SALUD GLOBAL (Salud urbana) + (Salud rural). Una ecuación sin resolver

“Era un desconocido más en la ciudad de los desconocidos ilustres.”

Gabriel García Márquez [1]

 

Desde hace algunos años y de manera progresiva se están produciendo verdaderos problemas para dar cobertura de atención a la salud en muchas zonas rurales. Atención en general, pero de manera muy especial, por las consecuencias que tiene, de atención primaria. Es una dificultad que, además, es tanto más importante, cuanto más aislada, lejana, despoblada…sea la zona rural. Hasta tal punto que en ocasiones el problema se convierte en irresoluble al no poder cubrir los puestos de médico y/o enfermera, por este orden, no por cuestión jerárquica sino por ser más compleja la cobertura médica que la enfermera.

El problema, sin embargo y desde mi punto de vista, no se corresponde con el argumento que fundamentalmente el colectivo médico está tratando de trasladar a la sociedad desde un planteamiento victimista que ni se ajusta a la realidad, ni tiene una solución tan simplista como la planteada con el aumento de médicos o la mejora de las condiciones laborales como causas exclusivas. Ya he comentado en muchas ocasiones que la solución no pasa por un aumento lineal de plazas. Resulta imprescindible hacer un análisis de las necesidades en cada una de las zonas básicas de salud o contextos de intervención que permita racionalizar los recursos adaptando el número de profesionales a dichas necesidades identificadas. Las famosas ratios en las que se basan para reivindicar un aumento de profesionales no responden a la realidad y su aplicación genera importantes inequidades entre territorios con centros de salud sobredimensionados en contraposición a otros infradotados. Recientemente el actual Secretario General de Sanidad del Ministerio, poco sospechoso de posicionamientos caprichosos contra el colectivo médico, hacía unas declaraciones en este sentido[2]. Lo que sitúa el debate en un plano que va más allá de lo que algunos intentan plantear, sin fundamento alguno, como una cuestión de rencillas interdisciplinares, a las que, por otra parte, tan acostumbradas/os nos tienen en múltiples ocasiones.

Pero este es tan solo uno de los factores que incide en la falta de cobertura de atención y posiblemente no sea de los más importantes, aunque se quiera hacer creer lo contrario.

Repasemos algunas cuestiones que pueden hacer entender mejor este problema que no afecta, o no al menos con la magnitud que lo hace en otros sentidos, tan solo a los médicos.

Es notorio y no está sujeto a interpretación alguna el hecho de que en los últimos años se ha producido un abandono progresivo en la elección de plazas de especialización en Medicina Familiar y Comunitaria, hasta el punto de dejar desiertas centenares de plazas[3]. Dicho abandono obedece, entre otras razones, al hecho de que la citada especialidad no responde a las expectativas profesionales del modelo médico que se inculca en las facultades de medicina y que coincide con el que impregna, lamentablemente, los sistemas de salud o sanitarios. Más aún cuando actualmente, y con acierto, se están tratando de llevar a cabo transformaciones en Atención Primaria que respondan más a las necesidades de las personas, las familias y la comunidad, que a intereses corporativistas para lograr mantener un modelo asistencialista como reflejo del hospitalario que, sin duda, atrae más la atención y las preferencias de los médicos.

A ello hay que añadir la recientemente aprobada especialidad médica de urgencias y emergencias que conllevará a medio/largo plazo a que los médicos de familia dejen de asumir la atención continuada en los centros de salud, aumentando aún más el desinterés creciente por ocupar plazas de medicina de familiar y comunitaria lo que representará perder una parte importante del componente clínico y, no lo olvidemos, económico, que lógicamente se verán mermadas al dejar de asumir la realización de las guardias de urgencias que van a ser reclamadas, sin duda, por los nuevos especialistas de urgencias y emergencias.

Resulta paradójico por otra parte que los médicos de familia reivindiquen cada vez con mayor insistencia la asunción de competencias relacionadas con la tecnología y la clínica, tales como la realización de ecografías, la cirugía menor -que no olvidemos fue desarrollada inicialmente por enfermeras-… en un momento en que se plantea un cambio del modelo patogénico por otro salutogénico en el que, precisamente, estas prácticas no parecen tener encaje. No quiero decir que no deban aproximarse este tipo de pruebas a la población para hacerlas más accesibles. Lo que debe plantearse no es dejar de hacerlas, sino quién debe asumirlas. Porque si los profesionales de Atención Primaria, médicos y enfermeras, las asumen supone que no van a poder realizar las acciones de promoción de la salud, atención e intervención comunitaria, educación para la salud… que el modelo `planteado incorpora como estrategias fundamentales. Por tanto, deberán llevarse a cabo cambios de organización significativos que permitan articular la proximidad de pruebas especiales con las estrategias comunitarias sin que unas supongan la anulación de las otras y que, como tradicionalmente ha sucedido, las segundas acaban por sucumbir a las primeras. Otra cuestión es si ese modelo salutogénico responde a las expectativas profesionales de los médicos y si están dispuestos a asumirlas como parte de su actividad fundamentalmente curativa y centrada en la enfermedad. Por eso resulta imprescindible que los cambios se incorporen también en los planes de estudio de los profesionales de ciencias de la salud en general y de los médicos en particular y que no se circunscriban exclusivamente a la Atención Primaria, debiendo abordarse de manera integral para lograr el cambio del modelo Sanitario en su conjunto. Lo contrario será una pérdida de tiempo, dinero e ilusión.

Otras alternativas planteadas, fundamentalmente por parte de los médicos, se centran en la asunción de nuevas competencias por parte de las enfermeras en Atención Primaria. El problema no es que las enfermeras puedan asumirlas, que pueden y están preparadas para ello, sino que se pretende que lo hagan con el principal objetivo de “aliviar” la carga de los médicos con el fin de que ellos tengan tiempo para hacer lo que quieren hacer, pero sin que ello suponga, en ningún caso, la pérdida de tutela de dichas competencias por su parte. Se pretende que las enfermeras asuman dichas competencias de manera subsidiaria, bajo su tutela, supervisión y control. Es decir que las enfermeras dejen de hacer lo que tienen que hacer para resolver el problema que los médicos han generado con su modelo paternalista, dependiente y asistencialista. Desvestir un santo para vestir otro.

