ENFERMERÍA COMUNITARIA. TIEMPO DE ESPERANZA O ESPERANZA EN EL TIEMPO?

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Editorial Revista Iberoamericana de Enfermería Comunitaria (RIdEC) 2015

En sus más de 20 años de vida, la Asociación de Enfermería Comunitaria (AEC), se ha caracterizado por su empeño permanente en defensa de la Enfermería Comunitaria.

Al principio sentando las bases y generando el marco de nuestra actuación en la Comunidad en el entonces denominado Nuevo Modelo de Atención Primaria.

Posteriormente trabajando intensamente para justificar y y dotar de entidad científica la demanda de la Especialidad de Enfermería Comunitaria. No en vano la AEC elaboró la primera propuesta seria, fundamentada y rigurosa de la especialidad, que fue modelo y referencia hasta que se logró finalmente la especialidad.

En ese itínere se siguió trabajando intensamente en el desarrollo de la enfermería comunitaria a través de grupos de trabajo, comisiones, posicionamientos, documentos… que fueron definiendo nuestro perfil científico-profesional alejado de planteamientos populistas, oportunistas y demagógicos. Perfil que nunca hemos intentado eliminar, ocultar o disimular en función de las circunstancias. La AEC siempre fue coherente con sus planteamientos, equivocados o no, y no cayó en la tentación de cambiar de rumbo para aprovechar las circunstancias. Esto nos generó ciertos problemas y dolorosas rupturas que el tiempo se ha encargado de clarificar a favor de la AEC. Siempre mantuvimos nuestra identidad y nuestra meta en defensa de una Enfermería Comunitaria que algunos quisieron aprovechar en beneficio propio.

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ANTAGONISMOS Y DICOTOMÍAS. METÁFORAS INTERPRETATIVAS

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Sano o enfermo, salud o enfermedad, cuidar o curar, sanidad o salud, enfermera o médico… son tan solo algunos ejemplos muy frecuentes de antagonismos en el ámbito de la sanidad… o de la salud? Este es el dilema sobre en que en múltiples ocasiones se construye la realidad que vivimos, o mejor dicho, la realidad que alguna de las partes antagónicas quieren construir y que nos llevan a establecer criterios, ideas, opiniones, análisis dicotómicos en los que se establece una oposición entre los conceptos que realmente no existe o no debería existir. Y no debería hacerlo porque dichos conceptos, lejos de ser dicotómicos son complementarios, aunque se empeñen en hacernos creer lo contrario por acción u omisión.

Lo que sucede es que, como suele suceder siempre, la utilización de las palabras, y lo que de las mismas trasciende, no es inocente, ni involuntaria, ni, mucho menos, casual. Como decía Von Schiller «Las palabras son siempre más audaces que los hechos», pero también es cierto que la palabra es mitad de quien la pronuncia y/o escribe, mitad de quien la lee y/o escucha, es decir que están sujetas a interpretación y, por lo tanto, nada de lo que se diga, por audaz que pudiese ser, tendrá valor sino es compartido, analizado y traducido en hechos que sean capaces de modificar unos contextos, los de la salud o la sanidad, en los que aún tenemos, podemos y debemos decir muchas cosas.

El problema, en muchas ocasiones, viene determinado por el sentimiento de propiedad que, sobre lo que las palabras encierran de significado, tienen determinados actores que participan en los citados contextos. Actores que se han venido atribuyendo un protagonismo que finalmente les ha sido reconocido, más por efecto de la insistencia y la puesta en escena que por los méritos de sus actuaciones. En cualquier caso, como suele suceder siempre, hay actores y actores. Los hay que se dedican a hacer bien sus papeles con la naturalidad y la competencia que de ellos se espera y los hay que sobreactúan e incluso resultan histriónicos en un intento por sobresalir y eclipsar cualquier posible “rival” al entender que así tendrán más relevancia y reconocimiento al constituirse como estrellas o divos. Por otra parte están quienes contribuyen a que dichas interpretaciones, no tan solo se produzcan, sino que las alientan, protegen, promocionan… desde sus puestos de dirección o de producción. Por otra parte están los actores y actrices secundarias, que lo son no tanto por el papel que desempeñan, sino por el valor subsidiario que los anteriores les otorgan en un claro, y no siempre ético e incluso lícito, comportamiento de discriminación que no de separación de los papeles y lo que los mismos aportan al resultado final del guión interpretado.

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