A VUELTAS CON LOS 10 MINUTOS Llueve sobre mojado y resbala

                                   

“Lo único que realmente nos pertenece es el tiempo. Incluso aquel que nada tiene, lo posee”

Baltasar Gracián[1].

 

Dicen que quien la persigue la consigue. Y precisamente eso es lo que parece que están haciendo de nuevo quienes desde un sindicato que recordemos no cuenta con el apoyo de ninguna otra organización sindical, está enarbolando la petición de 10 minutos por paciente como uno de sus principales argumentos para justificar la huelga de médicos y pediatras de Atención Primaria en Madrid.

No es nueva la supuesta reivindicación. Digo supuesta reivindicación, porque realmente no se sustenta ni ahora ni antes como justificación ni argumento que permita solucionar la grave crisis por la que atraviesa la Atención Primaria en Madrid. Porque hacer creer, a la ciudadanía, que el problema de la falta de calidad y calidez, de ineficacia e ineficiencia, de saturación, de listas de espera, de escasa actividad domiciliaria… es consecuencia de la falta de un tiempo estándar de 10 minutos por visita es, no tan solo, un argumento ausente de rigor sino también una visión victimista con clara intencionalidad de generar en la población que toda la culpa se debe a esa supuesta y sesgada información de falta de tiempo.

El tiempo, sin duda, es el recurso más valioso con el que contamos. Pero también es el recurso más igualitario que existe. Como dijera John Randolph[2] “el tiempo es a la vez el más valioso y el más perecedero de nuestros recursos”. Nadie tiene horas de 70 o 40 minutos, ni minutos de 30 u 80 segundos. El tiempo es igual para todos y, por tanto, su utilización obedece más a una gestión del mismo que a disponer de él, pues finalmente todas/os tenemos idéntica cantidad. La planificación y la priorización que se deriva de esta, supone la mejor manera de racionalizar el tiempo disponible.

La excusa de “no tengo tiempo” es tan solo eso, una excusa que trata de ocultar, enmascarar o sesgar la realidad, al no hacer un análisis serio sobre la actividad que se desarrolla y cómo se lleva a cabo.

Negarse a identificar que parte de la responsabilidad de esa supuesta falta de tiempo es imputable a la actitud paternalista, asistencialista, autoritaria con la que se presta asistencia, que no atención, generadora de dependencia como consecuencia de la poca o nula participación de las personas en la toma de decisiones y la consecuente ausencia de autogestión, autocontrol, autonomía y autocuidado, es poco serio e induce al engaño.

Erigirse como protagonistas exclusivos en la atención a la salud supone una anulación de la persona a la que supuestamente se atiende y la simulación y proyección de una imagen interesada, artificial y artificiosa de exclusividad que no responde a las necesidades sentidas y deja sin respuesta las demandas, verbalizadas o no, de las personas, las familias y la comunidad.

Pretender que alguien crea que la ración estándar de 10 minutos de tiempo de asistencia es el principal problema que justifica la crítica situación de la Atención Primaria madrileña, es un insulto a la inteligencia de la población a la que finalmente se dirige el mensaje con el fin de que se interiorice y sea aceptada como solución a la deficiente atención recibida.

Utilizar este argumento es un recurso fácil pero claramente falaz que tiene una muy poco recorrido y finalmente se volverá en contra de quienes lo usan y lanzan, de manera manifiestamente interesada y oportunista, al actuar como un boomerang que les reportará más daño que beneficio.

Pero a la falta de tiempo se añade otro argumento tan repetido como ausente de justificación, como es el de la falta de médicos, que traslada un mensaje de alarma y sensacionalismo con el objetivo de sumar aliados para su objetivo, ocultando con ello las verdaderas causas del caduco modelo que sigue impregnando el Sistema Nacional de Salud (SNS) en general y en particular el de la Atención Primaria, que ha involucionado claramente a tiempos anteriores al conocido como nuevo modelo que hizo posible Ernest Lluch ahora que se cumplen 20 años de su asesinato.

Somos el segundo país del mundo con mayor número de Facultades de Medicina, tan solo por detrás de Corea de Sur[3]. España cuenta, además, con más médicos que la mayoría de los países del mundo. En concreto, hay 4,33 médicos por cada 1.000 habitantes, por encima de la media de los países desarrollados agrupados en la OCDE (3,6), adelantando a estados como Italia (4,15), Australia (3,94), Islandia (3,93), Francia (3,37), Finlandia (3,33), Holanda (3,31), Canadá (2,8) o Japón (2,5). Lideran el ranking Grecia, Portugal, Noruega y Alemania, según el Global Health Security Index[4].