Mientras todo esto sucede y a pesar de lo que inicialmente parecía ser una clara apuesta por los cuidados profesionales enfermeros a través de la Iniciativa para el Marco de Cuidados del Sistema Nacional de Salud (SNS) – (IMACU), sigue sin abordarse con la determinación necesaria para que se convierta en una realidad que saque del ostracismo, la subsidiariedad y la indiferencia institucional y organizacional a los cuidados profesionales enfermeros. Seguimos anclados en propuestas cargadas de intenciones y buenas palabras que no se concretan en resultados tangibles que contribuyan al avance de la imprescindible transformación de los sistemas de salud, anclados en la retórica medicalizada que impiden los cambios que se siguen paralizando desde el poder corporativista que alimenta y perpetúa los mismos.

Lejos de existir un intento por parte de las enfermeras de asumir competencias, como forma de obtener notoriedad o reconocimiento, lo que sucede es que siguen existiendo barreras normativas, organizativas y estructurales que limitan el desarrollo profesional y disciplinar de las enfermeras y con ello se priva a la sociedad de ser atendidos con la calidad y la calidez que les corresponde y merecen como respuesta a su dignidad humana. En este sentido y evitando hacer una relación exhaustiva de las citadas barreras, como muestra voy a referirme al “botón” de la especialidad de Enfermería Familiar y Comunitaria que tras más de 14 años formando especialistas aún no se ha normalizado ni normativizado, lo que provoca que muchas de las enfermeras formadas, actualmente, se encuentren trabajando en ámbitos ajenos a la Enfermería Comunitaria o la Atención Primaria o bien lo hagan sin que se reconozca su especialidad.

Este hecho, real y contrastado, no debe entenderse exclusivamente como una reivindicación a lograr, sino como un derecho que debe ser regulado y desarrollado por los órganos responsables tanto a nivel nacional como autonómico. No hacerlo supone un verdadero despropósito. Pero además representa un despilfarro del dinero público invertido para la formación de dichas especialistas durante dos años a un coste muy elevado y que posteriormente no se rentabiliza a través de la contratación de dichas especialistas en plazas específicas, debidamente reguladas, adecuadamente definidas, convenientemente retribuidas y eficazmente articuladas en las diferentes organizaciones del Sistema Nacional de Salud. No hacerlo, como sigue sucediendo, es por tanto un claro fraude de ley. En otras palabras, pero con idéntico sentido se manifestaba recientemente el actual secretario de Estado de Sanidad del Sistema Nacional de Salud español, Javier Padilla, al declarar que “No aprovechamos a las enfermeras especialistas; las tiramos por el desagüe”[4].

Palabras que viniendo de un alto responsable ministerial están, cuanto menos, libres de sospecha o de tratamiento de favor hacia las enfermeras, como rápidamente algunas/os de quienes siempre están pendientes de cualquier comentario que no les beneficie, se apresuraron a comentar con tono despectivo.

Sin embargo y sin quitar el valor que dichas declaraciones tienen, temo que puedan ser, nuevamente, declaraciones de interés, palabras bien intencionadas, halagos sin consecuencias… que no se traducen en hechos concretos y palpables que permitan realmente generar los cambios necesarios que precisa la población. Estamos inmersos en un escaparate permanente de palabrería en el que se trata de contentar a unas/os u otras/os o, al menos, evitar no disgustar a nadie. Promesas incumplidas, análisis superficiales, reflexiones sesgadas, compromisos vacíos, interés mal disimulado… que acaba por no concretarse en nada real y productivo.

Es un laberinto del que resulta difícil salir y en el que permanentemente se cambia el sentido de salida o llegada con el fin de que las enfermeras sigan dando vueltas perdiendo el tiempo y la paciencia o se cansen y se limiten a pasear por sus pasillos, o se acomoden y descansen a la sombra. Pero al final todos los recorridos conducen al mismo lugar, la invisibilidad. Nadie sabe realmente quién está dentro del laberinto, ni lo que en él hacen, pero todos dicen que son muy importantes.

A todo esto, hay que añadir otro factor como es el de la concepción que actualmente, en nuestra sociedad, se tiene del trabajo de atención a la salud. Salvando todas las excepciones, que existen y son muy loables, Enfermería, Medicina, Fisioterapia… se han convertido en modos de subsistencia, de trabajo seguro, de comodidad… No existe el sentimiento de orgullo de pertenencia profesional, la vocación se manosea, la ética pasa a ser una mera etiqueta, la solidaridad una pose, la inmediatez se impone a la constancia, la individualidad a lo colectivo, la productividad a la compasión, la eficiencia a la eficacia, el confort al bienestar, la enfermedad a la salud… y todo esto se identifica que se logra de manera mucho más fácil, segura, rápida y relajada en el ámbito urbano que en el rural.

Un ámbito, el urbano, en el que resulta mucho más fácil pasar desapercibido, en el que el compromiso se limita al cumplimiento horario, la iniciativa al uso de las TIC, la implicación se identifica como una imposición, la ilusión se traduce en hacer menos y cobrar más, el equipo no pasa de ser un grupo, la participación una obligada colaboración, la comunidad un sumatorio de gente, la familia un domicilio, la atención es asistencia puntual y rápida, la persona se sustituye por su enfermedad, la edad un inconveniente, las redes sociales limitadas a los dispositivos electrónicos, la salud un producto de marketing…

Mientras tanto en el ámbito rural, y cuanto más rural mucho más aún, el reconocimiento es referencia, la relación es compromiso, la comunicación complicidad, el tiempo intemporal, la confianza implicación, la participación es consenso, la salud una forma de vivir y convivir, las redes sociales un factor de protección, la edad es cúmulo de experiencia, la persona centra la atención, la familia un ámbito de intervención, la comunidad personas con necesidades colectivas reconocibles…

No se trata de una máxima en la que se den siempre estos factores, características o comportamientos, pero lo bien cierto es que la sociedad marca una forma de vida y convivencia que modula las relaciones, la comunicación, la percepción del tiempo o del espacio… y todo ello determina una forma de actuar y, sobre todo, de elegir dónde ser enfermera, médico, fisioterapeuta…

La desertificación rural no es una casualidad. Es la consecuencia de identificar nuestra aportación como un producto, como un recurso, como un bien… destinado a obtener beneficio económico en contraposición al beneficio o satisfacción profesional, asimilándolo al bienestar como estilo de vida preferente.

