VAMOS A CONTAR MENTIRAS, TRALARÁ

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“La verdad puede eclipsarse, pero no extinguirse.”

Tito Livio[1]

 Ahora que vamos despacio

Ahora que vamos despacio

Vamos a contar mentiras, tralará

Vamos a contar mentiras, tralará

Vamos a contar mentiras

 No deja de ser curioso que hace unos meses, cuando el coronavirus, entonces todavía sin bautizar, empezó a dar la cara y manifestarse por tierras asiáticas, por estos lares muchos veían con idéntica distancia que la geográfica, lo que allí estaba pasando e incluso se permitían difundir determinados comentarios, vacuos argumentos, chismes y diretes sobre las causas del contagio, algunas de ellas de tipo conspiratorio muy del estilo del cine de espías yanqui. Y es que hay algunas/os que ven mucho cine de policías y ladrones. Tralará

Cuanto más avanzaba la enfermedad del ya nominado virus COVID-19, los cinéfilos informadores de pelis de serie B o inferiores, cambiaron su argumentación. Pero no porque incorporaran evidencias que permitiesen fundamentar lo que estaba pasando, no. Sino cambiando de género cinematográfico para pasar al del cine de terror. Los murciélagos, claro icono de dicho género, aparecieron en escena para ser señalados como los principales culpables de la tragedia, al difundirse que servían de ingrediente en algunos platos consumidos por los habitantes de Wuhan lo que servía de base para afirmar que provocaban los masivos contagios en dicha ciudad. ¿Evidencias?, las mismas que otorgan a Drácula vida eterna y su conversión en murciélago vampiro para así poder acceder a los tentadores cuellos, habitualmente de jóvenes y atractivas mujeres, para convertirlas en su aren particular de sensuales vampiresas, lo que dista mucho de la celebérrima y ficticia novela de Bram Stoker, Drácula, que tan maltratada fue posteriormente por escritores y cineastas de medio pelo. Pero tanto esas secuelas literarias y cinematográficas, como las historias sobre la culpabilidad de los murciélagos herradura o, posteriormente, de los pingolines, se demostraron leyendas urbanas sin ningún fundamento que fueron rápidamente transformadas y expandidas en fantásticas noticias con “titulares neutrales y objetivos” del estilo de: “¿Cómo no van a contraer virus si comen gatos, perros, murciélagos, culebras y ciempiés?” tratando de justificar sus mentiras, tras conocerse que el mercado de marisco de Wuhan, en el centro de China, donde se comerciaba con animales salvajes de manera ilegal para su consumo, podría haber sido el foco de contagio del coronavirus, lo que indujo a generar noticias que relacionaban al COVID-19 con la gastronomía, alimentando el estigma contra la comunidad china. Y, aunque es cierto que, en determinadas ocasiones, los chinos consumen animales exóticos, ni se trata de una práctica generalizada ni la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha confirmado en ningún momento que ese sea el foco de la infección, ni es posible contagiarse solamente por consumir estas especies salvajes. Tralará.

Por el mar corren las liebres

Por el mar corren las liebres

Por el monte las sardinas, tralará

Por el monte las sardinas, tralará

Por el monte las sardinas

 Sucede que iniciada la senda de la mentira “un vaso medio vacío de vino es también uno medio lleno, pero una mentira a medias, de ningún modo es una media verdad”[2], por lo que ¿para qué ir con medias tintas? Se miente de verdad y ya está.

Las mentiras, iban alimentando el imaginario común y provocaban cada vez más incertidumbre y confusión. Pero la muerte siempre ha vendido mucho y ha estimulado la imaginación y con ella la capacidad de mentir y, como, al fin y al cabo, era algo que todavía estaba tan lejos, se empezó a elucubrar sobre nuevas mentiras que, por una parte generaran la suficiente alarma como para llamar la atención y aumentar las audiencias, y por otra, alimentar la idea de que era algo que tan solo podía sucederles a los chinos, recogiendo el magnífico argumento esgrimido por el líder mundial de los bulos y de la considerada primera potencia mundial, el ínclito Donald Trump, que vio la oportunidad ideal de atacar a su principal enemigo comercial, desde la atalaya de su prepotencia e ignorancia, fieles acompañantes del Presidente, al que se unieron para hacerle coro, mandatarios de similar discurso, como Bolsonaro en Brasil o López Obrador, en México. Tralará.

Salí de mi campamento

Salí de mi campamento

Con hambre de seis semanas, tralará

Con hambre de seis semanas, tralará

Con hambre de seis semanas

La progresión de la enfermedad y de los contagios se acercaba cada vez más e Italia fue el primer país de Europa en sufrir la arrasadora entrada del virus mientras se seguían trasladando noticias que cuestionaban las cada vez más apabullantes evidencias científicas que anunciaban una pandemia de proporciones hasta entonces inimaginables que, sin embargo, no sirvieron para detener las mentiras que, por ejemplo, de nuevo sirviendo de correa de transmisión del presidente de los EEUU, pronosticaban una detención de la letalidad del virus por efecto del calor, lo que, nos garantizaba casi no ser invadidos, dado que somos un país de sol y palya. Tralará.