Estamos pues ante un discurso que los datos de organismos tan poco sospechosos como los descritos contradice y deja en evidencia. Que a pesar de ello se sigan utilizando de manera tan reiterada es una nueva muestra del nulo interés por resolver el problema del SNS al poner el foco casi de manera exclusiva en los intereses corporativistas que siendo legítimos no pueden o no deberían, al menos, priorizarse a las necesidades reales de cambio de modelo. Pero el problema, posiblemente esté ahí. Se quiere mantener un modelo creado a imagen y semejanza de su paradigma asistencialista y centrado en la enfermedad, resistiéndose a abandonarlo al ser aceptado como su zona de confort, aunque luego trasladen su disconfort.

Por lo dicho, lo que queda claro es que el problema no es ni de tiempo ni de falta de médicos, sino de planificación y organización, así como de interés por destruir un sistema público, universal y gratuito por parte de determinados responsables políticos.

Si a ello añadimos que quienes desde el Ministerio de Sanidad, que aún tiene las competencias de ordenación profesional, lejos de cumplir con ella, lo que hacen es justamente lo contrario, es decir, desordenar, se dan todos los elementos para propiciar una situación de desmotivación, falta de compromiso e implicación que se traduce en conflicto que, a su vez, es aprovechado para reclamar mejoras corporativistas alejadas del interés común.

Utilizar el éxito colectivo de una manifestación contra la política irracional del gobierno autónomo de Madrid en la que participaron de manera masiva, a pesar de los mezquinos intentos de descrédito vertidos por los dirigentes políticas/os, tanto ciudadanía como profesionales de todas las categorías y disciplinas, en beneficio propio, convocando una huelga en la que, lo que se reivindica es básicamente mejoras para los médicos, es una forma legal de protesta, pero es una forma muy discutible, ética y estéticamente, de afrontar un problema que va mucho más allá de sus peticiones laborales.

Huelga, por otra parte, que aparta el foco, sobre todo mediático, de los problemas de la Atención Primaria, para situarlo de manera casi exclusiva en los problemas de los médicos, desvirtuando en gran medida el problema fundamental, para situarlo en el problema accidental o circunstancial, que de solucionarse en ningún caso revertirá la situación crítica por la que atraviesa la Atención Primaria. Huelga que ya ha sido aprovechada para extenderse como una mancha de aceite por otras comunidades como Murcia, Cantabria… con idénticos planteamientos, en los que se refuerza la idea que la solución a los problemas de los médicos es la solución de la Atención Primaria.

Seguir creyendo y trasladando que son los protagonistas exclusivos del sistema y con ello despreciando o, cuanto menos, minusvalorando la aportación específica, necesaria y valiosa de otras/os profesionales conduce a adoptar personalismos que no contribuyen de manera alguna a solucionar los problemas y, por el contrario, suponen una huida hacia la sanidad privada de quienes tienen opción de pagarla, que se traduce en el mayor número de pólizas privadas de toda España en los últimos meses, lo que no deja de resultar paradójico pues en dichas empresas no parece existir ni falta de tiempo ni de médicos.

Su afán de notoriedad es insaciable y ante la posibilidad de que sean equiparadas las enfermeras y otras/os profesionales de la salud al nivel A1 que les corresponde, es decir que no se trata de una dádiva ni concesión sino una legítima modificación de una clara injusticia, la respuesta inmediata ha sido plantear un A1+ para estar por encima como el aceite y que sigan teniendo ese áurea de exclusividad que tanto les gusta. No sé si lo siguiente puede ser solicitar estrellas Michelín. Todo es posible.

Ni el aumento de médicos reclamado de manera lineal sin otro argumento que el número de personas por cupo, ni la reducción del número de personas a atender por día, son la solución a los gravísimos problemas de la Atención Primaria. No querer ver esta realidad es negar la evidencia y con ello engañarse y engañar a la sociedad que, además, ha votado mayoritariamente a quienes actúan con tal impunidad y desprecio ante un derecho fundamental como la salud.

No es mi intención, de ninguna manera, trasladar un mensaje de descrédito hacia los médicos como colectivo que entiendo y considero fundamental en la atención a las personas, las familias y la comunidad y que respeto profundamente, sino ante actitudes que nada tienen que ver con la defensa de la sanidad pública.

Sumarse a una reivindicación basada en premisas falsas y engañosas no es la mejor manera de ayudar a solucionar un problema tan grave como el que se ha generado de manera totalmente interesada por parte de quienes precisamente tienen la responsabilidad de velar por la salud de toda la población y no de los intereses mercantilistas de quienes se lucran con ella. Dejarse arrastrar por consignas tan llamativas como sensacionalistas, tan impactantes como alarmistas, tan ruidosas como engañosas, conduce a un callejón sin salida en el que posiblemente todos seamos atacados por la voracidad neoliberal de quienes han propiciado esta situación aparentemente límite pero que, sin embargo, no tiene límite. Es una trampa mortal que han tejido como si de una tela de araña se tratase, que tenemos que evitar y de la que debemos salir unidas/os y no divididas/os como tan bien han planificado para el logro de sus intereses.