Se da la paradoja que el anonimato, el aislamiento, la soledad, la desconexión… que se identifican como aspectos característicos y negativos del ámbito rural de los que se quiere huir, son precisamente los que se dan con más frecuencia y, sobre todo, con efectos más demoledores en el ámbito urbano.

Y todo ello determina que se renuncie al desarrollo profesional en el ámbito rural. Que la elección de la especialidad de medicina familiar y comunitaria, principalmente, sea cada vez menos una opción, al identificarla como una amenaza a la ambición profesional, lo que determina la dificultad de cobertura de plazas en dichos ámbitos poblacionales. Algo que se replica en todo el contexto iberoamericano y que supone un verdadero problema de cobertura y de accesibilidad a un derecho fundamental como es la salud de todas las personas. La salud debe ser un resultado factible y real para todos y no una incógnita a despejar en función de las variables que conformen la ecuación, para lograr un resultado incierto y limitado a unos cuantos.

Las enfermeras pueden ser la mejor respuesta a esta situación de abandono progresivo que de momento se da en mayor medida en poblaciones rurales, pero de la que no están exentas las poblaciones urbanas, sobre todo las más vulneradas. Se trata de que las enfermeras, en primer lugar, identifiquen que esto es una opción real para la que tienen competencias sin requerir el amparo, vigilancia y control de ningún otro profesional y sin que ello suponga una invasión. Apuesta por la que han optado ya muchos países.

Por otra parte, el colectivo médico, debe abandonar de una vez su pertinaz temor a ser invadidos al mismo tiempo que entiendan que compartir determinados espacios de desarrollo profesional no supone una pérdida. Dejar de actuar como el perro del hortelano que ni come ni deja comer, facilitaría la conciliación entre sus intereses profesionales y las necesidades de salud de la población. Las enfermeras, por su parte, no son okupas que invaden “sus propiedades” como se quiere hacer ver.

No se puede seguir planteando la atención a la salud como un botín. La racionalización, la eficacia, la eficiencia, la coherencia, el consenso, el respeto… deben integrarse en el comportamiento de todas/os para lograr soluciones de salud global.

Parece razonable que entre miembros de disciplinas científicas se logre una comunicación basada en la defensa de la salud global y no tan solo en una mal entendida salud corporativa de unas/os u otras/os.

Las personas, las familias y la comunidad, lo son con independencia de su ubicación espacial o sus características geográficas. Su salud no puede seguir dependiendo de los intereses de nadie por legítimos que estos puedan o quieran ser interpretados. El bien común del derecho y abogacía por la salud siempre debe prevalecer sobre el interés individual de nadie. No entenderlo así es una contradicción para quienes dicen defender la salud.

[1] Escritor, guionista, editor de libros y periodista colombiano. (1927-2014).

[2] https://www.diariomedico.com/medicina/politica/javier-padilla-debate-falta-medicos-totalmente-esteril-haymas.html?check_logged_in=1

[3] https://www.redaccionmedica.com/secciones/formacion/la-asignacion-mir-extra-solo-deja-vacantes-en-familia-que-empeora-con-2461536#:~:text=La%20especialidad%20que%20no%20consigue,extraordinaria%20de%202023%20quedaron%20131.

[4] https://diarioenfermero.es/padilla-no-aprovechamos-a-las-enfermeras-especialistas-las-tiramos-por-el-desague/?idU=1

A PROPÓSITO DE UN ANUNCIO Realidad social y respuesta de cuidados

“La familia no es la sangre. Es la gente que te ama. Las personas que te cuidan la espalda”

Cassandra Clare[1]

 

                                                                           Para Rosy Galicia y Erick Landeros de la BUAP por su compromiso con la continuidad de cuidados enfermeros.

 

El otro día, como tantos otros, iba caminando por la calle absorto en mis pensamientos posiblemente, porque no lo recuerdo, dando repaso a los imponderables del día y los compromisos del mañana, cuando reparé en una valla publicitaria. No fue lo que en la misma se publicitaba como producto de mercado lo que llamó mi atención, pues no fue hasta bastante más tarde cuando reparé en este detalle que paradójicamente debería ser lo que principalmente captase mi atención, algo que no sé si las/os publicitas habrán diseñado para que suceda de esta manera o si, mi observación y mirada enfermera, habrán tenido la culpa de la alteración del orden de preferencias prefijado por las/os autoras/os del citado anuncio.

Sea como fuese y teniendo en cuenta que mi intención no pasa por analizar el efecto de atracción de la publicidad en cuestión, trataré de explicar el por qué de mi atención a propósito del anuncio.

La imagen que ilustra en más de tres cuartas partes la inmensa valla publicitaria y que sirve de cabecera a la presente reflexión, presenta una fotografía en la que un hombre de edad ni muy joven ni muy mayor, constitución física acorde a los cánones actuales de belleza, de nacionalidad no definida aunque de etnia no autóctona, de buena presencia y con una amplia sonrisa mira con afecto y simpatía a un gran perro que sentado en sus cuartos traseros observa atento a su supuesto compañero quien lleva a cabo la labor de limpieza o preparación de verdura en la bancada de una elegante y amplia cocina. Espacio en el que puede observarse igualmente el lugar de descanso y avituallamiento del can en cuestión.