La fe mueve montañas y la ciencia se encarga de devolverlas a su sitio. De tal manera que las profecías de mentirosos ilustres, palmeros o periodistas sensacionalistas y oportunistas, que casualmente suelen formar parte de los mismos equipos, fueron desmontándose una por una, hasta que, prácticamente sin darnos cuenta nos encontramos con el COVID-19 acompañándonos a sus anchas en todas partes. Mientras en Italia la situación era cada vez más crítica, a pesar de lo cual se mantenía una normalidad de convivencia que permitía alimentar al voraz virus, en un intento de trasladar tranquilidad a una población que batallaba entre los datos objetivos de los contagios y las mentiras de quienes no se resistían a sucumbir a la tiranía vírica. Tralará.

Aunque “ni la utilidad del mentir es sólida, ni el mal de la verdad perjudica mucho tiempo”[3], la mentira todavía mantiene su efecto en contra de la verdad.

En España, mientras tanto, cada vez más preocupada por lo que sucedía a la ya no tan lejana Italia, se continuaba sin reaccionar a pesar de que los datos indicaban que la probabilidad de replicar las situaciones de China e Italia eran cada vez mayores a pesar de las altas temperaturas de las que disfrutábamos y que habían sido anunciadas como destructoras del virus. Espectáculos culturales, deportivos, viajes, transportes públicos abarrotados, grandes desplazamientos e incluso manifestaciones. Y, de nuevo los mentirosos se apresuraron a buscar culpables. De todas las acciones de contacto descritas, la única que se identificó como causante de la plaga bíblica fue la manifestación del 8 de marzo conmemorativa del día de la mujer, a la que, curiosamente, acudieron todas/os las/os que posteriormente se apresuraron a levantar el dedo acusatorio por permitir su celebración. De tal manera que el feminismo, fue señalado como el principal causante del castigo divino, aireado por los mismos medios que previamente habían alimentado las mentiras previas. Tralará

Me encontré con un ciruelo

Me encontré con un ciruelo

Cargadito de manzanas, tralará

Cargadito de manzanas, tralará

Cargadito de manzanas

Ante la magnitud del problema se decretó el Estado de Alarma y con él, el confinamiento de toda la ciudadanía salvo los denominados servicios esenciales. Y la inexorable progresión de la secuencia contagiosa comenzó a provocar la famosa curva ascendente y acompañando a contagiados y muertos nuevas mentiras que alimentaban la curiosidad de ciudadanas/os cautivas/os ante la monotemática y exclusiva avalancha informativa del COVID-19 en cualquier ámbito, contexto o escenario, desde el deportivo, cultural, económico, educativo al claramente estrella como es el sanitario. Las compras de materiales, sus pérdidas, sus retrasos, sus defectos, la ausencia de protecciones personales, el a todas horas anunciado colapso sanitario, los respiradores, las muertes, los test, los aviones, los ERTE, las ayudas a particulares y empresas, las restricciones, incluso el sufrimiento, el dolor y la muerte… todo, absolutamente todo, era cebo ideal para modelar y lanzar nuevas mentiras, en forma de noticias, por parte de quienes, desde el paraguas protector de servidores públicos de la transparencia informativa, protegían también su identidad de carroñeras/os informativos al servicio, muchas veces, de los intereses de determinados sectores, para atacar a quienes tenían ante sí el difícil reto de acometer, contener y vencer a tan temible como invisible enemigo, muestra de un filibusterismo asociativo perverso, en una mala copia de los postulados de Maquiavelo en su obra El Príncipe[4]. Mientras tanto a la otra orilla del Atlántico, el inefable Donald Trump aseguraba que su país era el mejor preparado del mundo para hacer frente al virus y que nada malo les iba a pasar. En EEUU, a diferencia de Europa, no hacen falta los embusteros para difundir las mentiras, tienen el mejor y más potente altavoz para hacerlo, su presidente. Tralará.

