COVID-19 Y DOCENCIA ENFERMERA

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COVID-19 Y DOCENCIA ENFERMERA

Durante todo este tiempo de contagio, enfermedad y muerte, hemos estado tan pendientes del estado del sistema sanitario y de sus profesionales, de la evolución de la pandemia, de las declaraciones de los responsables de los diferentes ministerios, de las prórrogas del estado de alarma, de la caída de la economía… que realmente, quienes trabajamos en otro ámbito que no sea el sanitario, parece como si no estuviésemos haciendo nada. Como si nuestro confinamiento se hubiese tornado en unas vacaciones pagadas, lo que, en el caso de las/os docentes, viene a sumarse al ya tópico popular de que tenemos muchas vacaciones, lo que no es más que, eso, un tópico sin fundamento y alejado de la más absoluta realidad.

Centrándome en las/os docentes de las facultades/centros de enfermería, quisiera trasladar la enorme dificultad con la que nos hemos encontrado con el estallido de esta pandemia. No es mi intención establecer comparación alguna con las/os profesionales sanitarios y con los de otros sectores que están en primera línea de actuación contra el COVID-19, pero si que me parece importante que reflexionemos sobre lo que ha significado y significa el impacto de la pandemia en el proceso de enseñanza – aprendizaje. No tan solo en las/os docentes, claro está, sino también en las/os estudiantes, ambos como sujetos activos de la docencia, sino también en la propia docencia como elemento pasivo, pero trascendente del proceso.

La docencia de la enfermería es compleja por el alto contenido de experimentalidad que tiene en su denso plan de estudios, en el que hay que combinar los conocimientos teóricos con los prácticos, tanto en seminarios como a través de las asignaturas prácticum, a desarrollar en centros sanitarios, sociosanitarios o comunitarios, tal como determinan las directrices de la comunidad europea.

Si la combinación de todo este proceso ya es complicada de articular y desarrollar tanto en las aulas, laboratorios y seminarios de las Universidades como en las unidades, servicios, centros… del sistema sanitario y otros dispositivos, el tener que dar continuidad al proceso de enseñanza-aprendizaje desde el confinamiento determinado como consecuencia del Estado de Alarma, resulta verdaderamente difícil. No tanto por lo que supone adaptar las clases teóricas a través de las múltiples plataformas virtuales que ofrecen las propias universidades y que ya se venían utilizando, como el tener que adaptar los prácticum a un aislamiento que aparta a las/os estudiantes de los escenarios de práctica real y de la relación con sus tutoras/es en la dinámica de adquisición de competencias en dichos contextos prácticos.

De la noche a la mañana, las aulas debieron quedar desiertas y los hospitales, centros de salud, centros sociosanitarios… dejaron de recibir a las/os estudiantes que, en un puzle casi imposible, se distribuían por sus diferentes departamentos o servicios tutorizadas/os por una enfermera y con una planificación muy detallada de los objetivos, actividades y competencias que debían acometer durante un período que daría paso a un nuevo destino hasta completar la totalidad de prácticums que, en cada uno de los curos, están recogidos en el plan de estudios.

La adaptación de dichos prácticum para que las/os estudiantes no vean interrumpido su proceso de enseñanza-aprendizaje y con él la dinámica que les permita alcanzar las competencias que hubiesen tenido que adquirir en los centros asistenciales, ha supuesto, sin duda un reto en el que hay que agradecer muy sinceramente a todas las partes el grado de compromiso, implicación, pero sobre todo de comprensión, para lograr que dicha adaptación cumpla al máximo con lo que el plan de estudios determina, al menor coste docente y con la máxima rentabilidad de aprendizaje. Equipos decanales, docentes, personal de administración y estudiantes, han logrado en un tiempo récord y con una absoluta falta de experiencia al respecto, adaptarse a una situación tan compleja como desconocida para todas/os.

Si a lo dicho añadimos que la pandemia acontece en el segundo cuatrimestre, con una inercia ya adquirida durante el primero y que supone tener que encajar múltiples elementos del engranaje docente sin que se desmonte toda la estructura, entenderemos mucho mejor, el esfuerzo que supone esta situación sobrevenida.