Hasta aquí, más allá de las preferencias por la raza de la mascota en cuestión o la atracción hacia el modelo que corta abstraído el calabacín, más pendiente de su compañero que de la tarea que está realizando, nada destacable. Podría decirse que se trata de un anuncio más de los miles que se exhiben en las calles de nuestras ciudades o pueblos.

Pero, repito, mi mirada enfermera no pudo por menos que analizar la imagen desde una perspectiva diferente a la que, con absoluta seguridad, tenía intención de atraer la atención de potenciales clientes de materiales de construcción la empresa que se publicitaba.

La citada imagen, creo, nos traslada a una realidad social que no sé si está premeditada y cuidadosamente elegida o si se trata de una apuesta por llamar la atención de un determinado sector de población, o si son ambas cosas a la vez. Lo bien cierto es que refleja un determinado y cada vez más frecuente perfil social con, claro está, variables modificadoras en función de escalas económicas y sociales.

El anuncio que utilizo como referencia a mi reflexión, recoge precisamente una de esas nuevas estructuras familiares. No la única, pero si una cada vez más frecuente.

Antes de nada, quisiera analizar algunos datos destacables que considero sirven de argumento a mi posterior reflexión. Por una parte, el número de nacimientos continúa con la tendencia a la baja de la última década, sólo interrumpida en 2014. De hecho, desde el año 2013, el número de nacimientos ha bajado un 24,1% y vuelve a batir un récord a la baja, convirtiéndose en el dato más bajo de la serie histórica, que se remonta a 1941[1], reduciéndose el indicador coyuntural de fecundidad; hasta 1,19 hijos por mujer en 2021, entre los valores más bajos del entorno europeo3. Así mismo y no menos significativo es el hecho de que la edad media de la maternidad se ha elevado por encima de los 30 años, siendo en 2021 de 32,6 años. A ello hay que añadir la incorporación progresiva de la mujer al mercado laboral, de tal manera que la presencia de la mujer en el conjunto del empleo, según datos de 2022, se eleva al 46,2%, 4,9 puntos más que en 2007. En relación con 2007, la mujer eleva su presencia en el empleo en todos los grupos de edad, aunque han sido las mujeres de 55 a 64 años las que más han aumentado su peso en el conjunto del empleo de su grupo etario (en 2022 es 10,5 puntos superior que en 2007), La tasa de ocupación de las mujeres de 16 a 64 años supera el 60% en 2022, cifra máxima de la serie[2].

Así mismo en España, uno de cada cuatro abuelos cuida de sus nietos y dedica un promedio de siete horas diarias para su cuidado. Esta cifra contrasta con la media europea, puesto que, si bien más abuelos se ocupan del cuidado de sus nietos, lo hacen por menos tiempo, cinco horas diarias, lo que incorpora nuevas variables en el cuidado[3].

Por otra parte, la mitad de españoles conviven con una mascota, y ocho de cada diez las considera como parte de la familia, el 74% los incluye en sus fotografías familiares y un 7% les llama hijos, lo que les convierte en ‘pet parent’ (parientes/padres de mascotas)[4] (Figura 1)

                                          Figura 1.

El aumento del número de mascotas es progresivo en España, estando relacionado, entre otras razones, por el cariño y la compañía que aportan estos animales[5]. Esto conduce a que tal como se desprende de la encuesta de presupuestos familiares, del INE, el gasto en “Animales domésticos, productos y servicios relacionados” en los últimos 7 años haya ascendido un 77% de media en España. Esta partida de gasto excluye el gasto en servicios veterinarios[6].

Lo bien cierto es que la estructura familiar tal y como hasta no hace tantos años teníamos identificada producto del nacional catolicismo impuesto por la dictadura de Franco, se ha modificado de manera sustancial. Hemos pasado de las familias tradicionales extensas en las que convivían, en un mismo espacio, tres y hasta cuatro generaciones, a núcleos familiares de una sola generación o a lo sumo de dos compuestas, generalmente, por tres o cuatro miembros. Familias monoparentales/maternales. Familias de parejas diversas. Familias de un solo miembro con compañía o no de mascotas…

Todo ello dibuja una demografía diversa y con unas características específicas que tienen unas consecuencias, directas e indirectas, en el comportamiento social y en la forma en como se da respuesta a la necesidad de cuidados en el ámbito familiar que, durante décadas, ha sido el principal espacio en el que se prestaban. Siendo la familia y en particular las mujeres las que asumían, como respuesta al rol que socialmente se les asignaba, la prestación de los cuidados necesarios a los miembros de la familia tanto sanos como enfermos.

En cualquier caso, me gustaría aclarar que sobre lo que reflexiono en esta entrada, es sobre los cuidados familiares y profesionales y su continuidad. En ningún caso, pretendo cuestionar los cambios en la estructura familiar desde una visión arcaica.

Ese rol de cuidadora asignado tradicionalmente a la mujer por razones de tradición y educación muy ligadas a la cultura judío cristiana dominante en nuestro país, compartida por los países del contexto iberoamericano y alejadas de lo que sucede en contextos como los anglosajones, hizo que la mujer se viese abocada casi irremediablemente a asumir el cuidado denominado, desde mi punto de vista de manera muy poco acertada, como cuidado informal. Pues tal como recoge la RAE informal se refiere al mal comportamiento de una persona, lo que sin duda no se corresponde, en absoluto, con el cuidado familiar prestado mayoritariamente por las mujeres. Así pues, los cambios a los que he hecho referencia están haciendo que el cuidado familiar no sea prestado de manera mayoritaria por miembros de la familia (fundamentalmente madres, esposas, hijas, nueras…) y que se incorporen al mismo personas externas al ámbito familiar que asumen el cuidado como actividad laboral, aunque de manera precaria y/o de economía sumergida, es decir, sin relación contractual formal entre contratante y contratada/o, con los correspondientes efectos legales, sociales, económicos… que de esta situación se derivan. Puestos de trabajo que, por otra parte, son ocupados mayoritariamente por migrantes sin regularización de residencia

