
“Me he jubilado, pero si hay algo que me mataría es despertar en la mañana sin saber qué voy a hacer”.
Nelson Mandela[1]
Cuando en 1975 decidí, no por vocación, empezar unos estudios que nada tuvieron que ver con lo que posteriormente descubrí, sin saberlo, inicié un cambio en mi vida, que ahora está a punto de iniciar un nuevo ciclo.
Fue una decisión casual, aunque la misma se transformase, con el tiempo, en causal. Casual porque no vino determinada por ninguna razón especialmente relevante de pulsión, herencia, espiritual, ni tan siquiera de imposición. Se trató de una elección por amistad, para acompañar a quien me lo pidió y que, paradójicamente, luego él no realizó. Pero la suerte estaba echada. Y fue causal porque, a pesar de no ser inmediata, las consecuencias que ocasionó en mi fueron determinantes.
En un tiempo de cambios, inicialmente previsibles y posteriormente constatables, inicié unos estudios que derivaban, precisamente, de la dictadura que estaba a punto de morir junto a quien la instauró y sostuvo durante casi 40 años. Unos estudios que, como en tantas otras cosas, situaciones, ideas… fueron fruto de las imposiciones ideológicas del Régimen y de quienes, en mayor o menor medida, lo apoyaban por interés o convicción.
Los estudios de Ayudante Técnico Sanitario (ATS), que así es como determinaron que se denominase una profesión que ocultara y devaluara a la de Enfermería que inició su profesionalización durante la II República. Para mayor gloria de la de Medicina, sin tener una idea clara, ni tan siquiera oscura, de lo que su decisión representaba para la salud de la ciudadanía a la que el nuevo régimen despojó también de dicha condición y de su principal y más valiosa aportación, los cuidados profesionales.
Fue una enfermera, Esperanza Delgado Calvo, la que, con su uniforme azul celeste, delantal, manguitos y medias Glory blancos y una cofia, que en España se relacionaba con la subsidiariedad y la sumisión impuestas, me descubrió lo que era Enfermería y lo que suponía ser enfermera. Un descubrimiento que cambiaría mi vida. Para empezar, abandonando los recién iniciados estudios de Medicina, a los que renuncié, ahora sí, por convicción y a pesar del disgusto que ello supuso, sobre todo, para mi madre que soñaba con tener un hijo médico, teniéndose que “conformar” con una enfermera. Algo que con el tiempo logré revertir no sin esfuerzo.
Esos inicios supusieron asumir la difícil decisión de salir del armario para pasar de ATS a Enfermera[2]. Una transformación que no resultó sencilla al tener que renunciar a gran parte de lo que se me había inculcado como ATS y reconstruir una identidad profesional y de género que, además, de descubrir debía asimilar como propia.
Los difíciles inicios laborales me llevaron a ejercer de ATS en las tres clínicas que, junto a dos compañeros, abrimos en València y que compaginaba con contratos de sustituciones en el Hospital General y el Hospital Clínico de la misma ciudad. Una incursión en la jerarquizada y castrense organización hospitalaria en la que me costaba dar sentido a mi recién descubierta identidad enfermera, en la que quedaba patente la intencionalidad del engendro profesional que se había creado para ser dóciles, inocentes, obedientes y serviles (DIOS) hacia quienes se consideraban protagonistas únicos de la Organización Sanitarista del momento.
Temporalmente, casi en paralelo y muy lejos de España, en 1978, se firmaba la Declaración de Alma Ata, “Salud para todos en el año 2000”, sobre Atención Primaria de Salud[3], aunque su impacto tardaría un poco en llegar a nuestro país. En 1986, la aprobación por una unanimidad, que hoy en día es impensable, de la Ley General de Sanidad[4], regulaba el Sistema Sanitario en España y sentaba las bases del que vino en conocerse como el nuevo modelo de Atención Primaria de Salud (APS).
Para dotar a los nuevos Centros de Salud, como recursos fundamentales del nuevo modelo de APS, el Instituto Nacional de la Salud (INSALUD), órgano gestor de la Sanidad en España, que desaparecería posteriormente con la delegación de transferencias en Salud a las Comunidades Autónomas, convocó, en 1984, provisión de vacantes de plazas de personal sanitario en los Equipos de Atención Primaria por el procedimiento de concurso libre, entre las que figuraban las primeras 60 plazas de ATS/DUE[5],[6].
