DÍA INTERNACIONAL ENFERMERÍA COMUNITARIA (DIEC). Algo más que una fecha en el calendario.

“De hecho, más que de costumbres se trata de rituales. Maneras de reconocerse. Con él, la vida es una perpetua celebración, salvo que nadie sabe qué se celebra.”

Pierre Lamaitre[1]

 

            Es raro el día del año que no esté acompañado de la celebración de algún hecho, derecho, reivindicación o efemérides nacional, mundial o internacional.

            El día 26 de noviembre se celebra el Día Internacional de Enfermería Comunitaria (DIEC). Podría ser una celebración más en un cada vez más repleto calendario. Sin embrago no se trata tan solo de una fecha a la que emparejar la citada celebración como una forma de tener representación anual al igual que tienen hechos tan dispares como en ocasiones extraños. Sin que ello suponga en ningún caso cuestionamiento alguno a su seguro merecido recuerdo y conmemoración.

            Pero hablar de celebrar la Enfermería Comunitaria, encierra un conjunto de simbolismos, aportaciones, valores, significados, realidades… que van más allá del recuerdo puntual que determina un día concreto en el calendario.

            No se trata de reivindicaciones laborales, ni corporativas, ni profesionales de las enfermeras comunitarias que son quienes tienen la capacidad, competencia, compromiso, voluntad… de otorgar o quitar valor a la Enfermería Comunitaria en la que se integran o de la que forman parte. Porque Enfermería Comunitaria no hace ni deja de hacer nada. Eso les corresponde a las enfermeras comunitarias. Por eso la celebración, en este caso es de la Enfermería Comunitaria como área de atención, ciencia, investigación, pensamiento, conocimiento… y no como plataforma laboral.

            Enfermería Comunitaria representa una mirada muy concreta hacia la comunidad y las personas y familias que la integran y otorgan identidad. Por tanto, no se trata de lo que aportan las enfermeras comunitarias, sino de lo que la comunidad como contexto que va mucho más allá del sumatorio de personas que la configuran, traslada en forma de necesidades, demandas, expectativas, deseos, sentimientos… para conformar su manera específica, especial, singular y por tanto alejada de estándares, de entender, vivir, afrontar, disfrutar… de la salud. Una salud que es individual y a la vez colectiva. Que es un derecho y a la vez un deber. Que es un valor y a la vez un temor. Que es un deseo y a la vez una quimera. Que es popular y a la vez profesional. Que es una idea y a la vez un estado vital. Que es una definición y a la vez un significado. Que es una necesidad y a la vez una demanda. Que es bienestar y a la vez felicidad. Que es cuidado y a la vez autocuidado. Y, por tanto, que las enfermeras comunitarias centren su interés en atender a y desde la salud, le confiere no tan solo una significación especial, sino también un valor fundamental. Porque la salud se construye, no se impone. La salud debe entenderse y asumirse como bien, derecho, pero también como responsabilidad. La salud lo es de las personas, pero también de las familias y de los entornos donde viven, conviven, estudian, trabajan… La salud no es propiedad exclusiva de nadie al ser una construcción multiprofesional y multisectorial y multipersonal de toda la comunidad. La salud es un resultado multidimensional y no tan solo una respuesta física. La salud es integral y no fragmentada. La salud requiere de solidaridad y no de individualismo. La salud es propiedad pública y no un elemento de negocio. La salud trasciende a la enfermedad y se alimenta del entorno y sus determinantes… Por todo ello es imprescindible la aportación de las enfermeras comunitarias. Porque los cuidados profesionales que prestan se construyen desde la narrativa de las personas, desde la diversidad comunitaria, desde la dinámica social, desde los valores, las emociones, los sentimientos, la satisfacción, el dolor, el sufrimiento, la aceptación, la resistencia, la resiliencia, el afrontamiento, el consuelo, la ayuda recibida y la prestada, la autoestima, la empatía, la proximidad, la mirada, el gesto, la palabra, la información, la educación… que requieren de conocimiento, espacio, tiempo, ética y estética para configurar su necesaria individualidad sin renunciar a la imprescindible visión familiar y comunitaria.

            Para que todo esto sea posible se precisa que las instituciones donde trabajan, los entornos donde actúan, los agentes con quienes interactúan… identifiquen, visibilicen y concreten el valor intrínseco de los cuidados. Abandonando los estereotipos que los ocultan o disfrazan, renunciando a los tópicos que los deforman y distorsionan. Cambiando la acción patriarcal, paternalista y dominante que los subestima, somete y limita su desarrollo. Alimentando la necesaria curiosidad para conocerlos, reconocerlos y transmitirlos en lugar de someterlos a juicios de valor desde el desconocimiento y la interpretación.

