LA DAMA DE LA LÁMPARA Y EL GENIO NURSING NOW

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Para Carlos Martínez Riera, genio del dibujo

y la caricatura, entre otras muchas cosas.

 

           La ya mundialmente conocida como la “dama de la lámpara” nunca imaginó, posiblemente, que el instrumento que le sirviera para iluminar los escenarios de guerra en los que empezó a implantar las medidas que lograron salvar a centenares de soldados, fuese un símbolo de la Enfermería y de las enfermeras, convirtiéndose en la precursora de la enfermería profesional actual.

            No deja de ser paradójico que en el año en el que se celebra el 200 aniversario del nacimiento de Florence Nhigtingale, reconocido por la OMS como el año de las enfermeras y matronas en el marco de la campaña Nursing Now, haya acontecido una de las situaciones de salud más complejas y dramáticas de los últimos siglos, la pandemia de la COVID 19. Virus que incorpora en su denominación el siglo del nacimiento de Florence Nigthingale, 19, y que ha puesto en vilo la salud pública de cuantos países está visitando, en la que se ha querido denominar, guerra del coronavirus, como si se quisiese asimilar a la guerra de Crimea en la que participó Florence Nigthingale. Casualidades históricas y similitudes simbólicas.

            El caso es que, en tan señalada celebración, las enfermeras, nuevamente, han adquirido un protagonismo que, sin quererlo, las han identificado incluso como heroínas.

            Dudo que Florence Nigthingale fuese consciente de la trascendencia de su intervención y sus decisiones entre los años 1853 y 1856, en los que duró la guerra de Crimea, lo mismo que ninguna de las miles de enfermeras que están trabajando actualmente contra los efectos del nefasto coronavirus, sean conscientes de la gran aportación que están teniendo sus cuidados.

            Sin embargo, en ambos casos, los efectos de sus intervenciones resultan vitales para la salud de quienes fueron alcanzados, bien por las balas o la metralla de la contienda bélica o por el contagio del virus o la “metralla” de sus efectos colaterales, del que tan poco se conoce y tanto daño genera.

            Todas las enfermeras nos las prometíamos felices por poder celebrar un reconocimiento internacional que permitiese poner en valor la aportación singular de los cuidados profesionales enfermeros. Sin embargo, como si de un maleficio se tratase, la pandemia no tan solo se encargó de generar dolor, sufrimiento y muerte allá donde llegaba, sino que malogró la celebración y con ella la visibilización de las enfermeras en su año, con lo que se pasó del Nursing Now al Nursing After.

             Pero en ningún caso puede ser Nursing Never. Nada, ni tan siquiera el COVID-19, puede retener en la lámpara, que en su día utilizara Florence Nigthingale y que simbólicamente nos representa, al genio que ella despertó, logrando que el mismo le concediese los deseos que han permitido a la Enfermería ser lo que hoy día es. Deseos, por otra parte, que en ningún caso han sido concedidos de manera graciable y que han tenido que ser trabajados, mantenidos y mejorados, de manera incansable, por miles de enfermeras desde que la dama de la lámpara lograra liberar al genio que había en su interior.

            Tras 200 años de aquella metafórica liberación, el recuerdo permanente de Florence Nigthingale, vuelve a frotar la lámpara de la Enfermería para que el genio despierte de un sueño que, en ocasiones, ha impedido un avance mayor y más rápido del que las enfermeras desearían.

            Se trataba, además, de una puesta en escena en la que se pretendía presentar a la sociedad mundial a las enfermeras para que fuese consciente de la valiosa e imprescindible aportación que las mismas realizan en tan diferentes escenarios, ámbitos o contextos de todo el mundo, por eso el lema de Nursing Now.

            Porque es ahora cuando en verdad todas las enfermeras debemos frotar, con ilusión y orgullo, “nuestra lámpara”, para que el genio, en esta ocasión en forma de campaña internacional, tras casi 200 años de letargo, salga de la lámpara y nos permita cumplir con los deseos que, de una u otra forma, por unas u otras razones, por unos u otros personajes, nos han sido negados durante más tiempo del que la actitud y la aportación enfermera merecían.

