REFORMA DE LA ATENCIÓN PRIMARIA ¿FUMATA BLANCA?

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El Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social planteó una estrategia para la reforma de la Atención Primaria de Salud, que presentó a los diferentes agentes de salud implicados. Sociedades Científicas, Organizaciones Colegiales, Sindicatos, Asociaciones, configuraron los grupos de profesionales y ciudadanos, mientras que las/os representantes de las Comunidades Autónomas (CCAA) constituyeron un tercer grupo de trabajo.
Los tres grupos de trabajo funcionaron de manera independiente aportando sus valoraciones, comentarios y sugerencias al documento base que en su momento fue presentado por parte del Ministerio a través de los Coordinadores elegidos para tal fin y que se trasladaban a través de una herramienta informática que para tal fin habilitó el Ministerio. El análisis y tratamiento de la información aportada configuraban nuevos documentos que se debatían en reuniones plenarias con los componentes de los diferentes grupos. Finalmente, en reunión conjunta de los tres grupos, se presentó un documento que se debatió y depuró, constituyendo el documento final que debía presentarse para su aprobación en el Consejo Interterritorial convocado expresamente para tal fin.
Abordar un tema tan necesario, pero al mismo tiempo tan amplio y con tantos matices, en grupos de trabajo tan heterogéneos, diversos, al tiempo que numerosos, constituía sin duda un reto y una enorme dificultad. A esto hay que añadir la dificultad añadida del trabajo virtual que en ocasiones generaba recelo y falta de información sobre las propuestas presentadas por parte de las diferentes organizaciones de los grupos. Sin duda el proceso pudo ser otro. Pudo ser mejor, pero posiblemente también peor. Pero finalmente se logró elaborar un documento que recogía las inquietudes, aspiraciones, ilusiones, propuestas… que se entendió permitirán desarrollar acciones de mejora para la reforma de la AP.
En ocasiones los intereses individuales o corporativos se imponían a la lógica del interés común, provocando tensiones que lejos de desanimar alentaban a plantear nuevas propuestas de mejora que permitieron avanzar hasta lograr el documento final.
Profesionales, ciudadanos y técnicos de las CCAA, lograron un equilibrio que en ocasiones se antojó complicado dados los posicionamientos que alguna de las partes adoptó y que obligaron a redoblar los esfuerzos de todos para lograr el deseado consenso.
El documento final, mejorable como cualquier otro que se realice, logró finalmente recoger las sensibilidades, pero también las necesidades precisas para configurar una estructura sólida sobre la que posteriormente habrá que trabajar para que los cambios sean una realidad. A nadie se le escapa que el documento final es una declaración de intenciones. Pero hay que destacar que se trata de muy buenas intenciones. Y es que no puede ser de otra manera. Es lo que se pretendía y es lo que se consiguió. El foro en el que se desarrolló, gestó y consensuó tan solo tenía capacidad para ello. La parte resolutiva depende de los gobiernos de las diferentes CCAA, que serán quienes deberán negociar las medidas que permitan que las intenciones dejen de serlo para pasar a convertirse en normas, criterios, órdenes o decretos que regulen y permitan ejecutar las medidas necesarias para el cambio.
Ciudadanía, profesionales y técnicos tuvieron la voluntad, deseo, ilusión, compromiso e implicación para cerrar un documento que puede y debería suponer un punto de inflexión en el desarrollo de la Atención Primaria y Comunitaria, después de más de 30 años de evolución.
Sin embargo, faltaba la última palabra. La de los políticos. La de quienes sin estar ni haber participado tenían que aprobar el documento en el Consejo Interterritorial que el Ministerio convocó para ello.
Y lo que las/os ciudadanas/os, profesionales y técnicas/os lograron a pesar de las dificultades ya comentadas, los políticos, algunos políticos, se negaron a ratificarlo por egoísmo, electoralismo, revanchismo, demagogia y con un enorme desprecio al trabajo desarrollado durante meses por parte de los tres grupos y del propio Ministerio.
Un grupo de políticos decidió, de manera premeditada, dilapidar con argumentos políticos, falacias, paradojas y contradicciones la aprobación del documento.
