MAYORJÓVENES

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Editorial Revista Iberoamericana de Enfermería Comunitaria (RIdEC) noviembre 2016

 Es curioso cómo se repite la historia y cómo se repiten los errores.

Hace ahora 40 años que un grupo de enfermeras realizó un ingente trabajo para lograr que la enfermería se desarrollase como disciplina en el ámbito de la Universidad. Tras lograrlo, las primeras promociones de enfermeras tituladas por la Universidad vinieron a denominarse DUE. Es decir, se cambiaban las denostadas y criticadas siglas de ATS por unas nuevas que ejercían idéntico resultado, la invisibilidad de la identidad enfermera, al ocultar, por razones que nunca he logrado entender nuestra identidad más primaria, la denominación como lo que somos, enfermeras.

Pero este no fue el único ni posiblemente el error más grave que se cometió. Las nuevas generaciones de enfermeras, los DUEs, se creyeron diferentes, superiores a sus predecesoras, los ATS. Esto condujo a un enfrentamiento que no tan solo no solucionó nada, sino que contribuyó a seguir ocultando la aportación enfermera a las personas, las familias y la comunidad tras la batalla fratricida que tanto unos, DUEs, como otros, ATS, se empeñaron en mantener más allá de toda lógica. Los DUEs porque se creían en posesión del verdadero conocimiento enfermero avalado por la Universidad. Los ATS porque consideraban que se estaba menospreciando su experiencia y sentían amenazados sus puestos de trabajo por las “nuevas enfermeras”. Y tanto los unos como los otros perdieron tiempo, energía, credibilidad y reconocimiento en tan absurda batalla, a la que se sumó un daño colateral como fue el curso de nivelación.

El tiempo, y con él el olvido, remedio paliativo de muchos males, lograron que poco a poco se fuese normalizando la relación y que además, se fuese recuperando la verdadera identidad enfermera dejando el lastre de las siglas como camuflaje de la batalla librada.

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LA REALIDAD QUE VENCE A LA INCERTIDUMBRE

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Un muy buen amigo, tras la lectura previa que siempre hace a mis reflexiones me sugirió hiciese una aproximación narrativa que se alejase de situaciones de suspense, intriga, conspiración…como las planteadas en la novela negra y que tratase de recoger aspectos más positivos.

Como quiera que adquirí con él el compromiso de dicha narrativa voy a llevarla a cabo tratando de no caer en la alabanza fácil, la historia almibarada y los personajes artificiales y exentos de la dinámica de sus propias experiencias.

Para ello me voy a situar como narrador-omnisciente ya que conozco toda la historia y trataré de contar lo que ocurre en el exterior de los personajes -las enfermeras-, es decir, cómo se mueven, lo que dicen, hacen y por qué lo hacen… y en parte lo que ocurre también en su interior, sus pensamientos, sus deseos. Todo ello sin descartar una predicción del futuro, no tanto porque lo conozca, que no es el caso, sino porque intuyo, o mejor deseo como quiero que sea el final del relato y lo que los personajes harán.

Utilizaré el presente por tratarse más de una conversación espontánea en la que pretendo dar mayor realismo a lo que voy a contar.

Así pues y antes de proseguir creo necesario contextualizar la acción narrativa para dar verosimilitud a la acción desde la perspectiva de que, lo que voy a contar es, cuanto menos, probable. En este sentido la acción se desarrolla en una comunidad, una cualquiera. Entendida esta como el espacio en el que conviven personas y familias. Estructurada en base a normas, valores, costumbres, cultura, historia… comunes que interactúan y generan relaciones diversas. En la que existen recursos comunitarios diversos en los diferentes sectores de dicha comunidad. Además existen profesionales que dan respuesta a las necesidades y demandas de las personas, familias y de la propia comunidad. Una comunidad, en definitiva, con los problemas y características propios de nuestra sociedad actual.

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