A esta complejidad hay que sumar un elemento que resulta muy determinante, como es la distancia. No deja de ser paradójico que en un tiempo en el que cada vez se tiende más a programas docentes a distancia, cuando se presenta una situación que obliga a incorporarla de manera obligada, urgente y sistemática se genere cierta desestabilización que debe equilibrarse de inmediato para poder responder a la necesaria dinámica que ya estaba instaurada en aulas y servicios sanitarios. Sin duda un reto.

La adecuación de materiales para llevar a cabo las clases teóricas, la presencialidad a distancia a través de dispositivos virtuales, la interacción docente – discente en tiempo real a través de las plataformas utilizadas, las tutorías virtuales, la revisión de trabajos, la adaptación de los criterios de evaluación e incluso la realización de exámenes no presenciales, configuran una realidad que se presenta de manera súbita y a la que debe responderse tratando de generar las mínimas interferencias en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Capítulo especial merecen las/os estudiantes de 4º que se encontraban a escasos meses de acabar sus estudios para integrarse como profesionales en la comunidad, cuando estalló con toda su crudeza la pandemia.

Si, en general, a todas/os las/os estudiantes la situación les ha podido generar incertidumbre e incluso ansiedad, en las/os estudiantes de 4º, sin duda, estas sensaciones se han visto aumentadas de manera exponencial al tiempo que les restaba para ser enfermeras, con todo lo que ello supone,

Si ya la expectativa, y lo que la misma conlleva, de pasar de ser estudiante a profesional en situaciones de normalidad, es alta, la pandemia supuso una explosión de sentimientos y emociones encontradas, por lo que entendían podía tener de repercusión negativa en su desarrollo de aprendizaje y en la adquisición de las competencias que les faltaban. A lo que hay que añadir la realización de los Trabajos de Fin de Grado (TFG) que si bien en situaciones normales no dista mucho de como lo van a tener que desarrollar en confinamiento, no deja de suponer un nuevo elemento de estrés a añadir y a cómo se evaluará el mismo.

Incluso, y aunque parezca frívolo, el ansiado y esperado acto de graduación se verá comprometido y con ello la ilusión de compartir con familiares y amigas/os un momento tan especial y emotivo para todos/s ellos/as.

A todo esto, hay que sumar las informaciones contradictorias, la falta de concreción, las dudas planteadas, los intereses cruzados… que la oferta de incorporación de estudiantes como personal auxiliar o de apoyo se lanzó, de manera precipitada y sin una planificación mínimamente exigible, incorporándose en el ánimo de las/os estudiantes como una clara disrupción en su ya estresada percepción del proceso final de estudios. La inquietante curiosidad por algo tan impactante como incierto unido al miedo por enfrentarse a una situación tan peligrosa y que generaba tantas interrogantes, que pocos o nadie sabían responder, ccondujo a respuestas muy dispersas y con resultados aún más inciertos e inquietantes. La inexperiencia y el estado de cierto caos en los ámbitos en los que debían incorporarse, no contribuían tampoco a que este “experimento” fuese realmente oportuno ni tan siquiera necesario. Posteriormente las pocas experiencias de las se tuvieron noticias trasladaban situaciones indeseables en las que se ponía en riesgo tanto a las/os propias/s estudiantes como a las personas a las que debían atender, cuando su cometido, al menos normativa e inicialmente no era ese.

Ante este cúmulo de novedades, sorpresas, experiencias, contratiempos… cabe preguntarse si realmente esta situación nos servirá a todas para sacar algo positivo. Desde mi punto de vista, desde luego, considero que si rotundamente. Estoy convencido que de toda experiencia se aprende y esta, evidentemente, no es una excepción. Una de las principales herramientas con las que contamos las enfermeras, la observación, seguro que les ha servido a las/os estudiantes para analizar, reflexionar, aplicar el pensamiento crítico y articularlo con todo lo aprendido hasta ahora, para construir conocimiento y experiencia. Rescatar lo aprendido y lo aprehendido habrá contribuido a que puedan identificar la información que facilita mejorar la salud de la población. Hacer una lectura integral de todo lo que está sucediendo, valorando las acciones que se están llevando a cabo y cómo las entienden las/os estudiantes. Leer, pensar, contrastar adquiere una dimensión diferente a la que estaban habituados, como forma de mejorar su formación. Queda en sus manos la necesidad de aprender más y mejor, sin nadie que les dicte, explique o comente lo que está sucediendo en tiempo real. Disponen, para ello, de herramientas para hacerlo de manera autónoma, de aplicarlas, como tan bien saber hacer, y aplicarse en ello. Estoy convencido de que no pierden la oportunidad de hacerlo.