En esas fechas compaginaba la atención a las clínicas, con los contratos de sustituciones que iban surgiendo y las clases a estudiantes de Formación Profesional-Auxiliar de Enfermería, que impartía en un centro privado de València. El pluriempleo era una modalidad por aquel entonces muy habitual dado que las retribuciones eran muy bajas y la estabilidad laboral muy precaria. Algo que se mantiene actualmente en muchos países latinoamericanos. A todo lo cual hay que añadir la formación en Acupuntura que realicé durante casi dos años, yendo todos los sábados a Barcelona. Técnica que estuve aplicando en una de mis clínicas y en una clínica privada de un afamado médico en València. Es evidente que mi coherencia curricular aún quedaba lejos.
Una buena y tristemente desaparecida amiga del Hospital me sorprendió un día diciéndome que me había apuntado al citado concurso de plazas. A mí no me quedaba tiempo disponible para preparar dicho examen y, además, no tenía acumulada puntuación alguna por méritos, lo que hacía que mis posibilidades fuesen prácticamente nulas. A pesar de ello y dada la insistencia de mi amiga nos presentamos al examen, junto a más 4000 personas, en la Universidad Laboral de Cheste (València) en diciembre de 1984. Tras realizar la prueba, me olvidé por completo de esa “aventura”.
En enero de 1985 recibí una llamada de mi amiga para comunicarme que habían salido las listas y que había sacado un 10 en el examen. Ella no lo aprobó, repitiéndose la historia de mis inicios. La alegría inicial pronto se desvaneció dado que la falta de méritos no me permitiría albergar esperanza alguna de obtener plaza, por lo que me volví a olvidar del tema. Pero en febrero me llegó un telegrama a casa, el SMS o WhatsApp de la época, en el que se me citaba en la Dirección Territorial del INSALUD de València para elegir plaza. Aquello sí que fue una sorpresa mayúscula. Nunca me lo hubiese imaginado.
Personado en el lugar indicado quedaban tres plazas por elegir, dos en Monòver y otra en Petrer, ambas en la provincia de Alicante. Finalmente elegí plaza en el CS de Monòver.
Así que ese es el principio de mi recorrido como enfermera comunitaria, aunque mi plaza tuviese la denominación de ATS de APS, que nos perseguiría durante algún tiempo más.
Mi incorporación al CS, aunque debió producirse el 2 de mayo de 1985, no se haría efectiva hasta el 1 de diciembre de 1986 por no estar finalizadas las obras del citado CS. Tras una denuncia presentada por tal motivo, que gané, trabajé en Comisión de Servicio en el recién inaugurado Hospital de Dènia, de julio a diciembre del citado año 1986. Durante ese tiempo me formé como pude, dadas las carencias en formación existentes en dicha materia, en APS. Empecé a incorporar conceptos como Promoción de la Salud, Salud Pública, Diagnóstico de Salud, Historia de Salud, Trabajo en Equipo, Atención Comunitaria, Educación para la Salud, Participación Comunitaria… que lograron desplazar todo mi bagaje y fascinación técnico asistencial adquirido hasta entonces como única formación.
Una vez incorporado al centro, junto a tres enfermeros más (todos ellos varones), para una población de poco más de 12000 habitantes en un municipio con una gran dispersión geográfica por la configuración de su término municipal, con más de 25 pedanías en un radio de más de 22 kilómetros, el poner en práctica los postulados teóricos de ese nuevo modelo se antojaba poco menos que utópico. Más aun teniendo en cuenta la inercia que impregnaba al CS de la antigua Asistencia Médica Primaria que ejercían tres de los cuatro médicos del Equipo junto a un Médico especialista de Medicina Familiar y Comunitaria.
Pero en ese panorama desalentador apareció la que sería mi segunda referente enfermera, Mª Jesús Pérez Mora, que era la responsable enfermera de APS en la Dirección Territorial de la recién creada Conselleria de Sanitat, tras las transferencias recibidas para constituir el entonces denominado Servicio Valenciano de Salud (SERVASA). Su presencia me hizo creer en las hadas madrinas de los cuentos infantiles. No tan solo tenía un conocimiento muy sólido sobre el modelo, sino que además lo trasladaba con un entusiasmo que me contagió de inmediato.