Derivado de lo anterior tanto la proporción de cuidados familiares que den respuesta a las necesidades en el ámbito domiciliario de personas con pérdida de autonomía o con dependencia que estaba establecida en unas tasas cercanas al 80% con relación al 20% que prestaba de manera formal el sistema de salud, se están modificando de forma clara y progresiva, lo que obliga a tomar decisiones muy importantes que permitan garantizar la continuidad de cuidados en el mejor espacio terapéutico, como es el domicilio de las personas. De tal manera que se tienen que llevar a cabo estrategias de cuidados que faciliten la articulación y gestión, de manera eficaz y eficiente, de los diferentes recursos familiares, sociales y comunitarios existentes. Desarrollando igualmente iniciativas de atención centrada en las personas cuidadoras que respondan, no tan solo a la prestación de los cuidados que precisan las personas con pérdida de autonomía o con dependencia, sino también a la atención individualizada de las personas cuidadoras identificándolas como receptoras de cuidados para que puedan afrontar con garantías de salud y bienestar los procesos atendidos y no tan solo como co-trabajadoras o ayudantes de las/os profesionales asumiendo aquello que éstas/os no realizan por derivación o por dejación, lo que acaba generando nuevas demandas de cuidados derivadas de los problemas de salud que provoca el cuidado familiar al desencadenar, en muchos casos, la renuncia a las necesidades propias de quienes cuidan, como consecuencia de aspectos tan ligados al cuidado en la mujer como la renuncia, la culpabilidad, la hiper responsabilidad, la falta de auto estima….

Además, y volviendo a la imagen que servía de inicio a mi reflexión, debemos tener en cuenta que emergen nuevos problemas de salud y nuevas situaciones de cuidados como consecuencia de los cambios de una sociedad dinámica, diversa y cambiante que impacta en la configuración de la estructura familiar y hace que se deban tener en cuenta nuevos planteamientos en la planificación de los cuidados, tanto a nivel domiciliario como del sistema de salud.

A nivel domiciliario y teniendo en cuenta la estructura familiar comentada porque no siempre permitirá la existencia de la figura de persona cuidadora familiar o principal por las razones ya expuestas. Porque, aunque puedan existir personas del entorno familiar que fueran susceptibles de ser cuidadoras familiares, estas pueden no querer asumir dicho rol, sin que ello pueda ni deba, en ningún caso, identificarse como un abandono o una pérdida de vínculo afectivo. Porque las condiciones de vivienda hacen que los espacios domiciliarios no siempre puedan cumplir con los requisitos mínimos para garantizar un cuidado de calidad. Porque el individualismo social y la pérdida de solidaridad consecuente minimizan o eliminan las redes sociales de soporte al cuidado. Porque el mercantilismo de la salud hace que los cuidados familiares se incorporen como un nuevo y rentable producto de negocio al que la falta de equidad impide que se tenga acceso universal.

A nivel del Sistema de Salud y teniendo en cuenta el modelo que actualmente impregna al mismo, en el que el cuidado está infravalorado y tan solo es asumido como un subproducto de la asistencia médica, abordar un problema como el que estoy analizando lo único que logra es incorporar elementos de dependencia, de demanda insatisfecha, de demora, de solapamiento entre servicios del propio sistema de salud y de otros organismos (municipales, diputaciones, asociaciones…), de descoordinación entre los diferentes ámbitos de atención (fundamentalmente entre Atención Primaria y Hospitalaria, pero también con servicio sociosanitario), de omisión al entender unos y otros que es, precisamente, a unos u otros a quienes corresponde dar respuesta y finalmente y tal como dice el refranero español, el uno por el otro, la casa sin barrer que acaba, como nos aporta el refranero en que, entre todas la mataron y ella sola se murió.

Por su parte el sistema sociosanitario lamentablemente ni es social ni aporta salud. Un sistema mayoritariamente privado con clarísimas diferencias de calidad en función de los precios pagados por la institucionalización. Con una respuesta pública pobre, mal estructurada, peor dotada, con una organización arcaica en la que el cuidado se reduce a la estancia hostelera en condiciones muchas veces deplorables, con una concepción vejatoria de lo que debería ser la atención a las personas adultas mayores centrada en sus necesidades y no tan solo en las de quienes deciden ingresar a sus familiares para poder dar respuesta a sus necesidades personales y/o familiares. Con una ausencia casi absoluta de coordinación con otros dispositivos o recursos comunitarios. Todo lo cual dibuja un panorama desalentador y dramático que se pudo constatar de manera muy cruel durante la no tan lejana, aunque ya olvidada pandemia de la COVID 19.

La soledad no deseada es otra de las consecuencias de este cambio social de la que tanto se habla ahora, pero ante la que nadie, o muy pocos, hace mucho o nada. Volver a plantear la soledad desde la perspectiva patogénica habitual es incorporarla en el circuito del asistencialismo, la medicalización y la cronificación que limitan o impiden los abordajes integrales, transdisciplinares e intersectoriales que precisa. Patologización que coadyuva al edadismo y la obsolescencia programada en una sociedad hedonista, centrada en la eterna juventud y dando la espalda a la muerte por entenderla y venderla como un fracaso desde el modelo medicalizado que se perpetúa sin que nadie parezca querer cambiarlo.

Una imagen como la del anuncio comentado que debería hacernos reflexionar, sobre todo a las enfermeras, en el necesario liderazgo de cuidados que tenemos que emprender e imponer. Un liderazgo transformador y radical a la actual respuesta formal del sistema de salud y de la rancia y trasnochada tradición judío cristiana en la que se circunscribe el cuidado casi exclusivamente al ámbito doméstico desde los mismos planteamientos de un pasado nostálgico al que algunas/os se empeñan en transportarnos de nuevo. Impidiendo respuestas eficaces y eficientes, al mantener una defensa a ultranza, interesada y oportunista del actual modelo de asistencia y prestación de cuidados que tan solo obedece a intereses corporativos de los lobbies de presión y de egocentrismo disciplinar incapaz de separar la vista de sus ombligos, que no dejan de ser una cicatriz visible pero inservible de aquello que en algún momento fue una vía de relación profesional, afectiva y vital con la ciudadanía.