Empecé a tirarle piedras

Empecé a tirarle piedras

Y caían avellanas, tralará

Y caían avellanas, tralará

Y caían avellanas

 Pero la mentira tiene las patas muy cortas y por eso se atrapa antes a un mentiroso que a un cojo. Es por ello que emulando al gran dictador alemán se decide que “las grandes masas sucumbirán más fácilmente a una gran mentira que a una pequeña”[5]. Por lo tanto es mejor continuar alimentando la espiral del enredo, el engaño y la mentira. Porque finalmente siempre hay quienes aprovechan la ocasión para utilizar la confusión que inevitablemente generan las mentiras y el tiempo que se tarda en desenmascararlas, para que puedan servir como artillería pesada contra el enemigo político. Ya no se identifica a un presidente y su gobierno, ni tan siquiera una comisión de expertas/os de científicas/os, sino a un enemigo o a una comisión de supuestos expertos a quienes se acusa de mentir y hacer una pésima gestión de la situación, en base, paradójicamente, a las mentiras que ellos mismos generan o las que otras/os crean y utilizan de manera oportunista. Tralará.

Con el ruido de las nueces

Con el ruido de las nueces

Salió el amo del peral, tralará

Salió el amo del peral, tralará

Salió el amo del peral

 

Y en este totum revolutum, todo vale para seguir mintiendo al son de una canción infantil para amenizar la excursión pandémica. Las/os profesionales sanitarias/os a quienes teóricamente se ensalza y aplaude por su abnegado servicio y entrega absoluta, son igualmente manipuladas/os para responder a los intereses de quienes hacen de la mentira su principal argumento informativo. Utilizando historias que se deforman, adaptan o inventan con el fin de trasladar situaciones que provoquen indignación y rechazo hacia quienes gestionan, con mayor o menor acierto, pero seguro que, con total honestidad, la pandemia. Si para ello tienen que sacar muertos en primera página o la rabia de alguien que ha perdido a su marido para arremeter contra el poder establecido, no hay problema, se hace. Tralará.

Chiquillo, no tires piedras

Chiquillo, no tires piedras

Que no es mío el melonar, tralará

Que no es mío el melonar, tralará

Que no es mío el melonar

 Porque si algo aporta la pandemia, además de los devastadores efectos sobre la ciudadanía, son estadísticas, y como decía Mark Twain “hay tres clases de mentiras: La mentira, la maldita mentira y las estadísticas”[6], lo que aprovechan los magos de la mentira para sacar sus particulares conejos de la chistera.

Alcanzado ya el pico de la famosa curva, mientras en EEUU el COVID-19 pone en evidencia al señor Trump, matando a más personas que en ninguna otra parte del mundo hasta ahora, las/os carroñeros, tanto periodísticos como políticos, acompañan a la citada curva para nutrirla con nuevas mentiras que provoquen cuanta más confusión y caos mejor, en tanto en cuanto a unos les sirve para lograr sus fines mercantilistas y a los otros sus fines políticos, aunque vayan acompañados de muertes que también son utilizadas de manera desigual dependiendo de los intereses de unos u otros asimilándolos a la eutanasia, el abandono, la falta de atención o lo que se ocurra para hacer la mentira lo más rentable posible. Tralará.

Y es que, tal como dijese Alexander Pope[7], “el que dice una mentira no sabe qué tarea ha asumido, porque estará obligado a inventar veinte más para sostener la certeza de esta primera”.

Ahora que vamos deprisa

Ahora que vamos deprisa

No contamos más mentiras, tralará

No contamos más mentiras, tralará

No contamos más mentiras

 Las/os mentirosas/os acomodadas/os en el escenario que algunas/os se han empeñado en asimilar a la guerra, aprovechan para justificar su permanente actitud bélica amparándose en las palabras de Otto von Bismark, cuando decía que “nunca se miente tanto como antes de las elecciones, durante la guerra y después de la cacería”[8].

No contamos más mentiras, tralará

No contamos más mentiras, tralará

No contamos más mentiras

 La excursión de la pandemia continua y la cancioncilla sigue machaconamente su evolución, como si entendiesen que, repitiendo muchas veces las mentiras, estas, acaben siendo o cuanto menos, pareciendo verdad, lo que comporta un claro desprecio a la inteligencia de las ciudadanas/os.

Sería deseable que en algún momento “el castigo del embustero sea no ser creído, aun cuando diga la verdad”[9] y que se traduzca en una renuncia a su continuidad tanto informativa como políticamente hablando.

[1] Tito Livio (Patavium, 59 a. C.-ibídem, 17 d. C.) Historiador romano.

[2] Jean Cocteau (1889-1963) Escritor, pintor, coreógrafo.

[3] Juan Luis Vives (1492-1540) Humanista y filósofo español.

[4] Nicolás Maquiavelo. El Príncipe. Ciencia Política/Alianza Editorial, 2006. Madrid.

[5] Adolf Hitler (1889-1945) Dictador de la Alemania nazi.

[6] Mark Twain (1835-1910) Escritor y periodista estadounidense.

[7] Alexander Pope (1688-1744) Poeta inglés.

[8] Otto von Bismark (1815-1898) Político alemán.

[9] Aristóteles (384 AC-322 AC) Filósofo griego.