DE LAS TERTULIAS DEL CORAZÓN A LAS TERTULIAS DEL CORONAVIRUS

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Para Rafael del Pino Casado

Pensador, científico y enfermera

 

            Ayer en mi blog, hablaba, de pasada, de una figura que está alcanzando gran notoriedad en los medios de comunicación. Se trata de las/os pseudoexpertas/os que ocupan sillones en las tertulias que se emiten diariamente a través de todas las emisoras de radio y canales de televisión de nuestro país, hablando, como no podía ser de otra manera, de todo aquello que impregnan con la hemorragia informativa de la pandemia y del COVID-19. Lo mismo tiene que sea economía, educación, sanidad, justicia, seguridad, infraestructuras, deporte, ocio… todo, absolutamente todo, está contagiado informativamente de sus comentarios, postulados, opiniones, pareceres, profecías, visiones, cálculos, especulaciones, conspiraciones, pronósticos, comparaciones, reproches, advertencias, descalificaciones… que de todo y más hay.

            Muchos de los espacios dedicados, a lo que se conocen como magazines, con contenidos denominados “del corazón”, han pasado a ser, por obra y gracia del virus coronado, “tertulias del coronavirus”. Es decir, se ha pasado, de hablar de amores y desamores, separaciones, peleas, modelitos, parejas, hijas/os o amantes… desde la perspectiva de la más pura estupidez, intrascendencia, banalidad, falta de respeto, sordidez, inconsistencia, incoherencia… a hacerlo del coronavirus pero manteniendo, en muchas ocasiones gran parte de los calificativos que definen e identifican el discurso de quienes lo emiten con absoluta normalidad y tranquilidad. Algunas/os de las/os tertulianas/os han cambiado, no todas/os, que hay quien sirve tanto para un roto como un descosido. Pero las/os sustitutas/os, en su condición mediática de pseudoexpertas/os, mimetizan las cualidades del discurso sentimental aderezándolo con algunas cualidades que se adaptan al que asumen como supuestas/os expertas/os de una pandemia que nos mantiene en casa, hipnotizando y enganchando a muchas personas delante de las televisiones o con el oído atento a las emisiones radiofónicas, para ver y oír todo lo que al respecto de la misma trasladan como si fuera información veraz, contrastada, científica, avalada, cuando realmente se trata de informaciones totalmente tendenciosas, manipuladas, alarmistas, sensacionalistas, sin rigor… pero dichas con un insultante discurso de certeza irrefutable, que convence a muchas/os telespectadores y radioyentes que quedan cautivos con los mensajes transmitidos, provocando incertidumbre, inseguridad, confusión, e incluso confrontación, que en nada contribuyen al afrontamiento que debe llevarse a cabo con la serenidad y el conocimiento suficientes, para vencer a tan letal pandemia.

            Pero, parece que todo valga, que cualquiera pueda opinar, que no pase nada por ello. Que la audiencia prevalezca a la decencia. Que la decencia sucumba a la insolencia. Que la insolencia pase por encima de la ciencia. Que la ciencia brille por su ausencia. Que su ausencia no exija ninguna licencia. Que la licencia sea tan solo la audiencia. Que la audiencia no tenga prudencia. Que la prudencia limite la exigencia. Que la exigencia de paso a la indiferencia. Que la indiferencia admita incluso la negligencia. Que la negligencia se asuma con benevolencia. Que la benevolencia se confunda con falta de inteligencia. Que la inteligencia se ignore hasta la indecencia. Que la indecencia se tolere con paciencia… como secuencia, con discretos cambios de orden, con la que nos deleitan diariamente las/os pseudoexpertas/os en tan tristes tertulias conducidas, por otra parte, por permisivas/os periodistas que admiten, con absoluta indiferencia, la mediocridad de los discursos y la información transmitida.

            Ante una situación tan grave como la que estamos atravesando, que se utilicen espacios de información para jugar con la misma, tratando de hacer negocio, a cualquier precio y sin reparar en las consecuencias que dichas actitudes tienen o pueden tener en la audiencia, me parece cuanto menos mezquino.

            En momentos en los que el cruce de información, datos, estadísticas, ponderaciones, estimaciones… es peor que la circulación en un día de operación salida de vacaciones y que lo menos que puede pasar, producto de la temeridad y la distracción, es que haya accidentes de circulación. Por lo tanto, si aumentan considerablemente las acciones imprudentes, las actividades sin sentido, los diálogos incoherentes, las discusiones insolentes aumentarán igualmente las probabilidades de riesgo, las insensateces y los desmanes, de quienes se han limitado a admitir como válidas las opiniones vertidas por indocumentadas/os expertas/os que con absoluta naturalidad se permiten opinar sobre algo que ni conocen, ni dominan, ni realmente les importa, pero que les reporta famoseo, dinero y notoriedad. Convertir un tema de tanta repercusión para la salud individual y colectiva en un mediocre espectáculo circense en el que el riesgo innecesario, la payasada sin gracia, el sufrimiento gratuito o el contenido de mal gusto se imponen al exigible rigor y la necesaria seriedad de contenidos, tiene como resultado nefastas consecuencias.