            Porque los cuidados, al igual que la salud, también se construyen colectivamente desde la ciencia/profesión/disciplina enfermera y la aportación social del cuidado como patrimonio que es de la humanidad. Permitiendo conformar cuidados asumidos, respetados, valorados, entendidos, compartidos… al nivel de la dignidad humana y no como un constructo artificial, edulcorado, reduccionista, sexualizado… secundario a la curación, la tecnología, la medicalización o la investigación positivista.

            Las enfermeras comunitarias lideran la transformación de la salud a través del fortalecimiento de las relaciones humanas, la potencialidad de los activos para la salud, la vertebración de los recursos comunitarios, la comunicación, el respeto a los derechos fundamentales, a la diversidad, a la multiculturalidad, a la libertad individual y colectiva en la toma de decisiones, a la subjetividad de una realidad heterogénea y cambiante, a la adaptación a las respuestas humanas, al acompañamiento que no a la dependencia, a la empatía y no exclusivamente a la simpatía, al compromiso alejado del voluntarismo, al rigor que aporta valor, a la reflexión para huir de la imposición, a la crítica que moviliza la acción, al saber y no al poder, al conocimiento que fundamenta el pensamiento… como elementos indispensables en la construcción de los cuidados profesionales.

            Celebrar el día de la Enfermería Comunitaria es una conmemoración de lo que es, supone, representa y aporta a la salud de las personas, las familias y la comunidad de manera complementaria y por tanto, no excluyente, a otras contribuciones, aportando y no restando. Celebrando la importancia de los cuidados profesionales que prestan las enfermeras comunitarias que permiten a la población lograr una manera de vivir autónoma, solidaria y feliz.

            Supone identificar que la aportación de los cuidados de las enfermeras comunitarias va más allá de los centros de salud ya que la salud comunitaria no es patrimonio exclusivo de los mismos, por lo que resulta imprescindible identificar a las enfermeras comunitarias en los diferentes escenarios, recursos, instituciones… desde los que contribuyen diariamente a construir espacios de salud y saludables.

Pero también para que los líderes políticos, comunitarios, sociales… valoren y apuesten por su incorporación como valor añadido a las políticas de salud.

Para que los medios de comunicación trasciendan la sanidad y la enfermedad para situarse en la salud. Abandonen la genérica, abstracta y confusa denominación de sanitarios y reconozcan y nombren a las enfermeras comunitarias como lo que realmente son. Se liberen de la fascinación que les produce la curación para poder ver la imprescindibilidad de los cuidados.

            Las enfermeras comunitarias, somos profesionales, investigadoras, científicas… competentes. No somos ángeles, tenemos los pies en el suelo y no somos seres espirituales, servidores ni mensajeros de nadie. No somos invisibles, etéreas ni incorpóreas, porque nuestra presencia es esencia de nuestros cuidados. No somos silenciosas, tenemos voz y la utilizamos, modulamos, y adaptamos para dar respuestas a lo que de nosotras se espera. No somos obedientes, ni sumisas, ni dóciles, somos profesionales de la ciencia enfermera con conciencia de atención a quien necesita o demanda cuidados. No somos subsidiarias, ni secundarias, somos responsables y asumimos nuestro compromiso profesional desde la prioridad y no desde el orden jerárquico. No somos nena, ni chica, ni guapa, ni reina… somos personas con identidad propia como cualquier otra, que solicitamos idéntico respeto al que tenemos y practicamos con quienes atendemos.  

            Celebremos pues en COMÚNidad la Enfermería Comunitaria. Porque hacerlo es celebrar un bien COMÚN, es situarse en el sentido COMÚN, es ir de lo COMÚN a la singularidad, de su COMÚN desconocimiento a la visibilidad de una realidad tan necesaria como imprescindible, de la COMÚN ignorancia al colectivo conocimiento. Porque COMÚN no significa en ningún caso simple, intrascendente, invisible o menor, sino pertenecer a todas las personas y a la comunidad y, por ello, resulta irrenunciable su defensa y mejora. Unámonos en una COMÚN felicitación por tener y contar con enfermeras comunitarias. Porque hacerlo, es garantizar la mejora de la salud, la sostenibilidad del sistema público, el respeto a la vida como desea ser vivida por cada cual, la defensa de los derechos fundamentales, el respeto a las decisiones de todas las personas, el acompañamiento para lograr su autonomía, la presencia que no intimida, la palabra que conforta, la mirada que genera confianza, la escucha que tranquiliza, el cuidado que consuela, el silencio que respeta… a las personas por su condición como personas y no como pacientes, ni diabéticos, hipertensos, discapacitados, migrantes, locos… tan solo o mejor, sobre todo, por ser personas con dudas, incertidumbres, emociones, sentimientos, valores, creencias que requieren cuidados profesionales para aprender a afrontar sus problemas de salud y no exclusivamente la enfermedad que les fagocita, oculta y cosifica, anulando su capacidad de respuesta.

            Celebremos pues la COMÚN alegría de contar con enfermeras comunitarias en nuestra COMÚNidad.

 

[1]Escritor y guionista francés (1951)

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