Me incorporé con ella y otras dos enfermeras en el equipo que, desde la Dirección Territorial, diseñamos la organización y desarrollo del trabajo enfermero en APS, desde las conflictivas, por rechazadas por los médicos, Consultas enfermeras. Todo ello combinándolo con la redacción de los entonces sacralizados programas, fragmentados y centrados en la enfermedad, y con la configuración de los Consejos de Salud Municipales como órganos de participación ciudadana.
El cambio hacia APS avanzaba y mientras tanto inicié una formación mucho más específica e intensa en Enfermería Comunitaria, realizando el Diplomado en Sanidad de la Escuela Nacional de Sanidad y dos másteres en gestión.
En 1991, fui nombrado coordinador enfermero del CS e iniciamos un cambio que fue fundamental para el trabajo comunitario. La sectorización y la consiguiente asignación de población supusieron un cambio radical en la concepción de la actividad enfermera que no contó con el respaldo unánime de las propias enfermeras y generó mucho rechazo entre los médicos que lo interpretaron como una amenaza a su protagonismo. A pesar de lo cual logramos instaurar con éxito.
Estos rechazos, de quienes nunca han visto con buenos ojos la profesionalización y autonomía de las enfermeras, nos llevó a unas cuantas enfermeras a constituir en 1994 la que sería la primera Sociedad Científica de Enfermería Comunitaria (AEC)[7] que, sin duda, marcó un antes y un después en la Enfermería Comunitaria y cuya primera presidenta fue Mª Jesús Pérez Mora.
En 1995, me nombraron Director Enfermero del Área de Salud en la que estaba integrado mi CS. Fue una oportunidad para llevar a la práctica todo lo aprendido en mi formación y de mi trabajo junto a Mª Jesús Pérez Mora.
Se trató de una etapa llena de retos, ilusiones, proyectos, oportunidades… que tuve la fortuna de llevar a cabo junto a dos personas clave, José María Hernández Maestre, Director Médico con quien trabajé codo con codo, y con el enfermero, Pablo Martínez Cánovas, que se convirtió en mi mejor aliado de los logros alcanzados. Una etapa de trabajo intenso e intensivo que, sin embargo, me permitió comprobar como se pueden conseguir los sueños cuando crees en ellos y eres capaz de convencer, a quienes te acompañan en el camino a recorrer, de que vale la pena intentarlo a pesar de los bandidos que tratan, permanentemente, de robarte la ilusión y la fe en lograrlo.
Hasta que llega un sicario, un asesino a sueldo, un mediocre, pagado por los responsables políticos del momento -uno de los cuales ocupa nuevamente en la actualidad el máximo cargo al frente de la Conselleria- con el único objetivo de acabar con todo lo logrado y matar a quien lo consiguió. Toda una trama urdida con la máxima mezquindad y la mínima ética.
Tras dimitir como director, regresé al CS de Monòver. Fue un soplo de aire fresco tras los últimos meses de acoso y derribo al que fui sometido. Reencontrarme con la población que se alegraba de mi regreso y me reconocía, fue el mejor antídoto a tanta toxicidad y miseria.
Tras poco más de un año en el centro, con una gestión que estaba acabando con todo lo que significaba la APS, tuve la oportunidad de incorporarme en la Universidad de Alicante a tiempo completo, tras la triste baja por grave enfermedad de mi principal mentora. Fue una decisión difícil pero muy meditada que cambiaría mi vida.
Mi incorporación al Departamento de Enfermería Comunitaria, Medicina Preventiva y Salud Pública e Historia de la Ciencia para hacerme cargo de la docencia de la asignatura “Intervención Comunitaria” me llevó a querer aprender in situ todo lo que hasta entonces tan solo había podido leer. Para ello opté, en 2002, a una beca de la Agencia de Cooperación Internacional (ACI, actualmente AECID[8]), que me concedieron para llevar a cabo una estancia en la Facultad de Enfermería de la Universidad de Antioquia en Medellín (Colombia), con el fin de conocer los procesos de participación comunitaria en dicho país. Sin duda fue una experiencia que me marcó y que marcó mi futuro. Me permitió conocer, además, la Asociación Latinoamericana de Escuelas y Facultades de Enfermería (ALADEFE)[9], en la que me integré en su Consejo Ejecutivo como Vicepresidente de la Región Europea, manteniendo mi vinculación hasta la fecha en diferentes cargos de responsabilidad (Secretario General, Asesor, Cocal de Relaciones Internacionales…), desde la que continúo trabajando para lograr constituir el Contexto Iberoamericano de Enfermería. Siendo, además, el detonante que me llevó a visitar posteriormente y hasta la actualidad la práctica totalidad de países Latinoamericanos, en los que tanto he aprendido.