Porque no todo es admisible para captar la atención de imprudentes seguidoras/es de estas tertulias del coronavirus, empapándoles de estupideces como forma de entretenimiento y de burla despiadada y ataque a la inteligencia humana, aprovechándose de una ignorancia que alimentan, promocionan y perpetúan, desde una falta de ética y honradez que raya, cuando no sobrepasa, la falta más absoluta de respeto y consideración.

            Confundir el entretenimiento con la manipulación informativa, la alarma innecesaria o la utilización interesada es básicamente reprobable y racionalmente denunciable. Creer que la intrascendencia, el glamur, el discurso vacuo, el debate zafio o la inconsistencia narrativa se pueden trasladar, sin más, de una tertulia del corazón, que pasea por la superficie de la tontería, profundiza en la insulsez, navega por la miseria, hurga en la intimidad, se hace acompañar por la envidia, se casa con la mentira y se escuda en la descalificación y el engaño, a una tertulia montada ad hoc aprovechando el tirón de la pandemia para beneficiarse de él sin escrúpulos y entendiendo que el fin siempre es capaz de justificar los medios, resulta no tan solo preocupante, sino altamente peligroso para la salud comunitaria.

            Que algunos Medios de Comunicación se conviertan en plataformas desde las que aprovecharse de la pandemia, del aburrimiento provocado en muchos casos por el confinamiento, de la avidez por el debate simplista y sin fundamento, del colapso informativo, de la incertidumbre política, de las dudas científicas… para lograr una mayor cuota de pantalla es tanto o más peligroso que el contagio del covid-19. Porque más pronto que tarde, se conseguirá una vacuna y se logrará vencer al virus. Pero el daño provocado a la inteligencia no tiene cura ni vacuna que inmunice, porque ya se han encargado de inocular tal grado de ignorancia que resulta imposible combatirla a través de medios como la educación, la cultura o la ciencia, que son sistemáticamente despreciados por estos mismos medios.

            Pero siendo grave todo lo abordado, aún lo es más, si cabe, el que las/os políticas/os hagan un uso interesado de dichas tertulias para convertirlas en lonas de combate donde escenificar su intento de noqueo al enemigo, que no adversario, en base a bulos, mentiras, descalificaciones, acusaciones… que no tienen ningún otro sentido que el rédito oportunista desde la hipócrita y cínica postura de defensa de los intereses generales, cuando lo único que persiguen es el suyo propio o el de las formaciones políticas que les amparan como única posibilidad de que sean identificadas/os como las/os líderes que ni son ni tienen capacidad de ser. Y todo ello a costa del sufrimiento, el dolor y la muerte de muchas personas que tan solo representan, para estas/os arribistas políticos, una oportunidad de lograr lo que no saben hacer por medio de propuestas y estrategias de estado. Convirtiéndose de esta manera en un/a tertuliano/a más de este escaparate del despropósito, aunque para ello utilicen otros lugares desde donde arengar que no sean los platós televisivos o estudios radiofónicos, con el vano intento de no ser identificadas/os como parte del espectáculo que, sin embargo, alimentan y aplauden como medio para lograr sus impúdicos fines.

            Ante esto, tan solo cabe esperar que, cuanto antes, el pensamiento crítico nos infecte en algún momento para poder eliminar de nuestros espacios de convivencia riesgos tan peligrosos como indeseables y a quienes los provocan.

Pero para eso, se requieren líderes políticos/as que realmente trabajen por el bien común, sin que ello signifique renunciar, en ningún caso, a la crítica y el control necesarios y exigibles. Por su parte quienes tienen capacidad de decisión política, deberían tener la voluntad de promocionar y reforzar los espacios en que el análisis, la reflexión y el debate se incorporen de manera transversal a través de políticas de consenso y de estado. Lo contrario, continuará animando a las alimañas de la comunicación a buscar la carroña informativa con la que alimentar a sus fieles seguidores y al oportunismo político a beber de las aguas putrefactas de dichos espacios, con las que calmar su sed de poder.

Aunque también tenemos que identificar las posibilidades que como profesionales de la salud en general y como enfermeras comunitarias en particular tenemos para tratar de revertir dichas situaciones con intervenciones públicas y directas a la comunidad con la que trabajamos. En tanto en cuanto seamos capaces de alfabetizar en salud a dicha comunidad, estos medios se quedarán sin espacio para sus tretas informativas, al quedar al descubierto tanto sus intereses espurios como su permanente ataque a la inteligencia.

            Para acabar me gustaría compartir un breve poema que viene a trasladar, en muchas menos palabras, y de manera mucho más poética lo que he querido compartir como preocupación social y sanitaria.

 

Rayo del alma pura,

descendiente de la honradez.

Atraviesas la noche oscura,

Soslayando la estolidez

Arribas en la cordura,

sustanciando la sensatez.

                                    Rafael Del Pino Casado