discute que son recursos comunitarios, como lo son también los gimnasios, las entidades culturales, las asociaciones o cualquier otro dispositivo o infraestructura que pueda ofertar un servicio de utilidad pública a la comunidad en la que se encuentran instaladas. Pero esto no se puede confundir en ningún caso con la denominación de Comunitaria que se quieren atribuir sin serlo, al menos en las condiciones y con las competencias que hasta el momento tienen adquiridas sus propietarios.

Mientras acapararon la venta en exclusividad de determinados artículos de belleza, nutrición infantil, ortopedia… y los pagos por parte de las administraciones públicas a su servicio dispensador eran puntuales, nadie oyó hablar de Farmacias Comunitarias. La pérdida de exclusividad por considerarla una competencia desleal, en un mercado de libre competencia en el que como empresas privadas están incorporadas las Farmacias y la crisis que condujo a que los pagos se retrasasen hasta plazos inadmisibles pero que no produjo el cierre de ninguna Farmacia como les sucedió a muchas pequeñas y medianas empresas de este país, hicieron, entre otras razones, que las Farmacias se planeasen incorporar nuevos servicios con los que hacer caja. Y no es que sea ilícito hacerlo, pero si que es, cuanto menos inmoral, querer acaparar competencias para las que, no tan solo no están facultados ni preparados para hacer por mucho que digan lo contrario con falaces argumentos, sino que lo que quieren hacer es competencia de otros profesionales que lo vienen desempeñando de manera eficaz y eficiente desde hace mucho tiempo y que, por supuesto, cuentan con las competencias adquiridas académica y profesionalmente para hacerlo con garantías y calidad.

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