Me incorporo en la Asociación de Enfermería Docente (AED) como Tesorero, hasta su desaparición en 2006.
La AEC me encargó ser su representante en la Comisión Nacional de la Especialidad de Enfermería Familiar y Comunitaria que debía desarrollar el Programa Formativo de la recién aprobada especialidad[10].
Pero en este fantástico periplo conocí a quien hoy día continúa siendo mi mayor referente enfermero, María Paz Mompart García, con quien he aprendido a sentir y querer, más si cabe, lo que significa SER enfermera.
En 2009 gané las elecciones a la Presidencia de la AEC en la que permanecí hasta 2022, periodo en el que se internacionaliza y logra ser referente en el ámbito nacional e internacional.
Mi tránsito en la Universidad fue una combinación de aprendizaje, pasión por la docencia y descubrimiento de la investigación que tenía que compaginar con la dura y no siempre racional carrera académica. Obtuve el Bachelor por la Hogeschool Zeland de Holanda que me habilitó para acceder a los cursos de Doctorado en Salud Pública, el Doctorado y la defensa de mi Tesis, la acreditación nacional en la que gané mi plaza de funcionario de Carrera Nacional… tras lo que inicié mi incursión en la gestión universitaria de la mano de Ana Laguna Pérez que es también una referente en mi vida profesional. En 2010, ganamos las elecciones a la Dirección de la entonces Escuela Universitaria de Enfermería, desempeñando el cargo de Secretario Académico, desde el que participé en la transformación de la Escuela en Facultad de Ciencias de la Salud. Posteriormente ocupé el cargo de Vicedecano de Enfermería y relaciones institucionales, como paso previo a incorporarme en el equipo rectoral como Director de Secretariado para desarrollar e implementar el Proyecto de Universidad Saludable en 2012 que se convierte en referente nacional e internacional.
Coincidiendo con el 40 aniversario de la incorporación de los estudios de Enfermería en la Universidad, 7 enfermeras creamos el Grupo 40[11]
En 2018 se aprueba y constituye la Academia de Enfermería de la Comunitat Valenciana (AECV)[12] de la soy académico fundador y honorario, formando parte de la primera Junta Directiva como Vicepresidente II.
Es también en 2018 cuando creo Cátedra de Enfermería Familiar y Comunitaria de la Universidad de Alicante (UA), que es la primera en España y que pronto es reconocida por su aportación y visibilización a la especialidad.
En 2020, gana las elecciones a Rectorado de la Universidad de Alicante, Amparo Navarro Faure, siendo la primera rectora de la UA, incorporándome a su equipo como Director de Secretariado de Universidad Saludable y presidente del Comité de Seguridad y Salud de la UA. Ello me permite continuar el proyecto iniciado en 2012 y llevar a cabo una Intervención Enfermera en toda regla para lograr que la UA sea un espacio Saludable, Sostenible, Accesible e Igualitario.
En 2023, creamos la Alianza Española de Sociedades Científicas Enfermeras (ALESCE) en la que soy elegido presidente.
En noviembre de 2024, tras las elecciones a Rector/a, sale reelegida Amparo Navarro Faure que me ratifica en el puesto de Director de Secretariado a pesar de conocer que a finales de marzo de 2025 me jubilaba, lo que significa un reconocimiento importante que valoro en gran medida.
Y ese momento ha llegado y por eso he querido hoy dedicar este espacio de reflexión a mi recorrido profesional, que está íntimamente ligado a mi recorrido vital. No con ánimo de relatar logros o fracasos, sino simplemente con la intención aséptica de recordar lo sucedido, lo vivido, lo aprendido. Han transcurrido 50 años desde que iniciase el camino con unos estudios que escondían, deformaban y manipulaban lo que, con el tiempo y gracias a excelentes referentes que aún conservo en mi memoria y en mi corazón, descubrí y me permitió querer, creer y crecer como enfermera.
