LA REALIDAD QUE VENCE A LA INCERTIDUMBRE

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Un muy buen amigo, tras la lectura previa que siempre hace a mis reflexiones me sugirió hiciese una aproximación narrativa que se alejase de situaciones de suspense, intriga, conspiración…como las planteadas en la novela negra y que tratase de recoger aspectos más positivos.

Como quiera que adquirí con él el compromiso de dicha narrativa voy a llevarla a cabo tratando de no caer en la alabanza fácil, la historia almibarada y los personajes artificiales y exentos de la dinámica de sus propias experiencias.

Para ello me voy a situar como narrador-omnisciente ya que conozco toda la historia y trataré de contar lo que ocurre en el exterior de los personajes -las enfermeras-, es decir, cómo se mueven, lo que dicen, hacen y por qué lo hacen… y en parte lo que ocurre también en su interior, sus pensamientos, sus deseos. Todo ello sin descartar una predicción del futuro, no tanto porque lo conozca, que no es el caso, sino porque intuyo, o mejor deseo como quiero que sea el final del relato y lo que los personajes harán.

Utilizaré el presente por tratarse más de una conversación espontánea en la que pretendo dar mayor realismo a lo que voy a contar.

Así pues y antes de proseguir creo necesario contextualizar la acción narrativa para dar verosimilitud a la acción desde la perspectiva de que, lo que voy a contar es, cuanto menos, probable. En este sentido la acción se desarrolla en una comunidad, una cualquiera. Entendida esta como el espacio en el que conviven personas y familias. Estructurada en base a normas, valores, costumbres, cultura, historia… comunes que interactúan y generan relaciones diversas. En la que existen recursos comunitarios diversos en los diferentes sectores de dicha comunidad. Además existen profesionales que dan respuesta a las necesidades y demandas de las personas, familias y de la propia comunidad. Una comunidad, en definitiva, con los problemas y características propios de nuestra sociedad actual.

Y es en este contexto en el que las enfermeras comunitarias actúan como personajes principales de mi narración. Enfermeras, en la mayoría de los casos, con extraordinaria experiencia, implicación y motivación, aunque la ilusión les sea permanentemente reducida por la mediocre gestión que habitualmente se realiza. A pesar de lo cual son capaces de desarrollar una labor muy poco reconocida.

Su acción se desarrolla básicamente en un escenario, el del centro de salud, que conserva el nombre que en su momento se le otorgó como recurso generador de salud pero que con el paso del tiempo se ha convertido en un centro de atención a la enfermedad y la demanda como parte del modelo medicalizado, biologicista y tecnológico en el que se enmarcan actualmente. A pesar de lo cual muchas enfermeras comunitarias tratan de desarrollar su atención en base a un paradigma propio, diferenciado y acorde con lo que la comunidad realmente necesita a través de la promoción y la educación para la salud.

Enfermeras que se tienen que enfrentar al conformismo, la pasividad y la inacción de algunas compañeras que fueron engañadas o se dejaron engañar cuando les dijeron que en Atención Primaria iban a trabajar menos, cobrar más y tener menos responsabilidad que en el hospital, desplazando para ello a enfermeras comprometidas, implicadas, ilusionadas y competentes. Pero a pesar de todo o precisamente por eso, las enfermeras que se sienten comunitarias logran vencer las resistencias, navegar contra corriente, salvar los obstáculos, resistir los envites, sortear los imprevistos, minimizar los riesgos, controlar los inconvenientes, resolver los problemas, afrontar los conflictos, vencer el pesimismo, superar la mediocridad… con valentía, determinación, convicción, resolución, competencia, ilusión, orgullo, realismo, optimismo, coherencia, sentido común… De esta manera se posicionan firmemente para llevar a cabo las acciones en las que la participación comunitaria, la intervención familiar, el consenso, la comunicación y la escucha activa, la atención integral, integrada e integradora, la equidad, la igualdad, la multiculturalidad, la observación, la atención a la diversidad, la perspectiva de género, los derechos humanos… permiten la identificación, priorización y planificación de las acciones a desarrollar tanto en el centro de salud como en la comunidad, en el domicilio, en la escuela, en los lugares de trabajo, de manera individual y grupal, huyendo de la sistematización y personalizando la atención en función de las personas y sus entornos, reconociendo los recursos individuales, los familiares y los comunitarios. Analizando, reflexionando y debatiendo con el resto del equipo desde el respeto y la autonomía a través de la transdisciplinariedad en la que se integran, dinamizan y potencian la diversidad de marcos competenciales desdibujando las barreras que los mismos pueden representar en beneficio del objetivo común de las personas, las familias y la comunidad atendidas. Coordinado, articulando y desarrollando acciones desde la intersectorialidad. Liderando procesos, programas, intervenciones… en los que se identifican los líderes comunitarios y los diferentes agentes de salud. Empoderando y dando visibilidad, voz y capacidad de decisión a las personas en el abordaje de los diferentes problemas de salud en aras a su autonomía. Identificando carencias, desigualdades, inequidades, que impiden o dificultan el bienestar y la salud. Reconociendo a los cuidadores familiares como receptores de atención y no tan solo como colaboradores o ayudantes de su propia actividad. Dando protagonismo a la comunidad en la generación de entornos saludables. Favoreciendo la acción de la Salud Pública y Comunitaria a través de conceptos como la salutogénesis y los activos de salud. Reconociendo errores y reconduciendo acciones a través de la evaluación continua y compartida. Racionalizando de manera eficaz y eficiente los recursos disponibles y evitando el racionamiento.