            El genio, que nadie se lleve a engaño, realmente no es otra cosa que la voluntad y el espíritu de superación de tantas enfermeras como han contribuido a lo largo de todos estos años a conseguir que la Enfermería superase los obstáculos, avanzase científica y profesionalmente, lograse crecer disciplinarmente, generase conocimientos con los que construir la ciencia enfermera, se liberase de la subsidiariedad alcanzando autonomía propia, se empoderase en el ámbito de las ciencias de la salud y en los diversos contextos en los que actúa, configurase las competencias que permiten prestar cuidados profesionales… y todo ello a pesar de los constantes obstáculos, las resistencias generadas, los recelos infundados, las ilusiones truncadas, las presiones impuestas… que han impedido que el impulso dado por Florence Nigthingale mantuviese una aceleración continua, al tiempo que, resistencias generadas por las propias enfermeras, ralentizaban, cuando no paralizaban, el avance de la profesionalización por ella iniciada.

            Al contrario de lo que sucede con Aladdín y el genio azul animado por la factoría Disney, Florence es una mujer y representa a un colectivo eminentemente femenino que genéricamente, además, se identifica como enfermeras. Esto, sin duda, también ha contribuido a que los poderes del figurado genio, no hayan surtido los efectos inmediatos que se supone deberían tener sus concesiones, tras ser liberado, gracias a las acciones de Florence Nigthingale que actuaron como cuando Aladdín frotaba la lámpara.

            Pero sin duda la determinación de Florence Nigthingale pudo, en su momento, con la rigidez, la intransigencia y el machismo de una sociedad victoriana como la británica, imponiendo la razón y las evidencias científicas aportadas por esta mujer que, en su caso, aúna los personajes de Aladdín y de genio, al reunir, al mismo tiempo, el ímpetu, la energía y la ambición del primero y el poder de acción y la capacidad transformadora del segundo. 

            Así pues, y aunque ambas historias se fundamentan en la imaginación y tan solo tratan de representar sueños, ideales o metas muy diferentes entre sí a través de una analogía imposible, lo que trasciende de una de ellas, la de Florence Nigthingale, va mucho más allá de la ilusión y se sitúa en una realidad transformadora que contribuye a promocionar, mantener o restaurar la salud de las personas, las familias y la comunidad a través de los cuidados profesionales enfermeros y a facilitar su máximo nivel de autonomía.

            No sabemos cuanto tiempo más permanecerá entre nosotros el COVID-19 como si del personaje de Jafar se tratase en su intento por hacerse con todo el poder, con la maldad y la mutación permanentes que a ambos les caracteriza, aunque en el caso del COVID-19 sus efectos trasciendan a la imaginación y se sitúan en el ámbito de la más cruel realidad.

            Pero a pesar de todo o precisamente por todo lo que está sucediendo, de la lámpara de la dama debe emerger el genio de Nursing Now que logre que las enfermeras sean identificadas, respetadas y valoradas en su justa medida, como en su momento lo fue, a pesar de todos los inconvenientes y resistencias, Florence Nigthingale que, no tan solo ha sido capaz de que perdure viva su imagen y su aportación sino que ha logrado ser referente indiscutible del desarrollo científico profesional de la Enfermería y de la importancia que las enfermeras han alcanzado para la comunidad y su salud.

            Las enfermeras de todo el mundo debemos frotar con decisión la lámpara que nos identifica para lograr que el genio que representa la voluntad transformadora enfermera permita dar respuesta a los deseos, no tan solo de las propias enfermeras, sino de toda la sociedad.

Ahora es el momento, el que se nos ha otorgado por méritos propios, pero que no podemos ni debemos desaprovechar pues, cuando nos vayamos a dar cuenta, el genio puede retornar a la lámpara y quedar preso por tiempo indeterminado sin que pueda concedernos los deseos que su liberación nos propiciaría.

Mimemos y respetemos la memoria de la dama y de la lámpara que nos identifica y seamos capaces de sacar al genio que representa la acción enfermera auténtica y rigurosa para lograr aquello que Florence Nigthingale inició y que nosotras tenemos la obligación de mantener y mejorar.

Y en este intento surgen apuestas y posicionamientos, tan valientes como sinceros, como los que protagonizó, el pasado día 16 de julio en el acto de homenaje a las víctimas de la pandemia, la enfermera Aroa López, actuando en representación de todas/os las/os profesionales que trabajaron durante los peores momentos de la pandemia en primera línea, exponiendo, cuando no entregando, sus vidas. Un ejemplo de coherencia, sensatez y madurez profesional, no exenta de sensibilidad y empatía, que representan, en sí mismo, la fuerza del genio Nursing Now y la mejor manera de visibilizar la verdadera y valiosa aportación enfermera, aunque a muchas/os les siga costando admitirla e incluso sigan generando activa resistencia para que se logre.