HISTORIAS DE VIDA DE LA MIGRACIÓN

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Vídeo que relata historias reales de una situación como la migración que ignoramos, en el mejor de los casos, y que encierran historias de vida, sueños y esperanzas que lamentablemente casi nunca se alcanzan. Realizado por Cozar Más López, Eva Mª Muñoz Ferrer, Raquel Sánchez Pastor y Mª Soto Martínez, estudiantes de 4º de enfermería de la Universidad de Alicante.

EL PLAN NUEVO DEL GERENTE O LA MEDIOCRIDAD DE LA GESTIÓN

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A todas/os cuentas/os luchan contra

la mediocridad y las/os mediocres

 

Había un Gerente tan aficionado a salir en los medios de comunicación para adquirir notoriedad y cultivar su imagen, que ocupaba todo su tiempo en idear cualquier cosa por la que ser entrevistado o fotografiado.

No se interesaba por sus profesionales, ni por el hospital o sus centros de salud ni le gustaba salir de su lujoso, a menos que fuera para lucir su imagen y pavonearse de sus ficticios. Tenía una historia que contar para cada radio, periódico o televisión. Siempre estaba en disposición de aportar un nuevo reportaje, una nueva estrategia o un nuevo plan, y de la misma manera que se dice de un ministro: “Está en el Consejo”, de nuestro hombre se decía: “El Gerente está en los medios de comunicación”.

El área que supuestamente gestionaba el Gerente, por lo tanto, era muy conocida. Periódicamente era objeto de vistas de otros profesionales interesándose por los logros que su Gerente se encargaba de lucir. Un día se presentaron en el despacho del Gerente dos personajes que se hacían pasar por magníficos planificadores sanitarios, asegurando que sabían planificar las más maravillosas estrategias y los más increíbles planes jamás vistos. No solamente los objetivos y los planes eran fantásticos, sino que las actividades con las que daban respuesta a los mismos poseían la milagrosa virtud de ser invisibles a toda persona que no fuera apta para su cargo o que fuera irremediablemente mediocre.

-¡Deben ser planes magníficos! -pensó el Gerente-. Si los tuviese, podría averiguar qué jefes de servicio, directores médicos y directoras enfermeras del Área de Salud son ineptos/as para el cargo que ocupan. Podría distinguir entre los inteligentes y los mediocres. Nada, que se pongan enseguida a planificar-. Y mandó poner a disposición de los dos supuestos planificadores todos sus recursos para que se pusieran manos a la obra cuanto antes.

Ellos montaron un despacho y simularon que trabajaban; pero no tenían nada sobre la mesa. A pesar de ello, se hicieron suministrar los mejores equipos informáticos, las mejores publicaciones científicas y la wifi más potente, mientras seguían haciendo como que trabajaban en el despacho vacío hasta muy entrada la noche.

«Me gustaría saber si avanzan con la planificación»-, pensó el Gerente. Pero había una cuestión que lo tenía un tanto cohibido, a saber, que un hombre que fuera inepto o mediocre para su cargo no podría ver lo que estaban diseñando. No es que temiera por sí mismo; sobre este punto estaba tranquilo; pero, por si acaso, prefería enviar primero a otro, para cerciorarse de cómo andaban las cosas. Todos los profesionales del Área estaban informados de la particular virtud de aquel plan, y todos estaban impacientes por ver hasta qué punto su compañera/o era mediocre o incapaz.

«Enviaré a mi Director Médico a que visite a los planificadores -pensó el Gestor-. Es leal y obediente y el más indicado para juzgar de las cualidades del plan, pues tiene talento, y no hay quien desempeñe el cargo como él».

El obediente Director Médico se presentó, pues, en el despacho ocupado por los dos embaucadores, los cuales seguían trabajando en los caros y potentes equipos informáticos. «¡Dios nos ampare! -pensó el Director Médico para sus adentros, abriendo unos ojos como platos-. ¡Pero si no veo nada en las pantallas, ni hay papeles!». Sin embargo, no soltó palabra.