Sino actuamos pronto este y otros anuncios serán, además de reclamos publicitarios, indicadores muy fiables de los cambios sociales y sus consecuencias para la vida de quienes, más allá del consumismo que persiguen los mismos, requieren de respuestas de cuidados saludables, de calidad y calidez.

Seguir mareando la perdiz con el discurso demagógico de la necesidad de humanización mientras se continúa dando la espalda a necesidades tan cercanas, reales y presentes como la prestación y continuidad de cuidados que precisamente imprimen humanización a la atención, es un ejercicio hipócrita y cínico que acaba fagocitando las citadas necesidades como consecuencia de los caducos modelos sanitaristas del contexto iberoamericano.

[1] https://www.animalshealth.es/animaladas/nacimientos-espana-siguen-minimos-historicos-2023-registran-mas-mascotas-ninos

[2] www.mites.gob.es/ficheros/ministerio/sec_trabajo/analisis_mercado_trabajo/situacion-mujeres/Mujeres-y-Mercado-de-Trabajo-2022.pdf

[3] https://www.cuidum.com/blog/abuelos-que-cuidan-nietos/#:~:text=En%20Espa%C3%B1a%2C%20uno%20de%20cada,menos%20tiempo%2C%20cinco%20horas%20diarias.

[4] https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2024-03-23/datos-mundo-mascotas-espana-pet-parent_3853414/#:~:text=Un%20mercado%20en%20auge&text=%E2%80%9CEl%20sector%20seguir%C3%A1%20creciendo.,los%20hogares%20tienen%20una%20mascota.

[5] https://www.lavanguardia.com/mascotas/20230216/8761225/mas-perros-gatos-casa-crece-numero-hogares-espanoles-coge-mascota-pmv.html

[6] https://zarabanda.info/el-gasto-en-mascotas-ha-aumentado-mas-de-un-70-en-espana/

IDEAS, IDEAL, IDEOLOGÍA E IDEOLOGIZACIÓN Por una salud global en el contexto Iberoamericano

                                                                      “Una confusa ideología de la libertad conduce a un dogmatismo que cada vez se revela más hostil contra la libertad.”

Papa Benedicto XVI[1]

 

El primero y más obvio de los actos del entendimiento, que se limita al simple conocimiento de algo, es la idea. Por su parte, el conjunto de ideas permite planificar y disponer un orden en la imaginación para la formación de una obra, un concepto, una acción… en base a las cuales actuar de una u otra manera.

Es por ello que las ideas son elemento fundamental en la construcción del conocimiento científico, técnico, artístico, político… que a través de la imaginación se puede transformar en nuevas ideas o proyectos, que eviten que estos se queden tan solo en el pensamiento como un ideal y pasen a convertirse en un modelo que sirva de norma en cualquier dominio o en un conjunto de ideas o de creencias fundamentales o ideología, que caracterice el pensamiento individual o colectivo a través del cual generar un movimiento cultural, religioso o político.

La cuestión que, lamentablemente, deriva en problema, es cuando esas ideas ideales o ideologías tratan de imbuir, infundir, instar o persuadir en personas o colectivos con el fin de manipular, restringir o eliminar sus ideas, ideales o ideologías, a través de la ideologización.

Ideologización que va en contra, muchas veces, del conocimiento puro, y racional del entendimiento humano en conceptos tales como la justicia, la libertad, la democracia, la equidad…. que son utilizados de manera interesada para maquillar la imposición, intransigencia, autoritarismo… con los que criminaliza ideas diferentes con el fin de estigmatizarlas, castigarlas o eliminarlas para imponer las suyas desde planteamientos irracionales, falsos, mentirosos, manipulados o negacionistas.

Esta tendencia que lamentablemente se está imponiendo en nuestras sociedades de manera tan “natural” como respuesta al descontento generalizado de las poblaciones ante las respuestas y actitudes de la clase política a sus necesidades y demandas, supone un riesgo evidente de proporciones aún desconocidas que no está siendo, desde mi punto de vista, adecuadamente ponderado y calculado por quienes permiten con sus votos de “descontento” o sus abstenciones de “desencanto” que se instalen en las instituciones democráticas quienes, precisamente, están en contra de las ideas, ideales e ideologías que dan sentido y sustentan la democracia, como si de un caballo de Troya se tratase, para eliminarlas a través de la ideologización culpabilizadora y excluyente disfrazada de ideología populista y efectista.

Puede dar la impresión o cuanto menos tratan que así se perciba, de que nada cambia sustancialmente o que cambia para bien con aparentes síntomas de mayor protección o seguridad, aunque los mismos obedezcan a evidentes ataques a derechos fundamentales como consecuencia de las medidas contra imaginarios enemigos como los migrantes, supuestos peligros como la diversidad cultural, sexual…, o hipotéticos ataques a la identidad nacional… entre otras.

Es tal la diseminación, intoxicación y contagio de tales movimientos ideleogizantes que sus consecuencias trascienden del ámbito político actuando como un cáncer con metástasis generalizadas a cualquier otro ámbito social, económico, cultural o profesional de manera silente e insidiosa de tal manera que cuando nos vayamos a dar cuenta posiblemente sea demasiado tarde para tratar el problema.