La salud es demasiado importante como para ser patrimonio exclusivo, no ya tan solo de los médicos, sino de los profesionales de la salud en su conjunto. La salud es un bien, un derecho colectivo que debe ser entendido y atendido de manera participativa, consensuada e intersectorial trascendiendo a la imposición disciplinar. Las disciplinas y sus ciencias, conocimientos y competencias no pueden ni deben ser utilizadas como imperativos dogmáticos sino como acciones articuladas que contribuyan a la toma de decisiones y al respeto compartidos.

Por otra parte, el manoseado trabajo en equipo debe dejar de ser un mantra oportunista para convertirse en una realidad desde la que identificar el objetivo común en el que trabajar, más allá de los marcos competenciales de las disciplinas que configuran el equipo que provocan permanentes conflictos en base a recelos, desconfianza, y rechazo que paralizan e impiden la necesaria y deseada atención conjunta, coordinada, integral, integrada e integradora. Pero para lograrlo se requiere respeto de todas/os hacia todas/os y respeto al trabajo de todas/os, sabiendo y asumiendo que ninguno es más importante que el de otras/os y que sin la aportación específica de cada uno de los miembros el resultado final será deficiente.

Tan solo desde la defensa de una salud pública dinámica, participativa y ecléctica alejada de protagonismos inútiles que nos alejan de lo que debe ser nuestro máximo interés, la población a la que nos debemos, seremos capaces de ofrecer una atención como la que merecen y estamos obligados/as a prestar.

Las enfermeras, por su parte deben abandonar de una vez por todas su permanente victimismo lastimero y subsidiario para asumir el liderazgo de cuidados que les corresponde para responder a la demanda derivada de un contexto tan inestable como complicado del que no nos podemos abstraer. Abandonemos, así mismo, la errónea idea de que el Centro de Salud es nuestro hábitat natural convirtiéndolo en el nicho ecológico y la atalaya en donde nos refugiamos para no responder a lo que de nosotras se espera, trabajar en, para y con la comunidad, y que se traduce en una imagen cada vez más desdibujada e irreconocible que es aprovechada por quienes están al acecho de nuestras dejaciones. Asumamos la responsabilidad que nos corresponde y por la que debemos ser reconocidas y reconocibles y con ellas los riesgos que las mismas comportan, sin duda. Seguir esperando un respeto gratuito y graciable, ni es razonable ni justificable. El respeto se gana, no se otorga.

El liderazgo enfermero no supone en ningún caso ir contra ningún otro liderazgo. Se trata de ejercer un liderazgo enfermero y comunitario transformador Son liderazgos diferentes, no excluyentes y por tanto compatibles, que deben articularse para ayudar a afrontar los problemas de salud que van mucho más allá de la enfermedad y se sitúan en el equilibrio vital del día a día que requiere de recursos personales, familiares, sociales y comunitarios que contribuyan a dicho afrontamiento, tratando de alejarse al máximo de la innecesaria medicalización y aproximándose a los activos de salud que contribuyen a promover y mantener la salud individual y colectiva.

No es una cuestión de poderes. Es una cuestión de querer y poder hacer y dejar hacer sin imposiciones arbitrarias que limitan la toma de decisiones y esclavizan la voluntad de la ciudadanía.

Médicos, enfermeras, auxiliares, celadores, fisioterapeutas, matronas… todas/os debemos identificar cuál es nuestra responsabilidad social, profesional y personal desde el compromiso ético y estético con la salud comunitaria. Mientras no logremos esto ninguna reivindicación logará mejorar lo que se han encargado de destruir trasladando la señalización de la culpa, precisamente, hacia quienes debieran ser parte fundamental de la solución, las/os profesionales.

¿Tenemos tiempo y voluntad para reaccionar o continuamos con la cantinela de los 10 minutos? Porque llueve sobre mojado y resbala.

[1]Jesuita, escritor español del Siglo de Oro que cultivó la prosa didáctica y filosófica.

[2]Actor estadounidense de cine, teatro y televisión(1 de junio de 1915 – 24 de febrero de 2004).

[3]https://theobjective.com/sociedad/2022-11-19/no-faltan-medicos/?fbclid=IwAR1g8BVlbwZs3lTvZVJ0BJ55_WAn7BOcmQS8nzjOkSOX72_6RB8-Hgm186s#lapa7dlrqwbdm7ezp1k

[4]https://www.ghsindex.org/

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.