PALÍNDROMO ENFERMERO

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Me atrevo a decir que las enfermeras somos identificadas por parte de los gestores sanitarios, los políticos, gran parte de la sociedad e incluso por parte de las propias enfermeras como un palíndromo.

Aunque palíndromo hace referencia a las palabras, números o frases que se leen igual adelante que atrás y la palabra enfermera no cumple estos requisitos, la analogía que trato de establecer con dicha figura gramatical obedece más al fondo que a la forma. Más al contenido que al continente. Más a la esencia que a la presencia.

Por razones que escapan al objetivo de esta reflexión y a la extensión que la misma requeriría no voy a entrar a valorar tanto los porqués como los qué. Se tiene la creencia, que se traduce en acciones tan repetidas como repetitivas, de que las enfermeras servimos para todo. Esta versatilidad, que se ha querido disfrazar de cualidad, virtud o ventaja, de manera totalmente interesada y alejada de cualquier valoración real hacia la profesión enfermera y quienes la ejercen, ha llevado a que las enfermeras sirvan lo mismo para un roto que para un descosido. De ahí que aunque la palabra enfermera no cumpla los requisitos para ser considerada un palíndromo, sí que lo cumple su identificación y consiguiente ejercicio profesional. Más por intereses organizacionales que por voluntad de las propias enfermeras, aunque lo acepten como un mal menor que les permite tener una mayor perspectiva laboral. De tal manera que podríamos decir que las enfermeras somos un palíndromo.

Los ejemplos que sustentan dicha analogía son muchos y diversos, pero me voy a centrar en analizar lo que sucede concretamente en el ámbito comunitario y más específicamente en Atención Primaria.

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