Su actitud de alineación y alienación con claras consignas políticas y electoralistas tan solo consiguió el objetivo de la anécdota y de poner la nota de discordia que en todo momento pretendieron. Sin embargo, no lograron que el documento no fuese aprobado, con lo que significa de descrédito y de demérito para quienes actuaron de tal manera. Pero, ante todo, supone un claro ejemplo del desprecio que, hacia la sociedad, a la que dicen representar, supone. Más aún cuando las organizaciones de representación ciudadana, participantes en el grupo de trabajo del Ministerio, habían manifestado días antes de manera clara, unánime y rotunda, no tan solo su conformidad con el documento sino también con la necesidad y urgencia que representaba el mismo, con el fin de lograr el cambio de la Atención Primaria y Comunitaria que tanta influencia tiene en la respuesta que a sus necesidades y demandas debe dar a través de las/os profesionales.
El Consejo Interterritorial, una vez más, era empleado por los políticos como el escenario de sus cuitas, desencuentros, rencores, en el que representar su particular puesta en escena histriónica, eso sí, ante la solícita respuesta de los medios de comunicación que siempre acuden al olor del cebo lanzado por ellos. Y así fue como el obediente y solícito grupo de Consejeros del PP abandonaron el pleno del Consejo Interterritorial y lanzaron su arenga de disconformidad con el documento que se estaba debatiendo, que se puede resumir en que el mismo, según ellas/os, era electoralista y no podía, por tanto, ser asumido.
Me pregunto si no hubiese sido más educado, pertinente, coherente e incluso respetuoso el haber mostrado su disconformidad en el pleno y haber votado en contra del mismo, aunque sus débiles argumentos hubiesen sido los mismos. Pero entonces, claro está, su actuación hubiese quedado en el ámbito de la privacidad del pleno quedando, además, totalmente en evidencia ante la mayoría que aprobó finalmente el documento.
Así pues, la Ministra de Sanidad pudo lanzar la fumata blanca según la cual se anunciaba “habemus reforma”. Sin embargo, podríamos decir que se trató de una fumata no del todo blanca dada la disidencia de los rebeldes y amotinados consejeros que prefirieron un minuto de efímera gloria a un acuerdo que les hubiese incluido en el paquete de apoyo a un Ministerio en manos del enemigo.
Y la historia se repite una y otra vez. Con actores diferentes, pero con idéntico y patético final. Tienen la peculiaridad, porque no se puede hablar de propiedad, de tener habilidad para ser incompetentes, es decir, aplican siempre el mismo método tratando de hacer frente a los cambios y el resultado, siempre es el mismo, el fracaso. No hay nada peor que un mediocre activo. ¡Y tenemos tanta actividad entre los políticos!
No sabemos si alguna vez alguien será capaz de lograr que el consenso no sea percibido por nuestros políticos como un elemento nocivo, tóxico, venenoso y peligroso, que debe ser evitado a toda costa y, a ser posible, eliminado para evitar caer en la tentación de asumirlo, aunque sea por error. Los efectos colaterales, las reacciones adversas, las interacciones… que se le atribuyen son tan potentes y alarmantes que se instruye de manera concienzuda a todas/os las/os políticas/os de la importancia de no llegar NUNCA a asumir el consenso. Porque, además, avisan que genera adicción y no tiene antídoto conocido.
Todo ello a pesar de las recomendaciones permanentes que en forma de votaciones lanza la ciudadanía para que tengan que acercarse a lograr el temido consenso, sin que, lamentablemente, tenga los efectos deseados para que se logre.
El problema de todo esto es que los acuerdos alcanzados tienen fecha de caducidad. Determinada, no por los resultados que de su puesta en marcha se obtengan, sino por la permanencia o alternancia de los actores que de nuevo volverán a utilizar como escenario, para sus patéticos guiones políticos, las instituciones que debieran servir para lograr el máximo grado de bienestar y estabilidad del mismo, a través del consenso.
No sabemos si esto llegará a producirse en alguna ocasión en nuestro país. Pero si alguna vez sucede tendremos que estar preparados no vaya a ser que entonces nos coja desprevenidos y no lo entendamos.
Mientras tanto, tratemos de disfrutar del momento y crucemos los dedos para que, ahora, quienes tienen que desarrollar este acuerdo lo hagan con la responsabilidad que corresponde para no defraudar. ¿Será posible o tendremos que volver a encender la hoguera para esperar de nuevo otra fumata blanca?
Mañana nos toca votar, es un derecho y un deber, para determinar qué tipo de representantes queremos tener y qué tipo de respuestas a tan necesaria reforma como la de la Atención Primaria y Comunitaria. La fumata blanca depende de nuestro criterio, nuestra reflexión y nuestro voto.

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