Fútbol, electricidad y salud.

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Dale valor a las cosas, no por lo que valen,

sino por lo que significan.

Gabriel García Márquez[1]

 

La atención informativa de este país ha estado centrada en el último mes en la batalla psicológica mantenida entre dos clubs de fútbol por la propiedad de un jugador de 22 años. Dos clubs de fútbol que realmente son dos personas con gran poder económico jugando a mantener su ego y su prestigio personal y empresarial tras un falso e interesado amor a los colores que dicen representar, pero que esconden intereses mucho más lucrativos. Una lucha mediática, con una indecente puja multimillonaria, para lograr un “trofeo” con el que obtener mayores beneficios económicos en sus respectivos negocios, aunque se quiera disfrazar de interés deportivo. Una subasta que, salvando todas las distancias, tiene aspectos comunes con las que los terratenientes yanquis compraban esclavos. Todo ello en medio de la denominada 5ª ola de la pandemia que se resiste, o nos resistimos, a que nos abandone. Como si el lugar dónde finalmente juegue o el sueldo que gane dicho jugador fuesen la solución definitiva a la COVID.

Dicho desmán ha ido en paralelo a otro no menos escandaloso, como es el coste de la electricidad que nos está ofreciendo a diario nuevos récords de precio, en una aparente competición con la subasta de jugadores. Mientras tanto, quienes deberían regular estos precios, o bien miran hacia otro lado, o bien esgrimen excusas que nadie logra entender, y quienes deberían contribuir con su apoyo a arreglar semejante atraco se dedican a utilizarlo de manera oportunista y torticera para su interés partidista y alejado del interés de quienes tienen que soportar los sucesivos récords de precios. En un momento, además como el de la pandemia, en el que los recortes, las restricciones, los ERTES… están incidiendo de manera despiadada en la economía de muchos sectores sociales y como consecuencia de ello en la salud de las personas como efecto colateral a las consecuencias del virus.

Por su parte, quienes se esfuerzan en mantener la salud de la población lo hacen igualmente con récords de precios, pero en este caso a la baja, con malas retribuciones, ausencia de incentivos, temporalidad, precariedad laboral… pero con la dudosa honra de ser héroes y heroínas, una vez más, como cortina de humo y elemento de distracción, de lo que verdaderamente importa y se esfuerzan en ocultar.

Dentro de poco más de tres meses volveremos a utilizar esa manida frase de “lo importante es tener salud”, cuando no nos toque la lotería de navidad. Salud que conseguimos mantener o recuperar gracias a profesionales que son ignorados sistemáticamente por parte de la administración que los contrata como “recursos humanos” sin una adecuada planificación en una organización burocratizada, deshumanizada y politizada. Por parte de la población que en muchas ocasiones los identifican como servidores públicos obligados a dar respuesta puntual e inmediata a unas demandas que, en muchos casos, contribuyen al colapso del sistema. Por parte de los políticos que los utilizan como piezas de su particular tablero de juego para desarrollar sus estrategias y sacar con ellos el mayor rédito posible.

Profesionales que acaban siendo un número de puesto que deben responder a una gestión de conveniencia de tantos tontos por cien, para mantener las apariencias sin tener en cuenta sus expectativas, motivaciones, iniciativas… porque lo único que realmente les importa es que estén y hagan lo que mejor convenga a sus intereses y los de quienes les han “fichado”, a imagen de lo que hacen los dueños o presidentes de los equipos de fútbol. Lástima que en lugar de “fichar” estómagos agradecidos, mediocres de conveniencia, obedientes irreflexivos, servidores fieles, tontos útiles… preocupados por indicadores que aporten datos positivos para sus padrinos, aunque ello suponga tener que maquillarlos, no se dediquen a gestionar eficaz y eficientemente la organización ofreciendo entornos de trabajo saludables que potencien la satisfacción de las/os trabajadoras/es y con ello se aumente la calidad de la atención a las personas, familias y comunidad.

Una situación que, como con las empresas eléctricas, sirve de lanzadera de los intereses comerciales de las multinacionales de la salud que obtienen grandes beneficios a costa de la desidia y el abandono que se hace de la Sanidad Pública y de sus trabajadoras/es. Convirtiéndose en nuevas puertas giratorias como lo han venido siendo desde siempre las empresas eléctricas para quienes han ostentado cargos políticos de máximo nivel y que cuando nos descuidemos provocará el mismo efecto especulativo que con los precios de la electricidad, lo que acabará repercutiendo en la salud de la población, al menos en la de quienes no tienen recursos para pagar los precios que ponen a la salud desde un discurso totalmente falso, falaz y demagógico, utilizando para ello, argumentos descalificadores contra la Sanidad Pública, como estrategia de negocio.

