LA MODA DE LA SALUD, LO SALUDABLE Y LOS CUIDADOS.

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La salud y lo saludable están de moda, al igual que el/los cuidado/s. Existe una tendencia, adoptada por una gran parte de la sociedad, por “mantenerse sano, ser saludable y estar cuidado”. Dicha tendencia, es cierto, se ve reforzada por el bombardeo constante de la publicidad, y los medios de comunicación en general, que ven en la salud, lo saludable y los cuidados, un filón para sus intereses comerciales. De tal manera que de tanto repetirlo los conceptos no tan solo pierden valor sino que se desvirtúan y pervierten, al pasar a ser tan solo modelos estandarizados sujetos al consumo de los productos que los promueven. Por su parte los profesionales de la salud, voluntaria o involuntariamente, se incorporan a la corriente consumista y comercial de la salud y los cuidados generando en la población lo que Carlos Álvarez Darder ha venido en denominar la salud persecutoria.

Pero como toda moda, tiene sus contradicciones. Así nos encontramos con que al generarse una corriente determinada para revelarse como singular, desviándose de las corrientes más comunes, en realidad lo que está creando es otra moda distinta. De tal manera quienes inician esta nueva corriente se identifican como disidentes frente a un grueso de imitadores, pero para Simmel eso no es más que una forma inversa de imitación.

Otra contradicción es que la propagación de una tendencia en la moda, sea cual sea esta, desemboca necesariamente en su fracaso. Toda moda ampliamente aceptada pierde su atractivo al dejar de ser un elemento diferenciador y, por tanto, rápidamente pierde su atractivo para ser reemplazada por otra sin que la anterior haya cubierto las expectativas inicialmente generadas.

Pese a que el seguimiento de una moda es voluntario, las personas que prefieren no seguir dichos mandatos quedan, en cierta forma, apartados de la sociedad y son señalados como raros y, en el caso que nos ocupa, como enfermos desde una perspectiva estigmatizadora. Es el caso, por ejemplo del sobrepeso y la obesidad que a pesar de que siempre han existido, dependiendo de la época y la moda se identifica y valora de manera bien diferente, tal como se refleja en el arte (las tres gracias de Rubens), la ópera (Montserat Caballé)… en las que la obesidad ha estado bien vista e incluso valorada como elemento de distinción en diferentes ámbitos sociales o culturales. Sin embargo, dependiendo de las épocas, la delgadez y la obesidad han estado ligadas a condicionamientos económicos en los países desarrollados. Así en épocas en las que la obesidad estaba aceptada e incluso valorada como sinónimo de salud las clases más desfavorecidas padecían de delgadez. Por su parte cuando la delgadez se incorpora en el circuito de la moda establecida socialmente las clases económicamente más débiles son las más propensas a la obesidad. Paradójico pero cierto, lo que viene a ratificar el fracaso anteriormente mencionado de las modas.

Y esto es, ni más ni menos, lo que ocurre con la moda de la salud, lo saludable y los cuidados. Todo aporta, al menos así se vende, salud, ser saludable y cuidar. Los pañales, las compresas, el agua mineral, los alimentos (con independencia de que sean vegetales o animales), la ropa, los productos de belleza… cuidan de la piel, el cuerpo, la digestión, la nutrición, la hidratación… aportan salud y contribuyen a mantener un entorno saludable.

Durante mucho tiempo, los cuidados han estado relegados a lo doméstico a lo femenino, sin valor y sin reconocimiento. De ahí que los cuidados enfermeros no estuviesen valorados y se identificasen como una aportación menor y sin valor científico ni profesional. Tanto es así que hasta las propias enfermeras interiorizaron esa percepción sobre lo que aportaban como profesionales, desvalorizando su aportación. Las enfermeras, generalmente, continuamos pensando que nuestro trabajo, los cuidados enfermeros,  es poco reconocido más allá de los aspectos afectivos, que sin dejar de ser satisfacciones muy dignas, no pueden y no deben quedar relacionadas tan sólo a ellos. Al reivindicar exclusivamente como éxito las satisfacciones subjetivas se limitan al círculo de lo afectivo, doméstico y privado el espectro de posibilidades de realización con que cuenta todo ser humano y, por lo tanto, limitando las posibilidades de realización con que cuentan las enfermeras.

Pero paradójicamente se da la circunstancia de que mientras decrece el valor de los cuidados enfermeros crece exponencialmente el valor de los cuidados en general dado que, como ya hemos dicho, todo parece tener capacidad de cuidar. Pero es que además mientras hace algunos años cuando se hablaba de cuidados se pensaba exclusivamente en las enfermeras, ahora todas las profesiones de la salud reclaman los cuidados como parte inequívoca de su aportación. Así médicos, farmacéuticos, nutricionistas, trabajadores sociales, fisioterapeutas, podólogos… cuidan. Resulta, cuanto menos curioso, que por ejemplo los fisioterapeutas y podólogos que abandonaron la enfermería para pasar a ser profesiones independientes ahora estén reclamando el cuidado al que renunciaron en su día. Y mientras tanto las enfermeras mirando hacia otra parte y dejando que la esencia de su profesión, los cuidados, tengan cada vez menos valor en favor de una invasiva tecnología que desvirtúa y deshumaniza la esencia de la Enfermería convirtiéndola, de nuevo, en esclava de las técnicas. No se trata de cambiar técnicas por cuidados. Ambas son compatibles. Peor la técnica sin cuidado enfermero se rutiniza, mecaniza y despersonaliza, perdiendo toda capacidad de empatía.

Es cierto que los cuidados no son exclusividad de las enfermeras. Pero no es menos cierto que los cuidados enfermeros si que lo son y debemos, como enfermeras, darles valor y lograr que los mismos sean identificados por toda la comunidad como el bien intrínseco, es decir, como aquello que las enfermeras proporcionan de forma única a la sociedad y que constituye un servicio indispensable para su mantenimiento y que  no pueden invisibilizarse provocando situaciones irresponsables, arriesgadas y peligrosas tanto para enfermería como profesión como para las enfermeras como profesionales.

Por lo tanto, no se trata de modas. Tanto la salud como los cuidados son activos intangibles descritos por Chris Argyris como aquellos que no se pueden comprar, o que no se pueden limitar, o que no pueden ser fácilmente sustituidos, y en consecuencia son responsabilidad de las enfermeras que deben darle no tan solo visibilidad sino identidad diferenciadora para contribuir a generar entornos saludables. Tan solo desde ese planteamiento se pasará de formulismos de marketing, comerciales y economicistas como los que actualmente se realizan en muchas propuestas a planteamientos con fundamento y posibilidades de desarrollo real en los que las enfermeras deben jugar un papel determinante junto a la comunidad en la que se pretendan implementar.

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