Los dos timadores le rogaron que se acercase y le preguntaron si no encontraba magníficos los gráficos y las tablas del plan. Le señalaban la pantalla apagada, y el pobre hombre seguía con los ojos desencajados, pero sin ver nada, puesto que nada había. «¡Dios santo! -pensó-. ¿Seré tonto acaso? Jamás lo hubiera creído, y nadie tiene que saberlo. ¿Es posible que sea inútil para el cargo? No, desde luego no puedo decir que no he visto el plan».

-¿Qué? ¿No dice usted nada del plan? -preguntó uno de los planificadores.

-¡Oh, fantástico, maravilloso! -respondió el Director Médico mirando a través de las gafas-. ¡Qué innovador y que claridad! Desde luego, diré al Gerente que me ha gustado muchísimo

-Nos da una buena alegría -respondieron los dos planificadores, dándole explicaciones de las acciones y describiendo las supuestas gráficas. El Director tuvo buen cuidado de memorizar las explicaciones para poder repetirlas al Gerente; y así lo hizo.

Los planificadores pidieron entonces más dinero, recursos, impresoras y fotocopiadoras, ya que lo necesitaban para seguir trabajando. Todo desaparecía conforme les llegaba, pues ni uno solo de los aparatos se empleó en dar forma al plan, y ellos continuaron, como antes, haciendo como que trabajaban en los instrumentos inactivos.

Poco después el Gerente envió a su Directora Enfermera de confianza a inspeccionar el estado del plan e informarse de si quedaría pronto listo. A la Directora Enfermera le ocurrió lo que al Director Médico; miró y miró, pero como en el despacho no había nada, nada pudo ver.

-¿Verdad que es un plan fantástico? -preguntaron los dos tramposos, señalando y explicando el maravilloso plan que no existía.

«Yo no soy tonta -pensó la directora-, y el puesto que tengo no lo suelto. Sería muy penoso. Es preciso que nadie se dé cuenta». Y se deshizo en alabanzas del plan que no veía, y ponderó su entusiasmo por aquellos magníficos gráficos y aquel soberbio plan.

-¡Es digno de admiración! -dijo al Gerente.

Todos los profesionales del Área hablaban del magnífico plan, tanto, que el Gerente quiso comprobarlo con sus propios ojos antes de que se publicase. Seguido de una multitud de profesionales escogidos, entre los cuales figuraban los dos Directores de marras, se encaminó al despacho donde supuestamente trabajaban incansablemente los planificadores, los cuales continuaban trabajando con todas sus fuerzas, aunque sin datos, informes o estrategias.

-¿Verdad que es admirable? -preguntaron los dos dignos y leales Directores-. Fíjese Señor Gerente en estos gráficos y estos objetivos -y señalaban las pantallas apagadas, creyendo que los demás veían lo que en ellas aparecía.

«¡Cómo! -pensó el Gerente-. ¡Yo no veo nada! ¡Esto es terrible! ¿Seré tan mediocre? ¿Acaso no sirvo para gerente? Sería espantoso».

-¡Oh, sí, es fantástico! -dijo-. Me gusta, lo apruebo-. Y con un gesto de agrado miraba la pantalla inerte; no quería confesar que no veía nada.

Todos sus fieles acompañantes miraban y remiraban, pero ninguno sacaba nada en limpio; no obstante, todo era exclamar, como el Gerente: -¡oh, qué maravilla!-, y le aconsejaron que presentase el plan elaborado convocando una rueda de prensa a la que asistieran todos los medios de comunicación. -¡Es espectacular, sorprendente, extraordinario!- corría de boca en boca, y todo el mundo parecía extasiado con él.

El Gerente alabó a los falsos planificadores y les otorgó una mención especial que entregó públicamente en el Consejo de Administración del Área al que invitó al mismísimo Consejero de Salud.

Durante toda la noche que precedió al día de la rueda de prensa, los dos embaucadores estuvieron levantados, con todas las luces encendidas, para que todas/os viesen que trabajaban activamente en la confección del asombroso plan que iba a presentar el Gerente. Simularon imprimir todo el plan, encuadernarlo con gran lujo de detalles y; finalmente, dijeron: -¡Por fin, el plan está listo!