Enfermeras comunitarias que, además, contribuyen en la docencia de grado, posgrado y formación especializada. Que gestionan su tiempo, su actividad y sus recursos. Que administran y registran. Que investigan, publican y se forman.

Enfermeras comunitarias que realizan todo esto y más a pesar, en muchas ocasiones, de la mediocridad de sus directivos, de la indefinición de las organizaciones, del desprecio de los políticos… que no saben ni quieren, identificar todas estas aportaciones y que siguen menospreciando su valor real, enmascarándolas en las grandes cifras de la demanda, la tecnología y el discurso populista y demagógico.

Enfermeras comunitarias que a pesar de todo siguen pacientemente esperando a que se les reconozca su especialidad y a que se creen puestos específicos. Que observan con rabia contenida como se da pábulo a otros profesionales despreciando lo que ellas aportan. Que se ignora su conocimiento y su rigor. Que se impide o dificulta su investigación o desarrollo científico a través de la asistencia a congresos, jornadas, seminarios… Que no se incentiva la iniciativa ni la implicación.

Y aunque dicho lo dicho, pueda parecer que hablamos de súper héroes, realmente son profesionales, enfermeras, que viven, sienten y trabajan como enfermeras. Contribuyendo a la construcción de historias de vida en las que se mezclan las alegrías con las tristezas, las ganancias con las pérdidas, la salud con la enfermedad, las palabras con los silencios, la ilusión con la desesperación, el optimismo con el pesimismo, la fe con la incertidumbre, la confianza con el recelo, la cercanía con la distancia… en difíciles y complejos equilibrios que permiten avanzar en los diferentes ciclos vitales en los que de manera continua y continuada atienden a las personas con el objetivo compartido de lograr una salud entendida esta como una manera de vivir autónoma, solidaria y gozosa.

Estas son las protagonistas de mi narración, las enfermeras comunitarias, en las que creo y a las que admiro.

No puedo, sin embargo, generar un final, un solo final, para esta corta pero intensa narrativa. Y no lo puedo hacer porque existen tantos finales como intervenciones enfermeras se llevan a cabo. Cada final, como su propia evolución, es particular y exclusiva de cada persona y lo es de igual manera la atención prestada por cada enfermera.

No es un idílico relato, ni una almibarada historia, ni una utopía, ni una ilusión. Es simplemente el día a día de muchas enfermeras comunitarias. Lo que sucede es que conocerlo es descubrir una realidad, una vivencia, una experiencia que queda triste y habitualmente oculta. Por eso, precisamente es tan importante el relato.

A partir de aquí incorporen a las enfermeras comunitarias como referentes e identifiquen en ellas a esas protagonistas silenciosas de sus historias de vida, que no es lo mismo que protagonistas subsidiarias o secundarias. Sin ellas nada sería lo mismo.

El futuro está lleno de posibilidades que esperan respuestas como las que ofrecen las enfermeras comunitarias. No hay que esperar a que otros ofrezcan la oportunidad de demostrar de lo que son capaces. Tan solo es cuestión de creer que las posibilidades son realidades que las enfermeras comunitarias pueden transformar en una realidad tan deseable como necesaria. A partir de ahí el futuro es ya parte del presente.

Cualquier parecido con la realidad es totalmente cierto, verídico y comprobable.

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