Con relación, precisamente, al ámbito profesional de la salud en cualquiera de sus roles, nos encontramos ya con manifestaciones, posicionamientos, ideas, propuestas… claramente infestadas de tales ideologizaciones que tratan de recuperar e imponer de nuevo atávicos ideales clasistas, totalitarios y/o excluyentes desde los que asentar un posicionamiento de poder que ven peligrar como consecuencia de lo que ellos identifican como una invasión a sus “dominios” profesionales y científicos. De tal manera que nos encontramos con manifestaciones como las recientemente aparecidas en un medio afín a sus planteamientos en el que se decía que “Los médicos son de familia universitaria; Enfermería de entornos con la ESO. Es el grado sanitario con porcentaje más elevado en formación de progenitores, mientras que Enfermería es el más bajo”[2]. Un planteamiento rancio pero real, de castas, de nobleza de transmisión hereditaria, de pureza de raza y de protagonismo egocéntrico. Nada es casual y estos planteamientos mucho menos. Tratar de minimizar tales palabras como una excentricidad, una anécdota o la habitual excusa de que se han sacado de contexto, tan solo contribuyen a asentar las ideas que encierran las mismas. Las palabras nunca son inocentes y están cargadas de intenciones. Y no me cabe duda de cuáles son las intenciones que se persiguen con las mismas. Están calculadas, medidas y son trasladadas en el momento que interesa y que contribuye a su diseminación para lograr el contagio de una ideología que se había reducido hasta casi su erradicación.

Todo ello, a pesar de declaraciones como las realizadas por el actual Secretario de Estado de Sanidad, Javier Padilla” quien, en un arriesgado ejercicio de sinceridad, de coherencia institucional y de evidencia científica, contrarresta con sus palabras, “el debate de la falta de médicos «es totalmente estéril; hay más que nunca«, uno de los mantras utilizados por esta tendencia ideologizadora médica según la cual existe una carencia crónica de médicos[3]. Discurso desde el que los médicos se presentan como víctimas permanentes de un sistema que supuestamente les maltrata a pesar de sus supuestos y cacareados esfuerzos por ofrecer, siempre según ellos, una asistencia de calidad como consecuencia de no obtener respuesta a sus demandas de índole laboral. Cuando realmente lo que persiguen es esconder y manipular las evidentes deficiencias y carencias de dicho y supuesto sistema maltratador que está planificado, organizado y dispuesto a su imagen y semejanza, para lograr así perpetuarlo y continuar con su posicionamiento de protagonismo exclusivo y excluyente en el mismo.

Pero, como decía, la tendencia no se circunscribe tan solo al ámbito de la atención. Los tentáculos, o metástasis como denominaba antes, de este mal invasor afectan a ámbitos como el universitario. Ámbito universitario que siempre ha sido un contexto de libertad de expresión y de reivindicación social pacífica que, en ocasiones y lamentablemente, se ha tratado de desvirtuar y presentar como violento y disruptivo. De tal manera que para evitar manifestaciones molestas para quienes quieren imponer su ideología se elaboran normativas para acotar, controlar, sancionar o prohibir, tal libertad de expresión y de posición, como las que el Gobierno Autonómico de Madrid tiene previsto aprobar. Todo un ejercicio de imposición ideológica desde un supuesto y manipulado ejercicio democrático. Todo desde la democracia, pero contra la democracia[4]

La docencia es otro ámbito claramente peligroso y al mismo tiempo tentador para este tipo de virus antidemocrático. De tal manera que se utiliza como caldo de cultivo propicio para generar las cepas más contagiosas contra determinantes sociales como el medio ambiente o la perspectiva de género, por ejemplo, tildándolas de ideologías manipuladoras y perversas. Para contrarrestarlas eliminan la realidad de violencia de género, que causa decenas de mujeres asesinadas anualmente, invisibilizándola tras una denominación tan neutra como inconexa como la de violencia intrafamiliar o modifican los contenidos formativos de, por ejemplo, la policía local en la Comunitat Valenciana de tal manera que quienes tienen que velar por la seguridad de las mujeres contra la violencia que sufren no la identifiquen como violencia de género exonerando así a quienes actúan como maltratadores desde posicionamientos machistas que son negados igualmente[5]. O modificando las leyes para asimilar la nacionalidad de los delincuentes a los hechos delictivos en su intento permanente de vincular la delincuencia con la migración. O retirando libros de contenido LGTBI+ con supuesto contenido sexual de bibliotecas infantiles y juveniles por considerar sus contenidos pornográficos y escandalosos[6] O la incorporación de pins parentales para restringir la educación sexual y de género que se demuestra claramente contraria al ordenamiento jurídico[7]

Normalizar actitudes contrarias al respeto al medio ambiente es un acto de irresponsabilidad justificado por razones mercantilistas que sitúa a las/os decisoras/es políticas/os como ideólogos contrarios a las tendencias y recomendaciones internacionales en defensa de la salud global[8]

La puesta en marcha de recursos o dispositivos que van en contra de la ley que garantiza la libre elección de interrupción del embarazo, presentándolos como una oferta de calidad y salud en defensa de las mujeres es una clara muestra de hipocresía y cinismo políticos que tan solo pretende imponer sus ideas y limitar o coartar la libertad de las mujeres, en otro claro ejemplo de ideologización que nada tiene que ver con la defensa de ideas[9].

Todo este abanico de ideas contra ideas es tan solo una pequeña muestra de lo que se está llevando a cabo en nuestras sociedades. Pudiera parecer que son tan solo planteamientos ideológicos conservadores diferentes a otros más progresistas, pero realmente son posicionamientos radicales ideologizadores que impactan en la salud de las personas, las familias y la comunidad a las cuales en ningún caso se les hace partícipes de las decisiones adoptadas.

Los posicionamientos de determinados grupos corporativos, los oportunismos generados en torno a dichas restricciones de derechos, las limitaciones de libertades, el control ideologizado, la obtención acrítica de resultados… resultado de esta ideologización que provoca serios problemas de atención derivados, por ejemplo, de la anulación o invisibilidad de ciertas prestaciones profesionales como los cuidados enfermeros. La limitación de competencias profesionales de las enfermeras con serias consecuencias para una atención de calidad y calidez. La deficiente organización del sistema sanitario que se centra en la enfermedad anulando la salud y la capacidad individual y colectiva para tomar decisiones. La deficiente educación para la salud en temas tan relevantes como la sexualidad y las relaciones afectivas, la diversidad sexual o la violencia de género. La manipulación de problemas sociales de gran calado como el medio ambiente el cambio climático o la violencia de género que suponen un aumento de los problemas de salud derivados de tales planteamientos con un incremento progresivo de aquellos directa o indirectamente relacionados con el cambio climático, los comportamientos machistas en constante ascenso en personas jóvenes, de maltrato y asesinato de mujeres o la percepción de casi la mitad de los hombres y un tercio de las mujeres en España que consideran que “se ha llegado tan lejos en la promoción de la igualdad» que ahora se está discriminando a los hombres”[10]. Las trabas a la elección libre y responsable de las mujeres en relación a su cuerpo y en defensa de sus derechos recogidos y amparados por la ley. Y, en general, en contra de la salud pública y comunitaria al limitar o impedir el desarrollo de entornos saludable.