La pandemia ha contribuido en gran medida a configurar, un escenario de precariedad del Sistema Nacional de Salud (SNS) y a visibilizar, agravar o incrementar sus debilidades, dejando claro que la supuesta fortaleza del SNS no era tal, sino que se beneficiaba de la aportación de sus profesionales que han sido quienes han hecho y siguen haciendo posible el afrontamiento eficaz de una situación tan compleja e incierta como la pandemia.

Sin embargo y más allá de esa artificial y oportunista heroicidad con la que quisieron revestir a las/os profesionales, ocultando las deficiencias de su gestión, no han existido, ni se han presentado si quiera, estrategias reales que permitan mejorar sus condiciones de trabajo que, como consecuencia de la nefasta gestión desarrollada, lo que provocó fue justamente el efecto contrario.

Ya se ha dicho por activa y por pasiva que los/as profesionales no son ni se sienten héroes o heroínas, que tan solo, o mejor dicho, sobre todo, hacen aquello que saben hacer, cuidar y curar, cada cual, desde sus competencias propias, pero desde un trabajo que requiere trasnsdisciplinariedad y respeto.

Cuando se está a punto de alcanzar una tasa de vacunación del 80% de la población española en poco más de 6 meses, es decir más de 74 millones de dosis administradas, lo que realmente acapara la atención mediática y social es si tal o cual jugador va a ser fichado por tal o cual equipo. No existe la más mínima preocupación, interés o reconocimiento sobre si una enfermera lleva meses sin descanso alguno trabajando para lograr esa tasa de vacunación. Porque finalmente se tiene el sentimiento, la percepción e incluso el convencimiento de que al fin y al cabo dicha enfermera está cumpliendo con su obligación y es lo que le toca hacer. Porque lo único que se identifica es el acto de pinchar una vacuna que se entiende, además, podría ser administrada por cualquier otro profesional sin competencias específicas, al no tener en cuenta que ese “pinchazo” es tan solo una mínima parte de un proceso complejo que requiere de planificación, conocimiento, técnica y humanidad que quedan ocultos sin que se valoren ni se reconozcan. Creer que lograr una tasa de vacunación como la alcanzada tan solo obedece a generar una cadena de vacunadoras que administran vacunas como quien aprieta tornillos en una cadena de montaje es además de una falta de respeto una absoluta falta de conocimiento de lo que es y supone llevar a cabo dicho proceso.

No sé qué podrá aportar un futbolista, por bueno que sea en su trabajo, en el logro de un título, pero sé lo que se le reconoce, aplaude, tolera, admira… además de considerar absolutamente normal que cobre cantidades astronómicas por aquello que se espera de él, que es jugar bien al fútbol y que, por lograrlo, además, se le prima. Que, por otra parte, si no lo hace no va a dejar de cobrar y va a seguir siendo admirado, perdonado y consentido en espera de que recupere “su duende” y vuelva a jugar bien.

Sé, sin embargo, lo que puede aportar una enfermera excelentemente cualificada, preparada, motivada, implicada, con años de estudio y experiencia, con formación permanente… en la planificación de un programa, una acción o una intervención de salud que, además, va repercutir en la salud individual y colectiva, pero que como cometa, como humana que es, el más mínimo error va a ser señalada, recriminada, culpabilizada e incluso agredida por su error, pudiendo ser suspendida de empleo y sueldo y juzgada.