Guardar, almacenar, ordenar todo lo que van viendo, observando, oyendo, percibiendo, leyendo… les va a aportar información valiosísima para cuando dentro de unos meses tengan oportunidad de trabajar como enfermeras y puedan utilizar todo ese bagaje en propuestas de intervención ante la nueva realidad que quedará tras la pandemia.

Así mismo estoy seguro de que esta situación movilizará la conciencia y la ciencia que ya poseen y que en base a ello podrán rebelarse, ser inconformistas y no dejarse arrastrar por la corriente de la mediocridad. Tienen capacidad, conocimiento y fortaleza. Les toca aplicar la motivación, la implicación y la innovación para dar respuestas eficaces, diferentes y eficientes. Ese será el momento de hacerlo y no ahora en una situación de incertidumbre en la que no les corresponde asumir responsabilidades que están fuera de la lógica en una situación tan crítica. Ahora les toca aprovechar la ocasión que la situación les brinda para aprender a ser unas fantásticas enfermeras. Porque como tantas veces digo, ser buena enfermera es muy difícil y ahora les corresponde aplicarse para serlo.

Pero todo esto no se logra por generación espontánea, requiere de un aprendizaje previo para que las/os estudiantes identifiquen sus fortalezas y las apliquen con el fin de obtener los mejores resultados, al igual que sepan identificar sus debilidades y corregirlas para minimizarlas o anularlas. El análisis, la reflexión, el pensamiento crítico e incluso el sentido común, de los que hablaba, deben visibilizarse, ponerlos en valor, darles sentido para que ellas/os entiendan la importancia que tiene incorporarlos en la construcción de su conocimiento y desarrollo. Todo ello forma parte de nuestra labor docente que va mucho más allá, de los apuntes, las clases, las tutorías o los exámenes que tanto les preocupan a las/os estudiantes.

Por eso, para las/os docentes también está suponiendo una experiencia vital sin precedentes a la que hemos tenido que responder casi sobre la marcha y que nos ha permitido descubrir nuevas formas de relación, comunicación, comprensión, empatía… para darle valor a una docencia que para nosotras/os resulta tan importante la presencialidad y la práctica.

Seguro que conforme vaya incorporándose una cierta normalidad, todas/os los que participamos de esta gran aventura de la docencia sabremos incorporar todo lo aprendido y modificar muchos aspectos que la rutina habían instaurado como normales, cuando realmente no lo son. La configuración de un espacio más participativo, libre, reflexivo, crítico e incluso democrático servirá para mejorar en todos los sentidos.

Otra cuestión es en el contexto de la investigación que también se ha visto contagiada por el virus y parece como si ya no hubiese nada más sobre lo que investigar. En este sentido creo que es necesario hacer una reflexión seria y rigurosa para que la parte no se convierta en el todo y el COVID-19 deje espacio para seguir investigando aspectos relevantes y necesarios para la salud de las personas, las familias y la comunidad, a pesar del mercado editorial científico que ya está invadiendo y contaminándolo todo para satisfacer su hambre mercantilista, con peticiones exclusivas sobre la pandemia que, seguro, van a desplazar trabajos previos y futuros de gran interés.

Lástima que la pandemia no vaya a servir para modificar este mercantilismo científico disfrazado de alto impacto que tanto daño está haciendo a determinadas áreas de conocimiento y ámbitos de atención. Alguna vez alguien debiera poner orden a estos desmanes tan respetados y poco respetables.

Esta grave crisis, entre otras muchas cosas, está sirviendo para visibilizar y poner en valor a las/os profesionales sanitarios en general y a las enfermeras en particular, hasta el punto de identificarlos/as como héroes/heroínas. Pues bien, creo que es de recibo que se valore el que son magníficas enfermeras por su capacidad, pero también por lo que sus docentes han sido capaces de transmitir para que lo sean. No se trata de solicitar el aplauso, ni tan siquiera de compartirlo, les corresponde a ellas en exclusiva, pero sí al menos de poner también en valor la muchas veces oculta e ingrata labor docente.

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