HEROÍNAS, HÉROES y ENFERMERAS

Como suele suceder en esta sociedad patriarcal y machista en la que las mujeres continúan teniendo que hacer grandes esfuerzos, no tan solo para lograr visibilidad, sino para alcanzar los derechos que, como personas, al margen de su género, les corresponden, las heroínas en el mundo del cómic, por ejemplo, cuestan de identificar. Rogue, Storm, Jean Grey, Black Widow… difícilmente pueden competir contra Spiderman, Superman, Batman, Capitán América… y tantos otros. A no ser que asuman la versión femenina de estos, como Spider-Woman, Super-Women, She-Hulk… en un intento burdo y fallido por otorgar rango de heroína a través de un héroe previo ya consolidado.

La pandemia del COVID-19 y sus efectos, ha llevado a que la sociedad identificase a los profesionales sanitarios como héroes. Categoría que posteriormente se ha ido adjudicando a nuevos profesionales e incluso a personas que asumen el confinamiento de muy diferentes maneras (niñas/os, ancianas/os, cuidadoras/es…), de tal manera que prácticamente toda la sociedad asume rango de heroicidad ante este enemigo común denominado COVID-19.

Pero ciñéndome al personal sanitario y más concretamente a las enfermeras, veremos que la analogía que al respecto se puede hacer es la misma.

Realmente esta historia de héroes se inició con la denominación masculina porque iba dirigida al personal médico que fue como se difundió al principio. Como quiera que la asignación de heroicidad selectiva generó cierto malestar en diferentes sectores, se optó por la denominación neutra de personal sanitario que, en ocasiones, se alterna con la de personal médico y sanitario en un ejercicio de ignorancia mezclada con clasismo que no tiene nombre, pero que reiteran los periodistas con inusitada e irritante frecuencia.

Con independencia de tener capas y poderes, la sociedad también se unió a la identificación de héroes y la acompañó con sesiones vespertinas de aplausos de agradecimiento.

Las heroínas, quedaban una vez más, fagocitadas por los héroes y al nombrar en masculino automáticamente la imagen que se proyecta es la de la profesión dominante y, por tanto, la que finalmente se interioriza es esa y no otra, que además las/os periodistas ya se encargan de apuntalar con su vulgar y torpe identificación de los profesionales.

La pandemia acabará, o cuanto menos reducirá significativamente su poder y alcance, lo que permitirá reiniciar una vida menos claustrofóbica, aunque dudo que normal, desde los parámetros de normalidad que mantenemos presentes de antes de la pandemia. En ese reinicio las enfermeras debemos aprovechar la condición de heroínas antes de que se desvanezcan “los poderes” de tal condición y la sociedad, con la ayuda inestimable de las/os periodistas, nos vuelvan a olvidar, invisibilizar o estereotipar. No se trata de hacer nada especial, tan solo reforzar nuestra condición, no de heroínas, sino de enfermeras y de lo que como tales podemos ofrecer en una situación en la que se van a necesitar mucho los poderes reales de los cuidados enfermeros.

El problema que esta situación de crisis ha generado en la identificación masculina de héroes está muy influenciada por la patología y el hospital en su relación estrecha con la identificación médica. Para poder ser identificadas de manera diferenciada como heroínas es importante que, en la nueva fase de la crisis, que permanecerá, la identificación se realice fundamentalmente con la salud y los cuidados para promocionarla, mantenerla o recuperarla, al tiempo que contamos con la comunidad para fortalecer la autonomía a través de su participación directa en la toma de decisiones.

Sin duda la unión de todas las heroínas y héroes ha sido fundamental para luchar contra el coronavirus. Pero que a nadie le quepa la menor duda de que cuando se reduzca la necesidad de mantener esa unión, volverán a surgir los “verdaderos” héroes y a desaparecer las heroínas.

Los aplausos cesarán; los recuerdos de desvanecerán; el sufrimiento pasado dará paso a otro, asociado a diferentes carencias; las necesidades y las demandas se modificarán; los escenarios se redefinirán… y entonces hará falta desplegar la capa para permitirnos volar y llegar a todas aquellas personas y familias que van a necesitar atención personalizada. Activar el poder de la observación para identificar todos aquellos aspectos que nos aporten información valiosa para la prestación de cuidados. El poder de la escucha activa será fundamental para no perder detalles de lo que directa o indirectamente nos estén verbalizando. El calor reparador de nuestro tacto en momentos en los que sea necesario y oportuno. La fuerza de nuestra intervención integral, integrada e integradora para abordar cualquier problema o situación de salud en toda su amplitud. La empatía con la que, situándonos en el lugar de la persona atendida, seamos capaces de lograr el consenso de cuidados. La capacidad de personalizar la atención en función de la persona y no de la patología… y tantos otros poderes que debemos poner en valor si realmente queremos que se valoren.

Por lo tanto, antes de nada, lo primero que tenemos que hacer es creernos firmemente y con convencimiento lo que somos, es decir, ENFERMERAS. Lo de heroínas es un detalle, una anécdota, una ocurrencia… que no nos hace ni más valientes, ni más poderosas, ni más importantes, ni más fuertes. Lo que realmente nos otorga poderes, nuestros poderes, es el ser y sentirnos enfermeras, eso es nuestra criptonita, nuestro veneno de arácnido, nuestra radiación… no hay artificios o sustancias mágicas. Y es precisamente esa condición la que nos permitirá ser identificadas, valoradas, reconocidas y visibles.

Sin eso, tan solo seremos un recurso, un puesto, una plaza… con los que jugar en momentos determinados según la ley de la oferta y la demanda.

Aprovechemos la inercia de esta campaña de marketing que ha surgido como impulso, pero nunca como referencia de nuestra capacidad y poder y que no nos lo va a dar una esporádica condición de heroicidad.

Salgamos de nuestras consultas, de nuestros centros y lleguemos allá donde realmente están las necesidades de salud, en los domicilios, en las escuelas, en las asociaciones… dejémonos ver, identifiquémonos… para que nos pongan cara y nombre, los nuestros, no necesitamos ni de máscaras ni de pseudónimos que oculten nuestra identidad, porque precisamente ese es muchas veces el problema, que nos ocultamos tras múltiples antifaces que no dejan ver quienes realmente somos.

Esas/os y no otras/os son y deben ser las heroínas y los héroes, las enfermeras.

En cualquier caso, si tuviese que elegir una heroína que representase a las enfermeras, sin duda, elegiría a Mafalda que seguro que de haber seguido creciendo hubiese sido enfermera.