OBSOLESCENCIA Y PARADIGMAS.

                                                         A quienes han hecho, hacen y seguirán haciendo posible el cambio de paradigmas

 

La obsolescencia es la fecha de caducidad de las cosas, es la durabilidad de un producto antes de que sea irreparable o inutilizable.

En base a dicha definición podemos establecer una analogía con la durabilidad de una profesión o de las competencias que le son propias antes de que no cumplan con las necesidades o demandas que presenta la sociedad a la que prestan sus servicios.

Puede parecer forzada la comparación, pero si lo pensamos bien la obsolescencia ya es algo que lleva muchos años estudiándose y siendo motivo de debate en la ciencia a través de los paradigmas.

En palabras de Kuhn los paradigmas eran considerados “como realizaciones científicas universalmente reconocidas que, durante cierto tiempo, proporcionan modelos de problemas y soluciones a una comunidad científica”. Por lo tanto, si analizamos estas palabras podemos establecer la relación que inicialmente comentaba con la obsolescencia de los aparatos electrónicos[1].

Los paradigmas, por su parte, se configuran como un ámbito o perspectiva desde la que se analizan los problemas que surgen y la forma en que pueden ser resueltos.

Se trata, por lo tanto, de macroteorías que son aceptados mayoritariamente por toda la comunidad científica y en base a las cuales se lleva a cabo la investigación con el fin de clarificar los potenciales errores del paradigma o la extracción de todas sus consecuencias., que según palabras de Kuhn es lo que se denomina “ciencia normal” y que siguiendo con sus palabras “significa investigación basada firmemente en una o más realizaciones científicas pasadas, realizaciones que alguna comunidad científica particular reconoce, durante cierto tiempo, como fundamento para su práctica posterior”.

Y aunque enfermeras revolucionarias como Florence Nigthingale fuesen las que rompieron con las concepciones de su tiempo para generar nuevos paradigmas, muchas enfermeras aún realizan trabajos rutinarios de comprobación para mostrar o poner a prueba la solidez del paradigma, en el mejor de los casos, en el que se basan.

Sin embargo, un paradigma no siempre es capaz de dar respuesta a todos los problemas, por lo que estos permanecen invariables a lo largo de años o siglos, incluso solapándose o acumulándose con otros. Es entonces cuando empieza a cuestionarse y los científicos se plantean si realmente puede considerarse el marco idóneo o la manera más correcta de abordar los problemas o si por el contrario es preferible abandonarlo sustituyéndolo por otro, como sucede cuando un aparato electrónico sufre una avería que impide su adecuado funcionamiento por lo que se plantea su reparación o sustitución por otro nuevo.

La crisis generada provoca una importante proliferación de nuevos paradigmas que inicialmente no pasan de ser experimentales y temporales intentando resolver los problemas surgidos. La competencia surgida entre los nuevos paradigmas pretende imponer el enfoque más adecuado propuesto por cada uno de ellos. En el caso de la obsolescencia las diferentes ofertas de mercado compiten entre ellas para sustituir al aparato averiado en base a las características de cada uno de los posibles sustitutos.

Cuando por fin uno de los nuevos paradigmas reemplaza al paradigma hasta entonces aceptado se produce una revolución científica, que en palabras de Kuhn considera “como aquellos episodios de desarrollo no acumulativo en que un antiguo paradigma es reemplazado, completamente o en parte, por otro nuevo e incompatible”.

La revolución da paso a que el ciclo se inicie nuevamente, dando lugar a que el paradigma que ha sustituido al anterior propicie un nuevo proceso de ciencia formal. Es decir, al aparato electrónico que sustituya al averiado u obsoleto inicia una nueva etapa en su cometido tecnológico.

Kuhn demostró que la ciencia iba más allá de un contraste neutral entre las diferentes teorías existentes y la realidad, al existir un análisis y debate que provocaban diferencias, tensiones y disputas entre quienes defendían los diferentes paradigmas, al comportarse como seres que no son indiscutiblemente racionales. Resulta habitual por lo tanto que, aunque las evidencias demuestren la nulidad o falsedad de una determinada teoría, persista su utilización por parte de algunos científicos.

Esta es una de las explicaciones de por qué la ciencia no es un proceso racional perfecto explicado tan solo por fuerza de las evidencias científicas, al resultar muy complicado, e incluso imposible, entender desde un paradigma determinado un planteamiento diferente o alternativo, al partir en todo momento de un paradigma determinado que dificulta la objetividad al estar situados en una u otro paradigma desde los que se interpreta el contexto en el que nos hallemos inmersos. De ahí que resulte habitual el debate estéril entre defensores de unos u otros paradigmas. Lo que lleva a Kuhn a expresar que el éxito de un nuevo paradigma no se concreta en el hecho de convencer a quienes se oponen a él, sino en la muerte de quienes representan el paradigma más antiguo.

            Sería largo, complejo y discutible tratar de trasladar por mi parte estos planteamientos de Kuhn a los supuestos cambios de paradigma de la enfermería y el establecimiento comparativo con la obsolescencia de los mismos.

            Sin embargo, no me resisto a hacer una cierta aproximación en base a los planteamientos del, posiblemente, más importante filósofo de la ciencia, aunque el mío no pretende ser, en ningún caso, científico sino tan solo reflexivo.

            Pero antes de hacerlo voy a tratar de articularlo con el otro concepto con el que inicié esta reflexión, es decir, la obsolescencia. Teniendo en cuenta que existen diferentes tipos de obsolescencia, de deseo, percibida, psicológica o funcional, trataré de identificar con qué tipo se corresponde cada uno de los cambios y analizaré las posibles razones de un supuesto cambio de paradigma. Y digo supuesto, porque, evidentemente, no siempre se corresponde a un cambio de paradigma, sino a una decisión oportunista que diera respuesta a necesidades organizativas e incluso corporativas de los protagonistas exclusivos de las organizaciones sanitarias.