Llegó el Gerente en compañía de sus principales colaboradores, y los dos falsos planificadores, sosteniendo un paquete de folios como si fuese el plan lujosamente encuadernado dijeron:

-Este es el plan. Ahí está la justificación. -Aquí tiene los objetivos… La redacción es sencilla y sin aspavientos narrativos. Pareciera como si no hubiese nada escrito, pero precisamente este es el gran privilegio y éxito del plan.

-¡Sí! -asintieron todos los colaboradores, a pesar de que no veían nada, pues nada había.

-¿Quiere leer usted antes todo el contenido del plan para que pueda realmente hacerse una idea de la magnitud del mismo?

Con gran ceremonial se sentó el Gerente en uno de los cómodos, lujosos y caros sillones encargados por los falsos planificadores se acomodó sus gafas y ambos timadores procedieron a dar explicaciones sin sentido alguno al Gerente pasando las hojas en blanco en las que señalaban los hipotéticos gráficos, desgranaban los datos aparentes y relataban las supuestas. Y pasando el brazo por encima de los hombros del Gerente trataban de reforzar su confianza ante el incomprensible discurso que le estaban trasladando; y el Gerente todo era asentir mientras miraba a sus colaboradores que hacían idénticos gestos de asentimiento.

-¡Qué barbaridad, y qué bien que va a quedar usted ante los Medios de Comunicación, Es insuperable! -exclamaban todos-. ¡Menuda planificación! ¡Es un plan sin precedentes!

– Vayamos hacia el salón donde se congregan todas/os las/os periodistas para que les traslade tan inigualable Plan – anunció su Jefe de Gabinete.

-Muy bien, estoy a punto -dijo el Gerente ¿Verdad que es fantástico? – y miró de nuevo el bloque de folios en blanco que sostenía entre sus manos, para que todos creyeran que veía el contenido del Plan.

Los colaboradores le tomaron los folios al Gerente para acompañarle al Salón de prensa, y avanzaron con el invisible plan entre sus manos. Por nada del mundo hubieran confesado que no veían nada. Y de este modo avanzó el Gerente hacía la rueda de prensa convocada, mientras muchas/os profesionales que habían sido llamados a acudir, decían:

-¡Qué gran plan de trabajo ha preparado el Gerente! ¡Qué gran cambio va generar! ¡Qué fantástico es todo!

Nadie permitía que los demás se diesen cuenta de que nada veía, para no ser tenido por incapaz en su cargo o por estúpido. Ningún plan anterior del Gerente había tenido tanto éxito como aquél.

-¡Pero si son folios en blanco! -exclamó de pronto una enfermera.

-¡Por el amor de Dios, escuchen lo que hace la ignorancia y la envidia! -dijo el Director Médico, mientras la directora Enfermera se apresuraba a amonestar a tan insolente enfermera; y todas/os fueron repitiéndose al oído lo que acababa de decir la enfermera.

-¡Son folios en blanco; es una enfermera la que dice que no lleva nada escrito!

-¡Pero si no lleva nada escrito! -dijeron, al fin, todas/os.

Aquello inquietó al Gerente, pues empezó a pensar que tenían razón; pero pensó: «Hay que aguantar hasta el fin». Y siguió más altivo que antes; hasta llegar a la Sala de Prensa donde se agolpaban periodistas y fotógrafas/os que disparaban sus instantáneas para regocija y pavoneo del Gerente que ya había olvidado lo que acababan de decir sus profesionales.

Los hipotéticos creadores del plan ya habían desaparecido y ante un montón de folios en blanco ni el Gerente ni ninguno de sus leales colaboradores/as pudieron explicar nada del anunciado mejor plan de salud jamás planificado.

Que cada cual ponga la moraleja que considere a esta adaptación del cuento “El traje nuevo del Emperador” de Hans Christian Andersen[1]  en un mundo como la gestión sanitaria tan cercana a esta metáfora infantil. Y es que, los mediocres no quieren que los demás superen la mediocridad.

[1] Odense, 2 de abril de 1805 – Copenhague, 4 de agosto de 1875. Fue un escritor y poeta danés, famoso por sus cuentos para niños.