Mientras no se respete el trabajo de una enfermera, al menos, en igual medida al que realiza un futbolista. Mientras se siga creyendo que el trabajo que realiza una enfermera es intrascendente, subsidiario o prescindible. Mientras quienes no pueden hacer frente al pago de la factura de la electricidad admitan como normal lo que se pague por tener a un futbolista o lo que se le pague por hacer aquello que sabe hacer. Mientras se exija a una enfermera una atención de calidad, rigurosa, puntual, integral, individualizada, humanitaria, ética, estética, empática y simpática, sin tener en cuenta que está trabajando con turnos imposibles, sin posibilidad de conciliar su vida personal, con bajos sueldos y condiciones precarias de trabajo. Mientras no se valore la excelencia profesional, la dedicación, la innovación, la motivación, como elementos de incentivación que permitan premiar a las mejores enfermeras y que sea un elemento a tener en cuenta para que los gestores, los buenos gestores, quieran fidelizar su permanencia en su organización en lugar de lo que sucede actualmente que se genera la fuga de talento por la falta de respeto, atención y reconocimiento. Mientras se exija tener en su equipo a tal o cual jugador, pero le sea totalmente indiferente que le atienda una u otra enfermera o que ni tan siquiera le atienda una enfermera como correspondería. Mientras se tiren las manos a la cabeza cuando un futbolista se va a un equipo de otro país y no suscite ninguna preocupación que las enfermeras que se forman con sus impuestos emigren a otros países para tener unas condiciones de trabajo más dignas. Mientras no se valore la especialidad de una enfermera como valor añadido a la atención específica. Mientras se siga creyendo que ser Doctora supone ser médica, sin valorar que una enfermera puede ostentar dicha denominación académica. Mientras el fútbol esté siempre presente y la salud tan solo cuando no nos toca la lotería. Mientras existan periodistas deportivos altamente preparados que se saben de memoria las alineaciones, los nombres, talla, peso, edad, aficiones… de cada jugador y no se considere necesario contar con periodistas de la salud que sepan valorar el trabajo de las enfermeras o no confundan salud con sanidad o sanidad con medicina. Mientras una noticia de fútbol acapare más atención que una intervención en salud. Mientras todo esto suceda seguiremos teniendo un SNS cada vez más tecnificado y menos humanista, cada vez más paternalista y dependiente, cada vez más burocrático y menos equitativo. Un SNS con excelentes profesionales pero que son sistemáticamente ignorados e incluso maltratados. Un SNS infrafinanciado. Un SNS centrado en la enfermedad en lugar de la salud. Un SNS gestionado por burócratas mediocres sujetos al capricho político del partido de turno en el poder. Un SNS cada vez más politizado y menos profesional.

Me gustaría que de igual manera que se piden grandes jugadores en las plantillas de los equipos, se exigiesen grandes profesionales en los equipos de salud. Me gustaría que se respetase, reconociese y apoyase a esos grandes profesionales en el trabajo que desarrollan. Me gustaría que se exigiese a los gestores sanitarios, igual que se hace con los presidentes de los clubs, que existiese una adecuada inversión de los impuestos para mejorar las plantillas de los equipos de trabajo y que no tuviesen la tentación de irse por estar mal pagados o tener malas condiciones de trabajo. Me gustaría que igual que conocen a sus jugadores conociesen a sus profesionales de referencia. Me gustaría que la salud fuese tan importante como lo es para muchos el fútbol. Me gustaría que entendiesen que de igual manera que no pueden afrontar una factura de la electricidad por los precios abusivos de las empresas eléctricas puede suceder que pase lo mismo con la atención sanitaria cada vez más privatizada. Me gustaría que se entendiese que cuando una enfermera reclama mejores condiciones laborales no sea percibida como una pedigüeña en contraposición a cómo es percibido un jugador de fútbol cuando exige tener mejor ficha y además sin impuestos.

Un corte en el suministro eléctrico nos puede dejar sin luz, sin calefacción e incluso sin poder ver el deseado partido de fútbol. Pero un “corte” en la atención sanitaria nos puede dejar sin salud. Finalmente, sin salud, ni el fútbol ni el precio de la electricidad tienen valor, aunque sean muy caros. Elijamos y valoremos en consecuencia.

[1]  Escritor y periodista colombiano (1927-2014).

3 thoughts on “Fútbol, electricidad y salud.

  1. Sí, tienes mucha razón al decir que “más valor al trabajo de los que nos cuidan y menos a lo instrascendente, como el fútbol.”. Gracias por la reflexión

  2. Pienso que utilizar los elementos del futbol ( como entretenimiento y control social) para no revindicar y la electricidad como bien de interés publico en alza de costes sin poder hacer nada, son dos ejemplos que nos hace poner la mirada en la salud como necesidad humana que debe ser defendida desde un proceso reivindicativo y de emancipación de la ciudadanía a través de agentes de salud como es el caso de la enfermería al ser esta una profesión que esta al lado de las personas vulnerables, es hay donde el paradigma socio critico se convierte en instrumento de cambio.

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