Ante este panorama es necesario e imprescindible que las enfermeras nos posicionemos claramente a favor de la abogacía por la salud; en defensa de la equidad; en contra de las desigualdades y la vulnerabilidad; en favor del respeto a las leyes que garantizan la libre decisión de las mujeres; en contra de la violencia de género y en favor de la perspectiva de género que evite los intentos de anularla, ocultarla o manipularla; posicionándonos como educadoras para la salud responsables para lograr una población autónoma y capaz de tomar decisiones sobre su salud y de asumir su autocuidado; contribuyendo a la alfabetización en salud basada en los determinantes sociales con especial atención al medio ambiente, el cambio climático, la pobreza o la educación, generando conocimiento y pensamiento crítico que evite la manipulación constante a la que se somete a la ciudadanía para lograr su apoyo a políticas contrarias a la salud, la libertad y la equidad desde planteamientos falsos o negacionistas; respetando y haciendo respetar la diversidad en todas sus manifestaciones que eviten o limiten posicionamientos radicales y excluyentes en cualquier sentido, porque tan contradictorio es negar su existencia o realidad como plantear que existen mujeres inundadas de hombres que se autoproclaman mujeres en una clara y rancia visión del feminismo que resulta tan excluyente y denunciable como la propia negación de la perspectiva de género.

Nada es blanco ni negro. La variedad de matices enriquece y contribuye a dibujar una sociedad colorista, dinámica, diversa y claramente funcional, participativa, solidaria y respetuosa. Pero para ello debemos luchas con absoluta convicción contra aquellas posiciones que vulneran la posibilidad de lograr una salud que es de todos y para todos y que nunca puede ser restringida, controlada ni manipulada por nadie, ni por nada.

Está en nuestras manos y en nuestra competencia enfermera contribuir a mejorar la salud global en un contexto iberoamericano que requiere de respuestas libres, decididas y equitativas por parte de las enfermeras como garantes para el acceso de todas las personas, las familias y la comunidad a esa salud global, integral, humanizadora y participativa. Que nuestra voluntad no se resienta ni se paralice para hacerlo realidad.

Señores. Sánchez, Petro, López Obrador, Boric… si realmente, como parece, apuestan por una Atención Primaria fuerte y eje de sus respectivos sistemas de salud en Iberoamérica y que sus intenciones sean algo más que meras intenciones, deben plantearse de manera clara, decidida y urgente un cambio en profundidad del modelo que impregna los sistemas de salud en los que se integra la Atención Primaria en sus respectivos países. No hacerlo supondrá un nuevo fracaso de reforma. El modelo estructural y organizativo biomédico está caduco, es ineficaz e ineficiente y, por todo ello, no responde a las verdaderas necesidades de una sociedad dinámica, multicultural y diversa. Un modelo asentado y centrado en intereses de poder corporativo y financiero que estrangulan cualquier intento de reforma que no pase por el del propio modelo del Sistema en su conjunto. En su capacidad de decisión política y en la importancia de rodearse de profesionales no contaminados por el citado modelo, está afrontar el verdadero cambio que transforme la realidad sanitaria y de salud de sus países. Lo contrario conducirá a que se perpetúen los males que lo impiden, dando alas a quienes, desde la ideologización, identifican la salud como un inmenso nicho de negocio que provoca el que muchas personas no puedan tener acceso a la misma. No es tarea fácil, pero más difícil resultará justificar el seguro y rotundo fracaso de sus intentos de reforma sino lo acometen adecuando de manera coherente, racional, ordenada y respetuosa las ideas que lo permitan y alejen los amenazadores nubarrones ideologizados.

[1]  Joseph Aloisius Ratzinger fue el 265.º papa de la Iglesia católica y el séptimo soberano de la Ciudad del Vaticano. (1927-2022)

[2] https://www.redaccionmedica.com/secciones/estudiantes/los-medicos-son-de-familia-universitaria-enfermeria-de-entornos-con-la-eso-5738

[3] https://www.diariomedico.com/medicina/politica/javier-padilla-debate-falta-medicos-totalmente-esteril-haymas.html?check_logged_in=1  

[4] https://elpais.com/espana/madrid/2024-07-03/el-gobierno-de-ayuso-quiere-sancionar-los-escraches-a-politicos-y-las-movilizaciones-que-interrumpan-las-clases-en-las-universidades.html

[5] https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/politica/generalitat-valenciana-pp-vox-elimina-formacion-violencia-genero-policias-locales_1_11494050.html

[6] https://www.publico.es/politica/vox-retira-libros-lgtbi-del-area-infantil-biblioteca-municipal-burriana.html#:~:text=La%20censura%20cultural%20de%20Vox,juvenil%20de%20la%20biblioteca%20municipal.

[7] https://ojs.uv.es/index.php/cuadernosconstitucionales/article/view/21452/19713

[8] https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/alicante/alicante-no-multara-zona-bajas-emisiones-proteger-economia-local-pondra-marcha-servicio-antiocupas_1_10822592.html 

[9] https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/alicante/pp-vox-pactan-creacion-oficina-antiabortos-alicante_1_10826657.html

[10] https://www.lamarea.com/2024/01/15/cis-igualdad-el-44-de-los-hombres-cree-se-les-discrimina-por-genero/