PALÍNDROMO ENFERMERO

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Me atrevo a decir que las enfermeras somos identificadas por parte de los gestores sanitarios, los políticos, gran parte de la sociedad e incluso por parte de las propias enfermeras como un palíndromo.

Aunque palíndromo hace referencia a las palabras, números o frases que se leen igual adelante que atrás y la palabra enfermera no cumple estos requisitos, la analogía que trato de establecer con dicha figura gramatical obedece más al fondo que a la forma. Más al contenido que al continente. Más a la esencia que a la presencia.

Por razones que escapan al objetivo de esta reflexión y a la extensión que la misma requeriría no voy a entrar a valorar tanto los porqués como los qué. Se tiene la creencia, que se traduce en acciones tan repetidas como repetitivas, de que las enfermeras servimos para todo. Esta versatilidad, que se ha querido disfrazar de cualidad, virtud o ventaja, de manera totalmente interesada y alejada de cualquier valoración real hacia la profesión enfermera y quienes la ejercen, ha llevado a que las enfermeras sirvan lo mismo para un roto que para un descosido. De ahí que aunque la palabra enfermera no cumpla los requisitos para ser considerada un palíndromo, sí que lo cumple su identificación y consiguiente ejercicio profesional. Más por intereses organizacionales que por voluntad de las propias enfermeras, aunque lo acepten como un mal menor que les permite tener una mayor perspectiva laboral. De tal manera que podríamos decir que las enfermeras somos un palíndromo.

Los ejemplos que sustentan dicha analogía son muchos y diversos, pero me voy a centrar en analizar lo que sucede concretamente en el ámbito comunitario y más específicamente en Atención Primaria.

Cuando se inició el que vino en denominarse nuevo modelo de atención, se nutrió de enfermeras que creyeron en el citado modelo y en las posibilidades que el mismo daba para el crecimiento y, sobre todo, la autonomía profesional. No existía una formación específica, ni una especialidad, ni tan siquiera una experiencia previa. Pero sí que existía una ilusión y una gran motivación. Posteriormente se convocaron oposiciones específicas de enfermeras de Atención Primaria.

Se fue configurando un perfil de Enfermera Comunitaria o Enfermera de Atención Primaria que daba respuesta a necesidades las necesidades de salud de las personas, las familias y la comunidad. Se fueron desarrollando competencias específicas relacionadas con promoción de la salud, educación para la salud, intervención familiar, intervención comunitaria, programas de salud… e incluso se creó la especialidad de Enfermería Familiar y Comunitaria, aunque hasta el momento no se haya concretado su incorporación.

Sin embargo, gestores, políticos, representantes sindicales e incluso enfermeros, creyeron que se rompía la máxima palindrómica de la profesión enfermera y que por lo tanto había que tomar medidas que restituyeran la máxima de “útil para todo”. De esta manera decidieron que las enfermeras tan solo con criterios de antigüedad podían optar a trasladarse desde cualquier servicio hospitalario para trabajar en Atención Primaria que les había sido vendido como el Paraíso laboral en donde se trabajaba poco y se cobraba más, desplazando a enfermeras que habían ocupado gran parte de su vida profesional a desarrollar y dignificar la Atención Primaria.

Restablecido el palíndromo profesional se eliminaron la motivación, la ilusión, la implicación, la responsabilidad… para ser sustituidas por el acomodo, la ética de mínimos, el conformismo, la renuncia… que acompañaron y favorecieron el deterioro de la Atención Primaria.

Paralelamente a este proceso se creó la especialidad de Enfermería Familiar y Comunitaria que, como supone un peligro evidente al palíndromo, se evita su incorporación en Atención Primaria alimentando el palíndromo hospitalario en donde finalmente acaba trabajando mayoritariamente.

De esta manera se maximiza aún más el palíndromo al comprobar como da lo mismo que la enfermera tenga especialidad o no, que sea experta o no, que tenga formación o no… para que pueda trabajar de manera indistinta en cualquier sitio, servicio o centro.

Finalmente el palíndromo es tan solo una figura gramatical que no influye para nada en el lenguaje, es decir, se trata tan solo de una curiosidad, una anécdota que no tiene influencia en la construcción, sentido o análisis gramatical del lenguaje.

Sin embargo, el palíndromo profesional enfermero supone una alteración clara de la valoración, reconocimiento, aportación, organización, liderazgo… de las enfermeras, al identificarlas como piezas multiusos para el puzle biologicista, medicalizado, hospitalcentrista y tecnológico de las organizaciones sanitarias, en las que se les hace encajar aunque ello suponga que el resultado final no suponga una imagen reconocible, porque finalmente lo que verdaderamente importa no es tanto la imagen obtenida como que se rellenen los huecos. ¿No recuerda esto a la figura de correturnos o de enfermera volante?, sin parangón, por cierto, en otros colectivos, lo que nos convierte no tan solo en polivalentes sino también en diferentes.

Por lo tanto el palíndromo enfermero, no tan solo se sigue manteniendo, sino que se potencia y valoriza aunque ello suponga o para que ello suponga un freno a la identificación de competencias específicas, al reconocimiento de la experiencia, a la valoración de la especialidad, a la dignidad de los cuidados… en definitiva al reconocimiento enfermero.

Ampararse en que la prestación de cuidados es algo general que cualquier enfermera puede hacer con independencia de donde lo haga es no tan solo un error mayúsculo sino un atentado a la racionalidad, el sentido común, la ciencia y la conciencia.

Desde esta identificación palindrómica favorecemos la hipérbaton convirtiéndonos en figura retórica que trata de alterar el orden profesional adecuado de las enfermeras en los equipos de trabajo con una intención meramente estética y de conveniencia. Y tendemos a la metáfora al hacer comparaciones directas entre aspectos o cosas que no son similares o no se parecen sugiriendo que uno es otro, pero sin utilizar el nexo comparativo “como”, de tal manera que se acaba concluyendo que “la enfermera es un todo terreno” o “la enfermera volante”, como si de un catálogo automovilístico estuviésemos hablando.

Las enfermeras queremos comportarnos como lo que somos, profesionales competentes en ámbitos específicos. No renunciamos a los cuidados generales, pero no queremos que estos sean utilizados para anular nuestra aportación en ámbitos concretos en los que tenemos experiencia, formación y preparación para prestarlos con la calidad que de nosotras se espera y desea.

Que los únicos palíndromos para las enfermeras sean los que se identifican en composiciones verbales como forma de análisis gramaticales como las que aparecen en la siguiente frase: “Erre que Erre con que las enfermeras somos seres que nos sometemos, sin reconocer nuestro valor”.

Resulta imprescindible situarse en el lenguaje del sentido común, la coherencia y el respeto a las enfermeras en lugar de la retórica institucional, gestora y organizacional que conduce a la ineficacia y la ineficiencia.

            Es imprescindible que las enfermeras dejemos de ser un recurso humano intercambiable para ser identificadas, reconocidas y valoradas como profesionales competentes en entornos específicos en los que poder prestar los mejores cuidados.

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