            De esta manera y empezando por la unificación de los estudios de enfermeras, practicantes y matronas en la titulación de Ayudante Técnico Sanitario (ATS), podríamos decir que fue consecuencia de una clara obsolescencia funcional de las figuras que compusieron la reunificación al no responder ya a las necesidades que el incipiente desarrollismo hospitalario generaba, ni de las que los médicos reclamaban para disponer de una mano de obra Dócil, Ingenua, Obediente y Sumisa, formando el acrónimo DIOS, con el que en muchas escuelas femeninas regidas por órdenes religiosas se adoctrinaba a las futuras ATS, como una forma más de destrucción de la identidad enfermera que constituía el paradigma profesional que no científico que se estaba tratando de suplantar. El cambio en las escuelas masculinas, aunque también obedecía a una obsolescencia funcional, sin embargo, trataba de “producir” ayudantes técnicos muy fieles pero alejados del ámbito de los cuidados. De esta manera se perpetuaba la división que, al menos en teoría, había provocado la reunificación de titulaciones, situando a la nueva realidad profesional en un limbo académico situado entre la Universidad y la Formación Profesional y con una clara intencionalidad de alejarla de planteamientos científico profesionales. Así pues, se puede decir que este primer planteamiento no produjo ningún cambio de paradigma sino de funcionalidad interesada.

            Pero que no existiese paradigma real, al no existir conocimiento propio y bases científicas que lo sustentasen, no supuso freno a la necesidad sentida por muchas enfermeras que, a pesar, o precisamente por el hecho, de haberles sido usurpada su identidad, planificaron y fundamentaron la manifiesta obsolescencia de deseo y psicológica, al identificar el claro agotamiento del modelo técnico y subsidiario que suponía la figura de ATS. Además, en este caso, el cambio sí que se fundamentaba en la necesidad de adoptar un paradigma que al no estar definido supuso el surgimiento de diferentes propuestas que inicialmente fueron experimentales y temporales, tratando de resolver los problemas surgidos en la incorporación de los estudios en la Universidad. El hecho de que este cambio se produjese coincidiendo con la declaración de Alma Ata como punto de inflexión del que vendría a ser el denominado nuevo modelo de Atención Primaria de Salud y el cuestionamiento de los grandes Hospitales o Residencias Sanitarias, generó una gran competencia entre los nuevos paradigmas que pretendían imponer el enfoque más adecuado propuesto por cada uno de ellos. Pero sin duda significó la incorporación no tan solo en la Universidad sino también en la ciencia.

            El desarrollo científico y profesional en ese nuevo escenario paradigmático y universitario supuso una nueva realidad que luchaba por encontrar su espacio tanto en la ciencia, generando y consolidando conocimiento propio, como en la sociedad a la que debía dar respuesta mediante la prestación de cuidados profesionales fundamentados científicamente. Pero este desarrollo tenía barreras que impedían alcanzar los máximos niveles de crecimiento como los de cualquier otra disciplina, lo que condujo también a un agotamiento del paradigma y a una obsolescencia psicológica al creer que se tenía que sustituir el antiguo paradigma por uno nuevo, aunque aún no se hubiese agotado la vida útil del anterior.

            Entre el deseo de las enfermeras por lograrlo y los cambios en el sistema educativo superior con la implantación del denominado Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), se produjo el deseado cambio de paradigma desde el que ya era posible el máximo desarrollo académico desde la disciplina propia de Enfermería, lo que dio paso a que se propiciara un nuevo proceso de ciencia formal tal como describiera Kuhn.

            Pero este cambio generó también tensiones y disputas entre las/os defensoras/es de los diferentes paradigmas que persistían en sus intentos por mantenerlos, aunque los mismos hubiesen quedado claramente obsoletos o se hubiese demostrado su nulidad.

            El cambio, por tanto, no fue un proceso racional perfecto a pesar de las evidencias científicas que así lo avalan, al no lograr el consenso de los diferentes planteamientos ante el paradigma diferente o alternativo, provocando un debate que no lleva a ninguna parte entre los defensores de uno u otro paradigma centrado claramente en las figuras aún coexistentes de ATS, DUE, Enfermeras, desde los que se interpreta el nuevo contexto en el que nos situamos y que como ya expresase Kuhn posiblemente no se resuelva hasta que no desaparezcan (sin necesidad de que mueran) quienes representan dichos paradigmas y/o posicionamientos.

            Además, debemos tener en cuenta que la pandemia que estamos padeciendo, supondrá el planteamiento de un nuevo paradigma que responda al contexto de cuidados que se presenta y para el que las enfermeras sin duda estamos preparadas para generar y afrontar con garantías el cambio que ineludiblemente nos llevará al inicio de un nuevo ciclo como parte de la revolución científica que se genere.

            La obsolescencia, no la programada, y el cambio de paradigma, por lo tanto, siguen vigentes y deben suponer la perspectiva de adaptación a la dinámica social, científica y profesional que toda ciencia, y la enfermería lo es, precisa.

            Renovarse o morir. Mejor, mucho mejor, renovarse.

[1] Sánchez-Cerezo de la Fuente El pensamiento de T.S. Kuhn. Consultado en https://www.webdianoia.com/contemporanea/kuhn.htm#:~:text=Kuhn%20define%20paradigma%20de%20la,soluciones%20a%20una%20comunidad%20cient%C3%ADfica.&text=Pero%20podr%C3%ADamos%20verlo%20tambi%/C3%A9n%20partiendo%20del%20paradigma%20de%20la%20teor%C3%ADa%20helioc%C3%A9ntrica [08/12/2020]