Pasé de la casualidad a la causalidad para darme cuenta que no se trataba de ser enfermera para vivir, sino de vivir para ser la mejor enfermera posible.
No digo que lo haya conseguido. En cualquier caso, no me toca a mí valorarlo. Lo que sé a ciencia cierta es que nada de lo recorrido, de lo logrado, de lo sentido, hubiese sido posible sin esa convicción que fue aumentando con el paso del tiempo y que, gracias a lo vivido, bueno y malo, me permitieron valorar lo mucho que significa ser enfermera. Porque como Enfermera he tenido el privilegio de participar en importantísimos cambios de la Enfermería que, solo el tiempo transcurrido, me permiten valorar en su justa medida con satisfacción y orgullo.
Ahora que llega el momento de disfrutar de otra etapa vital, que he sido yo quien ha elegido cuando iniciarla, sin apurar hasta no poder seguir por imperativo legal o de salud, ahora, es tiempo de seguir aprendiendo, creciendo, sintiendo y, sobre todo, agradeciendo por todo lo que tantas personas, enfermeras o no, me han aportado en estos años. Desde otro nivel, otra mirada, otro ritmo, otra actitud. Ni mejor ni peor, tan solo diferente, pero conservando, eso sí, idéntica pasión por aquello que me ha hecho y me sigue haciendo feliz, ser enfermera.
Gracias a las/os estudiantes que han sido mi motor e inspiración para transmitirles lo que es y significa ser y sentirse enfermeras. A las personas, sanas o con problemas de salud, con las que he compartido, consensuado, hablado, escuchado… desde el respeto y la admiración. A quienes, sin ser enfermeras, me han transmitido el valor y el dolor del cuidado prestado. A las enfermeras que me han enseñado lo que significa y aporta cuidar profesionalmente. A las/os docentes con quienes he compartido la importancia del aprendizaje enfermero en valores, humanista y científico. A las/os gestoras/es con quienes he descubierto la importancia del liderazgo. A investigadoras/es nacionales e internacionales con quienes he trabajado por mejorar la calidad de nuestros cuidados generando evidencias científicas. A quienes me han herido, ignorado o malinterpretado, porque me han hecho más fuerte. Y, en general, a cuantas personas con las que he interactuado en alguna ocasión en la reflexión, el análisis, el debate… para mejorar la salud de personas, familias y comunidad.
Accedo a mi jubilación con alegría. Sabiendo que, en ningún caso, significa parálisis inacción, pasividad, abandono, olvido… porque como dijese Gabriel García Márquez[13], “No es cierto que la gente deja de perseguir sus sueños porque envejecen, envejecen porque dejan de perseguir sus sueños”, y yo, como me siento muy joven, quiero seguir persiguiendo mis sueños para alcanzarlos y disfrutarlos.
Desde esa puerta abierta que estoy a punto de cruzar, comparto unos versos de la canción de Jorge Drexler, “Todo se transforma”, que creo sintetizan todo aquello que ahora mismo siento.
… Porque cada uno da lo que recibe
Y luego recibe lo que da
Nada es más simple
No hay otra norma
Nada se pierde
Todo se transforma
Supe que de algún lejano rincón
De otra galaxia
El amor que me darías
Transformado volvería
Un día a darte las gracias
… Cada uno da lo que recibe
MUCHAS GRACIAS
[1] Abogado, activista contra el apartheid, político y filántropo sudafricano que presidió el gobierno de su país de 1994 a 1999. (1918-2013)
[2] Martínez-Riera, JR. Salir del armario. La difícil decisión de asumir una nueva identidad. De ATS. a Enfermera. Rev ROL Enferm, 27, 2004; (10): 58-64
[3] https://www.paho.org/es/documentos/declaracion-alma-ata
[4] https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-1986-10499
[5] https://www.boe.es/buscar/doc.php?id=BOE-A-1984-7879
[6]chromeextension://efaidnbmnnnibpcajpcglclefindmkaj/https://www.boe.es/boe/dias/1984/07/05/pdfs/A19736-19736.pdf
[7] https://www.enfermeriacomunitaria.org/web/
[9] https://www.aladefe.net/
[10] https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-2005-7354
[11] https://grupo40enfermeras.org/
[12] https://www.academiaenfermeriacv.org
[13] Escritor, guionista y periodista colombiano (1927-2014)